lunes, 17 de noviembre de 2014
El premio
Esta es la historia de un joven norteamericano de 26 años que llevaba una vida tranquila en Indiana. Hasta que un aciago día, decidió cambiar su lugar de residencia yéndose a vivir a Siria para hacer labores humanitarias en beneficio de los musulmanes que han sido víctimas de las guerras y la violencia que se han estado llevando a cabo entre los mismos musulmanes por diferencias de opinión que se antojan ridículas y banales. Exponiendo su propia vida al atravesar entre el fuego cruzado para ayudar a las viudas y huérfanos que iba encontrando por su camino, Peter Edward Kassig creyó que su labor humanitaria y sus sacrificios personales serían suficientes para ganarse la aceptación entre los musulmanes y hasta ser acogido como uno de ellos.
Pero se equivocó.
Sin tomar en cuenta para nada la intensa labor de beneficio social que Peter Kassig estaba llevando a cabo en beneficio de los musulmanes sin esperar nada a cambio, Peter Kassig fue secuestrado por los integrantes del Estado Islámico que quieren establecer un califato en esa región del mundo
Nos falta agregar una cosa. Resulta que Peter Kassig, el cual había nacido y había sido bautizado como cristiano, renegó de su fé y optó por convertirse al Islam. Movido por su nueva fé, repudió el nombre con el que fue bautizado y lo cambió para siempre por un nombre más musulmán, el nombre de Abdul-Rahman.
Se puso a estudiar todos los versos del Corán aprendiéndose de memoria las ordenanzas de Mahoma y las costumbres propias del Islam.
Pero el haberse convertido al Islam no le sirvió en lo absoluto para ser liberado por sus secuestradores musulmanes. Peor aún, se le usó como un peón de ajedrez al advertir los musulmanes del Estado Islámico que Peter Kassig, o mejor dicho, el musulmán Abdul Rahman, sería sacrificado si el gobierno de los Estados Unidos no cesaba su campaña de hostigamiento en contra del Estado Islámico.
Para abogar por la vida de su hijo, la madre de Peter Kassig, Paula Kassig, se puso la pañoleta con la que deben cubrir su cabeza todas las mujeres musulmanas, y estuvo apareciendo en los medios y en varios videos de Internet dirigidos a los desalmados musulmanes que secuestraron a su hijo, adoptando la humildad y el porte propio de las mujeres musulmanas, pidiendo la liberación de su retoño.
¿Acaso el dolor de una madre, revestida de Islamismo, pidiéndole a los musulmanes perdonar la vida de su hijo convertido al Islam, no sería suficiente para obtener la liberación de su hijo?
Pues no lo fue.
El domingo 16 de noviembre de 2014 el mundo se enteró de la noticia del asesinato a sangre fría del martirio y asesinato de Peter Kassig, o mejor dicho, del musulmán Abdul-Rahman, a manos de musulmanes sin corazón alguno.
Peter Kassig murió decapitado, y no por una guillotina rápida. Sus hermanos musulmanes haciendo gala de crueldad lo decapitaron con un cuchillo, derramando su sangre en esa tierra tan lejana y ajena, muy lejos de la tierra que lo vió nacer, acabando sus días en una tierra en donde musulmanes matan a musulmanes y hasta los crucifican.
La madre de Peter Kassig ya aprendió su lección, y la aprendió de la forma más dolorosa posible. Aprendió que con estos fanáticos religiosos no es posible entrar en razones, no es posible dialogar, no es posible hacerlos entender. Son tipos de mente obtusa, de cabeza dura, además de que son asesinos seriales natos que justifican sus crímenes enarbolando el Corán como bandera de lucha. Hay tantas posibilidades de moverlos a la misericordia y a la compasión como el tratar de lograr lo mismo hablando con una roca. Es la irracionalidad en su más pura expresión.
A la madre de Peter Kassig ni siquiera le han devuelto el cuerpo de su hijo (en dos piezas, desde luego, la cabeza y el tronco) para que le pueda dar sepultura en Indiana. Ni siquiera sabe si los hermanos musulmanes de su hijo le dieron un entierro musulmán o si arrojaron los restos a los buitres. Aún si le regresaran lo que queda de su hijo, no se le puede dar cristiana sepultura, porque no murió como un cristiano, quiso morir como musulmán.
Peter Kassig creyó que por haber repudiado su origen cristiano y por haber abrazado al Islam sería bien aceptado y bien recibido entre sus hermanos musulmanes. Se equivocó, y su equivocación le costó su propia vida. Peter Kassig creyó que por hacer labores humanitarias entre sus hermanos musulmanes sería visto con buenos ojos y respetado como musulmán. Se equivocó fatalmente.
Se han mencionado aquí algunas de las razones para no aceptar invitación alguna para convertirse al Islam, y se han documentado también en un trabajo más reciente algunos cuantos de los muchos hechos horrendos que refuerzan la convicción de negarse terminantemente a convertirse al Islam. De haber oído, de haber escuchado las advertencias, de haber entendido, Peter Kassig aún estaría con vida el día de hoy. Tomó el camino equivocado, esa fue su decisión, y murió en forma dolorosa con la cabeza cortada por sus propios hermanos musulmanes.
Casi al mismo tiempo en el que Peter Kassig fue decapitado, otro país musulmán, Pakistán (su capital se llama Islamabad), el mismo país que dió refugio y protección por varios años al terrorista multi-homicida Osama bin Laden, confirmó tener listo ya después de una prueba exitosa un proyectil capaz de transportar una bomba atómica fuera de Pakistán, el Shaheen-II (Hatf-VI) “capaz de trasladar cabezas nucleares y convencionales hasta un alcance de 1.500 kilómetros”, de acuerdo a un comunicado; esto en un país en el que hay pobreza extrema con cientos de miles de harapientos en las calles viviendo de la mendicidad y en su mayor parte pegados al hueso padeciendo hambres atroces. Y Pakistán ya tiene la bomba atómica. Por su parte, Irán, un hervidero de musulmanes chiitas, sigue laborando febrilmente para tener la capacidad nuclear que le permita elaborar su propia bomba atómica. Esto es lo que el Islam tiene para ofrecer al mundo. Todo esto se lo debemos a los apóstoles de Mahoma.
En estas cruzadas religiosas frecuentemente hay verdaderos demonios que buscan algún beneficio personal usando la religión como pretexto y como bandera. En el caso del Estado Islámico, el sátrapa es Abu Bakr al-Baghdadi. Su sueño es convertirse en califa, aunque tengan que morir cien millones para ello. Es todo un Darth Vader y de hecho viste como tal obligando a sus seguidores a cubrirse también de negro de pies a cabeza y hasta portar banderas negras:
Como califa, aspira a tener su palacio con un harem repleto de jovencitas y niñas hermosas para dar rienda suelta sobre ellas a sus placeres carnales y bajas pasiones, siguiendo el ejemplo de los sultanes corruptos que estuvieron disfrutando de una decadencia moral que hubiera dejado al mismo Mahoma con los ojos abiertos, lo cual duró en buena medida hasta que el Imperio Otomano llegó a su fin.
Un ejemplo de una aspiración a esta vida licensiosa rodeada de lujos e inmoralidad lo dió el Mulá Omar, el fundador de los Talibanes en Afganistán, cuya lujosa residencia con sus extravagantes detalles quedó a la vista tras la caída de los Talibanes a resultas de la invasión norteamericana:
Los lujos desmedidos disfrutados por estos falsos santones y pseudo-anacoretas asesinos son para uso exclusivo de tipos como ellos, jamás los comparten con sus harapientos seguidores cuyas vidas no les significan nada. Para lograr sus planes, estos próceres del Islam no tienen reparo alguno en usar y manipular como carne de cañón presta para el suicidio a miles de jóvenes a quienes consideran no como unos ingenuos sino como unos verdaderos estúpidos dispuestos a sacrificarse por ellos con la promesa del ingreso a un paraíso eterno que ciertamente estaría repleto de asesinos y suicidas.
Pese a todo, el Estado Islámico que secuestró y decapitó a Abdul-Rahman (Peter Kassig) sigue invitando a través de Internet a todos los jóvenes de todo el mundo a que se le unan, usando el Corán no como un instrumento para ennoblecer al género humano sino como propaganda para lavar cerebros. Y cientos de jóvenes siguen llegando de todas partes del mundo para unirse al Estado Islámico, convirtiéndose muchos de ellos en musulmanes al igual que como lo hizo Peter Kassig. Todos ellos esperan obtener su premio por el sacrificio que están dispuestos a llevar a cabo en aras del Islam.
Tengan su premio.
domingo, 16 de noviembre de 2014
Algo sobre el nuevo presidente de la CNDH
En este domingo 16 de noviembre de 2014 tomó posesión de su cargo como presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) un personaje llamado Luis Raúl González Pérez, después de que el 13 de noviembre el Senado confirmara su designación. Se trata de alguien que trabajó más de diez años en la propia CNDH como director general del Programa de Agravios a Periodistas y Defensores de Derechos Humanos de la CNDH, y también como primer y segundo visitador general, como secretario técnico del Consejo Consultivo y además como Director General de Asuntos Indígenas. En el sector gobierno, González Pérez trabajó como director general de Gobierno de la Secretaría de Gobernación y también como subprocurador general de la PGR.
Parecería que Luis Raúl González Pérez era casi casi un personaje ideal para el puesto que le fue confiado.
Sin embargo, resulta que este individuo tiene mucha cola que le pisen. Si logró obtener del gobierno de México la jugosísima y bien pagada presidencia de la CNDH, ello se debe a que quienes lo atornillaron en ese cargo no quisieron tomar en cuenta ciertos antecedentes que tienen que ser hechos del conocimiento del pueblo de México para que sepa a qué atenerse con un personaje como éste encabezando a la oficialista Comisión Nacional de Derechos Humanos. Para ello, es necesario remitirnos primero a ciertos antecedentes.
