La madrugada del lunes 15 de octubre el periódico local anunció la muerte del deportista mexicano Antonio de Nigris Guajardo en Grecia en la ciudad de Larissa por problemas cardiacos, según los primeros resultados de la autopsia. El forense Jristos Kravaritis declaró a los medios locales que, según los primeros datos de la autopsia, el futbolista falleció por una patología cardiaca. El futbolista hermano mayor de Aldo de Nigris, goleador del equipo La Pandilla del Monterrey, murió a causa de un infarto fulminante sin que hubiera tiempo de hacer nada por él, y cuando llegó el auxilio médico los doctores no pudieron hacer absolutamente nada para salvarlo. Marinos Uzunidis, técnico del equipo, declaró a los medios locales que todos estaban “consternados” y sus compañeros de equipo que se acercaron en silencio al estadio declarando que les resulta difícil creer que De Nigris haya muerto. Todo el fútbol griego se unió a las condolencias a la familia de De Nigris y el presidente de la Asociación de Futbolistas Profesionales de Grecia, el portero Nikos Polidis, declaró que espera que sea “la última tragedia para la familia del futbol y para el equipo de Larissa”.
Antonio de Nigris
era un deportista de 31 años, sano, el cual nunca fumaba ni se emborrachaba. No era parrandero, llevaba una vida de deportista ejemplar, evitaba cuidadosamente todos los vicios y se alimentaba sanamente, se ejercitaba y practicaba gimnasia rítmica y yoga, no se desvelaba jamás, y conjugaba con una vida metódica todas las prácticas que los médicos recomiendan para asegurar una larga vida. Lo peor de todo es que cuando sufrió el infarto fulminante que terminó con su vida de tajo, de Nigris ni siquiera se encontraba haciendo un esfuerzo físico que pudiera haber provocado tal suceso, ni se encontraba estresado bajo alguna situación preocupante; se encontraba dormido tranquilamente en su cama. De Nigris despertó alrededor de las 3:30 horas de la madrugada con dolores en el pecho, y su esposa Sonia pidió por teléfono una ambulancia, pero de Nigris falleció en camino al hospital.
Si Antonio de Nigris era la persona ideal para ponerlo de ejemplo del estilo de vida que se debe llevar para lograr llegar a la vejez sin problemas, ¿entonces qué pasó? ¿No nos han estado repitiendo hasta el cansancio año tras año a través de todos los medios habidos y por haber que haciendo todos los sacrificios posibles para llevar un estilo de vida sano como el de Antonio de Nigris es nuestra mejor protección contra todo tipo de enfermedades y nuestra mejor garantía de llegar a una edad avanzada en óptimas condiciones de salud?
Antonio de Nigris no es más que un caso entre cientos y cientos y cientos de miles de personas que siguen al pie de la letra todos los consejos de los doctores y que pese a ello no logran vencer a la fatalidad. Otro caso famoso es el de Linda Eastman, la esposa del Beatle Paul McCartney.
Ella era vegetariana, se abstenía de ingerir cualquier tipo de carne (la ciencia médica siempre nos ha dicho que el consumo de carne, especialmente la carne roja, es muy mala para la salud) y hasta fundó Linda McCartney´s Foods Company, una compañía de cocina vegetariana que tuvo mucho éxito en Estados Unidos e Inglaterra, hacía ejercicio regularmente, se había abstenido toda su vida por completo del consumo de drogas y del alcohol y del tabaco, era muy moderada en sus hábitos y en base a su estilo de vida y a lo que desde siempre nos han estado afirmando los doctores, ella debería de haber estado en el primer lugar de la lista de candidatos para llegar a los 120 años de edad porque ella cumplía con todos los requisitos para una vida saludable. Y sin embargo, y pese a todo lo que ella se estuvo cuidando, y pese a que tenía las mejores revisiones médicas de rutina con los mejores médicos que se pueda tener, no pudo evitar morir de un cáncer de mama que se le extendió al hígado a la edad de 54 años. Esto ya lo mencioné en mi bitácora del 30 de marzo de 2008.
Otro ejemplo de una celebridad que murió inesperadamente pese a que nunca se le conoció un mal hábito de vida y el cual se sometía anualmente a exámenes médicos rigurosos para detectar con tiempo cualquier problema potencial que pudiera estar aflorando, para sorpresa de todos e inclusive de sus propios médicos fue Tim Russert, un periodista de televisión y abogado estadounidense que apareció por más de 16 años -siendo el que más ha durado- como moderador del programa Meet the Press, el cual murió fulminantemente a los 58 años de edad cuando se colapsó en sus oficinas en las cuales él era el jefe de la rama de la televisora a cadena nacional NBC en Washington, D.C. Inmediatamente tras su colapso, fue llevado de emergencia a uno de los mejores centros médicos en los Estados Unidos y puesto inmediatamente en manos de los mejores médicos de dicho centro hospitalario, pero a fin de cuentas todo fue inútil, y fue declarado muerto ese mismo día. La manera tan fulminante en la cual murió resulto tanto más sorpresiva por el hecho de que su médico personal de cabecer, el Doctor Michael Newman, lo había sometido a una prueba de stress hace apenas dos meses y no había detectado absolutamente nada anormal.
Constantemente la televisión nos está bombardeando con anuncios en los noticieros de que la ciencia médica descubre más y más pruebas de que una alimentación poco saludable y un estilo de vida desenfrenado y perezoso sin revisiones médicas anuales acortan rápidamente las expectativas de vida, lo cual contrasta con la realidad que vemos día tras día en casos como el del deportista Antonio de Nigris, Linda Eastman y Tim Russert. Hasta parece que alguien nos ha estado mintiendo deliberadamente todo el tiempo con el único fin de hacernos la vida mucho más pesada de lo que ya es. El bombardeo continuo de los noticieros eventualmente nos puede hacer sentir culpables de que si terminamos muertos antes de llegar a los 60, ello ha de ser por culpa nuestra por esas pizzas que nos tomamos durante cada partido de futbol, por esa repostería y carnes rojas que comimos durante las Navidades haciéndonos subir varios kilos de peso, por nuestra falta de ejercicio llevando una vida sedentaria, por haber ingerido drogas alguna vez en la vida, o por habernos emborrachado de jóvenes.
Sin embargo, si realmente nos decidimos a llevar una vida completamente sana en todos aspectos, como las vidas que llevaron Linda Eastman, Antonio de Nigris, Tim Russert, y millones más como ellos, no existe un sólo médico en este mundo que nos pueda garantizar por escrito que nuestro premio seguro será una larga vida. Los médicos en realidad nunca hablan de seguridades, sólo hablan de expectativas estadísticas. Una persona que lleve una vida completamente sana, sin vicios, puede terminar muerta inclusive antes de llegar a los 20, mientras que otras personas que llevan una vida desenfrenada con todo tipo de excesos pueden superar ampliamente la marca de esas personas que llevan una vida sana, como es el caso de Mick Jagger, nacido en 1943 y el cual aún sigue vivo y sin problemas graves de salud. Este músico rockanrolero ha probado prácticamente todas las drogas habidas y por haber, ha incurrido en casi todos los excesos en que pudieran haber incurrido los romanos en los tiempos de la decadencia del Imperio, detesta el ejercicio y le encanta atragantarse con la comida más grasosa y pesada que podamos imaginar. Y sin embargo y pese a su escandaloso estilo de vida, ya enterró a otros como Linda Eastman y Tim Russert que eran lo contrario de lo que él es. Si hemos de hacerle caso a las estadísticas de los médicos, Mick Jagger ya debería de estar muerto desde hace mucho tiempo, y bien muerto. Ni siquiera debería haber llegado a los 20 años de edad. Y sin embargo, a sus 67 años de edad, tuvo un hijo con la modelo brasileña Luciana Gimenez, y esto después de innumerables romances y amoríos escandalosos con cientos de mujeres que a otros con un estilo de vida mucho más sano que el suyo ya los habría dejado impotentes.
Uno de tantos anuncios comerciales que aparecen constantemente en la televisión capaces de crear sentimientos de culpa en quienes terminan enfermas de cáncer de mama es el patrocinado por la empresa LALA en el que anuncia que parte de los recursos obtenidos con la venta de sus productos lácteos serán destinados para ayudar a la Fundación Mexicana de Fomento para la Prevención Oportuna del Cáncer de Mama (FUCAM), la cual tiene página en Internet www.fucam.org.mx. Este anuncio puede hacer que muchas mujeres que terminan contrayendo el cáncer de mama se sientan culpables por no haber hecho algo para prevenir “oportunamente” la aparición de su cáncer de mama. Sin embargo, hasta el día de hoy, NO HAY ABSOLUTAMENTE NINGUNA MEDIDA DE CARACTER PROFILACTICO QUE SIRVA PARA PREVENIR EN FORMA SEGURA LA APARICION DEL CANCER DE MAMA. No hay vacunas que se puedan aplicar, no hay medicamentos que se puedan tomar, no hay ejercicios que se puedan hacer para impedir su aparición, NO HAY NADA. Y de hecho no existe prevención alguna que se pueda llevar a cabo para impedir en forma segura la aparición de la gran mayoría de tipos de cáncer además del cáncer de mama. Hay excepeciones, desde luego. El melanoma, el cáncer en la piel, que aparece como un lunar negro que va creciendo sobre todo en las personas de piel clara, se puede tratar de evitar disminuyendo la exposición a los rayos solares, a costa de aumentar la posibilidad de padecer raquitismo (una enfermedad cada vez más común en nuestros tiempos) por falta de suficiente exposición a los rayos solares que la piel necesita para producir vitamina D. Y se pueden disminuír las posibilidades de contraer cáncer del pulmón con el simple hecho de no fumar o dejar de fumar. Pero ningún médico está dispuesto a dar una garantía absoluta de que si se vive en la obscuridad todo el tiempo o si se vive alejado de cualquier fuente de humo de tabaco no habrá posibilidad alguna de contraer melanoma o cáncer del pulmón. El único cáncer para el cual hay una vacuna disponible es el cáncer cérvico-uterino en la mujer, en virtud de que este tipo de cáncer es producido por un virus, el virus del papiloma humano, transmitido a través de las relaciones íntimas cuando el hombre está infectado. Pero para prevenir con una certeza absoluta no sólo el cáncer de mama sino el cáncer del hígado, el cáncer del esófago, el cáncer del colon, el cáncer de la próstata, el cáncer pancreático, el cáncer de estómago, NO HAY NADA, ABSOLUTAMENTE NADA QUE SE PUEDA HACER PARA DISMINUIR A CERO LAS PROBABILIDADES DE APARICION DE ESTE TIPO DE ENFERMEDADES. Entonces, ¿con qué cara anuncia la empresa que fabrica la leche LALA su patrocinio a una fundación cuyo objetivo supuestamente es prevenir el cáncer de mama? Lo que me asombra es que le hayan estado tomando el pelo a tanta gente por tanto tiempo y que no haya nadie hasta el día de hoy que les haya echado en cara su falta de ética profesional o que los haya puesto en su lugar, lo cual es un testimonio al poder de los medios para crear imagen y fabricar realidades ficticias.
Seguramente una de las razones por las cuales muchas mujeres mueren víctimas del cáncer de mama es porque cuando éste es detectado ya se ha extendido hacia otras partes del cuerpo a causa de la metástasis, la migración de células cancerosas hacia otras áreas no afectadas. Lolita Ayala, la conductora que dá el noticiero del mediodía en TELEVISA, constantemente les está advirtiendo a todas las mujeres a través de su noticiero que el cáncer de mama es cien por ciento curable si se detecta a tiempo, haciendo que muchas mujeres que se enferman de cáncer de mama se sientan culpables ya cuando se están muriendo por estar agonizando en la creencia de que ese fue su castigo por no habérselo detectado a tiempo. Sin embargo, Lolita Ayala abusa de su posición como conductora de un noticiero a cadena nacional porque las mujeres de México le podrían espetar en su cara el caso de Linda Eastman, la cual sí se hacía revisiones médicas constantes con los mejores médicos de Inglaterra, y pese a ello no le pudieron detectar “a tiempo” el cáncer para que, según Lolita Ayala, su cáncer fuera cien por ciento curable. La objeción más fuerte que las mujeres de México le pueden hacer a Lolita Ayala es que, a la luz de lo que le sucedió a Linda Eastman, ¿qué tan temprano se tiene que detectar el cáncer de mama para que sea completamente curable? Es muy posible que para que el cáncer de mama sea completamente curable se tenga que detectar en una etapa de crecimiento en la cual de todos modos es completamente indetectable con todas las pruebas médicas que hay en la actualidad llevadas a cabo por los mejores médicos que tenemos en la actualidad. Es muy posible que la única forma completamente segura de detectarlo en todos los casos sea en una etapa en la cual ya es demasiado tarde para hacer algo al respecto. Y si tal es el caso, entonces ninguna mujer que enferma de cáncer de mama y muere de cáncer de mama debe sentirse culpable por toda la sarta de babosadas que ha estado diciendo Lolita Ayala, la cual de cualquier manera no es médico. Son culpas sin culpables. Las mujeres no son culpables de no haberse detectado a tiempo algo que de cualquier manera tal vez sea completamente indetectable cuando aún es curable en el cien por ciento de los casos. Pero los grandes mitos de la televisión se construyen en noticieros como los de Lolita Ayala, no en la experiencia de los médicos que atienden casos como estos día tras día. De cualquier manera, y aún haciendo al pie de la letra lo que dice Lolita Ayala que se debe de hacer, aún si muchas mujeres se lograran detectar su cáncer de mama cuando dicho cáncer se vuelve detectable, no hay médico alguno en toda la faz de la tierra que les garantice con una certeza absoluta que se van a curar al someterse a tratamiento médico que usualmente consiste en la remoción del tumor y quimioterapia. Muchas mujeres a las cuales se les descubre el cáncer de mama durante su revisión médica anual de todas formas terminan muriendo del cáncer de mama porque, como ya mencioné, es muy posible que cuando la gran mayoría de casos de cáncer de mama se vuelven detectables por la ciencia médica de cualquier manera tal vez ya será muy tarde para hacer algo al respecto. Son simplemente cosas que pasan, y así hay que tomarlas, porque nadie tiene la vida comprada.
