jueves, 20 de septiembre de 2007

Las riquezas de un zapatero pobre

Muchas veces, en nuestro afán por la posesión de bienes materiales, nos es fácil olvidarnos de otras enormes e incalculables riquezas que ya teníamos a nuestro alcance y que estábamos disfrutando sin meditar en el valor de las mismas.

A continuación voy a reproducir una historia interesante que leí en un poster puesto en el escaparate de una de las tiendas de artículos para novias y quinceañeras situada en la avenida Lerdo en la ciudad en donde vivo. El autor de dicho relato es alguien cuyo nombre es Gabriel Ayala, a quien doy crédito aquí por esta historia.

Un día Dios bajó a la Tierra para visitar a sus hijos.

Llegó a la morada de un zapatero, una vivienda modesta y ordenada.

Dios:

-He caminado mucho y mis zapatos están rotos y mis pies maltrechos, ¿podrías hacerme unos zapatos? Pero no tengo con qué pagarte.

Zapatero:

-Ya estoy cansado de que la gente me pida cosas y no dé nada a cambio. Tengo muchos sueños y no he podido realizarlos porque no tengo dinero.

-¿Qué es lo que necesitas?- preguntó Dios.

El zapatero, sonriendo, contestó:

-Quiero muchos, pero muchos pesos.

-Yo puedo dártelos, pero a cambio de que me des tus piernas- respondió Dios.

-¿Mis piernas? ¿Cómo podré caminar por el bosque? ¿Cómo podré correr hacia mis hijos? No, no te puedo dar mis piernas.

Dios le dice:

-Entonces tus brazos.

-¿Cómo podré entonces alimentarme? ¿Cómo podré abrazar a mi mujer? ¿Cómo podré acariciar a mis nietos? No puedo darte mis brazos.

Dios insiste:

-¿Qué te parece si te doy muchos millones por tus ojos?

-Pero así jamás podré ver un amanecer, no podré ver los ojos de mi amada, disfrutar de la puesta del sol. ¡No, no puedo darte mis ojos!

-¡Ah!- dijo Dios, ¡mira nada más cuántas riquezas posees, y no te habías dado cuenta.

domingo, 16 de septiembre de 2007

Una demostración Einsteniana




No se asuste nadie, no vamos a llevar a cabo aquí algún malabarismo intelectual que requiera quebrarse mucho la cabeza.

En ocasiones, existen varias respuestas en la Naturaleza para una misma cosa, y curiosamente, son las soluciones más sencillas a un asunto las que ofrecen una mayor dificultad para ser descubiertas, confirmando la sabiduría popular de que si no hemos "dado en el clavo" en algo, es precisamente por lo sencillo de la solución.

Tomemos como ejemplo el Teorema de Pitágoras, uno de los más famosos teoremas de la geometría. Esta es una de las primeras relaciones matemáticas que los estudiantes aprenden al pasar de la escuela primaria a la escuela secundaria, la cual nos dice que en todo triángulo rectángulo (aquél en el cual uno de sus ángulos internos es de noventa grados, o lo que es lo mismo, aquél en el cual uno de sus lados es trazado en forma perpendicular a otro) el cuadrado de la hipotenusa (el lado mayor) es igual a la suma de los cuadrados de los otros dos lados (los catetos). Expresado en notación algebraica:

c² = a² + b²

En muchas escuelas con malos (por no decir pésimos) maestros con deficientes sistemas de enseñanza educativa, es común que simplemente se le dé la fórmula al estudiante para que se la aprenda de memoria, sin decirle de dónde salió la fórmula. Esta fórmula, desde luego, no salió de la nada, tiene un origen, puesto que la fórmula era conocida desde los tiempos de Pitágoras (su descubridor) en la antigua Grecia, cuando el álgebra aún no había sido inventada. Un buen plan de estudios impondrá como prerequisito sobre los estudiantes de enseñanza media la condición de que tomen la materia de Geometría impartida tal y como se enseñaba en la época clásica, partiendo de los axiomas básicos de Euclides y derivando todas las relaciones geométricas conocidas a partir de ellos. La geometría es mucho más que andarse aprendiendo fórmulas de memoria y el andarse aprendiendo también de memoria los nombres y las definiciones de muchas figuras geométricas. La materia de Geometría, bien impartida, enseña al alumno a una cosa mucho más importante que andarse aprendiendo de memoria muchas cosas. Lo enseña a no aceptar ni creer en ninguna aseveración matemática hasta que alguien o él mismo pueda obtenerla de una manera lógica y consistente, si violar las reglas. La Geometría, en esencia, es el primer contacto real del estudiante con el verdadero espíritu de las matemáticas: aprender a llevar a cabo demostraciones impecables, desprovistas de error. En efecto, la Geometría es una materia que realmente puede enseñar al alumno a pensar.

Volviendo al tema del Teorema de Pitágoras, este teorema tiene varias formas en que puede ser demostrado. Una de ellas se basa generalmente en tomar un triángulo rectángulo y subdividirlo para crear a partir del triángulo original dos triángulos que mantienen la misma proporción con el triángulo original, tras lo cual se inicia un proceso que puede resultar laborioso para los estudiantes perezosos.

Sin embargo, existe una demostración del Teorema de Pitágoras que nos permite llegar al mismo en unos cuantos pasos. Esta demostración, sencillísima, no había sido descubierta por nadie, hasta que hizo su aparición un joven estudiante de 11 años llamado Alberto Einstein, el padre de la Teoría de la Relatividad, quien siempre andaba buscando la manera de simplificar las cosas y para quien varias de las demostraciones de Euclides eran innecesariamente complicadas. Esta es la demostración que veremos a continuación.

Antes que nada, para poder continuar, echaremos recurso de otro teorema de la geometría Euclideana, el cual nos dice que las áreas de dos figuras semejantes son proporcionales a los cuadrados de sus lados homólogos. Visto de otra manera, esto nos permite afirmar que la razón aritmética r que existe entre las áreas de dos figuras geométricas semejantes (obtenida dividiendo una de las áreas entre la otra) es igual al cuadrado de la razón entre dos de sus dimensiones lineares correspondientes. Como ejemplo ilustrativo, podemos llevar a cabo la comparación entre dos círculos de radios diferentes, los cuales nadie nos argumentará que no son figuras semejantes.




Denotando las áreas de cada círculo como A y B, denotando sus radios respectivos como a y b, sabemos de antemano que el área de cada círculo está dada por las relaciones:

A = πa²

B = πb²

Si dividimos ambos lados de ambas expresiones entre sí, obtenemos lo siguiente:

(A/B) = (πa²/πb²) = (a²/b²) = (a/b)²

(A/B) = (a/b)² = r

Esto nos confirma la validez del teorema, aplicado al caso de los círculos, de que las áreas de dos círculos semejantes son proporcionales a los cuadrados de sus radios homólogos, y por la tanto la razón matemática r calculada para ambos casos nos debe dar el mismo valor (esto es, si dividimos el área de uno de los círculos entre el área del otro, obtendremos el mismo resultado numérico que el que obtendríamos mediante el cuadrado de la razón entre los radios homólogos).

Para los dos círculos mostrados, el teorema es muy fácil de demostrar usando números. Por ejemplo, usando la fórmula para el área de un círculo, calcúlense las áreas A y B de dos círculos, uno con 6 metros de radio, y el otro con 2 metros de radio, y tras esto divídanse los resultados, obteniéndose así un valor de r igual a 9. Hecho esto, si simplemente dividimos los radios a y b, obteniendo un valor de 3, y lo elevamos al cuadrado, nuevamente obtenemos el mismo valor de r, lo cual confirma el teorema que usaremos de apoyo. Esto es todo lo que necesitamos para llevar a cabo la demostración del Teorema de Pitágoras sobre un triángulo rectángulo. Antes de continuar, hay que aclarar que el teorema que estamos utilizando como punto de partida también tiene su propia demostración rigurosa, no salió de la nada. La demostración puede ser consultada en cualquier buen libro de texto de Geometría que sea accesible al nivel básico de los estudiantes de Secundaria (de los cuales, desafortunadamente, no hay muchos hoy en día, siendo uno de ellos el "Curso de Geometría" del Maestro Felipe de Jesús Landaverde).

Puesto que los diámetros de los dos círculos A y B también son lados homólogos de dichas figuras, siendo el diámetro de un círculo igual al doble de su radio, es fácil ver que el teorema seguirá siendo válido, permitiéndonos afirmar que las áreas de dos círculos semejantes son proporcionales a los cuadrados de sus diámetros homólogos.

Ahora tomamos un triángulo rectángulo y lo acostamos sobre su hipotenusa, trazando una altura que por construcción subdividirá a dicho triángulo rectángulo en dos triángulos A y B, semejantes al triángulo original que llamaremos C, lo cual no es difícil de ver (o de demostrar), tomando en cuenta que, por construcción, los ángulos internos de cada uno de los dos subtriángulos será igual a los ángulos internos del triángulo original, lo cual hace que las tres figuras geométricas guarden una relación de semejanza:



Así, en la figura de arriba realmente tenemos tres triángulos rectángulos, los subtriángulos rectángulos cuyas hipotenusas son a y b, y el triángulo rectángulo cuya hipotenusa es c.