Nuestra historia comienza en el año de 1991. El personaje principal es un columnista del Diario de Juárez llamado Víctor Manuel Oropeza, médico homeópata de profesión. Además de ser uno de los editorialistas políticos de mayor renombre en el norte de México, era un líder cívico sumamente respetado cuya actuación pública fue crucial para los sucesos ocurridos en los años ochenta en el estado de Chihuahua que desembocaron en el terremoto político que reemplazó al sistema de partido único que había estado gobernando a México por siete décadas con un sistema de alternancia de que hoy se goza. No se concibe el avance democrático que se dió en México sin repasar primero el famoso “verano caliente” que tuvo lugar en Chihuahua en 1986, tres años después de aquél 1983 en el que el panorama político mexicano se cimbró cuando el otrora invencible Partido Revolucionario Institucional perdió la alcaldía de Ciudad Juárez, la principal ciudad fronteriza en el norte del país. Un triunfo electoral de la oposición en Chihuahua en 1986 con la pérdida de la gubernatura de Chihuahua saliendo fuera del control del PRI habría puesto a la oposición en una ruta directa hacia la presidencia de la República, lo cual encendió todos los focos rojos en el centro del país y orilló al entonces presidente Miguel de la Madrid Hurtado a ordenarle a la secretaría de Gobernación que se hiciera todo lo que se tuviera que hacer para impedir un triunfo de la oposición en Chihuahua en 1986, llegándose al extremo de inundar el estado con un contingente numeroso de soldados para enviarle a la oposición el mensaje de que arrebatarle al PRI la gubernatura de Chihuahua no sería permitido de modo alguno.
Pese a ser un hombre de izquierda, de ideología socialista, el Doctor Oropeza no tuvo que pensar dos veces para exponer su vida a partir del primero de julio de 1986 sometiéndose a un ayuno de duración indefinida en demanda de un proceso electoral justo desde antes de que se llevaran a cabo las elecciones. El sacrificio personal del Doctor Oropeza se convertió en una protesta permanente por lo que se afirmó en aquél entonces que fué un fraude electoral gigantesco ordenado por el mismo presidente Miguel de la Madrid Hurtado para garantizarle al PRI la continuidad en la gubernatura de Chihuahua, una sacrificio personal en el que el Doctor Oropeza fué acompañado también por otro personaje de nombre Francisco Villareal Torres. En un desplegado publicado por los medios en aquél entonces, firmado en forma conjunta por el Doctor Oropeza y por Francisco Villareal Torres, se asienta:
POR LA VERDAD EN CHIHUAHUAEl Doctor Oropeza no tenía absolutamente nada que ganar en el aspecto económico al exponer su vida de ésta manera, y de hecho para él esos días de ausencia en su consultorio que se mantuvo cerrado durante el tiempo que permaneció en ayuno en el parque del Monumento a Juárez representaron para el Doctor Oropeza una pérdida de ingresos al no poder atender a su clientela. Al ayuno del Doctor Oropeza y en muestra de solidaridad se unió en la ciudad de Chihuahua el conocido ex candidato presidencial panista Luis H. Alvarez que contendió por la presidencia de México en contra de Adolfo López Mateos en otros tiempos.
Porque amamos a nuestra Patria más que la vida misma, porque deseamos un país fuerte y vigoroso, en el que la democracia sea el ámbito natural para los mexicanos de hoy y mañana, hemos decidido iniciar un ayuno a partir del día 1o de julio.
Es hoy aquí en Chihuahua cuando se debe exigir a las autoridades competentes el respeto a la voluntad popular.
-Garantía de libertad a los ciudadanos para emitir su voto
-Respeto irrestricto a la voluntad popular en el presente proceso electoral que culmina el 6 de julio.
Este ayuno es una acción cívica que expresa la necesidad de defender nuestros valores, porque son universales.
Amamos la vida y al igual que todos no quisiéramos perderla, pero llegó el momento en que es necesario definirse, reaccionar con energía y recuperar nuestra dignidad.
Hacemos un llamado a nuestros conciudadanos a solidarizarse con todas las acciones pacíficas y enérgicas que van a realizarse para lograr el respeto a la voluntad popular que el pueblo de Chihuahua se merece.
Julio 1 de 1986
Víctor Manuel Oropeza (rúbrica)
Francisco Villareal Torres (rúbrica)
Dos años después del presunto fraude electoral cometido en Chihuahua en 1986, el fantasma de un nuevo fraude electoral asomó en las elecciones presidenciales de 1988, cometido en ésta ocasión en contra del candidato de la izquierda el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, mejor conocido como el fraude de “la caída del sistema” (una alusión a una muy improbable falla en los sistemas de cómputo IBM procurados para garantizar la pulcra contabilidad del conteo de los resultados electorales, ocurrida cuando las computadoras desde un principio marcaron una clara ventaja de Cuauhtémoc Cárdenas sobre el candidato oficial Carlos Salinas de Gortari, hasta que las computadoras misteriosamente se descompusieron teniéndose que recurrir a los conteos llevados a cabo a mano que en forma casi mágica revertieron la tendencia de la votación concediéndole la ventaja a Carlos Salinas de Gortari). Se dá por hecho que sí hubo algo sumamente anómalo en ese proceso electoral, aunque es imposible probarlo con un nuevo conteo porque el Congreso de mayoría priista en aquél entonces dispuso la incineración de las boletas electorales que podían haber documentado dicho fraude.
Tras las muy cuestionadas elecciones presidenciales de 1988, y con un descontento popular creciente por las duras penalidades impuestas por la austeridad económica que trajo consigo la devaluación del ya de por sí devaluado peso cuando Miguel de la Madrid fue presidente, el país estaba al borde de una explosión, la nación se encontraba al borde de un estallido social de proporciones incalculables en caso de no llevarse a cabo algún cambio de fondo en la manera de hacer las cosas. Y el mayor riesgo para el sistema político de aquél entonces eran hombres como el Doctor Víctor Manuel Oropeza dispuesto a arriesgar sus vidas e incluso ofrendarla para lograr conquistas cívicas que se le habían estado negando al pueblo por demasiado tiempo.
Sin embargo, el Doctor Oropeza dejaría de ser un riesgo o un peligro para el sistema. La tarde del 3 de julio de 1991 el Doctor Oropeza fue apuñalado brutalmente en su consultorio en Ciudad Juárez por tres individuos identificados por testigos como jóvenes de aspecto cholo.
La reacción de la sociedad chihuahuense al asesinato del Doctor Oropeza fue casi inmediata. Las protestas no se hicieron esperar, y quedó claro que de no respetarse con un nuevo fraude electoral la voluntad del electorado chihuahuense en las elecciones gubernatoriales de 1992 ello sería el equivalente de echarle un cerillo a un barril que contenía ya bastante pólvora, arriesgando un estallido social precisamente en el mismo estado que fué cuna de la Revolución Mexicana de 1910 que expulsó del poder por la vía armada al dictador Porfirio Díaz obligándolo a renunciar, un estallido social al cual se habría unido de varias maneras una cada vez más empobrecida clase media.
Actuando a toda prisa, un grupo de agentes ministeriales de la Procuraduría General de la República fue despachado a Ciudad Juárez para encabezar las investigaciones del caso, presuntamente para ayudar a la policía judicial de Chihuahua. Sin embargo, desde un inicio esto pareció sumamente raro, casi inconcebible de creer para muchos abogados, en virtud de que la investigación de los delitos del fuero común no son competencia de la PGR, e independientemente de que el caso Oropeza fuese resuelto o no la intervención de la PGR en el asunto podía ser utilizada por la defensa de cualquier detenido para desbaratar el expediente del caso.
Actuando sobre una denuncia anónima interceptada telefónicamente en la casa del Doctor Oropeza, se detuvo a un primer sospechoso como autor material del crimen, tras lo cual se detuvo a otro sospechoso nombrándose a otro más como cómplice del asesinato. O sea, los tres jóvenes de aspecto cholo.
Al ser presentados a los medios de comunicación los presuntos autores materiales del crimen, lo que más llamó la atención fue que el caso se dió por cerrado y concluído dejando pendiente lo más importante en cualquier caso de asesinato: el móvil del crimen. Y ciertamente, empezando por la misma viuda del Doctor Oropeza, tanto dentro como fuera de Chihuahua sobraban quienes daban por hecho de que el móvil del crimen era político, con el objetivo de remover a uno de los más formidables adversarios del sistema. Y fue precisamente la viuda del Doctor Oropeza la persona que desde un principio estuvo acudiendo a los más diversos foros posibles para pedir apoyo en el esclarecimiento del crimen de su esposo, llegando inclusive a presentarse personalmente en una reunión de legisladores federales que se llevó a cabo en el Hotel Lucerna en Ciudad Juárez pidiéndoles ayuda para la resolución completa del crimen hasta sus últimas consecuencias.
La recién creada Comisión Nacional de Derechos Humanos, muy posiblemente actuando bajo órdenes emanadas directamente del mismo presidente Carlos Salinas de Gortari, no perdió tiempo alguno en meter sus manos en el asunto, emprendiendo sus propias “investigaciones” para dilucidar irregularidades del caso. Y el encargado de darle una nueva “resolución” al caso fué Jorge Carpizo McGregor, el primer presidente de la CNDH.
Desde que las supuestas “investigaciones exhaustivas” emprendidas por la CNDH sobre el caso Oropeza dieron inicio, empezaron a ocurrir cosas sumamente raras, y quizá la más extraña de todas es que uno de los testigos más importantes del caso, la misma viuda del Doctor Oropeza, precisamente la persona que con más ahínco estaba exigiendo un esclarecimiento total del crimen de su esposo, precisamente la primera persona que encontró a su esposo el Doctor Oropeza ya muerto al irlo a buscar a su consultorio tras su tardanza en acudir a casa como siempre lo hacía, jamás fue procurada por ningún funcionario o visitador de la CNDH. Esto es fácil de probar, porque en los archivos de la CNDH no existe ni existió jamás constancia alguna de que haya sido entrevistada por persona alguna trabajando para la CNDH, como tampoco existe ni existió jamás grabación o videograbación alguna de una entrevista que hubieran tenido con la viuda. Y a la luz de hechos posteriores, hay razones de sobra para suponer que el mismo Jorge Carpizo McGregor había montado una trama dejando fuera por completo a la viuda del luchador social.
El veredicto final de la Comisión Nacional de Derechos Humanos llegó casi medio año después, en 1992, con la Recomendación 13/92 firmada con el puño y letra de Jorge Carpizo McGregor.
Lo primero que llama la atención es que en la famosa Recomendación 13/92 de la CNDH el móvil más obvio del crimen, el móvil político, es prácticamente relegado, al igual que como ocurrió con las primeras investigaciones que condujeron a la detención de los tres presuntos autores materiales del crimen. Y en cambio, una buena parte de las más de noventa páginas de que consta dicha Recomendación es dedicada a degradar la causa del asesinato como algo motivado por cuestiones meramente pasionales, pidiéndose de parte de la CNDH una investigación en contra de la viuda y del hermano de ella tomando como base los supuestos nexos de éste último con policías judiciales corruptos que actuaron como sicarios. Pero además de ésto, y en forma igualmente sorpresiva, el presidente de la CNDH prácticamente ordenó la liberación y la exoneración incondicional de los tres jóvenes que habían sido detenidos como los presuntos autores materiales del crimen. El juez que tenía en sus manos el expediente del caso, Alberto Vázquez Quintero, jamás pudo emitir veredicto de culpabilidad o inocencia alguna en base a los testimonios y pruebas periciales que le habían sido presentado, porque la fiscalía retiró todas las acusaciones acatando la Recomendación 13/92 de la CNDH como si fuese una orden emanada directamente de la presidencia de la República. De este modo, los pocos avances que se habían logrado para la resolución del crimen, quedaron desbaratados por completo.