De cualquier manera, aunque el llevar una vida saludable, con una alimentación moderada sin incurrir en excesos, haciendo ejercicio rutinario, absteniéndose hasta donde sea posible del consumo de drogas, bebidas alcohólicas, tabaco, y otras susbstancias consideradas nocivas para la salud, no sea una garantía absoluta para llegar a una edad avanzada, sí se puede hacer un esfuerzo moderado para seguir algunas de las recomendaciones médicas para una vida saludable sin incurrir en sacrificios excesivos que a la postre pueden resultar inútiles. Ni tanto que queme al Santo ni tanto que no lo alumbre.
Ahora bien, si el panorama cambia y se descubre que hay un cuerpo estelar gigantesco en camino a chocar con la tierra como lo cuenta la película apocalíptica “2012”, no hay justificación lógica de ninguna especie para seguirnos privando de los pequeños excesos que siempre alguna vez se nos antojaron y de los cuales nos abstuvimos siguiendo las recomendaciones médicas de siempre, como comernos todas las donas que podamos comernos sin sentir culpa alguna, desvelarnos y trasnocharnos pasándola fuera un buen rato con los amigos y las amigas, y dormir con zánganos sin hacer nada de ejercicio y sin salir ni siquiera a caminar fuera aunque sea un poco. Porque no hacerlo en una situación así sería tanto como ponernos en el lugar del reo del chiste que estaba sentenciado a muerte en la silla eléctrica, y el cual al llegar el día de su ejecución el Alcaide del penal le ofrece un cigarrillo para que lo fume antes de ser llevado a la silla eléctrica, a lo cual el sentenciado le responde: “No, gracias, ya sabe usted que fumar produce cáncer”.
Ya basta de sentirnos culpables por muchas cosas que, al fin y al cabo, están completamente fuera de nuestro control. Y una de ellas es la forma por la que vamos a morir y en la que vamos a morir, así como el día en el que vamos a morir, y el lugar en el que vamos a morir. Lo demás lo podemos ir tomando como venga. Sintámonos culpables por lo que verdaderamente valga la pena sentirnos culpables, y una de esas cosas puede ser el no haber aprovechado de modo útil el corto tiempo que se nos ha dado de vida para hacer algo de provecho para nosotros mismos o para los demás en ese tiempo que se nos ha estado dando de vida. Y en cuanto a tí, Lolita Ayala, mi recomendación a las mujeres que te escuchan en tus noticieros es que, naturalmente, no dejen de hacerse sus exámenes médicos que les recomiendan sus ginecólogos y se cuiden moderadamente en sus hábitos alimenticios sin incurrir en sacrificios excesivos, pero si ello no fue suficiente para salvarlas de un desenlace final, no deben sentirse culpables por ello en ningún momento, que a fin de cuentas tal vez podamos retrasar un poco lo inevitable pero no hay forma alguna de escapar a la terminación del ciclo biológico de nuestros cuerpos. Eso lo sabrás tú misma cuando te toque tu turno y te llegue tu hora, sin importar todos los exámenes médicos a los que estés dispuesta a someterte a tí misma y sin importar la cantidad de dinero que estés dispuesta a gastar para vivir lo más que se pueda. Y sin importar si tú misma has estado siguiendo al pie de la letra tus propios consejos.
En lo que a mí respecta, no me sentiré culpable por ese delicioso filete de carne asada arrachera que me acabo de comer acompañado por un pastel de chocolate y galletitas de repostería, que al fin y al cabo a lo mejor termino muriendo en un percance automovilístico cuando vaya caminando por la banqueta y un carro que se le salió fuera de control a su conductor por ir manejando a exceso de velocidad se suba a la banqueta justo en el lugar por donde vaya pasando a la hora exacta en que vaya pasando por dicho lugar, porque estar en el lugar equivocado a la hora equivocada es algo por lo que en ningún momento debemos sentirnos culpables ya que nadie es adivino. Simplemente son cosas que pasan.
lunes, 16 de noviembre de 2009
lunes, 9 de noviembre de 2009
Los chistes de Catón
En esta entrada voy a reproducir varios de los chistes del famoso editorialista-comentarista-humorista tocayo mío, Armando Fuentes Aguirre originario de Saltillo, Coahuila, Licenciado en Letras Españolas y maestro universitario, mejor conocido en México como Catón (Catón es una palabra cuyo significado en Latín es “el ingenioso”), el cual desde hace varias décadas tiene una columna titulada “DE POLITICA... Y COSAS PEORES”. Estos chistes provienen de unos recortes de periódico que mi madre fue guardando con el paso del tiempo, pero para los cuales ya no tenía espacio en donde guardarlos. Me pareció más efectivo pasar los mejores chistes de esos recortes subiéndolos a Mi Bitácora Diaria en Internet compartiéndolos con la comunidad mundial que simplemente despacharlos al cesto de la basura. En algunos de los chistes se requiere poner cierta atención para poder captar su doble sentido o la satírica que están transmitiendo, pero este pequeño esfuerzo bien vale la pena. A diferencia de los chistes de color subido francamente groseros a los que recurren los cómicos de la actualidad para poder llamar la atención, estos chistes tienen su ingenio sin caer en lo burdo. Ojalá y quienes leen mis bitácoras disfruten tanto de ellos como yo los he disfrutado. Hago la aclaración de que en algunos chistes las NOTAS no las he puesto yo, las puso el mismo Catón y son reproducidas en la misma forma en la cual aparecieron.
Dice una señora a otra: “Mi hija tuvo un bebé prematuro”. “¿De veras?” - se interesa la otra. “Sí -confirma la primera-. Nació y mi hija todavía no se casa.”
Dice un sujeto a otro: “Me enteré de que Mensilio huyó de la ciudad llevándose a tu esposa, y eso me sorprendió bastante, pues siempre creí que era uno de tus mejores amigos.” “Ahora es el mejor” -responde el tipo-.
Babalucas consiguió un trabajo de mesero en un restaurante. Un día llega el dueño y lo encuentra en la cocina sentado en un gran trozo de hielo. “¿Qué haces, Babalucas? -le pregunta asombrado-. ¿Por qué estás sentado en el hielo?”. Y responde Babalucas: “Es que ahí está una señora que quiere refresco de cola”.
“Doctor -dice el agente de policía al médico legista-. Tenemos el apellido del hombre al que le pasó por encima la aplanadora. Es Iribarrigorrencoecheaiturrigarro.” “Muy bien -dice el el doctor-.¿Y no sabe cómo se apellidaba antes de que la aplanadora le pasara encima?”
Estaban dos chicas platicando. “Tuve una pelea con mi novio -cuenta una- y dejamos de hablarnos. Anoche me subió en su automóvil y sin decirme nada me hizo objeto de sus torpes impulsos de lubricidad, lascivia, concupiscencia y libinosidad”. “¿Y por qué no le dijiste que no hiciera eso” -le pregunta la amiga-. Contesta la muchacha: “Imposible. Ya te dije que no nos hablamos.”
Dos amigos italianos se encontraron en una playa del Adriático. Uno de ellos se miraba rico y próspero. “Se ve que te ha ido muy bien -le dice el otro-. ¿A qué te dedicas?”. “Pelo papas” -le contesta el tipo. El otro se asombra. “¿Pelando papas has hecho tu dinero?”. “Sí -explica el sujeto-. Soy el peluquero oficial del Vaticano”.
Un recién casado hablaba de las virtudes de su flamante mujercita. “Es muy rápida en la cocina -decía con orgullo-. Prepara la comida en un abrir y cerrar de latas.”
Decía una muchacha hablando de su novio: “No nos hemos casado porque tenemos una pequeña diferencia de opiniones. Yo me quiero casar con una ceremonia sencilla y él no se quiere casar”.
Los dos amigos contemplaban en el museo de arte la hermosa estatua en mármol de una Venus. Comenta uno: “Así tiene su cuerpo mi señora”. “¿Así de hermoso” -pregunta el otro-. “No, responde el tipo-. Así de frío”.
Un agente viajero estuvo con una suripanta la víspera de su regreso a casa. La daifa le dió unos besos mordelones que le dejaron marcas visibles en el cuello. ¿Cómo llegar así con su señora? El sujeto ideó una estratagema. Con pasos tácitos entró en su casa y antes de que lo viera su mujer buscó a su hijo pequeñito y sin decir agua va le propinó un par de fuertes nalgadas. El chiquillo, asustado y dolorido, rompió en llanto. Llega corriendo la señora. “¿Qué sucedió” -le pregunta alarmada a su marido-. “¡Anda! -responde éste haciéndose el enojado-. Llego con ganas de ver al niño y él en vez de darme besitos se suelta mordiéndome. Mira nomás cómo me dejó el cuello”. “Hiciste bien en pegarle -declara la señora-. ¡Si vieras cómo me tiene a mí el busto y las piernas!”.
La esposa del alcalde compró un perico que había pertenecido a un miembro de la oposición. El primer día el loro comenzó a gritar: “¡Abajo el partido del gobierno!”. El alcalde agarró una escoba y se dirigió amenazante hacia el cotorro. Este huyó para ponerse a buen recaudo, y en su desatentado vuelo fue a caer en el corral vecino. Estaba ahí un gallo que hacía honor al viejo dicho popular: “¡Ah, quién tuviera la dicha del gallo, que nomás se le antoja y se monta a caballo!”. Tan pronto el gallo vió al cotorro se lanzó hacia él con intenciones no muy sanas. Cumplidas las tales intenciones quedó el lorito aturrullado y con las plumas en desorden. “¡Carajo! ¿Así tratan aquí a los refugiados políticos?”
Con la voz, el tono y el “cantadito” de un voceador de periódicos, el niño le pregunta a su mamá: “Oooye, mamá: ¿por quéee cada vez que paaasa el vendedor de periódicos mi papáaaa se le queeeda viendo muy feeeeoooo?”.
“Llega Pepito corriendo con un señor y le hace una pregunta: ¿Perdone, señor: ¿de casualidad no perdió usted un billete de cien pesos?” “Ejem... -vacila el señor-. Este... Sí, niño. En efecto, ahora me doy cuenta de que perdí un billete de 100 pesos. Se me debe haber salido de la bolsa. ¿Tú lo encontraste?”. “No -dice Pepito-. Nada más quería saber cuántos caones han perdido hoy billetes de 100 pesos. Con usted llevo ya 72.”
Una madama anunció su propósito de poner una casa de mala nota en cierto pueblo. El señor cura se opuso terminantemente al proyecto. Para resolver la cuestión el presidente municipal tuvo una idea: se haría una votación; los que quisieran aquella casa votarían “Sí”; los que se opusieran a ella votarían “No”. Así se hizo, en efecto. Reunidos en el salón municipal el señor cura dirigió un encendido sermón en el cual exhortó a todos a votar “No”, amenazando a quienes votaran afirmativamente con excomunión, anatema y eternal condenación. Los presentes procedieron a votar, y luego el secretario del ayuntamiento procedió a sacar los votos de la urna y a leerlos en voz alta. Comenzó: “Sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí, NO...” Un ayudante iba escribiendo los votos en un pizarrón. Y siguió el secretario: “Sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí, NO...”. “¡Carajo! -dice indignado uno de los votantes a su vecino de asiento-. ¡El cura ya votó dos veces!”
La monita dejó a su monito al pie de una palmera, pues se le había dormido, y fue al otro lado del río en busca de comida. En eso el río se creció. La monita, angustiada, pues temía que la corriente le arrebatara a su hijo, fue con el cocodrilo y le pidió que la pasara a la otra orilla. El cocodrilo le dijo que la pasaría, pero que al llegar le cobraría el favor en especie. La monita, que era decente, se negó. Le pidió enseguida el favor al hipopótamo, y el gran animal le dijo aquello mismo: la pasaría, sí, pero tendría que entregarle a cambio sus encantos. La monita, virtuosa y pudibunda, se negó con enojo a la demanda. Fue luego con el elefante, y le pidió que la pasara al otro lado. “Claro que sí -le dijo con amabilidad el paquidermo-. Sube a mi espalda, y yo te llevaré”. Pregunta la monita, cautelosa: “Y al llegar a la otra orilla, ¿no me pedirás nada?”. “No veo qué podría pedirte -responde el elefante-. Sube, y te pasaré”. Así lo hizo, en efecto. Llegaron al otro lado del río, y el paquidermo se despidió de la monita. Va ella con los demás animales, congregados ya todos en la orilla, y les dice con tono de quien transmite un chisme sensacional: “¿A que no saben qué? ¡El elefante es maricón!...”
Afrodisio invitó a Susiflor a cenar en su departamento. Ella hablaba y hablaba sin cesar. Le dice su salaz anfitrión: “Me gustaría que fueras como mi perrita”. “¿Cómo?” -pregunta Susiflor-. Responde él: “Mueve más la colita que la boquita”.
“Lo siento, Afrodisio -le dice Susiflor al ardiente galán que la asediaba-. Por mucho que hagas no creo que puedas entrar en mi corazón”. “No es ahí donde quiero entrar” -replica el seductor salaz.
La abuelita le contaba un cuento a su nieta. “Entonces la princesa le dió un beso al horrible sapo y lo puso con ella en su cama. Al día siguiente el sapo amaneció convertido en un apuesto príncipe”. “No lo creo -manifiesta con escepticismo la chiquilla-. Y estoy segura de que los papás de la princesa tampoco se tragaron el cuento”.