Aplicando el mismo teorema que ya invocamos para el caso de los círculos, podemos afirmar que las áreas de dos triángulos semejantes son proporcionales a los cuadrados de sus lados homólogos. Aquí seleccionaremos como lados homólogos las hipotenusas de cada uno de los tres triángulos.

Si las áreas de dos triángulos semejantes son proporcionales a los cuadrados de sus hipotenusas, entonces podemos convertir la relación de proporcionalidad en una relación de igualdad introduciendo un factor numérico k. En el caso de los círculos, ese factor numérico, esa "constante de proporcionalidad", era el número π, en la fórmula A = πa² Aquí lo llamaremos k para el caso de un triángulo rectángulo referenciado a su hipotenusa. Siendo así, tenemos la siguiente "fórmula" relacionando el área C de un triángulo rectángulo con el cuadrado de su hipotenusa c mediante una constante numérica que llamaremos k:

C = kc²

La constante multiplicativa k de hecho será igual al producto de la base del triángulo rectángulo multiplicado por la altura del mismo dividido todo entre el doble del cuadrado de la hipotenusa c (esto se puede deducir rápidamente usando la fórmula convencional que nos dá el área de un triángulo en función de su base y su altura). Sin embargo, este detalle no nos concierne en lo absoluto.

Lo que hemos hecho ha sido definir una fórmula para el área de un triángulo rectángulo en función del cuadrado de una dimensión linear del mismo, su hipotenusa, ello suponiendo que conocemos el valor de la constante multiplicativa k (lo cual hace que nuestra "fórmula" no sea muy útil en la práctica). Lo importante aquí es que, para triángulos rectángulos semejantes (obtenidos uno del otro mediante ampliación o reducción "fotográfica"), la fórmula será la misma, con el mismo valor de k, y al igual que en el caso de dos círculos A y B con radios respectivoss a y b en donde la constante multiplicativa es el número π (pi), aquí la constante multiplicativa (k) se mantendrá igual por ser precisamente figuras semejantes. Por extensión, las áreas de los dos subtriángulos rectángulos A y B serán, respectivamente:

A = ka²

B = kb²

en donde la constante k tendrá el mismo valor en ambos casos por ser figuras semejantes. La veracidad de estas relaciones se deduce inmediatamente del hecho de que si dividimos las fórmulas correspondientes para dos de los triángulos, por ejemplo el triángulo C y el triángulo A:

C/A = (kc²)/(ka²) = c²/a² = (c/a)² = r

obtenemos precisamente la razón r del teorema que hemos invocado al principio, con la confirmación del hecho de que el valor de r que se obtiene dividiendo las áreas de los triángulos es el mismo que el que se obtiene con el cuadrado de la razón de los dos valores lineales de las hipotenusas de las dos figuras semejantes.

Ahora bien, el área total del triángulo original será igual a la suma de las áreas de los dos subtriángulos, en esto no obtendremos cuestionamiento de nadie:

C = A + B

Usando las tres relaciones anteriores, obtenemos:

kc² = ka² + kb²

lo cual dividiendo todo entre k se simplifica de inmediato a lo que conocemos como el Teorema de Pitágoras:

c² = a² + b²

En cada paso de esta demostración, pese a su sencillez, he tratado de ser lo más riguroso posible. Este es un requerimiento básico de las matemáticas porque, además de los errores y equivocaciones que uno pueda cometer uno al estar llevando a cabo alguna operación matemática, existen fallas de fondo que no se deben a una simple equivocación en llevar a cabo alguna multiplicación o división. En efecto, partiendo de algún enunciado básico y trabajando sobre el mismo sin cometer equivocaciones obvias, siguiendo una secuencia lógica paso por paso que parece impecable, podemos llegar a un absurdo, como nos lo muestra la siguiente secuencia en la cual se demuestra que ¡cinco es igual a seis!:



En este caso, la "falla" no se debe a una equivocación que hayamos cometido en alguno de los pasos, los cuales parecen ser todos correctos. El problema esencial radica en un asunto completamente diferente, el hecho de que empezamos con un número negativo, y al sacar la raíz cuadrada en el cuarto paso de las operaciones, en donde todavía teníamos números negativos en ambos lados, omitimos el hecho de que, estrictamente hablando, la raíz cuadrada de un número puede tener tanto un signo positivo como un signo negativo. En otras palabras, obtenemos el mismo número positivo multiplicando +5 por +5 que multiplicando -5 por -5, y por lo tanto la raíz cuadrada de 25 puede ser +5 ó -5. Muchas demostraciones matemáticas importantes que parecían infalibles se han venido abajo y han resultado falsas precisamente por este tipo de detalles, sobre todo aquellas que tienen que ver con el infinito, el cual merece el respeto de cualquier matemático.

Esta "demostración" matemática de que cinco es igual a seis es un ejemplo de lo que comúnmente se conoce como un sofisma. Y no ocurre únicamente en las matemáticas. Ocurre también en muchas otras ramas del saber humano, sobre todo en la política. Es así como tenemos individuos que, partiendo de principios a los cuales les dan una categoría de verdad absoluta, van construyendo una cadena de razonamientos que también aceptan como verdadera en su sentido más absoluto, siendo que, sometida dicha cadena de razonamientos a una inspección cuidadosa desprovista de argumentos apasionados, resulta estar cargada de sofisterías. Es así como tenemos tres grandes religiones, la Católica, la Musulmana y el Judaísmo, las cuales creen en un mismo y único Dios todopoderoso, infinitamente sabio, infinitamente bueno, infinitamente misericordioso, y por lo tanto se debe suponer que ambas están alabando y orando exactamente al mismo Dios, y sin embargo, ello no ha sido impedimento alguno para que sus respectivos feligreses se hayan estado matando entre sí y se sigan matando entre sí, en nombre del mismo Dios al cual están alabando, usando como justificante sus propios argumentos, muchos de los cuales seguramente están cargados de sofisterías. Por eso a muchas de las sofisterías humanas se les llama dogmas, porque deben ser aceptadas tal cual, sin discusión, como verdad absoluta. ¡Y a matarse todos entre sí, se ha dicho, en aras de esas verdades absolutas!

Pese a que en el Teorema de Pitágoras siempre había existido, potencialmente, la sencilla solución que aquí se ha dado, la moraleja no se extiende por igual a otras áreas de las matemáticas. Hay otras cosas que resultan no tan fáciles de demostrar sin importar la técnica que se busque para llevar a cabo la demostración. Una de ellas es la demostración de que no es posible inventar una fórmula algebraica (como la famosa fórmula cuadrática) que nos permita obtener por las operaciones usuales de suma, resta, multiplicación y división, las raíces numéricas de cualquier polinomio de grado igual o mayor que cinco (con términos en la incógnita x elevados a una potencia igual o mayor que cinco), lo cual fue demostrado formalmente por vez primera por el matemático francés Evariste Galois, algo para lo cual primero tuvo que inventar lo que hoy es conocido como la teoría de grupos, una materia que se enseña a nivel de Licenciatura (o inclusive de Maestría) en las universidades. Otra cosa que se puede demostrar rigurosamente es el hoy ya famoso Teorema de Gödel, el cual nos dice que, esencialmente, no es posible demostrar que las matemáticas son consistentes a partir de un conjunto dado de axiomas; o visto de otra manera, hay expresiones matemáticas sobre las cuales no es posible demostrar por medio alguno si son ciertas o falsas; cualquier expresión matemática tiene que ser necesariamente falsa o verdadera, no puede ser ambas cosas a la vez, pero el Teorema de Gödel nos ilustra que hay algunas expresiones cuya veracidad o falsedad no es demostrable y la única manera de saber si son verdaderas o falsas es buscando algún ejemplo o contra-ejemplo que demuestre la veracidad o falsedad de la expresión que está siendo investigada. Este es un teorema para el cual el matemático Kurt Gödel tuvo que inventar un nuevo sistema de numeración llevando a cabo una asignación con números primos. Pues bien, una demostración ya no sencilla, sino al menos no tan laboriosa, del Teorema de Gödel, es algo que hasta el día de hoy ha sido imposible de lograr. ¿O será que existe una demostración de este teorema tan sencilla que precisamente por su sencillez ha evadido nuestra comprensión? En tal caso, se requerirá algo más que un individuo ordinario para descubrirla. Se requerirá de alguien como Alberto Einstein.

lunes, 10 de septiembre de 2007

Reviviendo computadoras deshauciadas

En el pasado se han ido acumulando decenas de miles, posiblemente cientos de miles, si acaso no millones, de computadoras caseras personales que tras un fallo súbito sus poseedores dan por muertas. Posiblemente se va por completo la imagen en el monitor de la computadora sin que sea posible restablecerla aún cambiando el monitor, posiblemente la computadora se vuelve completamente silenciosa sin que se escuche ni siquiera el abanico de la fuente de poder funcionar, o posiblemente experimenta una lentitud intolerable en sus capacidades de procesamiento que hacen que el sistema deje de ser de utilidad alguna.