A consecuencia de las difamaciones montadas en la Recomendación 13/92 de la CNDH sobre el caso Oropeza, tanto la viuda del Doctor Oropeza como el hermano de la viuda perdieron casi de inmediato sus trabajos, quedando sin fuentes de ingreso. Si el objetivo era remover del camino precisamente a la persona que más había estado insistiendo en el esclarecimiento total del crimen, la trama urdida desde los más altos niveles del gobierno de México usando la disponibilidad de Jorge Carpizo McGregor para ello empezó a dar aquí sus primeros resultados.
Una cosa con la que no contaron los funcionarios e “investigadores” de la CNDH es que varios trabajadores de los medios de comunicación, sumamente indignados por la burda patraña montada por la CNDH, emprendieron por cuenta propia sus propias investigaciones (o sea, lo que deberían de haber hecho desde un principio los funcionarios y visitadores de la CNDH si realmente hubieran estado interesados en el esclarecimiento total del caso Oropeza hasta sus últimas consecuencias). Y se fueron recabando pruebas que prácticamente demolían en su totalidad la Recomendación 13/92 de la CNDH avalada personalmente por Jorge Carpizo McGregor. Sin embargo, en ese entonces los que mandaban en México eran el presidente Carlos Salinas de Gortari y el presidente de la CNDH Jorge Carpizo McGregor, y no se podía hacer nada en contra de ellos.
Dada la forma tan extraordinariamente anómala en la cual la Comisión Nacional de Derechos Humanos manejó el caso Oropeza desde un principio, y en tanto la CNDH no mostrara disposición alguna para emitir una nueva recomendación ya corregida en torno al caso Oropeza, no se consideró prudente poner a la disposición de la CNDH ni a la disposición pública las nuevas evidencias y elementos de investigación en torno al caso que se habían estado recopilando, todo lo cual fue puesto bajo resguardo de documentos electrónicos protegidos con candados de seguridad para impedir acceso a los materiales.
Una de las conclusiones a las que se llegaron con las nuevas investigaciones era que para poder avanzar rápidamente en el esclarecimiento total del asesinato era indispensable obtener por escrito las identidades de las personas que le adjudicaron al hermano de la viuda sus presuntos “nexos con judiciales” (bajo la tésis manipulada por la CNDH de que debía investigarse la participación de policías judiciales corruptos contratados como sicarios por el hermano de la viuda para cometer el crimen). Se trata de una falsedad que se cae por sí sola en virtud de que el hermano de la viuda, una persona sin antecedentes penales de ninguna especie, por su profesión técnica estaba completamente desligado de cualquier cosa que tuviera que ver con agentes ministeriales o judiciales de ningún tipo. Se daba por hecho de que sometiendo a los falsos testimoniantes empleados por la CNDH sobre sus presuntos motivos para enlodar y entorpecer el caso inventándole al hermano de la viuda nexos con judiciales y ante la posibilidad de ser acusados como cómplices en el encubrimiento del crimen, o peor aún, cómplices de los autores intelectuales del crimen, eventualmente terminarían por reventar confesando su participación en el asunto. Y podían ser ablandados en caso de ser cierto algo que afirmaba la CNDH en su propia Recomendación 13/92, de que la CNDH poseía las videograbaciones de todas las entrevistas llevadas a cabo (existe la sospecha fundamentada de que las videograbaciones de las que habla la CNDH relacionadas con el caso Oropeza fueron ya destruídas, al menos las más comprometedoras para la CNDH).
Para poder dar este avance importante en la resolución del crimen hasta dar con la autoría intelectual, era indispensable obtener por escrito las identidades de los falsos informantes en los que basó la CNDH sus conclusiones para señalar al hermano de la viuda como sospechoso de autoría intelectual del crimen, porque increíblemente en ninguna parte de la Recomendación 13/92 las identidades de los falsos declarantes, desde un principio fueron mantenidas en la mayor de las secrecías por la CNDH, tanto por Jorge Carpizo McGregor como por sus sucesores en la presidencia de la CNDH.
Pasó algún tiempo, y ante la imposibilidad de obtener de la CNDH por los más distintos medios las identidades de sus falsas fuentes de información de la CNDH, se recurrió al Profesor Baldomero Olivas Miranda, quizá el único funcionario público que ha actuado con honorabilidad en esta historia, para procurar de la CNDH las identidades de los falsos informantes de la CNDH. El Profesor Olivas Miranda, dándose cuenta de la gravedad de lo que estaba ocurriendo, constatando lo que a todas luces parecía ser un encubrimiento en un caso de homicidio llevado a cabo desde los más altos niveles del gobierno de México, concertó una entrevista en Ciudad Juárez entre la viuda del Doctor Oropeza y el hermano de ella con representantes de la CNDH, la cual se llevaría a cabo el viernes 10 de septiembre de 1993 a las doce del mediodía.
Hay que señalar que nunca antes en Ciudad Juárez se había entrevistado funcionario alguno de la CNDH ni con la viuda del Doctor Oropeza ni con el hermano de la viuda, ciertamente no para la elaboración de la Recomendación 13/92. Quizá lo que los animó a acudir a Ciudad Juárez a la entrevista concertada por el Profesor Olivas Miranda era el conocimiento de la existencia de un documento electrónico titulado OROPEZA6, protegido con candado de seguridad y cuyos contenidos ignoraba la CNDH, en el cual existían evidencias nuevas sumamente comprometedoras que no sólo demolían la Recomendación 13/92, sino que inclusive apuntaban a presuntos autores materiales e intelectuales del asesinato del Doctor Oropeza.
Desde antes de que se llevara a cabo la cita, una cosa en la que fueron muy insistentes ante el Profesor Olivas Miranda los funcionarios de la CNDH era que por ningún motivo se le debía de dar aviso alguno a ningún miembro de la prensa sobre esta reunión que se iba a llevar a cabo, la cual se debía mantener bajo estricta confidencialidad. Esta es la razón por la cual no aparece constancia alguna en los periódicos publicados en esas fechas acerca de tal reunión, que ciertamente habría sido una noticia de primer orden que habría acaparado los titulares de la prensa e inclusive la atención de los medios nacionales. El conocimiento de tal reunión solo sería público mucho tiempo después.
Sin embargo, conociendo la forma dudosa de actuar de la gente de la CNDH en todo lo que tiene que ver con el caso Oropeza, y con el objetivo de impedir que pudiesen negar que tal reunión alguna vez se efectuó, la viuda del Doctor Oropeza le pidió como un favor personal a Vicente Jaime Flores, entonces director editorial del periódico Norte de Ciudad Juárez, que asistiera como testigo imparcial de dicha reunión, pidiéndosele que guardara absoluta discreción sobre todo lo que oyera y sucediera en tal entrevista. Además, y no se le informó de esto a los señores de la CNDH, sus voces fueron grabadas al principio sin que lo supieran, con el propósito de que no pudieran negar en un futuro su asistencia a esta reunión que insistían en que se debía mantener en el más absoluto secreto.
Uno de los emisarios de la CNDH era Enrique Sánchez Bringas. El otro era uno que se identificó como segundo visitador general de la CNDH.
Resulta irónico que la reunión se llevó a cabo precisamente en el mismo lugar en el que la viuda del Doctor Oropeza y el hermano de la viuda fueron entrevistados apenas tres meses atrás por varios representantes de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) que fueron enviados hasta Ciudad Juárez para recabar información de primera mano en torno al asesinato del Doctor Oropeza. Y en esa reunión con la SIP el hermano de la viuda insistió en la enorme importancia de obtener por escrito de la CNDH los nombres de las personas que le inventaron sus supuestos nexos con judiciales para atribuírle la autoría intelectual del asesinato, tras lo cual se debería de llevar a cabo una investigación exhaustiva para esclarecer en su totalidad la verdadera razón del por qué tales declarantes afirmaron una cosa completamente falsa en la peor situación posible, en un caso de homicidio. Se debe agregar que la Sociedad Interamericana de Prensa, pese a llevar la representación de varios medios de comunicación internacionales, jamás pudo obtener de la CNDH las identidades de los falsos testimoniantes.
A la reunión tanto la viuda como el hermano de la viuda acudieron llevando consigo algunas de las pruebas así como periódicos y fotocopias de documentos. Sin embargo, no se les soltó el documento electrónico OROPEZA6 que seguramente habría puesto a la CNDH a temblar de pies a cabeza. Después de todo, en una lucha en la cual el enemigo es un enemigo formidable, lo peor que se puede hacer es hacerle saber la calidad de las armas que se tienen para combatirlo.
Casi inmediatamente después de introducirse, la viuda del Doctor Oropeza y el hermano de ella confrontaron a los representantes de la CNDH con la naturaleza grave de varias de las mentiras y tergiversaciones en las que se incurrió en la elaboración de la Recomendación 13/92 de la CNDH, haciéndoles saber en forma bastante explícita que la CNDH tanto por sus acciones como por sus omisiones no sólo se estaba convirtiendo en uno de los mayores obstáculos para llevar a los autores materiales e intelectuales del homicidio ante la justicia, sino que además estaba convertida en un engranaje de lo que sólo podía ser considerado como un elaborado pero burdo intento de encubrimiento, sustentando sus dichos y afirmaciones con pruebas documentales.
En lugar de reconocer y aceptar las primeras pruebas y evidencias que se se les fueron presentando una a una, el segundo visitador general de la CNDH defendió todas las acciones y conclusiones obtenidas por la CNDH en el caso Oropeza. En rigor de verdad, esta era la actitud que podía esperarse de los emisarios enviados por la CNDH.