El palomo y la paloma mensajera quedaron de encontrarse en el parque de la ciudad para entregarse ahí a sus escarceos amorosos. Llegó puntual el palomo a aquella cita, pero no estaba ahí la paloma. Seis horas la esperó. Llegó por fin la palomita. «¿Qué te pasó? -le pregunta el palomo, preocupado-. ¿Por qué tardaste tanto?». Responde la paloma: «El día estaba tan bonito que decidí venirme caminando...».
“¿Soy el primer hombre que te pide hacer el amor?” -dice el galán a la muchacha-. “Sí -responde ella-. Todos los demás me lo hicieron sin pedírmelo”.
Dos niños pobres fueron invitados a una fiesta con niños ricos. Había alberca en la casa del festejo, y todos los pequeños asistentes hubieron de quitarse juntos su ropita para ponerse sus trajecitos de baño. Terminada la ocasión, ya en el camino de su casa, uno de los niños pobres le dice al otro, un poco mayor que él: “¿Te fijaste que los niños ricos tienen el pitochín muy chico? ¿A qué se deberá eso?”. Explica el otro niño: “Es que tienen juguetes, y con ellos es con lo que juegan...”
Llega el marido a su casa en la madrugada y se sorprende al ver luz en la recámara. Su señora estaba tendida en la cama, exhausta y agotada. “¿Que sucedió, Espenta?” -le pregunta con alarma-. “Me hallaba ya dormida -responde la señora sin aliento- cuando entró un individuo en la recámara. Yo creía que eras tú”. “¡Qué barbaridad! -exlama el señor-. ¿Y qué se llevó?”. “Bueno -dice entonces la señora muy sofocada-. Tanto como llevárselo, no se lo llevó.”
Cinicio era un sujeto desfachatado y flojo. Su pigricia era sólo superada por su desvergüenza. Un día le advierte su señora: “Te voy a dejar”. “Qué” -replica con laconismo el cínico haragán.
Don Geroncio, señor de cierta edad, le propuso matrimonio a Himenia Camafría, madura señorita soltera. La invitó a cenar en el mejor restaurante de la ciudad y ahí le dijo: “Deme el sí, señorita Himenia, y haré que sean realidad sus sueños”. Responde ella: “Bueno, pero aquí no.”
Babalucas fue a jugar golf por primera vez. Se puso dos pantalones. “¿Por qué dos” -le pregunta con extrañeza su mujer. Declara el majareta: “Por si hago un hoyo en uno”.
Se encontraron dos amigas. “¿En qué trabajas” -pregunta una-. “No trabajo -se ufana la otra-, vivo de mis acciones”. “¿De la bolsa? -inquiere con admiración la amiga”. “No -explica la otra-. De mis malas acciones.”
Un español se quejaba con un amigo de que la menor alusión al sexo lo hacía terminar. “¡Coño!” -se asombra el amigo-. Y el tipo: “¡Ay, ay, ay, ahhhhh!”.
Llorosa y compungida la muchacha hace saber a sus papás que estaba embarazada. “¡Maldición! -grita el progenitor enfurecido-. ¿Y quién es el canalla que mancilló mi honor?”. “Es Fecundino Sharpshooter” -responde entre sus lágrimas la chica-. “¡Ah, canalla! -clama fuera de sí el señor-. ¡Ahora mismo voy a exigirle una reparación.!”. “No vayas, papá -le recomienda la muchacha-. Si le pides una reparación a lo mejor querrá que yo le devuelva lo que me pagó”.
El joven Quintiliano casó con Pirulina. La noche de bodas le pregunta: “¿Soy yo el primer hombre con el que haces el amor?”. “No, -confiesa Pirulina-. Antes que tú hubo otros cuatro”. “¡Ah! -prorrumpe hecho una furia Quintiliano-. ¡Falsa mujer! ¡Artera, fementida, aleve, ruín, desleal! ¡Felona, perjura, falsa, hipócrita, falaz!”. “¿Ya ves cómo eres, Quintiliano? -se queja ella con lamentosa voz-. ¡Y luego dicen que no hay quinto malo!”
Un muchacho va a un partido de beisbol acompañado por su novia, que nunca había visto el juego. El muchacho va explicando cada jugada a la chica. Va a batear un pelotero. El pitcher lanza. “Ball one” -dice el ampayer-. Otro lanzamiento. “Ball two” -vuelve a decir-. El pitcher tira nuevamente. “Ball three” -decreta el ampayer de nueva cuenta-. Otra pichada. “Ball four” -dice el ampayer-. El jugador se encamina lentamente a la primera. “Oye -pregunta la muchacha a su novio-. Tú me dijiste que para ir a la primera base el jugador debía pegarle a la pelota-. ¿Por qué ése fue a la base?”. “Es que tiene cuatro balls” -explica el novio-. Y dice la muchacha: “Ah, con razón va tan despacito.”
Esta es la historia de una muchacha pueblerina que fue a la gran ciudad a hacer estudios universitarios. Al año regresó a su pueblo con un bebé. “¿Y de quién es el niño?” -preguntó indignado el papá. “No lo sé” -responde llorosa la muchacha-. “¿Quieres decir que ni siquiera eso aprendiste en la universidad? ¿A decir con quién tengo el gusto?”
La familia de Pepito era católica, y protestante la de Rosilita, su pequeña vecina. Pepito tenía tres años; Rosilita también, y así sus respectivas mamás no vieron inconveniente en bañarlos juntos y encueraditos en la alberca de plástico que una de ellas había puesto en el jardín. La niña se le queda viendo a Pepito -toda una novedad para ella- y luego comenta como para sí: “Caramba, yo había oído decir que hay mucha diferencia entre católicos y protestantes, pero nunca pensé que la diferencia fuera tanta”.
Pepito se quedó dormido en el asiento de atrás del coche de su hermano. El muchacho, que no se dió cuenta de que Pepito estaba ahí, fue en el coche por su novia y la llevó a un romántico paraje. Pepito despertó al oír que su hermano decía a la muchacha: “¡Chin! ¡Se me acabó la gasolina!”. Y Pepito, inadvertido, fue testigo silencioso de la más tórrida escena de amor que sus infantiles ojos habían contemplado. Al día siguiente Pepito invitó a su vecina Rosilita a pasear con él en su triciclo. Se dirigió a la parte de atrás de la casa y detuvo en un protector rincón el viejo velocípedo. “¡Chin! -le dice a Rosilita- ¡se me acabaron los pedales”.
La tía de Rosilita fue a su casa. Venía hecha un brazo de mar: se había pasado cinco horas en la sala de belleza. “¿De dónde vienes, tía?” -quiso saber Rosilita. “De la sala de belleza” -responde ella. Pregunta la pequeña: “¿Estaba cerrada?”.
En el parque de una ciudad hay dos estatuas que representan a un bello joven y a una hermosa muchacha, ambos sin más vestimenta que una hoja de parra. Cierto día baja un ángel del cielo y dice a las estatuas: “Voy a infundir en ustedes el don de la vida. Durante media hora podrán hacer lo que quieran luego volverán a ser estatuas”. Las toca con su varita mágica y ¡ping! las estatuas cobran vida. El joven contempla a la hermosa muchacha y le dice: “¿Estás pensando lo mismo que yo?”. “Sí” -responde la muchacha-. No se dicen nada más. Se toman de la mano, saltan de su pedestal y se esconden en unos arbustos. Los arbustos se agitan, se ve mucho movimiento, y poco después salen los dos con una sonrisa de satisfacción. “¿Qué te pareció?” -pregunta el muchacho-. “Fantástico -responde la chica-. No creí que se sintiera tan bonito”. Ambos se disponen a subir a su respectivo pedestal cuando les dice el ángel: “¡Ey, todavía les quedan otros quince minutos!”. “¿Vamos otra vez?” -dice la muchacha-. “Bueno -dice el muchacho-. Nomás que ahora tú me detienes la paloma y yo le hago lo que las palomas nos han estado haciendo a nosotros todos estos años”.
El flemático lord inglés llegó inesperadamente a su casa sólo para encontrar a su Lady en comprometida situación con el chofer. “Querida -dice el lord sin perder la calma-, es obvio que después de eso nuestra relación no puede continuar. Los abogados se reunirán y discutirán la forma de nuestra separación. En cuanto a usted, James, me apena recibir esta sorpresa cuando yo le había otorgado toda mi confianza. Y a ambos les voy a pedir una cosa: ¡Dejen de hacer lo que están haciendo por lo menos mientras yo estoy hablando!”
En la plaza del pueblo el alcalde decía un discurso. Parada en su aro en la ventana de una casa, una periquita interrumpía cada momento al orador con trompetillas y majaderías variadas. Un gendarme va, habla con la señora de la casa y la señora quita a la periquita del aro y la avienta al corral de las gallinas. De inmediato dos gallos la arrinconan con las peores intenciones, pero la periquita los detiene. “Un momento -les dice-. A mí me trajeron por agitadora, no por pindonga”.
Dos labriegos pobres entraron a robar elotes en la milpa de Don Poseidón, rico hacendado. A fin de cometer el latrocinio se cubrieron con el cuero de una vaca. De pronto el que iba adelante le dice a su compañero: “Compadre, vámonos, ahí viene el cuidador”. Empiezan a escurrirse, cautelosos sin dejar de taparse con el cuero. “Compadre -vuelve a decir el que guiaba-. Se acerca el cuidador, apriete el paso”. Se apresuran los ladrones. Y otra vez, el de delante: “Compadre, el cuidador nos viene pisando los talones, apriete el paso”. Ya para llegar a la cerca, exclama el guía con alarma: “¡Compadre!”. “¿Qué? -se asusta el otro-. ¿Ahí viene el cuidador? ¿Aprieto el paso?”. “¡Apriete todo! -responde el guía-. ¡Ahí viene el toro!”.
Lord Feebledick entró en la alcoba conyugal y sorprendió a su esposa, Lady Loosebloomers, en torpe trato de carnalidad con el guardabosque Wellhan Ged, fornido mocetón. A nadie habrá de sorprender que a la vista de ese tan deplorable cuadro haya prorrumpido el Lord en clamorosos dicterios de mucho peso y significación. A tales magnílocuos denuestos respondió Lady Loosebloomers con tono quejumbroso: “Eres injusto, Feebledick. Yo te perdoné aquella vez que no me acercaste la silla en el restaurante.”
Doña Ignaria, nueva rica, no entendía mucho de arte. Conversaba con su flamante amiga, la señora Highrump, y esta le dijo: “Ahora me dedico a la pintura. En estos días pinto una naturaleza muerta”. Arriesga con cautela Doña Ignaria: “¿Un retrato de tu esposo?”
Un diplomático extranjero acreditado en México adquirió un anillo de compromiso en una joyería del populoso barrio de La Lagunilla. “Por favor -pidió al joyero-, ponga en la sortija las iniciales de mi novia. Se llama Pelagia Ulpiana Tírmon Agranot”. Se queda pensando el de la tienda y luego sugiere: “¿Qué le parece si mejor le pongo sencillamente TE AMO?”.
La joven muchacha le dice a su ansiosos galán: “Es cierto Romeliano: me regalaste unos guantes y te los acepté, y te dejé que me besaras las manos. Pero ahora que me traes un brassiére a regalar... No sé, Romeliano... La verdad no sé...”
“Doctor -dice un señor al médico-, mi señora padece insomnio”. “Eso no es problema -responde el doctor sacando de su escritorio unas píldoras y unas ampolletas-. Con esto le vamos a quitar el insomnio a su señora. Mire: mañana, cuando cante el gallo, déle estas píldoras. Y a la hora en que llegue el lechero, que es seguramente la hora en que despierta su señora, póngale en una lavativa estas ampolletas”. El señor se va con el remedio. A los dos días regresa. “¿Cómo siguió su esposa? -le pregunta el galeno-. ¿Pudo dormir anoche?”. “No, doctor -responde el tipo-. Y vengo a que me dé otro tratamiento. Al gallo como quiera lo hice que se tragara las píldoras, pero ¡ah cómo batallé para ponerle la lavativa al maldito lechero!”.
“¡Ay padrecito! -dice muy compungida la rancherita al confesarse-. Me acuso de qui cuando voy a l’agua me persigue Lasciviano”. “No te inquietes, Silvestra -la tranquiliza el sacerdote-. El hecho de que ese muchacho te persiga no constituye un pecado por parte tuya”. “¡Pero es qui siempre mi’alcanza, siñor cura!” -confiesa la rancherita.
Pepito llega muy triste de la escuela. “Reprobé el examen” -dice a su papá-. “¿Por qué” -se enoja el padre-. “Porque no llevé el acordeón” -contesta el niño. “Hiciste muy bien en no llevarlo -dice el señor-. Es mejor reprobar que engañar y engañarse llevando un acordeón”. “Pero aquí tenía que llevarlo -dice Pepito-. El examen era de música”.
El padrecito está confesando a una muchacha. “Me acuso, padre -dice ella-, de que me encantan los hombres”. Y sigue la relación de sus culpas. El padrecito se queda dormido ahora por el cambio de horario, por lo que la muchacha se retira. En eso llega un mariconcito y se hinca también para confesarse. Con el ruido se despierta el padrecito y creyendo que la muchacha sigue ahí, dice: “Así que te encantan los hombres, ¿eh?”. “¡Brujo, brujo!” -exclama sorprendido el mariconcito.
El señor que hace tatuajes acaba de dibujar uno en el pecho del hombrote. Le puso un corazón atravesado por una flecha y abajo la inscripción “AMO A LUIS”, y le dice: “La A que falta se la pongo tan pronto me pague”.