Posiblemente los poseedores de estas máquinas que fallan de súbito, habiendo invertido una buena cantidad de dinero tanto en la máquina como en los programas de software instalados en ellas, las llevan a algún taller de reparación, en donde si los técnicos no tienen buenos cimientos posiblemente den la máquina por muerta, para desánimo de sus poseedores, quitándoles la esperanza que tenían de que la máquina pudiera ser puesta nuevamente en funcionamiento.

En ciertos casos, tales como el fallo de un disco duro, la máquina puede ser reparada simplemente instalando un disco duro nuevo y reinstalándole el sistema operativo, lo cual puede hacer casi cualquier técnico de servicio. Pero en otros casos en los cuales la falla parece ser total, la máquina es declarada muerta y la recomendación dada a su dueño es comprar otra.

Tal vez asombre a muchos poseedores de estas máquina deshauciadas el saber que en muchos casos sus máquinas no solo pueden ser puestas nuevamente en funcionamiento, sino que se pueden revivir dejándolas trabajando igual de bien que antes de ocurrir el fallo considerado mortal. Y lo que tal vez más les asombre es saber que para repararlas no necesitarán más que un desarmador.

Una posibilidad en este tipo de fallas catastróficas es que la fuente de poder de la máquina haya terminado de funcionar, privando a la máquina por completo de la energía que requiere para poder trabajar. En este caso, todo lo que se requiere es cambiar la fuente de poder, la cual generalmente es una fuente de poder ATX en una gran cantidad de computadoras personales caseras. La única precaución que hay que tener es que la fuente de poder nueva tenga la misma capacidad de potencia que la fuente de poder que está reemplazando; si la máquina tiene una fuente de poder de 400 watts resulta una muy mala idea el tratar de reemplazarla con una fuente de poder de 200 watts. Sin embargo, antes de cambiar la fuente de poder, lo cual puede ser tardado en virtud de todas las desconexiones y reconexiones de cableado que hay que hacer para remover la fuente de poder vieja y poner en su lugar la nueva, vale la pena considerar otra alternativa de reparación que no requiere comprar absolutamente nada y que da buenos resultados de modo inmediato.

En muchas computadoras, si abrimos el gabinete removiendo primero los tornillos que mantienen cerrada la máquina, encontraremos una gran tarjeta de circuito impreso que contiene no solo la unidad de procesamiento central (el microprocesador CPU, el cual puede ser un Intel, un AMD o cualquier otro equivalente) sino muchos otros componentes electrónicos. Uno de tales componentes electrónicos es un circuito integrado que se conoce como el BIOS.

Desde antes de que entre en acción el sistema operativo, el BIOS es lo primero que toma el control de la máquina a partir del momento preciso en el que la máquina es encendida. Los primeros mensajes que aparecen en la pantalla de la máquina son mensajes enviados por el BIOS. El BIOS es un programa, y podemos tener acceso a los parámetros del hardware que controla dentro de la máquina oprimiendo varias veces alguna tecla del teclado (como la tecla de borrar, esto varía de sistema a sistema). Hay una parte del BIOS que no se puede borrar ni alterar, esto ya está predeterminado y prefijado en el diseño de la máquina. Cuando la máquina sale nueva de la fábrica, el BIOS empieza a trabajar usando la parte prefijada. Pero también forma parte del BIOS una sección de memoria "“flash” de la cual el programa BIOS va tomando datos que caracterizan al hardware del sistema. La fecha y la hora local almacenadas por la máquina y que no se borran al apagar la computadora están puestas precisamente en esa sección de memoria flash, la cual recibe energía aún con la máquina apagada gracias a una batería (como la batería CR2032 que tiene la forma de un disco metálico) montada a un lado del BIOS en la tarjeta madre. La fecha y la hora local no es lo único que es almacenado en la memoria flash del BIOS. También se almacenan datos tales como las características del disco duro de la máquina, la identidad del lector de CD-ROM o DVD, la cantidad de memoria RAM disponible y la forma en la que será accesada desde el hardware, en fin, hay una buena cantidad de información almacenada en esa memoria flash del BIOS.

Cuando se le agrega alguna pieza nueva de hardware a la máquina en su interior (por ejemplo, una tarjeta de sonido, una tarjeta de redes, etcétera), el BIOS se actualiza a sí mismo incorporando los datos del nuevo hardware, modificando de este modo su configuración. De este modo, la máquina se puede ir actualizando, como por ejemplo al aumentarle su capacidad de memoria RAM de 2 Gigabytes a 4 Gigabytes, o al cambiar el disco duro instalando uno de mayor capacidad.

Desafortunadamente, esta capacidad de poder ir actualizando la máquina conforme se le vaya agregando nuevo hardware es un arma de dos filos. Con el paso del tiempo, al ir removiendo componentes de la máquina para reemplazarlos por otros, el BIOS se puede ir desconfigurando a grado tal que la máquina ya no trabaja como trabajaba antes pese a que las actualizaciones deberían aumentar su rendimiento y eficiencia. En otros casos, al irse agotando la batería montada en la tarjeta madre y al quedar completamente agotada o al ser cambiada por una batería nueva, los datos en la memoria flash del BIOS se pueden alterar desconfigurando con ello al BIOS. Del mismo modo, tras varios apagones el BIOS también se puede ir desconfigurando, tomando en cuenta que algunos sistemas operativos tienen la capacidad para accesar al BIOS alterando sus parámetros de configuración. Esta memoria flash del BIOS también puede ser desconfigurada con la instalación de algunos programas nuevos al disco duro que modifican los contenidos de la memoria flash para adecuarlos a las necesidades particulares de estos programas. En cualquier caso, el resultado final es un BIOS cada vez más y más desconfigurado. Y aquí es en donde radica la causa de muchos problemas.

Un BIOS desconfigurado puede comportarse en forma tan errática que en un momento dado la máquina puede volverse intolerablemente lenta durante el proceso de encendido y hasta continuar trabajando lentamente una vez que se ha cargado el sistema operativo. También puede afectar el funcionamiento de la imagen del monitor, ocasionando que inclusive deje de haber imagen. En el peor de los casos, puede hacer que la máquina deje de funcionar por completo, causando la impresión errónea de que algún componente electrónico ha sufrido una falla irreparable. Los componentes electrónicos pueden fallar, indudablemente, pero la confiabilidad de los circuitos semiconductores modernos es tal que a menos de que haya habido una descarga violenta de energía en la máquina ocasionada por un rayo cayendo cerca de la habitación y encontrando su paso a través de la máquina, se debe suponer que la electrónica se mantiene igual sin daños permanentes.

El primer esfuerzo debe estar encaminado, por lo tanto, a tratar de reconfigurar al BIOS regresándolo a la condición original que tenía al salir de la fábrica. ¿Pero cómo podemos lograr tal cosa?

Precisamente con este tipo de problemas en mente, ocasionados por la desconfiguración del BIOS, los fabricantes de muchas tarjetas madre incorporan en ellas un conjunto de conectores que sirven para limpiar la memoria flash del BIOS. Aunque no es posible generalizar, muchos de tales conectores tienen forma de tres puntas metálicas, dos de las cuales están permanentemente en corto circuito con un puente pequeño que se puede remover manualmente. La siguiente figura nos muestra el aspecto genérico de una tarjeta madre:




En la tarjeta madre se muestra la posición de un conector llamado JBAT1 (Jumper Battery 1) con un puente colocado en las terminales 1 y 2 en la posición designada “Normal”, y con el puente colocado en las terminales 2 y 3 en la posición llamada “Clear CMOS”.

La siguiente fotografía nos muestra un conector típico para limpieza de la memoria flash del BIOS, colocado en proximidad cercana a la batería metálica CR2032 de 3 volts:




En algunas tarjetas madre la posición normal del puente en el conector es entre las terminales 1 y 2, mientras que en otras la posición normal es entre las terminales 2 y 3 como lo muestra la siguiente figura:




Teniendo en cuenta lo anterior, podemos delinear el siguiente procedimiento para reparar la máquina en caso de que la falla se pueda deber a una posible desconfiguración del BIOS:
1) Se apaga la máquina desconectándola de la toma de corriente eléctrica.

2) Con un desarmador, se remueve la tapa protectora del gabinete con la finalidad de tener acceso a la tarjeta madre de la máquina.

3) Con ayuda de una linterna pequeña en caso de ser necesario, se busca en la tarjeta madre el triplete de conectores que tienen forma de guías metálicas pequeñas, teniendo en cuenta de que dos de tales conectores estarán en corto circuito permanente en virtud del puente que está puesto en dos de las terminales que llamaremos 1 y 2. La otra terminal que llamaremos 3 se encuentra libre.