De nuevo les fueron presentadas otras evidencias, respaldadas con pruebas documentales, que ningún juez en el planeta sería capaz de poder negar. Tras ser confrontados con estas nuevas evidencias de las cuales no tenían conocimiento y las cuales demolían las conclusiones previamente aceptadas por la CNDH como válidas en su propia Recomendación 13/92, antes de despedirse ambos emisarios de la CNDH le dijeron a la viuda del Doctor Oropeza y al hermano de la viuda que, como resultado de los nuevos datos y hechos que se les habían mostrado, se llevaría a cabo una nueva investigación exhaustiva de parte de la CNDH para atender sus peticiones y coadyuvar para llevar a los autores del crimen ante la justicia, y que además se abriría una investigación interna para indagar el por qué los funcionarios de la CNDH que llevaron a cabo la primera investigación de la CNDH actuaron de la forma en la que actuaron, con la posibilidad de que enfrentarían algún tipo de castigo en caso de comprobarse que actuaron indebidamente.
La viuda del Doctor Oropeza y el hermano de la viuda también le pidieron allí mismo en esa reunión a los emisarios de la CNDH que le proporcionaran a las autoridades del estado de Chihuahua las copias de las videograbaciones no-editadas de todos aquellos que fueron entrevistados por gente de la CNDH (inclusive afirmaron que estaban dispuestos a pagar por el costo de la elaboración de las copias de tales grabaciones, para que el factor económico no fuera un impedimento). Y mucho más importante, como la cereza en el pastel, pidieron que se les informase por escrito en papelería oficial de la CNDH los nombres de aquellas personas que mintiendo deliberadamente le inventaron al hermano de la viuda sus supuestos nexos con policías federales y judiciales así como las circunstancias (lugar de las entrevistas, fecha de las entrevistas, nombre de los entrevistadores de la CNDH) en las cuales tales falsedades avaladas por la rúbrica de Jorge Carpizo McGregor ocurrieron. Y finalmente, pidieron una nueva recomendación de la CNDH retractándose de la anterior y corrigiendo las numerosas falsedades, omisiones, irregularidades y tergiversaciones que formaban parte de la Recomendación 13/92.
Esto es lo que aparece en el Boletín de Prensa 009/92 emitido el 10 de febrero de 1992 por la Comisión Nacional de Derechos Humanos:
Debe investigarse a la viuda y a su hermano:La misma aserción ya había aparecido previamente en la página 58 de la Recomendación 13/92 emitida el 7 de Febrero de 1992 por la Comisión Nacional de Derechos Humanos, en donde mencionando al hermano de la viuda por su nombre completo (nombre y apellidos) se afirmó que el hermano de la viuda “al parecer tenía amigos y conocidos dentro de la Policía Judicial del Estado y de la Policía Judicial Federal”. Pero si el hermano de la viuda jamás fue buscado ni entrevistado por ninguno de los hombres enviados por Jorge Carpizo (la CNDH no tiene en sus manos ningún testimonio dado por el hermano de la viuda porque nunca se tomaron el tiempo para buscarlo y entrevistarlo), entonces ¿de dónde sacaron su nombre completo para involucrarlo como supuesto cómplice de la viuda en un crimen que estaba siendo degradado por la CNDH en 1992 de un crimen político de primer nivel a un mero crimen pasional? Obviamente, el hermano de la viuda estaba sumamente interesado en saber de dónde sacaron su nombre completo al inventarle los supuestos nexos que nunca pudo probar ni encontrar autoridad alguna. Esta es una de las varias cosas que los dos emisarios de la CNDH se comprometieron solemnemente a indagar y aclarar. Pero nunca hicieron nada al respecto y hasta la fecha las interrogantes siguen en pie como un misterio profundo. Y se debe enfatizar enfatizar también otra interrogante lógica relativa al segundo inciso del Boletín de Prensa que se ha citado arriba textualmente. Si la viuda del Doctor Oropeza jamás fue buscada ni entrevistada por ningún representante de la CNDH antes de que Jorge Carpizo diera a conocer su “veredicto final” irrevocable e inapelable en torno al asesinato del Doctor Oropeza, ¿de dónde sacaron entonces la osada conclusión de que la viuda había tenido “una conducta extraña” el día en que se cometió el asesinato y que no había seguido “la rutina de siempre”? ¿Acaso eran adivinos? Por el mismo tenor, en el tercer inciso se hace mención en tono acusatorio acerca de “los comentarios que la viuda hizo” a su propia madre. Pero es el caso que la madre de la viuda jamás fue entrevistada tampoco por ninguno de los enviados de Jorge Carpizo McGregor, como tampoco aparece declaración suya en ninguno de los expedientes oficiales del caso porque jamás fue citada a declarar ante las autoridades ni al llevarse a cabo las primeras investigaciones ni en ninguna otra investigación posterior. Entonces podemos preguntar: ¿acaso estuvo alguno de ellos presente el día del crimen o en otro día posterior al crimen escuchando alguna conversación entre la viuda y su madre en donde la viuda le confesara a su madre su posible participación en el crimen? Nuevamente, ¿acaso eran adivinos?
a) Dados los nexos de su hermano con la Policía Judicial del Estado.
b) La conducta extraña de la viuda que el día de los hechos no siguió la rutina de siempre.
c) Los comentarios que la viuda hizo a los hijos del hoy occiso, así como a la madre (de la viuda).
Se repite, dada la gravedad de las anomalías, que no se trata de un simple delito de robo o fraude, se trata de un asesinato cometido en contra de quien posiblemente fue el más destacado editorialista y luchador cívico que haya tenido Chihuahua.
Después de la entrevista llevada a cabo ese viernes 10 de septiembre de 1993, ni la viuda del Doctor Oropeza ni el hermano de la viuda volvieron a saber ni a escuchar nada nunca más de los dos emisarios enviados por la CNDH.
Jamás se emprendió la nueva investigación en torno al caso Oropeza que los dos emisarios de la CNDH habían prometido, ni interna ni externa.
Jamás se emitió una nueva recomendación de parte de la CNDH en torno al caso Oropeza. La CNDH sigue aferrada a la Recomendación 13/92 original, con todo y sus múltiples falsedades, omisiones, irregularidades y tergiversaciones.
La CNDH jamás le proporcionó a nadie por escrito ninguna de las identidades de los falsos declarantes pese a que se le había hecho hincapié a los dos emisarios enviados por la CNDH en la importancia que tal dato revestía para el esclarecimiento total y absoluto del caso.
La CNDH jamás le proporcionó a nadie, ni siquiera a los fiscales en Chihuahua encargados de darle seguimiento al caso Oropeza, ni una sola copia de las videograbaciones que en su misma Recomendación 13/92 afirmaba que obraban en su poder.
Los detalles y hechos sobre lo acontecido en el Hotel Lucerna en una reunión que a petición de los “embajadores” de la CNDH debía ser mantenida en el más absoluto secreto so pena de darla por terminada fueron revelados por el hermano de la viuda del Doctor Oropeza a David Lawrence, en su momento Director Ejecutivo de la Sociedad Interamericana de Prensa, en un comunicado fechado 26 de septiembre de 1996, tres años después. Se dá por descontado que los emisarios de la CNDH no querían por ningún motivo que miembro alguno de la prensa pudiera dar seguimiento a las peticiones formuladas por la viuda del Doctor Oropeza y el hermano de ella, no querían que se supiera que no tenían planeado hacer absolutamente nada desechando todas las peticiones que les fueron formuladas.
Se había mencionado que uno de los emisarios de la CNDH era Enrique Sánchez Bringas y que el otro era uno identificado como segundo visitador general de la CNDH. ¿Y quién era éste último?
Pues era Luis Raúl González Pérez, el que fuera dentro de la misma CNDH director general del Programa de Agravios a Periodistas y Defensores de Derechos Humanos, el mismo al cual el gobierno le ha confiado la protección de los derechos humanos de todos los mexicanos. En cierta forma, todos los mexicanos están en sus manos, todos.
Al acercarse el fin de 1993, a dos años y medio de distancia del asesinato del Doctor Oropeza y sin que la reunión sostenida en el Hotel Lucerna con el hoy presidente de la CNDH hubiera producido la emisión de una nueva recomendación de la CNDH o la reapertura del caso, se había considerado liberar a los medios el documento OROPEZA6 con todos los riesgos que ello implicaba, por las personas que podían resultar afectadas con la liberación de dicho documento empezando por el mismo Jorge Carpizo McGregor. Sin embargo, al empezar 1994, tales planes fueron desechados porque ocurrió un evento de enorme trascendencia histórica para México: un levantamiento armado en Chiapas, encabezado por personas que habían llegado a la conclusión de que la única manera de producir un cambio verdadero en el lamentable estado de cosas era por la vía de la fuerza armada al haberse agotado todas las instancias de diálogo.
Si hoy mismo, en un oficio de la CNDH firmado con el puño y letra del flamante presidente de la CNDH, se asentaran los nombres y los apellidos de los falsos testimoniantes que con la finalidad de removerle al caso Oropeza el móvil político le inventaron al hermano de la viuda del Doctor Oropeza sus fantasmagóricos nexos con policías judiciales corruptos, a estas alturas esta acción sería completamente superflua e inútil, porque el caso ya prescribió legalmente pese a que se trata de un asesinato (en otros países que no son estados fallidos como Canadá y los Estados Unidos, un asesinato es un asesinato y los casos de asesinato nunca prescriben legalmente). No se puede arrestar ni a los autores materiales del crimen ni a los autores intelectuales del crimen del Doctor Oropeza porque están fuera del alcance de la ley. En realidad, este era el verdadero objetivo final de quienes desde las más encumbradas posiciones de poder en México hicieron lo posible para impedir la resolución del caso, ganar tiempo con dilaciones y evasivas hasta que venciera el plazo legal para resolver el caso. Y lo lograron. Esto solo podía ocurrir en un país surrealista en donde los policías de un municipio actuando directamente bajo las órdenes del alcalde secuestran a 43 estudiantes para entregárselos directamente a manos de un grupo de la delincuencia organizada para ser sacrificados y sus restos incinerados en una gigantesca pira funeraria en un basurero. De cosas como éstas proviene la imagen que se tiene en el exterior del gobierno de México como un estado fallido en donde no existe un estado de derecho y la ley es letra muerta. La CNDH hasta la fecha no ha hecho ningún oficio ni recomendación para que los asesinatos de editorialistas y periodistas nunca prescriban en todo México, y la espada de Damocles que representa el caso Oropeza tiene mucho que ver con esta “omisión” deliberada. El flamante presidente de la CNDH, obviamente, es uno de los menos interesados en que el caso Oropeza pueda ser reabierto, y se han dado aquí las razones del por qué.