El papá, que era un doctor a la antigüita que todavía hacía visitas domiciliarias, invitó a su hijo a acompañarlo en su recorrido, pues quería ver qué tal era el muchacho como médico. El primer paciente que visitaron era un señor. “Oiga -le dice el muchacho tan pronto entran a la habitación del enfermo-. Usted tendrá problemas si sigue fumando como lo hace”. Al salir pregunta el papá al muchacho: “¿Cómo supiste eso?”. “Muy sencillo -dice él-. El cenicero estaba lleno y había tres cajetillas vacías en el suelo”. Llegan después a ver a una señora. “Oiga -le dice el muchacho-. Si sigue usted tomando leche un día de estos va a tener un problema gravísimo”. La señora se ruboriza, inclina la cabeza y dice: “Tiene usted mucha razón, doctor”. Asombrado por la percepción de su hijo pregunta el médico cuando salen: “¿Y eso cómo lo supiste?”. “Muy sencillo -responde el muchacho-. Vi los pies del lechero saliendo de abajo de la cama”.
Don Algón veía que Don Martiriano, su empleado más antiguo, andaba preocupado. “Deje sus problemas en casa” -le aconseja. “Imposible -responde con tristeza Don Martiriano-. Mi mujer no aguanta estar ahí”.
La esposa de Afrodisio le encontró pintura de lápiz labial en la camisa. “¿Cómo explicas esto?” -le pregunta poseída por celos igniscentes-. “Debe haber alguna explicación -responde el cínico Afrodisio-. Dame una media hora para pensarla”.
El recién llegado al Salvaje Oeste le pregunta al viejo explorador: “¿Por qué se están pintando el rostro esos indios? ¿Hay guerra?”. “No, -responde el viejo explorador-. Son jotos”.
Libidiano conoció en la fiesta a una chica de busto opulento, ubérrimo, magnificente. Lucía la muchacha un gran collar de perlas que le caía sobre el pecho. Le pregunta Libidiano lleno de salacidad: “¿Puedo acercar mi oídos a sus perlas, señorita? Me han dicho que se oye en ellas el rumor del mar”. (NOTA: El mar se oye en los caracoles, no en las perlas. La equívoca petición de Libidiano se explica no tanto por su ignorancia de los fenómenos acústicos cuanto por sus eróticos y mórbidos impulsos.)
El padre Arsilio se conturbaba mucho porque sus feligreses se dormían cuando él pronunciaba su sermón. Fue con el señor obispo, quien tenía fama de orador atrayente y persuasivo, y le consultó el caso. “Es cosa fácil ganar la atención del auditorio -lo instruye Su Excelencia-. Cuando noto que mis oyentes empiezan a distraerse interrumpo el sermón y digo: ‘Hermanos: anoche tuve en mis brazos a una mujer’. Todos paran las orejas y se enderezan en sus asientos, sorprendidos. Entonces yo continúo: ‘Sí, queridos hermanos. Vino mi madre a visitarme y yo la abracé lleno de filial amor’ Ya reconquistada la atención de la gente prosigo mi sermón.” Al padre Arsilio le pareció excelente la táctica del señor obispo, y se propuso ponerla en práctica cuanto antes. En el sermón del domingo la gente, como de costumbre, se empezó a dormir: “Hermanos -profiere el padre Arsilio-. ¡Anoche tuve en mis brazos a una mujer!”. Los feligreses, estupefactos, abren los ojos. Vacila el padre Arsilio y luego dice confuso y lleno de turbación: “Perdonen ustedes: ya no me acuerdo de lo demás”.
La señora aguardaba ansiosa frente a la puerta del quirófano. Sale el cirujano, y la señora se precipita hacia él. “¡Doctor! -le pregunta con ansiedad muy grande-. ¿Cómo salió mi marido de la operación?”. “¡Caramba, señora! -responde el galante el cirujano-. Con ese color de pelo que usted tiene, y con esa blancura de su tez, ¡qué bien le va a lucir lo negro!”.
Los recién casados pasaron la noche de bodas en la casa donde iban a vivir. Cuando llegó la mañana el novio quiso darle una sorpresa a su flamante mujercita y fue a preparar el desayuno. Ella, mientras tanto, se puso a hablar por teléfono con su mamá. Llega él con la charola del desayuno; la muchacha mira los huevos con tocino que su marido le había preparado y luego dice por teléfono: “Por lo que veo, tampoco es bueno para cocinar, mamá”.
Otros recién casados tomaron tan en serio su papel que al mes ya estaban desfallecidos, agotados. Tan débiles se sintieron que fueron a ver al médico. “Están ustedes al borde de la extenuación -les indica el facultativo-. Si siguen haciendo el amor hay incluso el peligro de un colapso mortal. Suspendan totalmente por un mes su actividad amorosa”. Tomando en cuenta el riesgo los recién matrimoniados decidieron seguir el consejo del doctor. Para evitar tentaciones ella siguió en la recámara del segundo piso y él se instaló en un cuarto de la planta baja. La primera semana de abstinencia representó para los jóvenes esposos un grande sacrificio. Mayor fue el sufrimiento en la segunda semana de abstención. La tercera fue un verdadero tormento. Cuando llegó el segundo día de la última semana el muchacho ya no pudo más. Desesperado, ardiendo en las llamas del amoroso impulso, empezó a subir por la escalera que conducía al segundo piso. A medio camino encontró a su mujercita. “¡No puedo más!” -le dice el muchacho con encendido acento-. “¡Tengo que estar contigo aunque me muera!”. “Que bueno, mi amor -exclama ella cayendo en los brazos del maridito-. ¡Precisamente yo iba a tu cuarto a suicidarme!”.
En la hora del café todos en la oficina se quejaban de lo mal que los trataban sus esposas. Toma la palabra don Wormilio. “Pues lo que es a mí -comenta- Jodoncia me quita los zapatos”. “¿Cuando llegas del trabajo?” -se asombran sus compañeros-. “No -responde muy triste don Wormilio-. Cuando quiero salir por las noches”.
Doña Jodoncia, se inquietó al ver que su esposo, dormido en la cama al lado suyo, se sonreía en sueños. “¡Wormilio -le pregunta con acrimonia tras despertarlo con una violenta sacudida- ¿A qué esa cara de satisfacción? ¿Por qué te ríes así?”. Responde tímidamente Don Wormilio: “Estaba soñando que había inventado el sexo, y todos tenían que pagarme regalías”.
En el vagón del ferrocarril todos los pasajeros se disponían a dormir. De pronto en la penumbra, se oye la voz de una chica que dice: “Pepe, no puedo creer que ya estemos casados”. Al rato, otra vez la misma voz: “Pepe, no puedo creer que ya estemos casados”. Y al rato otra vez: “Pepe, no puedo creer que ya estemos casados”. Entonces, del fondo del vagón: “Convénzala, Pepe, para que ya nos deje dormir”.
La dueña de la casa toca la puerta del cuarto de la muchacha, su inquilina, y le pregunta: “Rosibel: ¿me engaño o tiene usted en su habitación a un caballero?”. Responde la muchacha: “Doña Besuga, por la forma en que se comporta no creo que lo sea”.
El señor llega a su casa y encuentra a su señora con un desconocido. Con expresión de mucha lástima pregunta el señor al amigo de su esposa: “Dígame la verdad, pobre amigo mío: mi mujer le sabe algo y lo está chantajeando, ¿verdad?”.
Un señor protestaba por la pésima calidad de la casa que le habían hecho. “Las paredes son muy delgadas, ingeniero” -le dice con disgusto-. “Bueno -se justifica el ingeniero-. Tome usted en cuenta que todavía no les ponemos el papel tapiz”.
El pollito le pregunta a la gallinita: “Mami, ¿te costó mucho traerme al mundo?”. “Cómo no, hijito -responde la gallinita con ternura-. Me costó un huevito”.
Dice un tipo a otro: “El señor cura de mi pueblo es tan estricto en cuestiones de moral que los novios tienen que ir a casarse a otro pueblo”. “¿Por qué?” -se sorprende el otro-. Explica el tipo: “Dice que él no celebra matrimonios porque no puede participar en un juego de azar”.
“Clodoveo tiene dos personalidades -dice la muchacha a su amiga-. Unas veces es inteligente, simpático, entretenido, amable, dueño de una chispeante conversación, y otras veces no trae dinero”.
Un individuo entra corriendo en la demarcación de policía y entregando una pistola al oficial de guardia le dice: “¡Enciérreme, acabo de dispararle a mi suegra!”. “¿Y la mató” -pregunta el policía. “¡No -responde el tipo demudado por el terror-. ¡Por eso quiero que me encierre!”
Había un rico señor que hacía alarde siempre de su valiosa colección de cuadros, en especial de un Picasso que era su mayor orgullo. Sin embargo, una de las criaditas de la casa decía con tono despectivo: “¡Bah! El señor presume de que tiene un Picasso fabuloso, y no tiene más que un piquillo de este tamaño”.
Minicio, joven proclive a la expresión poética, le declaró su amor a Gordoloba, muchacha que pesaba por lo menos 45 arrobas (Arroba: medida de peso equivalente a 11 kilos 502 gramos). Ella le correspondió. Feliz y emocionado Minicio comunicó la noticia a sus amigos y les dijo con exultación: “¡He encontrado por fin el sendero del amor!”. “¿Sendero? -comenta uno-. ¡Caón, a mí me parece más bien autopista de 16 carriles!” (NOTA: Con acotamiento de 20 metros a cada lado).
Decía la recién casada: “A mi marido le encanta el jaibolito que le preparo cuando llega del trabajo. Es siempre la segunda cosa que me pide”.
Don Astasio abrió la puerta de la recámara y se llenó de asombro al contemplar una visión insólita: su esposa estaba en la cama in puris naturalis, es decir sin nada encima, y respiraba con singular agitación. Sospechando que si hubiera entrado sin hacer ruido no la hubiera encontrado sin nada encima don Astasio miró en el closet y sus sospechas quedaron confirmadas: ahí estaba un desconocido. Antes de que don Astasio pudiera abrir la boca le pregunta el sujeto: “Perdone, amigo: ¿por esta esquina para el autobús Ruta 36?”. “¡Qué esquina ni qué autobus! -bufa con iracundia don Astasio-. ¿Qué hace usted en el closet de mi recámara?”. El individuo finge gran asombro. Vuelve la vista a todos lados y luego exclama boquiabierto: “¡Caramba, cómo tardan ahora los autobuses! ¡De veras ya hasta construyeron!”.
Uno de esos enredones que nunca faltan le dice a don Astasio: “Me da pena tener que contarte esto, pero tu esposa hace el amor con todos los hombres del pueblo”. “¡No es cierto! -prorrumpe don Astasio-. ¡Lo que me dices es una falsedad!”. “Perdóname -insiste el otro-, pero es la verdad. Tu esposa hace el amor con todos”. “¡Mentira! -rebufa don Astasio. ¡Conmigo no lo hace!”.
Llegó don Astasio a su casa y, como de costumbre, sorprendió a su mujer, Facilda Lasestas, en amoroso abrazo con un desconocido mocetón. Don Astasio lleva consigo siempre, para ocasiones como esa, una libreta en donde tiene apuntado un catálogo de expresiones interjectivas para denostar con ellas a su esposa cuando la halla en el vértigo del regodeo salaz. Sacó, pues, su libreta don Astasio y dió salida a las siguientes voces: “¡Leperuza! ¡Loca del cuerpo! ¡Pecadriz!”. Sin desatar el estrecho lazo que la ligaba al brozno, sin siquiera frenar el vaivén de su excecrable coición, le dice con tono admonitorio la mujer: “¡Ay, Astasio! ¿Otra vez con tus celos?”.
En el día de campo los jóvenes se pusieron a jugar al futbol. Cerca de ahí pastaban dos vaquitas. Llegaron sendos toros y se pusieron a cumplir con ellas el eterno rito de que se vale la naturaleza para lograr la perpetuación de las especies. En pleno rito estaban cuando una de las vaquitas se vuelve hacia la otra y le pregunta: “¿Qué te parece, Clarabella, si después de los toros nos vamos al futbol?”
Libidiano pidió la mano de Pirulina. Don Poseidón, papá de la muchacha, se la concedió. “Espero -dice el solemne genitor a los futuros contrayentes- que el matrimonio de ustedes salga tan bien como el de mi esposa y mío”. “Nos va a salir mejor, don Poseidón -le asegura el galancete-. Hemos estado practicando”.
La recién casada le sirvió a su flamante maridito el postre de la primera comida que le había preparado. El muchacho mira el platillo y pregunta lleno de confusión: “¿Pay de fresa con guacamole?”. “A mí también me extrañó, cielo -responde la muchacha-. A lo mejor se me pegaron las hojas del rectario”.
Hamponito, el hijo del narco de la esquina, fue a una fiestecita de cumpleaños. El niño agasajado sopló para apagar las velitas del pastel. Hamponito sacó una pistola y ¡bang, bang! le disparó. Con sorda voz a lo George Raft dice entre dientes guardando la pistola: “Eso le pasa a los soplones”.
En la entrada del Metro el borrachín le pregunta a la linda muchacha con tartajosa voz: “Perdone usted, hermosa señorita: ¿cuánto cuesta el metro?”. La muchacha se lo dice. “Entonces -pide el temulento- déme 50 centímetros. De la cintura para abajo, por favor”.
La mamá de Paquito fue a inscribirlo en primer año de kinder. Le entregaron un cuestionario que debía llenar. Una de las preguntas decía: “¿Tiene su hijo cualidades de líder?”. La señora responde con la verdad: “No, pero ayuda muy bien cuando se le pide su colaboración”. Días después la señora recibió una carta firmada por la directora: “Tengo el gusto de informarle que Paquito fue admitido en el grupo A del Primer Año. Ese grupo consta de 35 alumnos: 34 líderes y Paquito”.
Con un ejemplar del Playboy en la mano Babaluquitas daba vueltas y vueltas sobre su propio eje. “Carajo -dice con remordimiento-. Mis pobres padres trabajando y yo aquí emborrachándome con viejas”.
A un agente viajero se le descompuso su coche en medio del campo. Era de noche y llovía copiosamente. El hombre vió a lo lejos una luz y caminó hacia ella en medio de la tempestad. Llegó a la casa de un granjero. Después de explicarle su problema le pidió: “¿Podría pasar la noche aquí?”. “Con todo gusto -acepta el hombre-. No tengo mujer ni hijas, y hay varias camas disponibles”. El agente hace una pausa y luego pregunta: “¿A qué distancia está la casa del próximo granjero?”.