4) Se remueve el puente que hay entre las terminales 1 y 2, y se coloca entre las terminales 2 y 3. Se cuentan unos veinte o treinta segundos. Esta operación tan sencilla es todo lo que se requiere para limpiar la memoria flash del BIOS (en los manuales le llaman de diversas maneras tales como “clearing CMOS RAM”).

5) Una vez que se ha limpiado la memoria flash del BIOS es extremadamente importante volver a restablecer el puente entre las terminales en donde estaba puesto (en nuestro ejemplo, en las terminales 1 y 2), porque de no hacerlo la máquina no podrá funcionar.

6) Se vuelve a tapar el gabinete, y se aplica a la máquina energía eléctrica de la toma de corriente alterna. La máquina deberá poder encender como antes lo hacía. Habrá casos en los cuales máquinas que parecían totalmente muertas se encenderán como si nada hubiera pasado.

7) Puesto que se ha llevado a cabo una limpieza total de la memoria flash del BIOS, no hay absolutamente nada ahí. Es por ello que se vuelve indispensable, desde antes de que entre en acción el sistema operativo, se tenga acceso al programa de manipulación del BIOS oprimiendo para ello la tecla que se tenga que oprimir cuando apenas se ha encendido la máquina (que puede ser, como ya se dijo, la tecla de borrar).

8) Una vez que se ha logrado acceso al programa principal del BIOS, búsquense en su menú de opciones líneas tales como:

   LOAD OPTIMAL SETTINGS (cargado de ajustes óptimos)

o bien pares de líneas como:

  LOAD BIOS DEFAULTS (cargado de parámetros básicos del BIOS)

  LOAD SETUP DEFAULTS (cargado de otros parámetros básicos)

9) Actívese la opción de cargado de ajustes óptimos del BIOS o de ajustes de fábrica. Hecho esto, guárdense estos parámetros en el BIOS saliendo del BIOS con la opción de salida que podrá ser dada como “Save and exit setup”.

10) Con esto, y a menos de que haya otro tipo de falla, la máquina empezará a trabajar tal y como salió por primera vez de la fábrica. Si había hardware nuevo que se le fue agregando con el paso del tiempo, el proceso de cargado de ajustes óptimos actualizará al BIOS hacia la nueva configuración, sin conflictos.
Tal vez resulte difícil de creer que algo tan sencillo como lo que se acaba de describir arriba pueda revivir a su condición normal de operación máquinas que se tenía por desahuciadas en la creencia de un fallo fatal en algunos de sus componentes electrónicos, pero este proceso casi mágico que no requiere invertir en ningún componente excepto el desarmador que se requiera para destapar la máquina funciona en muchos casos. Ciertamente no hay nada que perder si se intenta el anterior procedimiento de reparación.

Si se intenta hacer lo anterior y la máquina se resiste a encender y parece incluso totalmente muerta, ha llegado el momento de tratar de cambiar la fuente de poder. De cualquier modo, si la máquina enciende con una fuente de poder nueva instalada en ella, es importante de cualquier modo repetir el procedimiento de limpieza de la memoria flash del BIOS que se ha dado arriba, porque de lo contrario se pueden experimentar comportamientos erráticos a causa de un BIOS que quedó desconfigurado por la falla de la fuente de poder previa.

sábado, 25 de agosto de 2007

Elvira Arellano




El caso de Elvira Arellano es una muestra clara de cómo están torcidos y distorsionados los valores en este mundo. Ella es la indocumentada mexicana que, tras ser sorprendida por las autoridades migratorias en los Estados Unidos, en vez de presentarse a su cita programada de comparecencia tomó asilo dentro de una iglesia a sabiendas de que los agentes federales jamás entrarían allí por ella para arrestarla y deportarla, por temor a una indignada reacción de la opinión pública norteamericana al violarse el santuario que le había sido concedido por esa iglesia.

Elvira Arellano todavía estaría viviendo dentro de los Estados Unidos si no hubiera cometido un error de soberbia. Al volverse famosa se sintió tan fuerte y tan segura que decidió salir fuera de la iglesia dentro de la cual había estado viviendo asilada. Fuera de la iglesia, podía ser arrestada en cualquier momento sin que se violase ningún derecho de asilo por cuestiones religiosas, y eso fue exactamente lo que sucedió. Esto le dá un nuevo sentido a la sabiduría popular de que si hay algo que ofende a Dios que no vacilará en castigar es precisamente el pecado de la soberbia, el mismo pecado que hizo caer al mismísimo Diablo de su privilegiada posición celestial.

Elvira Arellano argumenta que, al ser deportada a México, se le está separando de su hijo, el cual por haber nacido en los Estados Unidos es ciudadano norteamericano. Esta es otra distorsión grosera. Al poco tiempo de haber sido deportada, su hijo se trasladó para estar junto a ella en la ciudad de Tijuana. Su hijo puede estar viviendo junto a ella todo el tiempo que ambos quieran. Pero en México. Nadie los está separando, excepto la terca insistencia de Elvira Arellano de que le abran a ella las puertas de los Estados Unidos para estar viviendo allá con su hijo sólo porque el niño es ciudadano norteamericano.

Esto último nos lleva a otra crítica que se le ha estado formulando a Elvira Arellano, a la cual se le acusa de haberse embarazado deliberadamente y tener a su hijo no en México sino en los Estados Unidos con el fin de forzar a las autoridades norteamericanas a que le otorguen una visa de residencia permanente por el solo hecho de que su hijo nació en los Estados Unidos. Así, el principal argumento esgrimido por ella de que la quieren separar de su hijo en realidad es una situación que ella misma propició deliberadamente, con todo dolo y mala fé, algo que jamás habría sucedido si ella hubiera tenido a su hijo en México nacido como ciudadano mexicano, al igual que ella.

Puesta así la cosa, la única víctima inocente en todo esto es el hijo de Elvira Arellano, ya que fue concebido egoístamente por su madre en un país extranjero con el fin de obligar a las autoridades de dicho país a darle una visa de residencia permanente argumentando la "reunificación familiar". Es importante señalar que en otros tiempos, con el solo hecho de tener un hijo nacido en los Estados Unidos, una familia completa podía obtener su visa de residencia en los Estados Unidos, los cuales tras esto se jalaban a sus hermanos, a sus padres, a sus tíos, a sus sobrinos, e inclusive a sus primos, dando origen a lo que se conoce como "inmigración en cadena". Pero las leyes migratorias norteamericanas han ido cambiando, volviéndose cada vez más duras, y ahora una familia que tenga un hijo nacido en los Estados Unidos se tiene que esperar 18 años, hasta que el niño cumpla la mayoría de edad, para que pueda reclamar a sus padres, y en esto ya no hay categoría de entrada inmediata, hay una lista de espera, además de que la lista de los familiares a los cuales el joven puede reclamar está limitada ya exclusivamente a sus padres y a sus propios hijos, habiendo llegado a su fin la "inmigración en cadena".

Peor hay aún otra cosa de la que inclusive los más entusiastas admiradores de Elvira Arellano no quieren hablar. Se trata del padre del hijo de Elvira Arellano, al cual jamás se le menciona para nada y del cual nadie sabe nada excepto la misma Elvira Arellano. El niño tiene pleno derecho de saber quién es su padre, tiene pleno derecho de poder estar junto a él. Pero este es un derecho que Elvira Arellano le está negando, porque la prioridad de ella por lo visto no es formar una familia completa, apelando al concepto de la "reunificación familiar", sino que le den su tarjeta de residencia para poder quedarse a vivir y trabajar en los Estados Unidos. Esa es la primera prioridad de ella. La segunda prioridad se supone que es su hijo, el hijo que concibió en los Estados Unidos para tratar de burlar las leyes migratorias de dicho país.

De este modo, Elvira Arellano carece de la calidad moral y los atributos necesarios para poder ser considerada como la heroína de los indocumentados en los Estados Unidos. Y pese a ello, casi la levantan en hombros elevándola a la categoría de mártir.