Quizá lo más importante de todo es que una cosa de la que síempre estuvieron perfectamente enterados los individuos que laboraban para Jorge Carpizo McGregor dentro de la CNDH, era que en el estado de Chihuahua toda acción legal en cualquier caso de homicidio cometido en ese entonces prescribía en un plazo relativamente corto de tiempo, y bastaría con estarle dando largas al asunto recurriendo a evasivas y dilaciones para que el tiempo de poder llevar a los culpables materiales e intelectuales ante la justicia se agotara. Y precisamente a esto fue lo que se hizo, se le estuvo dando largas al asunto de parte de la CNDH recurriendo a evasivas y dilaciones para lograr que el caso quedara impune. Desde el momento en que se cometió el asesinato del Doctor Oropeza, la primera petición que en forma casi obligada debería haber formulado Jorge Carpizo McGregor al gobernador de Chihuahua, Fernando Baeza Meléndez, era pedirle tomar las acciones necesarias para llevar a cabo la modificación de las leyes para que el crimen del Doctor Oropeza no quedara impune. Pero no lo hizo (en ninguna de las 94 páginas de la Recomendación 13/92 sobre el caso Oropeza aparece una petición en tal sentido). Y de hecho, en los años que transcurrieron mientras se agotaba el plazo legal para llevar a los asesinos ante la justicia, nadie en la CNDH formuló una observación así pidiéndole con carácter de urgente al ejecutivo estatal en turno la eliminación definitiva de la prescripción legal en los casos de homicidios cometidos en el estado de Chihuahua. Hoy se puede presumir que tal cosa fue parte premeditada de un plan de encubrimiento puesto en marcha desde un principio, quizá desde antes de que se cometiera el asesinato del Doctor Oropeza, y la única razón posible para proceder de tal modo es la obvia: un crimen político de alto nivel.
Hay gente en Chihuahua, sobre todo gente admiradora de la labor editorial del Doctor Oropeza, que sigue firmemente convencida de que en el caso Oropeza se llevó a cabo un encubrimiento de alto nivel, un encubrimiento encabezado por Jorge Carpizo McGregor, el primer presidente de la CNDH y predecesor en el mismo puesto de su discípulo Luis Raúl González Pérez que es ahora el continuador de su obra. Jorge Carpizo McGregor, conocedor (y presuntamente encubridor) de muchos secretos de alto nivel en el sistema político mexicano del cual fue beneficiario, murió en circunstancias sumamente extrañas que ya fueron documentadas en esta bitácora el 1 de abril de 2012. Entre los secretos que se llevó consigo a su tumba, muy posiblemente está el del asesinato del candidato presidencial del PRI Luis Donaldo Colosio, un magnicidio terrible que en su momento hizo temblar a México de pies a cabeza. Sobre esto hay pocas dudas, ya que Jorge Carpizo McGregor en un famoso “desliz de lengua” afirmó que lo mejor para México era que nunca se supiera quiénes habían estado detrás del asesinato de Luis Donaldo Colosio. ¿Por qué dijo ésto? ¿Por qué era mejor para México que nunca se supiera quién mató a Colosio? ¿Qué tan grave era el asunto para que se le saliera decir ésto? De estos hechos dá fe una nota publicada en el periódico Norte de Ciudad Juárez el 12 de abril de 1996 que dice: “Jorge Carpizo está obligado a decir todo lo que sabe acerca del asesinato del excandidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio, dijo hoy el diputado del PRD, Ramón Sosamontes. Señaló que desde el momento en que Carpizo manifestó -cuando fungía como secretario de Gobernación- que quizás lo mejor para México es que nunca se sepa quién mató a Colosio, es que sabe mucho y debe ayudar a esclarecer el homicidio. Agregó que la serie que publicó recientemente El Universal acerca de hechos y declaraciones ocurridos en torno al asesinato de Colosio provocó sorpresas y también demandas para que la PGR ahonde la investigación sobre el caso. Y sobre todo, añadió, para que se demuestre el complot en el homicidio, pues la sociedad mexicana no está dispuesta a aceptar que se trató de un asesino solitario. En la Cámara de Diputados se puso de manifiesto que mientras existan medios de comunicación como El Universal que indagan y buscan llegar a la verdad, el caso de Luis Donaldo Colosio no podrá ser cerrado, menos aún pretender darle carpetazo”.
Jorge Carpizo McGregor jamás se presentó ante la Cámara de Diputados para aclarar el por qué era lo mejor para México que nunca se supiera quién había ordenado el asesinato del candidato priísta a la Presidencia de la República Luis Donaldo Colosio Murrieta.
En el caso del magnicidio del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio, hasta la fecha solo hay un detenido como autor material del crimen. Y aunque la maquinaria oficial ha tratado de sostener contra viento y marea la tesis de que el magnicidio fue la obra de un asesino solitario, en México prácticamente no hay nadie que crea la explicación oficial del asesino solitario con la cual se ha pretendido darle “carpetazo” al caso.
El caso del magnicidio de Luis Donaldo Colosio viene a colación porque el flamante presidente de la CNDH, el mismo Luis Raúl González Pérez que en 1993 archivó en el canasto de la basura la petición que se le formuló en Ciudad Juárez para que la CNDH soltase por escrito los nombres que se le pedían de los falsos testimoniantes con el fin de lograr el esclarecimiento del asesinato del Doctor Oropeza, es el mismo que fue nombrado en agosto de 1996 por el sistema como fiscal especial para emprender una nueva investigación sobre el asesinato de Luis Donaldo Colosio con el fin de darle credibilidad oficial a la tesis del asesino solitario. En declaraciones suyas que aparecen reproducidas el 19 de septiembre en el periódico Diario de Juárez, González Pérez dándose baños de pureza afirmó que no encontraba absolutamente nada en el expediente de su vida que pudiera inhabilitarlo jurídica o moralmente para hacerse cargo de una nueva investigación sobre el asesinato de Luis Donaldo Colosio, o que pudiera hacerlo incompatible para tomar responsabilidad por tal investigación. ¿Y cuál fue el resultado final de las “brillantes” investigaciones llevadas a cabo por el fiscal especial para la investigación del magnicidio de Luis Donaldo Colosio? Pues el mismo que la conclusión oficial sostenida previamente, un asesino solitario actuando como autor material y autor intelectual, y lo que es peor, sin móvil alguno para cometer el magnicidio. En esto, aquí no hubo ninguna sorpresa. Naturalmente, en los expedientes armados por Luis Raúl González Pérez no se encuentra por ningún lado ninguna explicación creíble al por qué su mentor supremo Jorge Carpizo McGregor afirmó que lo mejor para México era que nunca se supiera quién estuvo realmente detrás del asesinato de Luis Donaldo Colosio.
Hay otros hechos relevantes. El sucesor en la presidencia de la Comisión Nacional de Derechos Humanos del primer presidente de la CNDH, Jorge Carpizo McGregor, fue su discípulo Jorge Madrazo Cuéllar, el cual es señalado como el continuador del encubrimiento en torno al caso Oropeza empezado por Carpizo McGregor. Este cambio ocurrió cuando Jorge Carpizo McGregor fue a su vez cambiado por el presidente Carlos Salinas de Gortari al puesto de Procurador General de la República, el más alto cargo que el presidente Salinas le podía conceder a cualquiera en la impartición de justicia a nivel federal. Posteriormente, Jorge Carpizo McGregor fue designado por el presidente Salinas como secretario de Gobernación, mientras que su puesto como titular de la PGR pasó a manos del mismo Jorge Madrazo Cuéllar, el cual, como era de esperarse, jamás citó a declarar a su mentor como sospechoso de haber estado llevando a cabo un encubrimiento en torno al asesinato de Luis Donaldo Colosio (menos aún en torno al asesinato del Doctor Víctor Manuel Oropeza.) Fué precisamente Jorge Madrazo Cuéllar quien le dió carpetazo al crimen de Luis Donaldo Colosio imponiendo la poco creíble tesis del asesino solitario, recurriendo para ello a las “conclusiones” entregadas por el Fiscal Especial Luis Raúl González Pérez. Como dice el dicho, “entre gitanos no se leen las manos”.
¿Es éste el ombudsman en cuyas manos ha sido depositada la defensa de los derechos humanos de todos los mexicanos?
¿Es éste el hombre en el cual todos los mexicanos deben confiar para que los crímenes no queden impunes y que la justicia prevalezca en México?
¿Es éste el hombre que representará a México ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos?
¿Pero cómo puede ser ésto posible?
El cuñado del Doctor Víctor Manuel Oropeza está firmemente convencido y no tiene ninguna duda de que detrás del asesinato del Doctor Oropeza hubo un trasfondo político que por su mala planificación requirió la intervención de algunos de los más encumbrados funcionarios leales al sistema para impedir que las cosas se salieran fuera de control, haciendo todo lo posible para que el caso quedara sin resolver y en la más absoluta impunidad. También está convencido de la participación activa y directa que tuvo Jorge Carpizo McGregor como el primer presidente de la CNDH en orquestar un encubrimiento del más alto nivel en torno al caso Oropeza, un encubrimiento al cual le dió seguimiento un discípulo predilecto de Jorge Carpizo de nombre Jorge Madrazo Cuéllar. Y está convencido también de que del nuevo presidente de la CNDH, si va a actuar de la misma manera como actuó en los casos de los asesinatos del Doctor Oropeza y el candidato presidencial Luis Donaldo Colosio, no se puede esperar nada bueno. Y son muchos los que comparten su opinión.
Falta desde luego hacer un repaso de los legisladores que pasando por encima de los hechos documentados arriba impusieron a Luis Raúl González Pérez en la alta posición que hoy ocupa, y las razones que pudieran haber tenido para imponer a un hombre como éste en la presidencia de la CNDH. En el mejor de los casos, esto confirmaría que, pese a la alternancia por la cual luchó el Doctor Víctor Manuel Oropeza hasta el f inal de sus días, pese a todas las nuevas leyes que se han emitido en materia legal, pese a todo lo que se ha hecho, México no ha avanzado nada. Y tal vez esto sea lo peor que haya que lamentar, más que la misma designación de alguien como Luis Raúl González Pérez a tan alto cargo pagado en su totalidad hasta los últimos pesos y centavos por el pueblo de México.
En base a actuaciones cuestionables como las que se han documentado aquí, no debe causar extrañeza el que dos años y medio después de haberse cometido el asesinato del editorialista político Doctor Víctor Manuel Oropeza, Amnistía Internacional emitió su veredicto sobre la inutilidad de la CNDH para realmente actuar como un organismo imparcial capaz de atreverse a ir en contra del mismo gobierno que la creó e inclusive en contra de políticos importantes de alto nivel (se toma como referencia la nota publicada en el periódico NORTE DE CIUDAD JUAREZ el lunes 28 de febrero de 1994):
CNDH, DEFENSORA DEL GOBIERNO, DICE AMNISTIA INTERNACIONAL.