Hubo quejas en el club de damas porque el conferencista especializado en moral sexual dijo a las socias: “Estoy seguro que la mitad de ustedes han tenido una aventura extramatrimonial”. La directiva exigió al conferenciante que se retractara. “Me retracto -concedió el tipo-. Estoy seguro de que la mitad de ustedes NO han tenido una aventura extramatrimonial”.
Un investigador del comportamiento humano hizo que una pareja de esposos llenara sendos cuestionarios. Al revisarlos encontró algo que le llamó mucho la atención. “Debe haber un error -les dice-. En el renglón correspondiente al número de veces que hacen el amor, usted, señor, escribió: una vez por semana. En cambio usted, señora, puso que entre dos y diez veces cada noche”. “Sí -conforma el marido-. Es que ella en eso trabaja”.
Catón preguntó a un señor ya grande que vendía ostiones si es verdadera la conseja que asigna a los ostiones la mirífica virtud de potenciar el desempeños sexual cuando tal potenciación se necesita, y éste le dijo: “¡Ay, amigo! ¿Usted cree que si deveras sirvieran para eso los vendería yo?”.
Cierto sujeto fue a consultar a un especialista. Se quejaba de no durar en la palestra del amor carnal. “¿En qué momento acaba?” -pregunta el facultativo-. “Entre cómo te llamas y de qué signo eres”.
Antes de los tiempos de la invención del Viagra, un señor ya entrado en años se encontró al despertar con que mostraba una aptitud que hacía tiempo no mostraba. Con premura llamó a su mujer: “¡Rápido, vieja! ¡Ven! ¡Ven pronto!”. Ella llegó corriendo a la recámara y al ver lo que miró empezó a aligerarse con prontitud la ropa. “¡No te llamé para eso! -la interrumpe el marido-. ¡Trae la cámara! ¡Esto no me lo van a creer en el café”.
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Dice una señora a otra: “Mi hija tuvo un bebé prematuro”. “¿De veras?” - se interesa la otra. “Sí -confirma la primera-. Nació y mi hija todavía no se casa.”
Dice un sujeto a otro: “Me enteré de que Mensilio huyó de la ciudad llevándose a tu esposa, y eso me sorprendió bastante, pues siempre creí que era uno de tus mejores amigos.” “Ahora es el mejor” -responde el tipo-.
Babalucas consiguió un trabajo de mesero en un restaurante. Un día llega el dueño y lo encuentra en la cocina sentado en un gran trozo de hielo. “¿Qué haces, Babalucas? -le pregunta asombrado-. ¿Por qué estás sentado en el hielo?”. Y responde Babalucas: “Es que ahí está una señora que quiere refresco de cola”.
“Doctor -dice el agente de policía al médico legista-. Tenemos el apellido del hombre al que le pasó por encima la aplanadora. Es Iribarrigorrencoecheaiturrigarro.” “Muy bien -dice el el doctor-.¿Y no sabe cómo se apellidaba antes de que la aplanadora le pasara encima?”
Estaban dos chicas platicando. “Tuve una pelea con mi novio -cuenta una- y dejamos de hablarnos. Anoche me subió en su automóvil y sin decirme nada me hizo objeto de sus torpes impulsos de lubricidad, lascivia, concupiscencia y libinosidad”. “¿Y por qué no le dijiste que no hiciera eso” -le pregunta la amiga-. Contesta la muchacha: “Imposible. Ya te dije que no nos hablamos.”
Dos amigos italianos se encontraron en una playa del Adriático. Uno de ellos se miraba rico y próspero. “Se ve que te ha ido muy bien -le dice el otro-. ¿A qué te dedicas?”. “Pelo papas” -le contesta el tipo. El otro se asombra. “¿Pelando papas has hecho tu dinero?”. “Sí -explica el sujeto-. Soy el peluquero oficial del Vaticano”.
Un recién casado hablaba de las virtudes de su flamante mujercita. “Es muy rápida en la cocina -decía con orgullo-. Prepara la comida en un abrir y cerrar de latas.”
Decía una muchacha hablando de su novio: “No nos hemos casado porque tenemos una pequeña diferencia de opiniones. Yo me quiero casar con una ceremonia sencilla y él no se quiere casar”.
Los dos amigos contemplaban en el museo de arte la hermosa estatua en mármol de una Venus. Comenta uno: “Así tiene su cuerpo mi señora”. “¿Así de hermoso” -pregunta el otro-. “No, responde el tipo-. Así de frío”.
Un agente viajero estuvo con una suripanta la víspera de su regreso a casa. La daifa le dió unos besos mordelones que le dejaron marcas visibles en el cuello. ¿Cómo llegar así con su señora? El sujeto ideó una estratagema. Con pasos tácitos entró en su casa y antes de que lo viera su mujer buscó a su hijo pequeñito y sin decir agua va le propinó un par de fuertes nalgadas. El chiquillo, asustado y dolorido, rompió en llanto. Llega corriendo la señora. “¿Qué sucedió” -le pregunta alarmada a su marido-. “¡Anda! -responde éste haciéndose el enojado-. Llego con ganas de ver al niño y él en vez de darme besitos se suelta mordiéndome. Mira nomás cómo me dejó el cuello”. “Hiciste bien en pegarle -declara la señora-. ¡Si vieras cómo me tiene a mí el busto y las piernas!”.
La esposa del alcalde compró un perico que había pertenecido a un miembro de la oposición. El primer día el loro comenzó a gritar: “¡Abajo el partido del gobierno!”. El alcalde agarró una escoba y se dirigió amenazante hacia el cotorro. Este huyó para ponerse a buen recaudo, y en su desatentado vuelo fue a caer en el corral vecino. Estaba ahí un gallo que hacía honor al viejo dicho popular: “¡Ah, quién tuviera la dicha del gallo, que nomás se le antoja y se monta a caballo!”. Tan pronto el gallo vió al cotorro se lanzó hacia él con intenciones no muy sanas. Cumplidas las tales intenciones quedó el lorito aturrullado y con las plumas en desorden. “¡Carajo! ¿Así tratan aquí a los refugiados políticos?”
Con la voz, el tono y el “cantadito” de un voceador de periódicos, el niño le pregunta a su mamá: “Oooye, mamá: ¿por quéee cada vez que paaasa el vendedor de periódicos mi papáaaa se le queeeda viendo muy feeeeoooo?”.
“Llega Pepito corriendo con un señor y le hace una pregunta: ¿Perdone, señor: ¿de casualidad no perdió usted un billete de cien pesos?” “Ejem... -vacila el señor-. Este... Sí, niño. En efecto, ahora me doy cuenta de que perdí un billete de 100 pesos. Se me debe haber salido de la bolsa. ¿Tú lo encontraste?”. “No -dice Pepito-. Nada más quería saber cuántos caones han perdido hoy billetes de 100 pesos. Con usted llevo ya 72.”
Una madama anunció su propósito de poner una casa de mala nota en cierto pueblo. El señor cura se opuso terminantemente al proyecto. Para resolver la cuestión el presidente municipal tuvo una idea: se haría una votación; los que quisieran aquella casa votarían “Sí”; los que se opusieran a ella votarían “No”. Así se hizo, en efecto. Reunidos en el salón municipal el señor cura dirigió un encendido sermón en el cual exhortó a todos a votar “No”, amenazando a quienes votaran afirmativamente con excomunión, anatema y eternal condenación. Los presentes procedieron a votar, y luego el secretario del ayuntamiento procedió a sacar los votos de la urna y a leerlos en voz alta. Comenzó: “Sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí, NO...” Un ayudante iba escribiendo los votos en un pizarrón. Y siguió el secretario: “Sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí, sí, NO...”. “¡Carajo! -dice indignado uno de los votantes a su vecino de asiento-. ¡El cura ya votó dos veces!”
La monita dejó a su monito al pie de una palmera, pues se le había dormido, y fue al otro lado del río en busca de comida. En eso el río se creció. La monita, angustiada, pues temía que la corriente le arrebatara a su hijo, fue con el cocodrilo y le pidió que la pasara a la otra orilla. El cocodrilo le dijo que la pasaría, pero que al llegar le cobraría el favor en especie. La monita, que era decente, se negó. Le pidió enseguida el favor al hipopótamo, y el gran animal le dijo aquello mismo: la pasaría, sí, pero tendría que entregarle a cambio sus encantos. La monita, virtuosa y pudibunda, se negó con enojo a la demanda. Fue luego con el elefante, y le pidió que la pasara al otro lado. “Claro que sí -le dijo con amabilidad el paquidermo-. Sube a mi espalda, y yo te llevaré”. Pregunta la monita, cautelosa: “Y al llegar a la otra orilla, ¿no me pedirás nada?”. “No veo qué podría pedirte -responde el elefante-. Sube, y te pasaré”. Así lo hizo, en efecto. Llegaron al otro lado del río, y el paquidermo se despidió de la monita. Va ella con los demás animales, congregados ya todos en la orilla, y les dice con tono de quien transmite un chisme sensacional: “¿A que no saben qué? ¡El elefante es maricón!...”
Afrodisio invitó a Susiflor a cenar en su departamento. Ella hablaba y hablaba sin cesar. Le dice su salaz anfitrión: “Me gustaría que fueras como mi perrita”. “¿Cómo?” -pregunta Susiflor-. Responde él: “Mueve más la colita que la boquita”.
“Lo siento, Afrodisio -le dice Susiflor al ardiente galán que la asediaba-. Por mucho que hagas no creo que puedas entrar en mi corazón”. “No es ahí donde quiero entrar” -replica el seductor salaz.
La abuelita le contaba un cuento a su nieta. “Entonces la princesa le dió un beso al horrible sapo y lo puso con ella en su cama. Al día siguiente el sapo amaneció convertido en un apuesto príncipe”. “No lo creo -manifiesta con escepticismo la chiquilla-. Y estoy segura de que los papás de la princesa tampoco se tragaron el cuento”.
El palomo y la paloma mensajera quedaron de encontrarse en el parque de la ciudad para entregarse ahí a sus escarceos amorosos. Llegó puntual el palomo a aquella cita, pero no estaba ahí la paloma. Seis horas la esperó. Llegó por fin la palomita. «¿Qué te pasó? -le pregunta el palomo, preocupado-. ¿Por qué tardaste tanto?». Responde la paloma: «El día estaba tan bonito que decidí venirme caminando...».
“¿Soy el primer hombre que te pide hacer el amor?” -dice el galán a la muchacha-. “Sí -responde ella-. Todos los demás me lo hicieron sin pedírmelo”.
Dos niños pobres fueron invitados a una fiesta con niños ricos. Había alberca en la casa del festejo, y todos los pequeños asistentes hubieron de quitarse juntos su ropita para ponerse sus trajecitos de baño. Terminada la ocasión, ya en el camino de su casa, uno de los niños pobres le dice al otro, un poco mayor que él: “¿Te fijaste que los niños ricos tienen el pitochín muy chico? ¿A qué se deberá eso?”. Explica el otro niño: “Es que tienen juguetes, y con ellos es con lo que juegan...”
Llega el marido a su casa en la madrugada y se sorprende al ver luz en la recámara. Su señora estaba tendida en la cama, exhausta y agotada. “¿Que sucedió, Espenta?” -le pregunta con alarma-. “Me hallaba ya dormida -responde la señora sin aliento- cuando entró un individuo en la recámara. Yo creía que eras tú”. “¡Qué barbaridad! -exlama el señor-. ¿Y qué se llevó?”. “Bueno -dice entonces la señora muy sofocada-. Tanto como llevárselo, no se lo llevó.”
Cinicio era un sujeto desfachatado y flojo. Su pigricia era sólo superada por su desvergüenza. Un día le advierte su señora: “Te voy a dejar”. “Qué” -replica con laconismo el cínico haragán.
Don Geroncio, señor de cierta edad, le propuso matrimonio a Himenia Camafría, madura señorita soltera. La invitó a cenar en el mejor restaurante de la ciudad y ahí le dijo: “Deme el sí, señorita Himenia, y haré que sean realidad sus sueños”. Responde ella: “Bueno, pero aquí no.”
Babalucas fue a jugar golf por primera vez. Se puso dos pantalones. “¿Por qué dos” -le pregunta con extrañeza su mujer. Declara el majareta: “Por si hago un hoyo en uno”.
Se encontraron dos amigas. “¿En qué trabajas” -pregunta una-. “No trabajo -se ufana la otra-, vivo de mis acciones”. “¿De la bolsa? -inquiere con admiración la amiga”. “No -explica la otra-. De mis malas acciones.”
Un español se quejaba con un amigo de que la menor alusión al sexo lo hacía terminar. “¡Coño!” -se asombra el amigo-. Y el tipo: “¡Ay, ay, ay, ahhhhh!”.
Llorosa y compungida la muchacha hace saber a sus papás que estaba embarazada. “¡Maldición! -grita el progenitor enfurecido-. ¿Y quién es el canalla que mancilló mi honor?”. “Es Fecundino Sharpshooter” -responde entre sus lágrimas la chica-. “¡Ah, canalla! -clama fuera de sí el señor-. ¡Ahora mismo voy a exigirle una reparación.!”. “No vayas, papá -le recomienda la muchacha-. Si le pides una reparación a lo mejor querrá que yo le devuelva lo que me pagó”.
El joven Quintiliano casó con Pirulina. La noche de bodas le pregunta: “¿Soy yo el primer hombre con el que haces el amor?”. “No, -confiesa Pirulina-. Antes que tú hubo otros cuatro”. “¡Ah! -prorrumpe hecho una furia Quintiliano-. ¡Falsa mujer! ¡Artera, fementida, aleve, ruín, desleal! ¡Felona, perjura, falsa, hipócrita, falaz!”. “¿Ya ves cómo eres, Quintiliano? -se queja ella con lamentosa voz-. ¡Y luego dicen que no hay quinto malo!”