Elvira Arellano tampoco puede ser considerada como heroína de los mexicanos en México, salvo aquellos que estén pensando en hacer exactamente lo mismo que hizo ella. Ciertamente, desde el momento en que decidió abandonar su país de origen, México, haciendo tal cosa con la intención de no volver jamás, le echó un escupitajo en la cara a todos los mexicanos que cuando salen de México lo hacen solo como una medida temporal así como los demás mexicanos que han decidido quedarse para luchar codo con codo para sacar adelante a sus familias en su propio país. Elvira Arellano no es de estos últimos. Al irse a vivir allá con todas las intenciones del mundo de convertirse en una "American citizen", lo hizo a sabiendas de que, en un supuesto caso hipotético de una invasión norteamericana a México por la razón que sea, ella y sus familiares norteamericanos estarían dispuestos a tomar las armas para irse en contra de México y matar mexicanos. (Se recuerda que en el pasado México ya perdió más de la mitad de su territorio a causa de una guerra injusta con dicho país que tuvo lugar entre 1846 y 1848, a lo cual se le puede agregar la invasión del puerto de Veracruz ocurrida en 1914.) ¿Cómo es posible que se pueda considerar como mexicano a alguien así? Históricamente hablando, no se puede ser un mexicano y un norteamericano al mismo tiempo, quien tal cosa pretenda sólo se está convirtiendo a sí mismo en un bufón, en un payaso. Desde esta perspectiva, el haberles dado inmerecidamente en forma automática la ciudadanía mexicana a los hijos de mexicanos nacidos en los Estados Unidos, esa "doble nacionalidad" como se le ha venido llamando, se antoja como una de las peores aberraciones cometidas por el Congreso federal de México, una aberración que ciertamente el Congreso norteamericano no ha cometido ni está dispuesto a cometer ni hoy ni nunca. Esta gente, cuando ha decidido irse a vivir para siempre a los Estados Unidos con la intención de adoptar la ciudadanía norteamericana, se vuelve tan mexicana como pudieran serlo Vladimir Putin, Osama bin Laden, e inclusive el mismo George Bush. Si quieren hacerse norteamericanos, están en su derecho. Pero, por favor, que no anden visitando México como turistas sintiéndose muy mexicanos, porque eso no les queda ya. Pese a ello, Elvira Arellano no tuvo reparo alguno en mandar a su propio hijo ante el Congreso mexicano el 14 de noviembre de 2006 para pedirle ayuda al Congreso del mismo país que Elvira Arellano decidió abandonar para siempre. Manipuladora de su hijo hasta el final en aras de sus propios intereses (los de ella), logró que el Congreso de México emitiera una resolución urgiendo al gobierno norteamericano a suspender la deportación de Elvira Arellano. Y ella misma no tuvo reparos en ir a entrevistarse con el Presidente de México, Felipe Calderón, para pedirle su ayuda para volver a los Estados Unidos:





Para esto sí resultaron "muy mexicanos" tanto Elvira Arellano como los que la apoyan, para pedirle ayuda al Congreso mexicano y al Presidente de México para ayudarla a abandonar a México para siempre y poder tener el orgullo de regresar al país al que realmente adora y así poder estar ondeando la bandera norteamericana, la bandera de su predilección.

Hay otra cosa que se le puede objetar a Elvira Arellano para cuestionarle su calidad de presunta heroína y presunta defensora de los derechos humanos en los Estados Unidos. Se trata de lo obvio. En las embajadas y consulados norteamericanos alrededor del mundo, hay decenas de miles de personas que, respetuosas de la ley y habiendo hecho su aplicación para ingresar legalmente a los Estados Unidos, han estado en una lista de espera aguardando pacientemente su turno por varios años, esperando que les toque su lugar dentro de las "cuotas" anuales asignadas para tal efecto. (La palabra "cuota" puede parecer insultante para aquellos dedicados a la ganadería que están autorizados a exportar ciertas cantidades de reses, dentro de sus "cuotas" anuales o mensuales, equiparando semánticamente a los seres humanos con cabezas de ganado. Sin embargo, este es un término empleado por las mismas autoridades consulares norteamericanas así como por las leyes migratorias redactadas por el Congreso en dicho país.) Personas como Elvira Arellano que simple y sencillamente deciden brincarse la barda o vadear lo que queda del ya muy reseco Río Bravo le están diciendo a todos los que quieren ingresar legalmente: "Eres un tarugo. Eres un imbécil. Allá tú si quieres ser respetuoso de las leyes. A mí me vale. Allá tú si quieres estar esperando varios años hasta que te toque tu turno. Yo soy mucho más listo que tú. Yo simplemente me voy a saltar la barda, porque me importan un bledo las leyes del país al que voy a entrar. Y ya estando allá, no me importa comprar documentos de identidad falsos, porque a mí solo me importa ganar los dólares mientras tú estás esperando como un estúpido a que te llamen del Consulado. Respetar las leyes me importa un carajo. Y ya estando allá, ya veré la forma de presionar para forzarlos a que me den mi tarjeta de residencia, mientras que miles de tarugos como tú seguirán esperando muchos años. ¿Quién es más listo? ¿Tú, o yo? En el caso de Elvira Arellano, podemos poner como corolario que "se pasó de lista".

La situación de Elvira Arellano para poder arreglar su entrada legal a los Estados Unidos a futuro, una vez que su hijo haya alcanzado la mayoría de edad, se antoja sombría en grado extremo. Aunque su hijo ya mayor de edad sea ciudadano norteamericano, él sólo podrá reclamar a familiares inmediatos que carezcan de antecedentes penales en los Estados Unidos. Y Elvira Arellano cuenta ya con un expediente en el que aparece como culpable de haber incurrido en varios delitos federales. Ella ingresó ilegalmente a los Estados Unidos en 1997, tras lo cual fue arrestada y deportada hacia México por el gobierno norteamericano. En cuestión de unos cuantos días, reingresó ilegalmente a los Estados Unidos en donde estuvo viviendo en el estado de Oregon. Tras esto, se trasladó a Chicago en donde estuvo trabajando en el departamento de limpieza del aeropuerto Chicago O'Hare, en donde fue arrestada tras una redada posterior a los atentados terroristas cometidos contra las torres gemelas en Nueva York. Fue juzgada por utilizar un número falso de Seguro Social, a raíz de lo cual se le condenó a tres años de lo que llaman allá "probation" (un período de tiempo bajo el cual la persona sin estar en prisión está bajo vigilancia constante de parte de las autoridades). Y cuando se le ordenó comparecer ante las autoridades migratorias el 15 de agosto de 2006, en vez de presentarse a su comparecencia se metió dentro de una iglesia metodista de Chicago para evitar su posible deportación, desafiando las órdenes del juez y de las autoridades migratorias. Bajo un sistema muy limitado de cuotas de inmigración, entre darle un lugar a una persona que cuenta ya con antecedentes penales en los Estados Unidos y darle el mismo lugar a una persona que carece de antecedentes penales, sin pensarlo dos veces le darán preferencia a la persona que carece de antecedentes penales. Porque, a fin de cuentas, ¿qué país puede confiar realmente en una persona afecta a violar las leyes y a estar desafiando a las autoridades?

Lo que sí es un hecho indiscutible es que no todos los mexicanos son como Elvira Arellano. Si lo fueran, México ya habría dejado de existir como nación. Sería tan solo un vasto territorio abandonado por su gente.

lunes, 20 de agosto de 2007

El problema de instalación multi-floppies

En el caso de algunos programas ya viejos para los cuales la instalación en el disco duro de una máquina se llevaba a cabo no mediante un lector de CD-ROM sino mediante un drive de diskettes usándose para ello varios diskettes (por ejemplo, MathCAD 4.0, o Turbo Pascal), el problema que se enfrenta en máquinas nuevas es que el drive de diskettes ha sido eliminado por completo y no es posible instalar tales programas en dichas máquinas usando los diskettes.

¿Hay algo que se pueda hacer al respecto?

La respuesta podría ser afirmativa. Pero se requiere tener acceso a una máquina que todavía tenga instalado un drive de diskettes, y que tenga además un quemador de discos CD. El objetivo será crear un CD desde el cual se pueda llevar a cabo toda la instalación.

Usualmente, la instalación de los programas que vienen en varios diskettes procede de la siguiente manera: se mete el primer diskette (identificado como tal por el proveedor), y se pone en marcha algún programa inicial que muchas veces es SETUP.EXE o que puede ser algo como INSTALL.BAT. La instalación se pone en marcha hasta que en un momento se pide al usuario que saque el primer disco y meta el siguiente disco (el segundo), poniéndose nuevamente en marcha la instalación hasta que se pide el siguiente disco (el tercero) y así sucesivamente.

PRIMER PROCEDIMIENTO:

El primer procedimiento consiste en crear una carpeta (folder) en la máquina, dándole a dicha carpeta el nombre del primer diskette (el nombre del primer diskette se puede obtener mediante las propiedades del diskette proporcionadas por un sistema operativo como Windows XP) o bien inventándole algún nombre como Disco_1 en caso de que el primer diskette carezca de nombre, y copiando todos los archivos del primer diskette al primer folder. Hecho esto, se crea una segunda carpeta dándole el nombre que le corresponda tomado del segundo diskette (por ejemplo, Disco_2) y copiando todos los archivos del segundo diskette al segundo folder, y así sucesivamente. Cuando se tengan todos los contenidos de cada diskette en carpetas respectivas en el disco duro, se queman en un disco CD dichas carpetas creándose un disco CD de instalación del programa. La forma en la cual se usa este disco CD de instalación es buscando el programa ejecutable de instalación que debe estar en la primera carpeta. Si funciona, al ser leídos del CD los contenidos de la primera carpeta entonces el programa ejecutable de instalación buscará los contenidos que corresponden al segundo diskette que se encuentran en la segunda carpeta, y así sucesivamente hasta que la instalación haya concluído.