(Washington, D.C.) Para Amnistía Internacional (AI) ya no hay duda sobre la falta de independencia de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH): 'En el caso de México ya no es una cuestión de discusión, sino que ya es totalmente claro. Para nosotros, esta discusión está terminada. Es decir, (la CNDH) es claramente un organismo gubernamental que sigue directivas del gobierno central en materia de derechos humanos y que, obviamente, está ahí para defender esa política ... Más aún, la CNDH se ha convertido en una especie de "cortina de humo sobre la responsabilidad incumplida del gobierno mexicano" de castigar a los violadores de los derechos humanos. Y, en este sentido, la comisión cumple un papel de 'coadyuvante de la impunidad'."
La misma Iglesia Católica en México estaría repitiendo éste tipo de señalamientos con el paso del tiempo. En el mismo periódico NORTE DE CIUDAD JUAREZ se puede leer lo siguiente en la página 2 de la edición publicada el sábado 15 de noviembre de 1997:
ARREMETE CLERO CONTRA LA CNDH.
Por su dependencia del Gobierno, lo que la convierte en juez y parte, la Comisión Nacional de Derechos Humanos tiene limitación para realizar sus funciones, afirma Nuevo Criterio en su editorial.
‘La CNDH tiene en su origen la limitación de ser juez y parte, por lo que difícilmente puede cumplir con sus objetivos’, señala el órgano informativo de la Arquidiócesis de México.
Recientemente, la presidenta de la CNDH, Mireille Roccatti, criticó el proceder de organismos no gubernamentales europeos, entre ellos Amnistía Internacional, a los que calificó de ‘intervencionistas’.
Hay muchas otras críticas, algunas de ellas sumamente duras, emitidas en su momento por importantes organizaciones derechohumanistas internacionales en contra de la CNDH de México, críticas que por motivaciones de índole puramente política jamás han sido tomadas en cuenta ni para una selección más escrupulosa de los funcionarios que integran a la CNDH ni para la asignación de su presupuesto multimillonario. Pero como detallarlas todas requeriría de un libro de cientos de páginas, las que se han reproducido aquí deben ser suficientes para darse una idea de lo que realmente está sucediendo tras bambalinas en México.
lunes, 10 de noviembre de 2014
La auto-eutanasia de Brittany Maynard
Justo un día antes de celebrarse en México el día de los fieles difuntos (seguramente tal vez se trate de una desafortunada coincidencia involuntaria), la norteamericana Brittany Maynard a la edad de 29 años tomó la decisión de poner fin a su propia vida ante el avance de uno de los males más agresivos que se conozcan que en casi la totalidad de los casos equivale a una sentencia de muerte, el tumor canceroso conocido como gioblastoma.
Como era de esperarse en casos como éste, el Vaticano no esperó mucho para condenar la decisión tomada por Brittany Maynard como algo absurdo, lo cual ocurrió tres días después del evento. Estas condenas siempre son más fáciles de ser pronunciadas cuando no se padece en carne propia lo que están padeciendo las personas que terminan enfrentando situaciones como ésta, cuando no se está en los zapatos de ellos.
Empezaremos por recalcar el hecho de que en este caso, al igual que muchos otros casos parecidos, Brittany Maynard no escogió enfermarse de uno de los tumores más agresivos y mortales que se conoce. Esa no fue decisión suya. Nadie en su sano juicio ni quiere ni le desea a su peor enemigo algo como ésto. Son cosas que pasan, y debemos suponer que son parte de la acción continua de las mismas leyes naturales que nos rijen a todos.
Iremos más lejos aquí. Hay que distinguir entre lo que significa quitarse la vida cuando prácticamente se han perdido todas las esperanzas de prolongarla ni siquiera por unos cuantos meses ante situaciones que están completamente fuera de nuestro control, y el quitarse la vida cuando se goza de buena salud y no se carece de recursos económicos sino simplemente se desea escapar por la puerta falsa evitando enfrentar los problemas de la vida que muchas veces se crea uno mismo, lo cual es tomado frecuentemente como sinónimo de cobardía. Esto último fue lo que sucedió en el caso de Benjamín Mondragón Pereda, uno de los presuntos responsables intelectuales de la muerte de 43 estudiantes normalistas de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, el cual prefirió pegarse un balazo en la cabeza antes que enfrentar su responsabilidad ante el pueblo de México y ante los padres de los estudiantes asesinados por su participación en los hechos como autor intelectual. Es tanta la disparidad entre ambas situaciones, que en vez de calificar a la decisión de Brittany Maynard de quitarse la vida como un suicidio –que en el caso de Benjamín Mondragón Pereda claramente lo fué- le daremos aquí una nueva denominación calificándola como “auto-eutanasia”, tomando en cuenta que no era el deseo de esta enferma deshauciada por la ciencia médica el padecer los terribles dolores que le esperaban en su camino hacia la muerte.
Con todo lo respetable que pueda ser la condena emitida por el Vaticano sobre el suicidio-eutanasia de Brittany Maynard, aquí hay otro problema de fondo. Resulta que Brittany Maynard no era creyente católica. ¿Cuál es entonces la insistencia de aplicarle reglas y cánones a personas adultas de otras religiones que toman sus propias decisiones basadas en sus propias creencias y en su propia fé? De haber sido católica, seguramente se le habría negado la extremaunción o se le habría amenazado con negarle el sacramento de la extremaunción antes del momento de dar el paso final, pero en su caso no se podía hacer tal cosa porque ni siquiera era católica. ¿Entonces?
Una comparación similar puede ser establecida con el Islam. El Corán prohibe estrictamente el consumo de bebidas alcohólicas, considerado como un grave pecado que ningún musulmán puede cometer. ¿Justifica ello entonces que un predicador del Islam lance furioso su reprobación hacia un escosés que es afecto a tomar su copita de whisky puntualmente antes de irse a dormir? Desde luego que no, partiendo del supuesto de que el escosés ni siquiera es practicante de la religión musulmana, el predicador musulmán estaría completamente fuera de lugar en reprobar no solo al escosés sino también al irlandés y al italiano por ingerir bebidas alcohólicas. E igualmente estaría fuera de lugar en recriminar a los mexicanos católicos que ingieren su tequilita de vez en cuando o al menos un rompope (elaborado de acuerdo a las recetas originales de las Monjas de Santa Clara).
Se puede, desde luego, tratar de convertir de la religión Shinto a la religión católica a un japonés al cual le ha caído en la mitad de su cuerpo una estructura masiva de concreto prensándolo y triturándole absolutamente todo desde la pelvis hasta abajo (músculos, huesos, nervios, todo) y al cual le quedan únicamente unas diez o veinte horas de vida a lo sumo, con la finalidad de convencerlo de que no recurra a la auto-eutanasia para evitar el sufrimiento físico que irremediablemente le espera en esas diez o veinte horas de dolor que no podrá ser apagado ni siquiera con los barbitúricos más potentes. Pero es dudoso que aceptará una conversión de última hora bajo estas condiciones para someterse a sí mismo al martirio prolongado que le espera, y lo más probable es que optará por quedarse con su religión de siempre que no le prohibe adelantar lo inevitable (la religión Shinto ni prohibe ni permite la auto-eutanasia, simple y sencillamente no dice nada al respecto, dejándole a sus seguidores que tomen cada uno sus propias decisiones de acuerdo a sus situaciones y necesidades personales).
Desde tiempos inmemoriales, el hombre en todos los confines del planeta ha buscado en las religiones consuelo espiritual a sus necesidades y padecimientos terrenales. Pero aquí estamos ante un caso en el que ocurre lo contrario, ya que se amenaza en forma aterradora con infiernos eternos al pobre enfermo deshauciado si trata de acortar su sufrimiento, sin darle ninguna otra opción de consolación más que la aseguranza de que su martirio habrá terminado cuando haya muerto.
¿A quién le sirve el asustar hasta la médula de los huesos a un pobre enfermo terminal obligándolo a aceptar con resignación dolores terribles que lo tienen en un grito noche y día que no se pueden paliar ni siquiera con los fármacos más potentes, obligándolos a aguantarse como un mártir cristiano dolores comparables a los que proporcionan los tormentos más refinados y exquisitos que pueden llevar a un hombre incluso hasta la locura antes de morir? ¿Qué se pretende lograr con ésto? ¿Qué se pretende demostrar con ésto?
En los tiempos de Jesús, de acuerdo a los Evangelios el Maestro no solo daba paz espiritual a quienes lo escuchaban, también sanaba físicamente a los enfermos incluyendo los enfermos deshauciados. De acuerdo a lo que dice el Nuevo Testamento, ese don de sanación fue transmitido de Jesús a sus Apóstoles: “A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones: "10:5 No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos. 10:6 Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. 10:7 Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. 10:8 Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente.” (San Mateo 10:5-8). Lamentablemente, quienes ahora están a cargo de su Iglesia no parecen poseer tal don salvo en casos tan esporádicos y excepcionales que se les llaman milagros. Incapaces de sanar a enfermos terminales como Brittany Maynard, ni siquiera les permiten a estos pobres muertos en vida adelantar lo que ya es un hecho inevitable, sino que los están condenando a padecer lo indecible en sus últimos días, en sus últimas horas, obligándolos a aguantarse así hasta el último momento so pena de que el castigo por el pecado mortal de acortar el tiempo de sufrimiento será más de lo mismo en el más allá pero por toda una eternidad. ¿Es ésto un consuelo espiritual?
Se puede entender que el suicidio, cuando lo comete una persona que goza de buena salud y a la cual no le falta nada, privarse de la vida por razones banales tales como una decepción amorosa es un acto reprobable, una muestra de cobardía e incapacidad para enfrentarse a la vida y los problemas que nos plantea, es buscar la salida por la puerta falsa. Pero cuando la persona está en un grito, cuando está sufriendo lo indecible, cuando está colocada en el potro del tormento noche y día, ¿a quién le sirve que la agonía de ese pobre ser se extienda por varias horas, por varios días, o peor aún, por varias semanas o por varios meses?