Un muchacho va a un partido de beisbol acompañado por su novia, que nunca había visto el juego. El muchacho va explicando cada jugada a la chica. Va a batear un pelotero. El pitcher lanza. “Ball one” -dice el ampayer-. Otro lanzamiento. “Ball two” -vuelve a decir-. El pitcher tira nuevamente. “Ball three” -decreta el ampayer de nueva cuenta-. Otra pichada. “Ball four” -dice el ampayer-. El jugador se encamina lentamente a la primera. “Oye -pregunta la muchacha a su novio-. Tú me dijiste que para ir a la primera base el jugador debía pegarle a la pelota-. ¿Por qué ése fue a la base?”. “Es que tiene cuatro balls” -explica el novio-. Y dice la muchacha: “Ah, con razón va tan despacito.”
Esta es la historia de una muchacha pueblerina que fue a la gran ciudad a hacer estudios universitarios. Al año regresó a su pueblo con un bebé. “¿Y de quién es el niño?” -preguntó indignado el papá. “No lo sé” -responde llorosa la muchacha-. “¿Quieres decir que ni siquiera eso aprendiste en la universidad? ¿A decir con quién tengo el gusto?”
La familia de Pepito era católica, y protestante la de Rosilita, su pequeña vecina. Pepito tenía tres años; Rosilita también, y así sus respectivas mamás no vieron inconveniente en bañarlos juntos y encueraditos en la alberca de plástico que una de ellas había puesto en el jardín. La niña se le queda viendo a Pepito -toda una novedad para ella- y luego comenta como para sí: “Caramba, yo había oído decir que hay mucha diferencia entre católicos y protestantes, pero nunca pensé que la diferencia fuera tanta”.
Pepito se quedó dormido en el asiento de atrás del coche de su hermano. El muchacho, que no se dió cuenta de que Pepito estaba ahí, fue en el coche por su novia y la llevó a un romántico paraje. Pepito despertó al oír que su hermano decía a la muchacha: “¡Chin! ¡Se me acabó la gasolina!”. Y Pepito, inadvertido, fue testigo silencioso de la más tórrida escena de amor que sus infantiles ojos habían contemplado. Al día siguiente Pepito invitó a su vecina Rosilita a pasear con él en su triciclo. Se dirigió a la parte de atrás de la casa y detuvo en un protector rincón el viejo velocípedo. “¡Chin! -le dice a Rosilita- ¡se me acabaron los pedales”.
La tía de Rosilita fue a su casa. Venía hecha un brazo de mar: se había pasado cinco horas en la sala de belleza. “¿De dónde vienes, tía?” -quiso saber Rosilita. “De la sala de belleza” -responde ella. Pregunta la pequeña: “¿Estaba cerrada?”.
En el parque de una ciudad hay dos estatuas que representan a un bello joven y a una hermosa muchacha, ambos sin más vestimenta que una hoja de parra. Cierto día baja un ángel del cielo y dice a las estatuas: “Voy a infundir en ustedes el don de la vida. Durante media hora podrán hacer lo que quieran luego volverán a ser estatuas”. Las toca con su varita mágica y ¡ping! las estatuas cobran vida. El joven contempla a la hermosa muchacha y le dice: “¿Estás pensando lo mismo que yo?”. “Sí” -responde la muchacha-. No se dicen nada más. Se toman de la mano, saltan de su pedestal y se esconden en unos arbustos. Los arbustos se agitan, se ve mucho movimiento, y poco después salen los dos con una sonrisa de satisfacción. “¿Qué te pareció?” -pregunta el muchacho-. “Fantástico -responde la chica-. No creí que se sintiera tan bonito”. Ambos se disponen a subir a su respectivo pedestal cuando les dice el ángel: “¡Ey, todavía les quedan otros quince minutos!”. “¿Vamos otra vez?” -dice la muchacha-. “Bueno -dice el muchacho-. Nomás que ahora tú me detienes la paloma y yo le hago lo que las palomas nos han estado haciendo a nosotros todos estos años”.
El flemático lord inglés llegó inesperadamente a su casa sólo para encontrar a su Lady en comprometida situación con el chofer. “Querida -dice el lord sin perder la calma-, es obvio que después de eso nuestra relación no puede continuar. Los abogados se reunirán y discutirán la forma de nuestra separación. En cuanto a usted, James, me apena recibir esta sorpresa cuando yo le había otorgado toda mi confianza. Y a ambos les voy a pedir una cosa: ¡Dejen de hacer lo que están haciendo por lo menos mientras yo estoy hablando!”
En la plaza del pueblo el alcalde decía un discurso. Parada en su aro en la ventana de una casa, una periquita interrumpía cada momento al orador con trompetillas y majaderías variadas. Un gendarme va, habla con la señora de la casa y la señora quita a la periquita del aro y la avienta al corral de las gallinas. De inmediato dos gallos la arrinconan con las peores intenciones, pero la periquita los detiene. “Un momento -les dice-. A mí me trajeron por agitadora, no por pindonga”.
Dos labriegos pobres entraron a robar elotes en la milpa de Don Poseidón, rico hacendado. A fin de cometer el latrocinio se cubrieron con el cuero de una vaca. De pronto el que iba adelante le dice a su compañero: “Compadre, vámonos, ahí viene el cuidador”. Empiezan a escurrirse, cautelosos sin dejar de taparse con el cuero. “Compadre -vuelve a decir el que guiaba-. Se acerca el cuidador, apriete el paso”. Se apresuran los ladrones. Y otra vez, el de delante: “Compadre, el cuidador nos viene pisando los talones, apriete el paso”. Ya para llegar a la cerca, exclama el guía con alarma: “¡Compadre!”. “¿Qué? -se asusta el otro-. ¿Ahí viene el cuidador? ¿Aprieto el paso?”. “¡Apriete todo! -responde el guía-. ¡Ahí viene el toro!”.
Lord Feebledick entró en la alcoba conyugal y sorprendió a su esposa, Lady Loosebloomers, en torpe trato de carnalidad con el guardabosque Wellhan Ged, fornido mocetón. A nadie habrá de sorprender que a la vista de ese tan deplorable cuadro haya prorrumpido el Lord en clamorosos dicterios de mucho peso y significación. A tales magnílocuos denuestos respondió Lady Loosebloomers con tono quejumbroso: “Eres injusto, Feebledick. Yo te perdoné aquella vez que no me acercaste la silla en el restaurante.”
Doña Ignaria, nueva rica, no entendía mucho de arte. Conversaba con su flamante amiga, la señora Highrump, y esta le dijo: “Ahora me dedico a la pintura. En estos días pinto una naturaleza muerta”. Arriesga con cautela Doña Ignaria: “¿Un retrato de tu esposo?”
Un diplomático extranjero acreditado en México adquirió un anillo de compromiso en una joyería del populoso barrio de La Lagunilla. “Por favor -pidió al joyero-, ponga en la sortija las iniciales de mi novia. Se llama Pelagia Ulpiana Tírmon Agranot”. Se queda pensando el de la tienda y luego sugiere: “¿Qué le parece si mejor le pongo sencillamente TE AMO?”.
La joven muchacha le dice a su ansiosos galán: “Es cierto Romeliano: me regalaste unos guantes y te los acepté, y te dejé que me besaras las manos. Pero ahora que me traes un brassiére a regalar... No sé, Romeliano... La verdad no sé...”
“Doctor -dice un señor al médico-, mi señora padece insomnio”. “Eso no es problema -responde el doctor sacando de su escritorio unas píldoras y unas ampolletas-. Con esto le vamos a quitar el insomnio a su señora. Mire: mañana, cuando cante el gallo, déle estas píldoras. Y a la hora en que llegue el lechero, que es seguramente la hora en que despierta su señora, póngale en una lavativa estas ampolletas”. El señor se va con el remedio. A los dos días regresa. “¿Cómo siguió su esposa? -le pregunta el galeno-. ¿Pudo dormir anoche?”. “No, doctor -responde el tipo-. Y vengo a que me dé otro tratamiento. Al gallo como quiera lo hice que se tragara las píldoras, pero ¡ah cómo batallé para ponerle la lavativa al maldito lechero!”.
“¡Ay padrecito! -dice muy compungida la rancherita al confesarse-. Me acuso de qui cuando voy a l’agua me persigue Lasciviano”. “No te inquietes, Silvestra -la tranquiliza el sacerdote-. El hecho de que ese muchacho te persiga no constituye un pecado por parte tuya”. “¡Pero es qui siempre mi’alcanza, siñor cura!” -confiesa la rancherita.
Pepito llega muy triste de la escuela. “Reprobé el examen” -dice a su papá-. “¿Por qué” -se enoja el padre-. “Porque no llevé el acordeón” -contesta el niño. “Hiciste muy bien en no llevarlo -dice el señor-. Es mejor reprobar que engañar y engañarse llevando un acordeón”. “Pero aquí tenía que llevarlo -dice Pepito-. El examen era de música”.
El padrecito está confesando a una muchacha. “Me acuso, padre -dice ella-, de que me encantan los hombres”. Y sigue la relación de sus culpas. El padrecito se queda dormido ahora por el cambio de horario, por lo que la muchacha se retira. En eso llega un mariconcito y se hinca también para confesarse. Con el ruido se despierta el padrecito y creyendo que la muchacha sigue ahí, dice: “Así que te encantan los hombres, ¿eh?”. “¡Brujo, brujo!” -exclama sorprendido el mariconcito.
El señor que hace tatuajes acaba de dibujar uno en el pecho del hombrote. Le puso un corazón atravesado por una flecha y abajo la inscripción “AMO A LUIS”, y le dice: “La A que falta se la pongo tan pronto me pague”.
El papá, que era un doctor a la antigüita que todavía hacía visitas domiciliarias, invitó a su hijo a acompañarlo en su recorrido, pues quería ver qué tal era el muchacho como médico. El primer paciente que visitaron era un señor. “Oiga -le dice el muchacho tan pronto entran a la habitación del enfermo-. Usted tendrá problemas si sigue fumando como lo hace”. Al salir pregunta el papá al muchacho: “¿Cómo supiste eso?”. “Muy sencillo -dice él-. El cenicero estaba lleno y había tres cajetillas vacías en el suelo”. Llegan después a ver a una señora. “Oiga -le dice el muchacho-. Si sigue usted tomando leche un día de estos va a tener un problema gravísimo”. La señora se ruboriza, inclina la cabeza y dice: “Tiene usted mucha razón, doctor”. Asombrado por la percepción de su hijo pregunta el médico cuando salen: “¿Y eso cómo lo supiste?”. “Muy sencillo -responde el muchacho-. Vi los pies del lechero saliendo de abajo de la cama”.
Don Algón veía que Don Martiriano, su empleado más antiguo, andaba preocupado. “Deje sus problemas en casa” -le aconseja. “Imposible -responde con tristeza Don Martiriano-. Mi mujer no aguanta estar ahí”.
La esposa de Afrodisio le encontró pintura de lápiz labial en la camisa. “¿Cómo explicas esto?” -le pregunta poseída por celos igniscentes-. “Debe haber alguna explicación -responde el cínico Afrodisio-. Dame una media hora para pensarla”.
El recién llegado al Salvaje Oeste le pregunta al viejo explorador: “¿Por qué se están pintando el rostro esos indios? ¿Hay guerra?”. “No, -responde el viejo explorador-. Son jotos”.
Libidiano conoció en la fiesta a una chica de busto opulento, ubérrimo, magnificente. Lucía la muchacha un gran collar de perlas que le caía sobre el pecho. Le pregunta Libidiano lleno de salacidad: “¿Puedo acercar mi oídos a sus perlas, señorita? Me han dicho que se oye en ellas el rumor del mar”. (NOTA: El mar se oye en los caracoles, no en las perlas. La equívoca petición de Libidiano se explica no tanto por su ignorancia de los fenómenos acústicos cuanto por sus eróticos y mórbidos impulsos.)
El padre Arsilio se conturbaba mucho porque sus feligreses se dormían cuando él pronunciaba su sermón. Fue con el señor obispo, quien tenía fama de orador atrayente y persuasivo, y le consultó el caso. “Es cosa fácil ganar la atención del auditorio -lo instruye Su Excelencia-. Cuando noto que mis oyentes empiezan a distraerse interrumpo el sermón y digo: ‘Hermanos: anoche tuve en mis brazos a una mujer’. Todos paran las orejas y se enderezan en sus asientos, sorprendidos. Entonces yo continúo: ‘Sí, queridos hermanos. Vino mi madre a visitarme y yo la abracé lleno de filial amor’ Ya reconquistada la atención de la gente prosigo mi sermón.” Al padre Arsilio le pareció excelente la táctica del señor obispo, y se propuso ponerla en práctica cuanto antes. En el sermón del domingo la gente, como de costumbre, se empezó a dormir: “Hermanos -profiere el padre Arsilio-. ¡Anoche tuve en mis brazos a una mujer!”. Los feligreses, estupefactos, abren los ojos. Vacila el padre Arsilio y luego dice confuso y lleno de turbación: “Perdonen ustedes: ya no me acuerdo de lo demás”.
La señora aguardaba ansiosa frente a la puerta del quirófano. Sale el cirujano, y la señora se precipita hacia él. “¡Doctor! -le pregunta con ansiedad muy grande-. ¿Cómo salió mi marido de la operación?”. “¡Caramba, señora! -responde el galante el cirujano-. Con ese color de pelo que usted tiene, y con esa blancura de su tez, ¡qué bien le va a lucir lo negro!”.
Los recién casados pasaron la noche de bodas en la casa donde iban a vivir. Cuando llegó la mañana el novio quiso darle una sorpresa a su flamante mujercita y fue a preparar el desayuno. Ella, mientras tanto, se puso a hablar por teléfono con su mamá. Llega él con la charola del desayuno; la muchacha mira los huevos con tocino que su marido le había preparado y luego dice por teléfono: “Por lo que veo, tampoco es bueno para cocinar, mamá”.