SEGUNDO PROCEDIMIENTO:

En caso de que no funcione el procedimiento anterior, la segunda alternativa consiste en copiar todos los contenidos del primer diskette a una carpeta en el disco duro, tras lo cual se efectúa un copiado de todos los contenidos del segundo diskette a la segunda carpeta en el disco duro, y así sucesivamente. De este modo, todos los contenidos de todos los diskettes se encontrarán dentro de una sola carpeta. Esta carpeta es enviada en forma permanente a lo que será un CD de instalación. De nueva cuenta, la forma en la cual se usa este disco CD de instalación es buscando el programa ejecutable de instalación que debe ser el mismo que está puesto en el primer diskette. Puesto que todos los archivos de todos los diskettes están en la misma carpeta, es posible que la instalación se pueda llevar a cabo desde el CD-ROM.

El éxito de cualquiera de los dos procedimientos de instalación dados arriba (y ambos deben ser probados) depende de la manera en la cual desde el primer diskette se vayan invocando cada uno de los siguientes diskettes. Si el programa ejecutable encargado de llevar a cabo la instalación hace una búsqueda exhaustiva (agotando todas las posibilidades buscando en todas las partes del disco duro de la máquina), entonces el problema está resuelto. Sin embargo, si hace una búsqueda con una sola opción buscando en un drive de floppies cada floppy de acuerdo al nombre del diskette, entonces cualquiera de las dos estrategias puede fracasar.

Los dos procedimientos que se acaban de dar es que se pueden llevar a cabo de una manera casi mecánica, sin requerir de mucho análisis.

Si ninguno de los procedimientos dados arriba funciona, entonces se puede intentar reproducir la manera en la cual se lleva a cabo la instalación. Para ello, en caso de que en el primer diskette haya un archivo denominado INSTALL.BAT (o bien denominado con algún otro nombre similar), se pueden inspeccionar los contenidos del archivo leyéndolos con cualquier editor de texto (como el Bloc de Notas de Windows) teniendo la precaución de no alterar los contenidos.

Y si no hay un archivo como INSTALL.BAT, podemos tratar de seguir la filosofía usada en la instalación de programas que ocupan varios diskettes. En esos tiempos, los archivos eran usualmente comprimidos con algún programa de compresión para ocupar así la menor cantidad posible de diskettes en la venta y distribución del programa. Por esto mismo, y en muchos casos, todo lo que hacían esos programas de instalación consistía en crear un directorio (hoy se les llama carpeta), e invocar el programa de desempaque (identificado con algún nombre como UNPACK.EXE o como UNZIP.COM) para ir descomprimiendo todos y cada uno de los archivos comprimidos, colocando cada archivo ya descomprimido en el mismo directorio. Desde una ventana de comandos DOS, para descomprimir un programa como TURBOCAD.ZIP usando el programa descompresor se escribe algo como lo siguiente:

   C:\TURBOCAD\unzip.com turbocad.zip

y el programa descomprimido será colocado en el directorio (folder) llamado TURBOCAD. Si hay varios archivos comprimidos repartidos en varios diskettes, se pueden ir descomprimiendo individualmente uno por uno para ser puestos en la misma carpeta. ¿Y qué del caso en el cual el programa de instalación no solo crea una carpeta y descomprime varios archivos poniéndolos en dicha carpeta, sino que además crea otras carpetas poniendo archivos descomprimidos ya en esas otras carpetas? Esto tampoco presenta problema alguno. Al momento de echar a andar la aplicación, o sea el programa de aplicación ya descomprimido, si éste recurre a una carpeta que espera encontrar y no la encuentra. entonces usualmente le dará una notificación al usuario de que no encontró tal o cual archivo en tal o cual carpeta, en cuyo caso se podrá crear la carpeta con tal nombre y mover hacia dicha carpeta el archivo que espera encontrar en la misma.

Queda desde luego el asunto espinoso de aquellos programas de instalación que no solo descomprimen archivos y los ponen ya descomprimidos en carpetas creadas ex profeso, sino que también modifican las entradas de algo como el Registro (Registry) de Windows. En tal caso, queda la esperanza de que el programa SETUP ubicado en el primer diskette llevará a cabo la creación de las entradas requeridas en el Registro antes que cualquier otra cosa. Lo importante es no dejarse vencer.

En caso de que nada de lo anterior funcione, no le quedará más remedio al lector que recurrir a su cartera para sacar el dinero que se requiere para comprar la versión actualizada del programa en CD-ROM... en caso de que la compañía todavía exista y no haya pasado a los libros de historia como la empresa Borland que creó el programa Turbo Pascal o la empresa Digital Research que creó el sistema operativo CP/M.

sábado, 18 de agosto de 2007

La Pareja Perfecta

¿Qué se requiere para encontrar eso que podríamos llamar una "pareja perfecta"? Esencialmente, que tanto el hombre como la mujer tengan lo que los anglosajones llaman un "common ground", que tengan varias cosas en común. De lo contrario, y a la larga, la relación irá al fracaso al volverse intolerables las diferencias.

Esto podemos verlo como un rompecabezas de dos piezas que tienen que "embonar" en cada uno de sus resquicios de una manera "perfecta". Para empezar, consideremos el ejemplo de un hombre que es abstemio y una mujer que detesta a los borrachos. Al hombre lo podemos representar con la pieza que se muestra a continuación de lado izquierdo, y a la mujer con la pieza que se muestra del lado derecho:





La naturaleza abstemia del hombre es representada aquí arriba como una cuña que apunta hacia la derecha, y la repulsión de la mujer hacia los borrachos es representada como una entrada de cuña que también apunta hacia la derecha, de modo tal que al unir las dos piezas se forma una sola pieza, con una juntura perfecta. Cada pieza es el complemento perfecto de la otra. Sin embargo, si el hombre es un borracho ya sea ocasional o consuetudinario, y su cuña por lo tanto apunta hacia en sentido opuesto, hacia el lado izquierdo, no hay forma posible de unir ambas piezas. Es imposible formar una sola pieza con ellas. Tenemos aquí una relación condenada al fracaso, diga lo que diga la religión, digan lo que digan los psicólogos y los terapistas matrimoniales.

Pero no basta con que el hombre sea un abstemio relacionándose con una mujer que detesta a los borrachos. Si la mujer es una de aquellas que sólo tiene predilección por los hombres "simétricos", los hombres considerados físicamente atractivos, por los hombres "guapos", si considera el físico como algo importante, entonces el que la pretenda tiene que llenar también esta condición para que las dos piezas puedan "embonar". (Quienes se dejan llevar únicamente por el atractivo físico frecuentemente caen en el error fatal de olvidarse por completo del proceso natural de envejecimiento, la persona con la cual deciden formar una pareja el día de hoy no podrá ser físicamente la misma persona treinta o cuarenta años después, y cuando tal cosa ocurra habrá desaparecido tanto en él como en ella lo que tal vez era la única coincidencia que los unía, condenando la relación de ambos en su vejez al fracaso. Esta es la situación de muchas parejas que terminan separándose a una edad madura.) Siete coincidencias entre una pareja podrían representarse embonando en forma "perfecta" de la siguiente manera:





Estas siete coincidencias para poder obtener un "ajuste perfecto" permitiendo unir suavemente las dos piezas del rompecabezas podrían ser cosas tales como las siguientes:

Ella detesta a los borrachos.
Él es abstemio.

A ella le gustan únicamente los hombres "guapos".
Él es considerado como un hombre muy "guapo".

Ella es muy ambiciosa.
Él es muy rico.

Ella detesta el futbol.
Él no es un aficionado al futbol.

A ella le encanta la música de "rap".
A él también le encanta la música de "rap".

Ella pertenece a la Iglesia Católica.
Él también es católico.

Ella detesta a los gatos.
Él es alérgico a los gatos.

Desafortunadamente, hay muchas otras cosas en las que los miembros de una pareja podrían coincidir o discrepar, además de las ya señaladas. En el mundo real, esto podría requerir que ambos estuvieran en completo acuerdo en muchas otras cosas, digamos, diez mil, lo cual aunque parezca exagerado es de hecho una ocurrencia cotidiana. Y aquí es donde comienzan los problemas. Porque ambos pueden estar en perfecto acuerdo en 9,999 cosas, pero si hay otro detalle en el que están en completo desacuerdo, podemos ver extendiendo imaginariamente hacia abajo el dibujo de arriba que si en el último eslabón del rompecabezas, el de más abajo, las partes correspondientes apuntan en sentidos opuestos, no habrá forma alguna de poder "embonar" las dos piezas de todo el rompecabezas, aunque haya 9,999 detalles en los que exista un ajuste "perfecto". Y si por ese "prietito en el arroz" por el que están en desacuerdo, tarde o temprano ambos van a estar de pleito continuo, recriminándose mutuamente todos los días, aunque haya 9,999 otras cosas que tienen en común y que los unen, la relación muy probablemente irá al fracaso. En los Estados Unidos, la mitad de todas las parejas terminan divorciándose precisamente por esto, porque al principio se unieron por esos 9,999 detalles que tenían en común, pretendiendo ignorar el otro detalle en que discrepaban.