Quienes argumentan sobre bases teológicas que nadie tiene derecho a privarse de su propia vida porque la vida es un don que Dios dá y solo a él le corresponde el derecho a reclamarla (esta es la concepción religiosa que considera la vida como don divino que no nos pertenece), pasan por alto que en ciertos casos hay personas que por su condición extrema bajo circunstancias extraordinarias no pueden ser rescatadas por la ciencia médica están de hecho muertas y lo único que falta es que sobrevenga la falla de algún órgano vital para la muerte se haga oficial con un certificado de defunción. De esto trata la película D.O.A.(Dead On Arrival), de una persona que es envenenada y cuando descubre que fue envenenada se entera que el veneno es de naturaleza tal que se puede dar por muerta y le quedan únicamente 36 horas de vida, no habrá absolutamente nada que pueda hacer para al menos prolongar su vida, y es por ello que antes de que sobrevenga la cesasión total de su aparato físico dedica el tiempo que le queda de movilidad para buscar a quienes lo asesinaron.
Le aplicamos la eutanasia a las mascotas que queremos cuando están deshauciadas por los veterinarios y no se puede hacer nada y no queremos verlas sufrir. Este no es un acto de desprecio a la vida, es un acto de compasión; no es una salida de conveniencia para quitarnos una situación harto incómoda de encima, es un acto de amor, sobre todo cuando los lamentos de sufrimiento de la mascota nos dejan claro las penalidades por las que está pasando la mascota antes de lo inevitable. Lo cruel sería dejarlas sufrir sin adelantar lo inevitable, lo inhumano es quedarse cruzado de brazos sin hacer nada. En el momento de tener que tomar tan dura decisión, sin duda alguna hay dueños de mascotas que por egoísmo tratan de reternerlas el mayor tiempo posible a su lado pese a estarlas viendo sufrir. El precio a pagar viene tiempo después por el remordimiento de que se pudo haber hecho algo para evitarle el sufrimiento a la mascota y no se hizo.
Sin embargo, nosotros los humanos nos hemos estado privando y negando a nosotros mismos, por lo que se antoja ya como demasiado tiempo, la misma solución que les damos a nuestras mascotas para no verlas sufrir.
¿Tiene derecho el ser humano a una muerte sin dolor? Si le pedimos su opinión a los sectores más conservadores de la Iglesia Católica en casos como los de Brittany Maynard, ya sabemos la respuesta porque ya la dieron, es la misma que han estado dando desde siempre y esto no va a cambiar.
Holanda fue el primer país del planeta en aprobar lo que se conoce como el suicidio asistido, en el cual la única ayuda que le proporciona el médico al paciente terminal consiste en proporcionarle los fármacos requeridos para lograr el propósito de la manera más rápida e indolora posible, y cada vez son más los países que están adoptando una postura más secular sobre este tema. Es importante enfatizar que sigue siendo ilegal (y considerado también inmoral) el hacer accesible el suicidio asistido a personas que gozan de buena salud y que se quieren privar de la vida por razones banales; en tales casos la única opción que les queda es comprarse una pistola o fabricarse una horca. Sobre el médico que proporciona los medios para acelerar el desenlace final no pesa responsabilidad alguna (en lo que de otro modo sería clasificado como un homicidio) porque el médico no obliga al paciente a tomar el paso definitivo; esa sigue siendo hasta el último momento una decisión del paciente, no del médico. Tal era la premisa sobre la cual actuaba el famoso Doctor Jack Kevorkian bautizado por algunos como el Doctor Muerte, y no se le pudo encarcelar por buen tiempo en sus suicidios asistidos porque la decisión final la tomaban sus pacientes, no él. Sin embargo, terminó con sus huesos en la cárcel (antes de terminar con sus huesos en el panteón) porque se logró comprobar que en un caso fué el mismo Doctor Kevorkian el que activó el suministro de los medicamentos mortales y no el paciente, arrebatándole al paciente el peso de la culpa de su suicidio asistido pero pagando en carne propia por tomar la vida del paciente en sus manos.
Una alternativa piadosa a la auto-eutanasia en la que la misma persona decide el momento de su partida, la cual es equivalente a un suicidio sin serlo, es el coma inducido, que cada vez vá un poco más allá de lo que se conoce vagamente como sedación terminal. Ya se cuenta con la tecnología médica para hacerlo, y la tecnología sigue mejorando acercándonos a lo que antes se conocía en la ciencia-ficción como un estado de animación suspendida. Esta alternativa funcionaría del modo siguiente: cuando la persona encuentra sus dolores intolerables, pide entonces al personal médico la inducción del coma inducido. Esto pone a la persona en un estado casi cataléptico, es lo más cercano a la muerte que podamos imaginar. Ni siquiera se dará cuenta cuando, tiempo después, ocurra el momento final en el que alguno de los órganos vitales deje de funcionar. Y si ocurre la argumentada pero muy remota posibilidad de que mientras la persona se encuentra en un coma inducido se anuncia alguna nueva cura para su mal, se le puede sacar del coma inducido para notificarle, ya estando consciente, que puede ser salvada por un avance reciente que se acaba de dar, en cuyo caso la persona puede optar por someterse a la nueva terapia que le podrá restablecer su salud (lo más probable, en virtud de que ningún enfermo quiere realmente morir cuando tiene oportunidad para curarse y prolongar su vida).
Pudiera argumentarse, con alguna razón, que el pedir ser puesto en un estado de coma inducido es casi lo mismo que ser privado de la vida mediante una eutanasia, por el hecho de que en un estado de coma inducido es un estado de inconsciencia total equivalente a lo que pudiera llamarse una “muerte virtual”. Desde luego que no es lo mismo que una muerte física, nadie ha sido resucitado después de fallarle los órganos y serle decretada muerte cerebral. Sin embargo, el hecho de que la persona no volverá a despertar ya desde el momento en el que es puesta en estado de coma inducido puede ser razón más que suficiente para que algunos de los sectores más conservadores de la jerarquía católica se opongan también a la aplicación del coma inducido como un remedio a una situación extrema, tomando en cuenta las posturas inflexibles de varios de estos personajes que aparecen frecuentemente en los noticieros y que han adoptado han adoptado también una rigidez absoluta en otros temas de importancia toral. Son los mismos que se oponen al uso de los preservativos de látex (condones) o la ligadura de trompas para el control de la natalidad aún en casos de familias en extrema necesidad económica que tienen ya más de ocho o nueve hijos y a las cuales aún así quienes les prohiben planificar el número de hijos que quieren tener (o mejor dicho, que pueden sostener con un mínimo de dignidad y decoro) con las técnicas contemporáneas nunca toman responsabilidad por el sostenimiento económico de aquellos infantes no-planificados, adoptando la cómoda actitud de “estás obligado a tener todos los hijos que puedas tener de acuerdo a lo que dicte la Naturaleza, pero tú y no yo es el que está obligado a mantenerlos a todos una vez que los tengas”. Estas posturas inflexibles reflejan las mismas actitudes de rechazo que manifiestan al uso de la píldora anticonceptiva argumentando -en contra de lo que dice la ciencia médica- que la píldora anticonceptiva es abortiva, siendo que la píldora anticonceptiva no puede interrumpir una concepción cuando ésta ya se ha dado, lo único que puede hacer es que no se lleve a cabo la concepción (hay un fármaco descubierto por los franceses que sí es abortivo y no simplemente anticonceptivo, se trata de la Mifepristona, el cual sí es capaz de provocar el aborto de un óvulo ya fecundado, o sea de un feto, en esto no hay ningún debate entre la comunidad médica). Los sectores más conservadores de la jerarquía católica cuyo peso es preponderante en estas cuestiones no van a cambiar su postura por más argumentos y evidencias que se les presenten, lo único que se puede hacer es obedecer sus ordenanzas o hacer caso omiso de ellas, lo cual resulta menos difícil para quienes pertenecen a otras denominaciones religiosas.
En realidad, la verdadera objección que se le podría poner al uso del coma inducido para terminar con los sufrimientos de un paciente deshauciado es que el procedimiento es elitista, solo la gente rica puede tener acceso a tal procedimiento que en el curso de varias semanas o meses puede terminar acumulando un costo de hospital y cuidados médicos de varios cientos de miles de dólares. Los demás, sobre todo los pobres, no tienen la opción de recibir un coma inducido aunque lo pidan, se tienen que aguantar, quizá mordiendo mientras tanto un palo de madera para aguantarse el dolor mientras el mal evoluciona hasta su etapa final.
Otra alternativa que es una auto-eutanasia sin serlo consiste en meter algo de aleatoriedad en la decisión de quitarse la vida por razones de salud en fase terminal. Esta alternativa consiste en proporcionarle a la persona un frasco con una cien pastillas envueltas cuidadosamente cada una de ellas en una bolsita de celofán cerrado. De las cien pastillas, una de ellas sería un veneno tan potente como cianuro de potasio; las restantes serían aspirinas ordinarias incapaces de matar a nadie. No habría forma alguna de distinguir visualmente por fuera la pastilla de cianuro de las demás pastillas inocuas. Preparado el frasco, la persona iría tomando una pastilla diaria a sabiendas de que cualquiera de ellas puede ser la pastilla fatal. Esto también puede ser considerado como un suicidio sin serlo, porque en un suicidio la persona sabe exactamente el momento en el que va a morir, y en este caso es posible que no ocurra nada al tomar la primera pastilla, y que tampoco ocurra nada al día siguiente al tomar la segunda pastilla, y así sucesivamente. Al tomar la primera pastilla, la persona tiene el uno por ciento de probabilidades de morir y el 99 por ciento de probabilidades de seguir con vida. Sin embargo, al irse agotando el número de pastillas en el frasco, las probabilidades de ocasionarse la muerte van aumentando. Al quedar diez pastillas en el frasco, la persona tiene ya un diez por ciento de probabilidades de ocasionarse la muerte tomando una de esas pastillas al azar. Y al quedar solo dos pastillas en el frasco, la probabilidad de tomar la pastilla fatal ya es del cincuenta por ciento.
¿Y qué del caso en el cual la persona ha consumido ya 99 de las pastillas del frasco, y habiendo sobrevivido queda ya una sola pastilla? En tal caso, se puede dar por hecho que la única pastilla que queda es la pastilla fatal, la persona sabe que si la toma va a perder su vida en cuestión de segundos, ya no se trata de una duda sino de una certeza, se trataría ya de un suicidio en el pleno sentido de la palabra (o de una auto-eutanasia).
Pero si la persona ha tomado ya 99 pastillas y ninguna de ellas ha resultado ser la pastilla fatal, ello se puede tomar como una decisión de la Providencia de que la persona debe seguir con vida sin adelantar su tiempo de muerte. O sea, la opción de quitarse la vida dejaría de ser una opción. Considerando lo difícil (desde el punto de vista de la probabilidad estadística) que es el que la última pastilla que quede en el frasco sea la pastilla fatal, ello se puede tomar en efecto como el resultado de la intervención de una voluntad superior que ha arreglado las cosas de modo tal que la persona no se prive de su propia vida. Puesto de otro modo, se le está dando a la persona la posibilidad de que el remedio que busca está dentro de lo posible, pero también se está dejando a la Providencia la posibilidad de intervenir alterando el curso de los acontecimientos.