Otros recién casados tomaron tan en serio su papel que al mes ya estaban desfallecidos, agotados. Tan débiles se sintieron que fueron a ver al médico. “Están ustedes al borde de la extenuación -les indica el facultativo-. Si siguen haciendo el amor hay incluso el peligro de un colapso mortal. Suspendan totalmente por un mes su actividad amorosa”. Tomando en cuenta el riesgo los recién matrimoniados decidieron seguir el consejo del doctor. Para evitar tentaciones ella siguió en la recámara del segundo piso y él se instaló en un cuarto de la planta baja. La primera semana de abstinencia representó para los jóvenes esposos un grande sacrificio. Mayor fue el sufrimiento en la segunda semana de abstención. La tercera fue un verdadero tormento. Cuando llegó el segundo día de la última semana el muchacho ya no pudo más. Desesperado, ardiendo en las llamas del amoroso impulso, empezó a subir por la escalera que conducía al segundo piso. A medio camino encontró a su mujercita. “¡No puedo más!” -le dice el muchacho con encendido acento-. “¡Tengo que estar contigo aunque me muera!”. “Que bueno, mi amor -exclama ella cayendo en los brazos del maridito-. ¡Precisamente yo iba a tu cuarto a suicidarme!”.
En la hora del café todos en la oficina se quejaban de lo mal que los trataban sus esposas. Toma la palabra don Wormilio. “Pues lo que es a mí -comenta- Jodoncia me quita los zapatos”. “¿Cuando llegas del trabajo?” -se asombran sus compañeros-. “No -responde muy triste don Wormilio-. Cuando quiero salir por las noches”.
Doña Jodoncia, se inquietó al ver que su esposo, dormido en la cama al lado suyo, se sonreía en sueños. “¡Wormilio -le pregunta con acrimonia tras despertarlo con una violenta sacudida- ¿A qué esa cara de satisfacción? ¿Por qué te ríes así?”. Responde tímidamente Don Wormilio: “Estaba soñando que había inventado el sexo, y todos tenían que pagarme regalías”.
En el vagón del ferrocarril todos los pasajeros se disponían a dormir. De pronto en la penumbra, se oye la voz de una chica que dice: “Pepe, no puedo creer que ya estemos casados”. Al rato, otra vez la misma voz: “Pepe, no puedo creer que ya estemos casados”. Y al rato otra vez: “Pepe, no puedo creer que ya estemos casados”. Entonces, del fondo del vagón: “Convénzala, Pepe, para que ya nos deje dormir”.
La dueña de la casa toca la puerta del cuarto de la muchacha, su inquilina, y le pregunta: “Rosibel: ¿me engaño o tiene usted en su habitación a un caballero?”. Responde la muchacha: “Doña Besuga, por la forma en que se comporta no creo que lo sea”.
El señor llega a su casa y encuentra a su señora con un desconocido. Con expresión de mucha lástima pregunta el señor al amigo de su esposa: “Dígame la verdad, pobre amigo mío: mi mujer le sabe algo y lo está chantajeando, ¿verdad?”.
Un señor protestaba por la pésima calidad de la casa que le habían hecho. “Las paredes son muy delgadas, ingeniero” -le dice con disgusto-. “Bueno -se justifica el ingeniero-. Tome usted en cuenta que todavía no les ponemos el papel tapiz”.
El pollito le pregunta a la gallinita: “Mami, ¿te costó mucho traerme al mundo?”. “Cómo no, hijito -responde la gallinita con ternura-. Me costó un huevito”.
Dice un tipo a otro: “El señor cura de mi pueblo es tan estricto en cuestiones de moral que los novios tienen que ir a casarse a otro pueblo”. “¿Por qué?” -se sorprende el otro-. Explica el tipo: “Dice que él no celebra matrimonios porque no puede participar en un juego de azar”.
“Clodoveo tiene dos personalidades -dice la muchacha a su amiga-. Unas veces es inteligente, simpático, entretenido, amable, dueño de una chispeante conversación, y otras veces no trae dinero”.
Un individuo entra corriendo en la demarcación de policía y entregando una pistola al oficial de guardia le dice: “¡Enciérreme, acabo de dispararle a mi suegra!”. “¿Y la mató” -pregunta el policía. “¡No -responde el tipo demudado por el terror-. ¡Por eso quiero que me encierre!”
Había un rico señor que hacía alarde siempre de su valiosa colección de cuadros, en especial de un Picasso que era su mayor orgullo. Sin embargo, una de las criaditas de la casa decía con tono despectivo: “¡Bah! El señor presume de que tiene un Picasso fabuloso, y no tiene más que un piquillo de este tamaño”.
Minicio, joven proclive a la expresión poética, le declaró su amor a Gordoloba, muchacha que pesaba por lo menos 45 arrobas (Arroba: medida de peso equivalente a 11 kilos 502 gramos). Ella le correspondió. Feliz y emocionado Minicio comunicó la noticia a sus amigos y les dijo con exultación: “¡He encontrado por fin el sendero del amor!”. “¿Sendero? -comenta uno-. ¡Caón, a mí me parece más bien autopista de 16 carriles!” (NOTA: Con acotamiento de 20 metros a cada lado).
Decía la recién casada: “A mi marido le encanta el jaibolito que le preparo cuando llega del trabajo. Es siempre la segunda cosa que me pide”.
Don Astasio abrió la puerta de la recámara y se llenó de asombro al contemplar una visión insólita: su esposa estaba en la cama in puris naturalis, es decir sin nada encima, y respiraba con singular agitación. Sospechando que si hubiera entrado sin hacer ruido no la hubiera encontrado sin nada encima don Astasio miró en el closet y sus sospechas quedaron confirmadas: ahí estaba un desconocido. Antes de que don Astasio pudiera abrir la boca le pregunta el sujeto: “Perdone, amigo: ¿por esta esquina para el autobús Ruta 36?”. “¡Qué esquina ni qué autobus! -bufa con iracundia don Astasio-. ¿Qué hace usted en el closet de mi recámara?”. El individuo finge gran asombro. Vuelve la vista a todos lados y luego exclama boquiabierto: “¡Caramba, cómo tardan ahora los autobuses! ¡De veras ya hasta construyeron!”.
Uno de esos enredones que nunca faltan le dice a don Astasio: “Me da pena tener que contarte esto, pero tu esposa hace el amor con todos los hombres del pueblo”. “¡No es cierto! -prorrumpe don Astasio-. ¡Lo que me dices es una falsedad!”. “Perdóname -insiste el otro-, pero es la verdad. Tu esposa hace el amor con todos”. “¡Mentira! -rebufa don Astasio. ¡Conmigo no lo hace!”.
Llegó don Astasio a su casa y, como de costumbre, sorprendió a su mujer, Facilda Lasestas, en amoroso abrazo con un desconocido mocetón. Don Astasio lleva consigo siempre, para ocasiones como esa, una libreta en donde tiene apuntado un catálogo de expresiones interjectivas para denostar con ellas a su esposa cuando la halla en el vértigo del regodeo salaz. Sacó, pues, su libreta don Astasio y dió salida a las siguientes voces: “¡Leperuza! ¡Loca del cuerpo! ¡Pecadriz!”. Sin desatar el estrecho lazo que la ligaba al brozno, sin siquiera frenar el vaivén de su excecrable coición, le dice con tono admonitorio la mujer: “¡Ay, Astasio! ¿Otra vez con tus celos?”.
En el día de campo los jóvenes se pusieron a jugar al futbol. Cerca de ahí pastaban dos vaquitas. Llegaron sendos toros y se pusieron a cumplir con ellas el eterno rito de que se vale la naturaleza para lograr la perpetuación de las especies. En pleno rito estaban cuando una de las vaquitas se vuelve hacia la otra y le pregunta: “¿Qué te parece, Clarabella, si después de los toros nos vamos al futbol?”
Libidiano pidió la mano de Pirulina. Don Poseidón, papá de la muchacha, se la concedió. “Espero -dice el solemne genitor a los futuros contrayentes- que el matrimonio de ustedes salga tan bien como el de mi esposa y mío”. “Nos va a salir mejor, don Poseidón -le asegura el galancete-. Hemos estado practicando”.
La recién casada le sirvió a su flamante maridito el postre de la primera comida que le había preparado. El muchacho mira el platillo y pregunta lleno de confusión: “¿Pay de fresa con guacamole?”. “A mí también me extrañó, cielo -responde la muchacha-. A lo mejor se me pegaron las hojas del rectario”.
Hamponito, el hijo del narco de la esquina, fue a una fiestecita de cumpleaños. El niño agasajado sopló para apagar las velitas del pastel. Hamponito sacó una pistola y ¡bang, bang! le disparó. Con sorda voz a lo George Raft dice entre dientes guardando la pistola: “Eso le pasa a los soplones”.
En la entrada del Metro el borrachín le pregunta a la linda muchacha con tartajosa voz: “Perdone usted, hermosa señorita: ¿cuánto cuesta el metro?”. La muchacha se lo dice. “Entonces -pide el temulento- déme 50 centímetros. De la cintura para abajo, por favor”.
La mamá de Paquito fue a inscribirlo en primer año de kinder. Le entregaron un cuestionario que debía llenar. Una de las preguntas decía: “¿Tiene su hijo cualidades de líder?”. La señora responde con la verdad: “No, pero ayuda muy bien cuando se le pide su colaboración”. Días después la señora recibió una carta firmada por la directora: “Tengo el gusto de informarle que Paquito fue admitido en el grupo A del Primer Año. Ese grupo consta de 35 alumnos: 34 líderes y Paquito”.
Con un ejemplar del Playboy en la mano Babaluquitas daba vueltas y vueltas sobre su propio eje. “Carajo -dice con remordimiento-. Mis pobres padres trabajando y yo aquí emborrachándome con viejas”.
A un agente viajero se le descompuso su coche en medio del campo. Era de noche y llovía copiosamente. El hombre vió a lo lejos una luz y caminó hacia ella en medio de la tempestad. Llegó a la casa de un granjero. Después de explicarle su problema le pidió: “¿Podría pasar la noche aquí?”. “Con todo gusto -acepta el hombre-. No tengo mujer ni hijas, y hay varias camas disponibles”. El agente hace una pausa y luego pregunta: “¿A qué distancia está la casa del próximo granjero?”.
Hubo quejas en el club de damas porque el conferencista especializado en moral sexual dijo a las socias: “Estoy seguro que la mitad de ustedes han tenido una aventura extramatrimonial”. La directiva exigió al conferenciante que se retractara. “Me retracto -concedió el tipo-. Estoy seguro de que la mitad de ustedes NO han tenido una aventura extramatrimonial”.
Un investigador del comportamiento humano hizo que una pareja de esposos llenara sendos cuestionarios. Al revisarlos encontró algo que le llamó mucho la atención. “Debe haber un error -les dice-. En el renglón correspondiente al número de veces que hacen el amor, usted, señor, escribió: una vez por semana. En cambio usted, señora, puso que entre dos y diez veces cada noche”. “Sí -conforma el marido-. Es que ella en eso trabaja”.
Catón preguntó a un señor ya grande que vendía ostiones si es verdadera la conseja que asigna a los ostiones la mirífica virtud de potenciar el desempeños sexual cuando tal potenciación se necesita, y éste le dijo: “¡Ay, amigo! ¿Usted cree que si deveras sirvieran para eso los vendería yo?”.
Cierto sujeto fue a consultar a un especialista. Se quejaba de no durar en la palestra del amor carnal. “¿En qué momento acaba?” -pregunta el facultativo-. “Entre cómo te llamas y de qué signo eres”.
Antes de los tiempos de la invención del Viagra, un señor ya entrado en años se encontró al despertar con que mostraba una aptitud que hacía tiempo no mostraba. Con premura llamó a su mujer: “¡Rápido, vieja! ¡Ven! ¡Ven pronto!”. Ella llegó corriendo a la recámara y al ver lo que miró empezó a aligerarse con prontitud la ropa. “¡No te llamé para eso! -la interrumpe el marido-. ¡Trae la cámara! ¡Esto no me lo van a creer en el café”.
miércoles, 30 de septiembre de 2009
Rescatando una palmerita
En este día, después de haberme enterado de que una amplia área del Parque El Chamizal conocida como “Los Hoyos” (por estar situadas dichas áreas de canchas y campos deportivos a cielo abierto a varios metros debajo del nivel de la calle) será destruída para construír allí un centro de convenciones que yo considero inútil e innecesario (con la mala fama que tiene en estos momentos la ciudad en la que vivo como una ciudad peligrosa por el alto índice de criminalidad que nos está afectando, no creo que nadie en su sano juicio ni dentro ni fuera de México tenga intenciones en algún futuro cercano de llevar a cabo aquí una convención exponiendo tanto a los conferencistas o los convencionistas a riesgos innecesarios), con la ayuda de un trabajador que contraté a última hora me trasladé a la cancha deportiva en donde está plantada la palmerita que le puse a mi perrita Cuquita sobre su tumba, una palmerita que se estaba dando muy bien en dicho lugar, ya que de no ir a rescatar esa palmerita seguramente será arrancada o simplemente removida y tirada a la basura junto con los demás árboles de la zona. No podía hacer nada por los demás árboles pero si podía recoger la palmerita que a fin de cuentas yo mismo había sembrado en ese lugar cuando fue enterrada la Cuquita. Estando esa palmerita directamente sobre la tumba de Cuquita, fue creciendo por varios años sobreviviendo en dicho lugar, recogiendo los restos de la Cuquita que estaban debajo de ella e incorporándolos dentro de sí, dándole en cierta forma un renacimiento a la Cuquita.