Aunque hay quienes atribuyen muchos fracasos matrimoniales a la falta de una armonía plena en las relaciones sexuales de una pareja (y esto ciertamente ha dado al traste con muchos matrimonios al no poder cumplir uno de los cónyuges las expectativas del otro), lo cual hace imposible "embonar" a la perfección las dos piezas del rompecabezas, este no es el único factor. Si lo fuera, los investigadores en materia sexual en los Estados Unidos por excelencia, reconocidos como expertos mundiales en la materia, los Doctores William Masters y Virginia E. Johnson, fundadores del Masters & Johnson Institute de fama mundial:

http://en.wikipedia.org/wiki/Masters_and_Johnson

no habrían terminado divorciándose, reventando una relación de pareja que duró tres décadas.

El simple atractivo físico tampoco es una garantía de que una relación de pareja será una relación estable. Tal es el caso de los matrimonios entre "gente bonita". Como el caso del actor Brad Pitt que se casó con la actriz de la serie de televisión "Friends", Jennifer Aniston. Un romance y matrimonio de "cuentos de hadas". Que duró hasta que Brad Pitt encontró a otra mujer a la que consideró todavía más bonita que a Jennifer Aniston, Angelina Jolie. A la cual, dado el precedente, es muy posible que también Brad Pitt abandonaría en caso de encontrarse y relacionarse con otra mujer a la que considere todavía más bonita que Angelina Jolie. En este caso, puesto que la decisión de terminar la relación con Jennifer fue una decisión unilateral de Brad Pitt, no puede decirse que haya sido a causa de dos piezas del rompecabezas que no "embonaron" en forma adecuada, puesto que aquí no hay nada que Jennifer podría haber hecho para evitar que la abandonara, excepto lo imposible, cambiar su aspecto físico para convertirse en una mujer todavía más bonita de lo que ya es. La "pareja perfecta" para Brad Pitt sería una mujer que, además de que estuviese completamente de acuerdo con él en todo, nunca envejeciera y siempre se viera bonita, lo cual ciertamente no va a ocurrir. Las decisiones tomadas unilateralmente por uno de los miembros de una pareja es algo que solo viene a complicar aún más el problema de tratar de hacer "embonar" las dos piezas del rompecabezas.

El detalle o los detalles que pueden impedir "armar el rompecabezas" en una sola pieza pueden surgir por donde menos se espera. Véase lo que ocurrió en el caso del Príncipe Carlos de Inglaterra y la Princesa Diana. Superficialmente, el Príncipe Carlos parecía tener todo, absolutamente todo lo que una mujer podría pedirle a un hombre: Además de ser un príncipe de carne y hueso, es un universitario, sin vicios, muy formal, con una amplia fortuna familiar, no fuma, no bebe excepto en ocasiones sociales y ello con suma moderación, ciertamente no está feo, en fin, cuando era un hombre soltero había millones de jóvenes inglesas a las cuales si les hubiera propuesto matrimonio le habrían dado el "sí" sin pensarlo dos veces. Y la Princesa Diana también parecía tener todos los atributos que un hombre pudiera esperar de una mujer: bella, centrada, sin vicios, culta, descendiente de la realeza aristocrática de Inglaterra, en fin, lo suficiente para que hubiera tenido cientos de pretendientes de dónde escoger, entre ellos al hombre que finalmente escogió para marido, ni más ni menos que al Príncipe de Gales. Cuando se casaron, la boda de ambos fue clasificada por los medios como "la boda del año". Las dos piezas del rompecabezas parecían "embonar" en todos sus detalles de modo perfecto, formando una sola pieza. Sin embargo, eventualmente no tardaron en aflorar esos pequeños detalles que impedían armar de modo perfecto el rompecabezas, y sucedió lo que tenía que suceder. Terminaron separándose en 1996 tras lo que la misma Reina de Inglaterra calificó en 1992 como "un año horrible" (en sus palabras usando Latín, un "annus horribilis"). La cosa empezó mal cuando, al anunciar ambos su compromiso matrimonial en una entrevista por televisión en 1981, el Príncipe Carlos no tuvo las capacidades "adivinatorias" para suponer que su prometida Diana esperaba que en esa entrevista él proclamara ante el mundo entero que la amaba (de haberlo sabido, tal vez el Príncipe Carlos lo hubiera hecho, rompiendo la formalidad del anuncio usada por el heredero de la Corona Británica), pero históricamente hablando, los hombres siempre han sido muy malos para "adivinar" todos los detalles de lo que una mujer espera de ellos, de lo que una mujer espera que hagan sin que ella se los pida. Diana posteriormente reveló (mucho tiempo después, en 2004) que, tras esta "decepción", ella se volvió bulímica. Así, Diana era bulímica; y al Príncipe Carlos le disgustan las mujeres bulímicas. El rompecabezas se empezó a "desarmar" por sí solo, aunque en realidad las dos piezas del rompecabezas nunca habían "embonado" del todo. Este es un error frecuente en muchas parejas que creen que tienen todo en común cuando esto no es así, lo cual el tiempo se encargará de ir revelando. Un "ajuste perfecto" en las dos piezas del rompecabezas siempre será un "ajuste perfecto" suponiendo que las dos piezas sigan siendo las mismas con el paso del tiempo.

El caso del Príncipe de Gales y la Princesa Diana ilustra en forma espectacular algo de enorme importancia: si por el famoso estereotipo del "príncipe azul" una mujer espera poder encontrar un hombre que satisfaga a la perfección sus diez mil requerimientos, que le adivine todos sus pensamientos reaccionando justo en la forma en la cual ella desea que reaccione, que la complazca en todo, y que nunca le lleve la corriente en contra en nada, lo más probable es que tal sujeto no exista, y si existe, lo más probable es que ya esté acaparado por alguna de las otras mil millones de competidoras suyas alrededor del mundo. Puesto de otra manera, esto refleja la sabiduría del dicho "el mundo no está hecho a tu manera". A menos de que se esté dispuesto a tolerar a un candidato o una candidata que no cumpla con todos y cada uno de los diez mil detalles que se requieren para poder llevar una relación armoniosa sin que algún día todo termine con un buen pleito, la búsqueda del ilusorio "Mister Right" puede ser una búsqueda futil en la que la persona se está engañando a sí misma.

¿Qué hacer entonces?

Los frailes y los monjes tenían una solución para ello. Esquivaban por completo los enredos de las relaciones de pareja abrazando una vida de celibato total. Sin embargo, en los tiempos modernos, este puede ser un precio extremadamente alto a pagar para muchos que no se resignan a terminar sus días en la más absoluta soledad. Por otro lado, el impulso para la perpetuación de la especie convierte la búsqueda de una pareja en una necesidad fisiológica biológicamente programada como comer, respirar o hacer pipí. Es posible aguantarse las ganas de buscar una relación de índole sexual allá afuera, pero estarse aguantando las ganas a lo largo de toda una vida es ir "contra natura", es una lucha diaria en la que, afortunadamente, la Naturaleza no castiga la privación con la muerte. De cualquier modo, y esto hay que reconocerlo, si todos los seres humanos hubiesen adoptado el modo de vida monástico, la humanidad se habría extinguido por sí sola desde hace mucho tiempo, el hombre habría desaparecido de la faz del planeta.

Es posible que en la búsqueda de una pareja, inclusive aunque no se trate de la "pareja perfecta", alguien simple y sencillamente carezca de opciones, porque como dice el dicho, "matrimonio y mortaja del Cielo bajan". Si Betty está tan fea que ningún hombre en el mundo le hará caso, entonces "ugly Betty" no tendrá otra opción más que quedarse en las gradas viendo desde lejos toda la acción que ocurre en la cancha, a menos de que tenga algo que le permita compensar su carencia de atractivo físico. Si Carlos no sabía bailar, y era un requisito indispensable de su época el saber bailar para poder sacar a alguien a bailar y así poder ir conociendo mujeres, Carlos entonces estuvo condenado a no sacar provecho alguno de los centros sociales de baile para buscar prospectos. Y aún suponiendo que hubiera sido un excelente bailarín, si invitaba a bailar a cien mujeres y las cien le decían que no -haciéndolo sentirse como un gusano- porque ninguna de ellas lo consideraba lo suficientemente atractivo (físicamente hablando), entonces Carlos estaría perdiendo su tiempo yendo a centros nocturnos en donde la única alternativa para conocer mujeres era precisamente sacar a alguien a bailar corriendo el riesgo de la degradante humillación de que su invitación fuese rechazada. En su caso, Carlos estuvo condenado por el género opuesto a quedarse mejor en su casa viendo la televisión (la cual nunca le dirá que no). Irónicamente, es posible que Anna y Carlos podrían haber hecho una "pareja perfecta" embonando suavemente las dos piezas del rompecabezas en una sola, desde arriba hasta abajo. Sin embargo, aún así, para relacionarse con la persona "casi perfecta", ya no se diga "perfecta", intervienen muchos otros factores que tienen que ver con la suerte y con el destino. Si Anna y Carlos nunca se llegan a conocer, si nunca se llegan a tratar, es posible que los dos, por separado, terminen sus días en la más completa soledad.