Además de las opciones que se han presentado arriba, queda la posibilidad como último recurso de enlistarse como misionero para ir a proporcionar ayuda humanitaria en algún país musulmán en conflicto como Siria, Afganistán, Pakistán o Iraq. A como están las cosas por esos rumbos, esto equivale a cometer un suicidio seguro, excepto que serán otros, los captores musulmanes, quienes harán el trabajo sucio. Puesto que el final llegará por estar haciendo una labor humanitaria en calidad de misionero, seguramente esta alternativa no puede ni debe merecer reproche alguno de cualquier prelado. ¿O sí?
Se ha evitado entrar en detalle sobre otras situaciones en las que la auto-eutanasia parecería ser una opción, como en el caso de los ancianos que padecen el mal de Alzheimer, en el cual van perdiendo paulatinamente la memoria y todas las facultades mentales en forma gradual hasta terminar convertidos en un vegetal poco antes de morir (el Alzheimer es una enfermedad mortal en el cien por ciento de los casos). El mal de Alzheimer tiene la peculiaridad de que es indoloro, la persona que lo padece no está puesta en el potro del tormento agonizando de dolor hasta el último momento de su vida. Por lo tanto, el enfermo de Alzheimer no puede argumentar la justificación de quitarse la vida en base a que padece dolores insoportables, porque no es su caso. Podría, eso sí, pedir que se le dé la opción de aplicarse la auto-eutanasia cuando su Alzheimer haya progresado en grado avanzado. Pero el dilema es que cuando el mal de Alzheimer ha avanzado a sus etapas finales, que es cuando la persona podría ser un candidato para aplicarse la auto-eutanasia, ya no está en condiciones de poder decidir nada, porque es incapaz de poder razonar sobre cosas sencillas, y menos aún está capacitada para poder tomar una decisión de esta magnitud. Se trata de un círculo vicioso para el cual no hay salida, excepto que la persona deje firmado ante un notario un testamento pidiendo que se le desconecte de todos los aparatos que la puedan estar manteniendo con vida en el momento en el que no pueda, por ejemplo, reconocer ya a nadie y haya perdido incluso el habla, o en caso extremo autorizar a un familiar para que aplique una inyección de misericordia fatal cuando el enfermo de Alzheimer es diagnosticado en estado vegetativo.
Una muerte sin agonía para enfermos deshauciados. ¿Es acaso es mucho pedir?
Mucho se critica hoy la práctica de las religiones paganas de sacrificios humanos en las que se arrojaban niños recién nacidos a piras incandescentes en honor de Moloch (también llamado Baal) y supuestamente se arrancaba el corazón a doncellas en el Templo Mayor de los Aztecas para entregarlo como ofrenda al Sol. Sin embargo, comparando tales costumbres con la práctica actual de poner a los enfermos terminales en el potro del tormento por varias semanas o meses invocando argumentaciones religiosas, los sacerdotes y sacerdotisas de esas religiones paganas podrían muy bien argumentar que sus métodos de sacrificio eran mucho más rápidos que las prácticas actuales del tercer milenio para enfermos deshauciados que tal vez calificarían como bárbaras al no darle a los enfermos deshaciados ninguna otra opción más que aguantarse estoicamente hasta el final siendo que ya hay alternativas que no estaban disponibles en aquellos tiempos que creíamos superados.
Descanse en paz, Brittany Maynard. Digan lo que digan los demás.
domingo, 9 de noviembre de 2014
Una propuesta amigable vs. guiadores ebrios
Lo vemos una y otra vez en las noticias. Un guiador manejando en estado de ebriedad arrolla a varias personas al subir su auto sobre una banqueta, o impacta contra otro vehículo dejando a sus ocupantes malheridos o muertos además de dejarse a sí mismo malherido o mutilado o también muerto. Las imágenes fotográficas que muestran automóviles hechos pedazos se repiten una y otra vez en la televisión, y parece que esas imágenes no sirven de escarmiento a los que estarán apareciendo en los días posteriores sumándose a las estadísticas fatales.
Para reducir estas tragedias, las autoridades de vez en cuando instalan retenes en los que se le hace la prueba del alcoholímetro a los guiadores sospechosos de estar conduciendo en estado de ebriedad, siendo retenidos quienes exceden los límites legales y sancionados con la aplicación de una multa administrativa o remitidos a un centro de reclusión mientras se les pasa la cruda. Esto funciona temporalmente disminuyendo el número de conductores ebrios en las calles y avenidas. Lo malo es que periódicamente a través de los noticieros aumenta la presión ciudadana para la remoción de los retenes argumentándose que su único propósito es coaccionar a los conductores para obtener un soborno de los mismos y así dejarlos ir. Los retenes son removidos, el número de incidentes viales vuelve a aumentar, y la presión ciudadana va en el sentido contrario haciendo que se vuelvan a reinstalar los retenes. Es un cuento que se repite una y otra vez; es cosa de nunca acabar.
Con la proximidad de las fiestas decembrinas tocando la puerta, es tiempo también de buscar otras soluciones al problema que presentan los conductores ebrios que suele ensombrecer la alegría y hasta enlutar hogares en estas temporadas festivas. Es lo que se hará aquí en esta entrada.
Primero que nada, hay que reconocer que los retenes instalados por las corporaciones de tránsito para medir la condición de los guiadores mediante la prueba del alcoholímetro es algo que sí funciona; cada conductor cuyo nivel de alcohol en la sangre excede los límites legales y es removido de las calles por ello indudablemente incide de alguna manera en la reducción de las estadísticas fatales.
Ahora se presenta la propuesta. Se basa en el hecho de que un alcoholímetro como el que usan las autoridades no es un aparato que cueste un millón de dólares. Es más, ni siquiera cuesta mil dólares. Incluso se pueden obtener alcoholímetros para uso individual a un costo de cien dólares, como el alcoholímetro Breeze Breathometer:
que puede medir el nivel del alcohol en la sangre en cualquier lugar y hasta se puede conectar a una aplicación app en el teléfono celular que puede hacer la prueba automáticamente cada vez que el conductor conversa con alguien a través de su teléfono celular:
En México posiblemente no haya muchos jóvenes ni clientes de antros dispuestos a erogar ni siquiera cien dólares para comprar un aparato que los puede salvar de una multa elevada hasta una reclusión involuntaria en lugares como el famoso “Torito” en la Ciudad de México o incluso hasta de la cancelación de la licencia de manejar.
Sin embargo, los antros y los centros de diversión a los cuales asisten sus parroquianos con frecuencia regular, sobre todo los que gustan salir los fines de semana para degustar todo tipo de bebidas alcohólicas desde cerveza hasta whisky o tequila, sí están en condiciones de comprar y tener disponible un alcoholímetro (o varios) para que sus clientes se puedan hacer la prueba del alcoholímetro antes de salir a la calle después de haberse estado divirtiendo varias horas en el antro.
En los antros de mediana y alta categoría en los que se suele cobrar la entrada por adelantado, si el costo de la prueba del alcoholímetro se reparte entre todas las entradas que se cobran a los clientes que acuden a los centros de diversión en los que se cobra la entrada, esta medida puede resultar una verdadera ganga. Se trata de algo que le conviene a ambas partes. A los antros les conviene el que sus clientes asiduos puedan seguir con vida asistiendo puntualmente sobre todo los fines de semana para degustar todo tipo de bebidas alcohólicas en lugar de terminar sepultados en algún panteón. Y a los consumidores de bebidas alcoólicas que asisten a los antros también les conviene, ¿quién se opone a hacerse una prueba en un sitio seguro que le garantizará que cuando haya salido del sitio y las autoridades le hagan la misma prueba no terminará multado con una fuerte sanción económica o remitido a la cárcel, o bien que le permitirá subirse a su automóvil con la tranquilidad de saber que no ha consumido tanto alcohol como para que sus percepciones sensoriales estén degradas en forma peligrosa.
A los negocios dedicados a las diversiones nocturnas en los cuales hay expendio y consumo de bebidas alcohólicas les conviene que su clientela se mantenga con vida en buen estado de salud el mayor tiempo posible, porque no hay nada mejor para un negocio que el ver regresar a sus clientes una y otra vez. Y a los afectos a salir fuera para consumir bebidas alcohólicas les conviene mantenerse con vida para así poder seguir disfrutando la vida. Se trata de un asunto de conveniencia mutua.
Los negocios que adopten esta proposición hasta la pueden usar para promocionarse a sí mismos sobre los demás antros y centros de diversión nocturna de un modo como el siguiente: el centro de diversiones X imprime y reparte propaganda o contrata tiempo en las televisoras locales anunciando la disponibilidad del servicio de pruebas gratuitas con el alcoholímetro a la salida para todos aquellos clientes suyos que crean haber consumido demasiado alcohol o que no estén seguros de que hayan excedido ya los límites legales, con un anuncio como éste:
“El Club Verde, que siempre se preocupa por el bienestar y la seguridad de su clientela, pone a disposición de sus clientes una prueba gratuita con alcoholímetro para darle la tranquilidad a cada cliente de que puede salir y conducir su auto en forma segura. Evítese multas altas e infracciones en caso de que lo agarren en un retén, y más importante, salve su propia vida y las vidas de quienes lo acompañan. En caso de exceder el límite legal en la prueba del alcoholímetro, si usted lo desea el Club Verde puede ayudarle a establecer contacto con un familiar o con un amigo dejando su carro bajo la seguridad del Club Verde mientras pasan por usted a recogerlo. Esto lo hace el Club Verde para agradecerle a toda su clientela el privilegio de su preferencia”De este modo, la propuesta puede ser buena hasta para aumentar la clientela ofreciendo algo que los competidores en su mayoría aún no están ofreciendo. ¿Quién no prefiere ir a un antro en donde se preocupan por uno a grado tal que están dispuestos a hacerle allí mismo una prueba gratuita con el alcoholímetro? Si el antro A ofrece tal servicio a su clientela y el antro B no lo ofrece, esa es una muy buena razón para dejar de ir al antro B y empezar a ir al antro A. Es una nueva forma de competir. En realidad, el servicio no es gratuito, va incluído en el costo de las bebidas. Pero considerando los beneficios mencionados, la inversión en esto es una verdadera ganga, incluso una propaganda excelente para los propietarios de centros de diversión nocturna que sepan aprovecharla.
Todos ganan, nadie pierde.
¡Salucita!
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