En última instancia, cada quien debe decidir qué es lo que está buscando y qué es lo que está dispuesto a tolerar así como qué es lo que no está dispuesto a tolerar en otra persona. Y, más importante que el ser honesto con otra persona, es importante ser honesto consigo mismo. Si la otra persona profesa una religión diferente a la de uno, ¿realmente se está dispuesto a llevar una vida en común por toda una vida con dicha persona? Si uno es muy ahorrativo, y la otra persona es una persona "gastalona", ¿realmente habrá forma de conciliar algo que, de inicio, no puede ser conciliado? Es importante no tratar de cambiar a la otra persona, no tratar de utilizar el matrimonio como una vía para moldear a la otra persona al gusto de uno, porque al incurrir en tal ofensa, se está ofendiendo uno a sí mismo al haberse engañado con su "plan" pre-matrimonial secreto con todas las intenciones de endilgárselo al otro llegado el momento. Los secretos entre una pareja eventualmente llegarán el momento en que dejarán de serlo, habrá cosas que se volverán imposibles de ocultar, y cuando llegue ese momento, lo que no perdonará la otra parte será la decepción, el engaño.

La "pareja perfecta" no existe. Desde la caída de Adán del paraíso, la "pareja perfecta" no ha existido, nunca existió. El síndrome de los cuentos de hadas del final feliz con el cual "vivieron felices por siempre" (conocido como "el síndrome de la Cenicienta") nunca fue más que eso, un cuento. La vida es un asunto sumamente complicado. Las relaciones entre pareja lo son aún más, sobre todo cuando las dos piezas del rompecabezas no van a embonar jamás por esos dos o tres detalles que pueden dar al traste con la relación de pareja pese a la presencia de los otros 9,999 detalles en los que haya un común acuerdo. Todo es cuestión de decidir, antes de tomar una decisión, si vale la pena tolerar esa fracción diezmilésima con la que nunca se estará de acuerdo, a cambio de obtener el complemento que se busca con el 99.99 por ciento restante. Suponiendo, claro está, que el destino y la suerte den una opción en ello.

jueves, 16 de agosto de 2007

El Hombre Sabio y el Diablo




Este es un cuento de mi cosecha. Espero que sea del agrado de quienes me honran con su visita a mis bitácoras. Tiene por título "El Hombre Sabio y el Diablo". Invito a cada uno de mis lectores a que saque sus propias conclusiones y sus propias moralejas del cuento.

Érase una vez un hombre tan conocedor de todos los quehaceres que abarcan el saber humano, que inclusive el mismo Diablo, quien gustaba de sostener largas conversaciones con este erudito, las cuales encontraba muy interesantes, le llegó a tomar cierta estima.

Un buen día, el Diablo le dijo:

-Mira, en todos estos años en los que me he tomado tiempo para platicar contigo y escuchar tus puntos de vista, he encontrado tus conversaciones tan amenas y tan ilustrativas, que he llegado a tomarte cierta estima, con todo y que soy el mismo Diablo. Es por ello que, como muestra de mi aprecio, he decidido hacer algo que hago con muy poca frecuencia. Te voy a dar este libro, sin pedirte nada a cambio, y al decir sin pedirte nada a cambio, me estoy refiriendo, naturalmente, a tu alma.

El Diablo le extendió un libro grueso al sabio, el cual estaba sellado a espera de que el receptor de tan inesperado regalo rompiera el sello para ver sus contenidos. Una vez que el Sabio tuvo el libro en sus manos, el Diablo continuó:

-Este libro que te acabo de dar es el libro de tu vida. Contiene todo, absolutamente todo, acerca de tu vida, desde el día en que naciste. No falta detalle alguno. Pero contiene mucho más que todo tu pasado hasta abarcar el presente, incluyendo la conversación que estamos sosteniendo en estos momentos. Contiene también todo tu futuro, contiene todo lo que sucederá de aquí en adelante. Inclusive contiene la fecha exacta en la que estás destinado a morir, y te dirá exactamente cuándo y en qué forma vas a morir. Como ves, no falta nada en el libro. ¿Qué mejor presente se le puede dar a un hombre interesado en saberlo todo, que el conocimiento exacto acerca de su propia vida?

El Sabio echó el libro a su bolso agradeciéndole al Diablo tan inesperado regalo, despidiéndose cortesmente del mismo como era su costumbre.

Pasaron los meses, y después de algún tiempo, el Diablo regresó para visitar al Sabio, ansioso por ver la reacción del Sabio ante todo lo que se le había revelado en dicho libro. Cuán grande no sería la sorpresa del Diablo que, después de verlo y saludarlo, el Sabio sacó el libro de su bolso, intacto, con los sellos del mismo aún puestos en su lugar. ¡El Sabio no había abierto el libro ni siquiera para echarle una ojeada!

Estupefacto, el Diablo le preguntó:

-¿No fue de tu agrado mi regalo?

El Sabio le respondió:

-No lo tomes a mal. Agradezco tu deferencia y el honor que me has concedido al darme este libro por el que muchos otros hombres pelearían duramente con tal de poder poseer el "libro de sus vidas" y conocer su futuro. A lo largo de la historia, millones de hombres y mujeres han consultado a los astros, a las cartas del Tarot, al Oráculo Délfico, a las gitanas expertas en el hoy ya perdido arte de la quiromancia, a la Ouija, a las hojas en la taza de té, a la numerología, los chinos han recurrido al I Ching, en fin, numerosas artes y técnicas con infinidad de videntes, muchos de ellos charlatanes, con tal de saber lo que les depara el destino. Siendo quien eres, el mismo Diablo, no tengo la menor duda de que todo lo que aparece en dicho libro es precisamente lo que me ha sucedido, lo que está sucediendo en estos momentos, y lo que me sucederá de aquí en delante, hasta el día de mi muerte.

-¿Entonces, cuál es tu problema?- le preguntó intrigado el Diablo.

-Mira, si rompo los sellos y me pongo a leer el libro desde el principio hasta el final, y no me cabe la menor duda de que en el libro aparecería inclusive la lectura que estaría haciendo del mismo, eventualmente conoceré todo, inclusive hasta el día de mi muerte. Y a partir de ese momento, a partir del momento funesto en que me entere con toda precisión sobre cuándo y de qué voy a morir, no voy a poder pensar en otra cosa más que eso. No importa si vaya a morir mañana mismo, dentro de un mes, dentro de un año, o dentro de veinte años, porque cada día que transcurra será un día menos que me irá acercando a esa fecha fatal.

-No lo había visto de esa manera.

El Sabio continuó:

-Sin saber lo que me depara el futuro, no me estaré preocupando por la cercanía de esa fecha fatal. Viviré cada día de mi vida con alegría como si fuese el primero, como si acabase de nacer, en vez de vivirlo como si fuese un día menos consumido irrevocablemente bajo una sentencia inapelable. Y en este sentido, mi estimado Diablo, es mejor vivir un solo día con alegría, que vivir mil días en la peor de las angustias.

El Diablo permanecía estupefacto ante las razones del Sabio:

-Además, mi apreciable interlocutor, si leyese el libro de mi vida, sabiendo todo lo que voy a hacer de aquí en delante, la vida se tornaría sumamente monótona y aburrida, no tendría caso alguno vivir una vida así. Desde que nacemos, desde el momento en que fuímos creados, todas nuestras vidas, inclusive la tuya, es un recorrido que está lleno de descubrimientos, de éxitos, de fracasos, es un largo aprendizaje que nos va formando convirtiéndonos en lo que somos. Quítale a la vida ese placer del descubrimiento, ese placer de explorar lo desconocido, quítale los enormes gozos que obtenemos todos cuando nos damos cuenta de algo de lo que no nos habíamos dado cuenta, quítale los fracasos que nos permiten aprender mucho más de nuestros errores que de nuestros aciertos, y no quedaría absolutamente nada, excepto un gran y enorme vacío, inclusive para tí, mi respetable Príncipe de las Tinieblas.

Con una reverencia cortés, el Sabio le devolvió el libro de su vida al Diablo, despidiéndose de él con la amabilidad que le era característica, y continuando así su largo peregrinar por el mundo, su "viaje de descubrimiento", mientras el Diablo se quedaba a solas rascándose la cabeza.

Y hasta la fecha, cuenta la Conseja que el Diablo se sigue rascando la cabeza, todavía meditando y reflexionando sobre lo que le dijo el Sabio.