Como no había llovido en varias semanas, un día antes de recoger la palmerita estuve remojando la tierra para que no estuviera seca sino húmeda y blanda al momento de remover la palmerita. El transplante de cualquier planta viviente de un lugar a otro siempre implica un riesgo de terminar matando a la planta, en primer lugar porque al momento de extraerla las raíces o buena parte de las raíces quedan expuestas a la intemperie, lo cual produce un golpe sobre la estructura alimenticia de la planta que puede terminar resultando fatal.
Los jardineros expertos de la zona recomiendan hacer los transplantes y los cambios de plantas preferentemente un poco antes de empezar la primavera o durante la primavera cuando las plantas están renaciendo. En el caso de árboles como los pinos o las palmeras, recomiendan hacerlo cuando está húmedo y frío. Siendo apenas finales de septiembre y estando aún el otoño sobre nosotros, ni estaba húmedo ni estaba frío, pero no podía esperar más para rescatar la palmerita porque en esos trabajos de contrucción las excavadoras, los tractores y las motoconformadoras pueden llegar en cualquier momento empezando su labor de destrucción. No tenía más opción que rescatar esa palmerita cuanto antes sin esperar al invierno o al inicio de la primavera.
Afortunadamente, cerca de la casa en donde vivo encontre un lugar en la banqueta de la calle en el lado opuesto, un hueco en donde alguna vez hubo un árbol y no había nada. Después de pedirle permiso a los veracruzanos que estaban viviendo en la casa de renta afuera de la cual está situado afuera el hueco para plantar la palmerita, me fuí en la tarde con el trabajador que traía su camioneta para mover la palmerita.
Con el objeto de que las raíces de la palmerita no quedaran expuestas al aire mucho tiempo y que estuvieran protegidas el mayor tiempo posible, nos llevamos una maceta grande para poder escarbar debajo de la palmerita llevándonos con nosotros la mayor cantidad posible de raíces cubierta de tierra húmeda con el fin de minimizar la peligrosa exposición de las raíces a la intemperie. Una vez que la palmerita fue subtraída, nos trasladamos de inmediato al lugar en donde iba a tener su nuevo hogar, haciéndose un agujero lo suficientemente amplio para que el tronco principal de la palmerita junto con todas sus raíces que nos fue posible salvar pudiera caber.
Aunque tenía también la intención de rescatar la osamenta de la Cuquita enterrada directamente debajo de la palmerita, con el fin de ponerla nuevamente debajo de la misma palmerita en el lugar en donde iba a ser plantada, esto no fue posible, en primer lugar porque al tratar de escarbar más abajo la tierra arenosa de los lados interiores volvía a tapar el agujero que se trataba de hacer. Y por otro lado, las raíces que no pudimos extraer (son raíces duras) de la palmerita estaban cubriendo la osamenta de la Cuquita, volviendo difícil tratar de escarbar más abajo. Era como si la palmerita hubiese tendido un manto protector sobre el cuerpo de la perrita que estaba debajo de ella para dificultarle a cualquiera sacar la osamenta.
Ojalá y no hubiera sido necesaria la extracción de la palmerita del lugar en donde estaba, pero en aras de algo que llaman la modernidad y el progreso, destruyéndose las zonas verdes para poner en su lugar monstruos de concreto, de no haberla removido seguramente habría terminado sepultada bajo un enjarre de cemento o habría terminado en algún basurero después de haber sido talada.
Sólo el tiempo dirá qué tan exitosa fue la operación de transplante. Pero tomando en cuenta el hecho de que los restos con los cuales la palmerita se estuvo nutriendo por varios años son los restos de una perrita que en vida fue muy luchona, muy sobrevividora, la palmerita tiene muy buenas posibilidades de sobrevivir y crecer en su nuevo hogar. Y en cierta forma, esa palmerita ya tiene algo de Cuquita, o inclusive tal vez sea ya la Cuquita integrada a su plantita bajo una nueva forma de vida.
Como no había llovido en varias semanas, un día antes de recoger la palmerita estuve remojando la tierra para que no estuviera seca sino húmeda y blanda al momento de remover la palmerita. El transplante de cualquier planta viviente de un lugar a otro siempre implica un riesgo de terminar matando a la planta, en primer lugar porque al momento de extraerla las raíces o buena parte de las raíces quedan expuestas a la intemperie, lo cual produce un golpe sobre la estructura alimenticia de la planta que puede terminar resultando fatal.
Los jardineros expertos de la zona recomiendan hacer los transplantes y los cambios de plantas preferentemente un poco antes de empezar la primavera o durante la primavera cuando las plantas están renaciendo. En el caso de árboles como los pinos o las palmeras, recomiendan hacerlo cuando está húmedo y frío. Siendo apenas finales de septiembre y estando aún el otoño sobre nosotros, ni estaba húmedo ni estaba frío, pero no podía esperar más para rescatar la palmerita porque en esos trabajos de contrucción las excavadoras, los tractores y las motoconformadoras pueden llegar en cualquier momento empezando su labor de destrucción. No tenía más opción que rescatar esa palmerita cuanto antes sin esperar al invierno o al inicio de la primavera.
Afortunadamente, cerca de la casa en donde vivo encontre un lugar en la banqueta de la calle en el lado opuesto, un hueco en donde alguna vez hubo un árbol y no había nada. Después de pedirle permiso a los veracruzanos que estaban viviendo en la casa de renta afuera de la cual está situado afuera el hueco para plantar la palmerita, me fuí en la tarde con el trabajador que traía su camioneta para mover la palmerita.
Con el objeto de que las raíces de la palmerita no quedaran expuestas al aire mucho tiempo y que estuvieran protegidas el mayor tiempo posible, nos llevamos una maceta grande para poder escarbar debajo de la palmerita llevándonos con nosotros la mayor cantidad posible de raíces cubierta de tierra húmeda con el fin de minimizar la peligrosa exposición de las raíces a la intemperie. Una vez que la palmerita fue subtraída, nos trasladamos de inmediato al lugar en donde iba a tener su nuevo hogar, haciéndose un agujero lo suficientemente amplio para que el tronco principal de la palmerita junto con todas sus raíces que nos fue posible salvar pudiera caber.
Aunque tenía también la intención de rescatar la osamenta de la Cuquita enterrada directamente debajo de la palmerita, con el fin de ponerla nuevamente debajo de la misma palmerita en el lugar en donde iba a ser plantada, esto no fue posible, en primer lugar porque al tratar de escarbar más abajo la tierra arenosa de los lados interiores volvía a tapar el agujero que se trataba de hacer. Y por otro lado, las raíces que no pudimos extraer (son raíces duras) de la palmerita estaban cubriendo la osamenta de la Cuquita, volviendo difícil tratar de escarbar más abajo. Era como si la palmerita hubiese tendido un manto protector sobre el cuerpo de la perrita que estaba debajo de ella para dificultarle a cualquiera sacar la osamenta.
Ojalá y no hubiera sido necesaria la extracción de la palmerita del lugar en donde estaba, pero en aras de algo que llaman la modernidad y el progreso, destruyéndose las zonas verdes para poner en su lugar monstruos de concreto, de no haberla removido seguramente habría terminado sepultada bajo un enjarre de cemento o habría terminado en algún basurero después de haber sido talada.
Sólo el tiempo dirá qué tan exitosa fue la operación de transplante. Pero tomando en cuenta el hecho de que los restos con los cuales la palmerita se estuvo nutriendo por varios años son los restos de una perrita que en vida fue muy luchona, muy sobrevividora, la palmerita tiene muy buenas posibilidades de sobrevivir y crecer en su nuevo hogar. Y en cierta forma, esa palmerita ya tiene algo de Cuquita, o inclusive tal vez sea ya la Cuquita integrada a su plantita bajo una nueva forma de vida.
lunes, 28 de septiembre de 2009
Las injusticias de la vida
En una conferencia de prensa que dió el Presidente norteamericano John F. Kennedy en 1962, este pronunció una de sus frases más célebres por la que es aún recordado, “life is not fair“”, que se traduce como la vida es “injusta”. Esto se me vino a la mente por unos comentarios que virtió un abogado de nombre Javier Cuéllar bajo el título “Imitando al hijo pródigo”, en donde puso lo siguiente:
“Cuando cursan la secundaria las preferencias de las chicas no están con el jovencito de buena conducta y estudioso sino con el patancillo en ciernes, fumador prematuro y pendenciero que tiene las peores calificaciones y mantiene asolados a los demás; desde la óptica adulta, el peor prospecto. ¿La causa? ¿En qué consiste esa extraña atracción del pendenciero para las mujeres? No lo sé. Posiblemente se descubra años después cuando esas niñas son madres y se vuelquen en cuerpo y alma sobre sus hijos más porfiados, con desdén de los bien portados.”
“¿Les gusta la parábola del hijo pródigo? La verdad su sentido conductual es confuso. Ahí se premia al vástado derrochador e irresponsable, haciéndole una fiesta, recibiéndolo con mimos y con un anillo, matando en su honor el becerro más gordo con desprecio discriminatorio del hijo honesto, trabajado y leal. ¡Y la verdad yo no le voy a enmendar la plana a Nuestro Señor Jesucristo! Pero no le entiendo.”
“Sin embargo esta conducta de premiar al maldito e ignorar al virtuoso implica un sentido de contradicción con respecto a un criterio hipócrita de premiar lo bueno y reprimir lo malo, de que los buenos se van al cielo y los malos al infierno. Porque en ese pasaje bíblico se está obrando precisamente al contrario: se premia al malo y se castiga al bueno o por lo bajo, se le ignora. ¿Y esto no será frustrante y desalentador para el individuo que obra en bien?”
“Desde los más tiernos años en el hogar se repiten estas escenas, los padres dan más atención, mimos y cuidados al hijo mal portado, al berrinchudo, al que nunca obedece; y al buen chico, al probo y obediente sencillamente se le ignora. ¿Cuál es el mensaje? ¿Deben portarse mal para ser reconocidos? Y ya, actuando en la sociedad, tenemos que se le llama bueno al bobo. ¿Bueno? ¡Bueno de tarugo!”
“Esta reacción familiar y social de premiar de muchas maneras al malvado se aprende fácilmente y después tenemos reacciones. ¿Para qué estudiar? ¿Para ganar un sueldito de 8 o 10 mil pesos mensuales? Mejor pasan una buena carga de droga y se ganan en un día lo que honestamente se llevarían años.”
“Y ahí tenemos las consecuencias: una comunidad donde muchos de sus jóvenes han caído en las garras de los vicios y la criminalidad. Conductas perniciosas que alentamos desde nuestros propios hogares cuando no supimos recompensar el buen comportamiento y reprimir el malo e hicimos todo lo contrario. La impunidad no sólo es el mejor aliento que le podemos dar al delito sino que, en el hogar es el más pésimo ejemplo que le podemos dar a nuestros hijos. Todos quieren imitar al hijo pródigo, que al fin y al cabo no hay borlote.”
Esta desilusión manifestada por el Lic. Javier Cuéllar es tan solo uno de muchísimos y muchísimos ejemplos que podríamos encontrar sobre cómo las cosas suelen estar al revés en este mundo. Otro ejemplo de las injusticias de la vida lo tenemos aquí mismo en el Consulado norteamericano en la ciudad en la que habito, presuntamente el Consulado más grande de los Estados Unidos fuera de territorio norteamericano. Con el fin de poder inmigrar legalmente a los Estados Unidos, acuden a dicho consulado miles y miles de personas para pedir informes, siendo recibidos generalmente por algún funcionario con mala cara que les hace ver que es prácticamente imposible el poder inmigrar a los Estados Unidos a menos de que se cumplan tantos requisitos que la lista misma se antoja imposible de cumplir. Y a los pocos aplicantes cuyas solicitudes de inmigración aceptan en el Consulado, entre los muchos que rechazan, los tienen esperando año tras año mientras van envejeciendo, siempre muy derechitos, queriendo hacer las cosas legalmente porque los aplicantes no quieren romper ninguna ley, porque así los educaron en sus casas. Y el premio por querer ser honestos acatando todas las leyes y reglas impuestas por el Consulado norteamericano es una espera de años tras la cual es frecuente que venga el rechazo de la aplicación. Y en contraste con todos aquellos que nunca rompen la ley, que quieren inmigrar legalmente a los Estados Unidos acatando obedientemente todas las reglas y condiciones que les ponen, corriendo el riesgo de que su aplicación sea rechazada tras muchos años de espera, están aquellos que en socarrona violación a las leyes norteamericanas de inmigración simplemente se saltaron la barda ingresando a los Estados Unidos sin ningún papel, sin ningún pago de trámites, sin cumplir con ningún requisito, sin someterse a ningún examen médico. Y tras varios años de estar trabajando en los Estados Unidos, carcajeándose de las leyes migratorias de dicho país, carcajeándose del Consulado norteamericano en Ciudad Juárez y carcajeándose de los “idiotas” que esperan pacientemente su turno hasta que les toque su cita en el Consulado después de 10 o 15 años, ¿cuál es su castigo? Pues su “castigo” por romper la ley, su “castigo” por hacer aparecer al gobierno norteamericano y a su leyes como toda una idiotez, es una amnistía que les legaliza su situación permitiéndoles que sigan viviendo y trabajando en dicho país sin problema alguno, mientras que para los que han estado esperando no hay amnistía alguna y mucho menos alguna expeditación en sus tiempos de trámite por haber querido cumplir con las leyes del gobierno norteamericano. Esta amnistía ocurrió en los tiempos en los que Ronald Reagan fue Presidente, en 1986, pese a la oposición de prominentes Congresistas como el Senador Phil Graham que no jaló parejo con la aprobación de esa amnistía argumentando que con ella se premiaba a la gente por romper la ley. Si algo logró esa primera amnistía fue convencer a muchos de que la manera de inmigrar a los Estados Unidos no es cumpliendo un millón y medio de requisitos y someterse a todo tipo de exámenes y esperando pacientemente varios años para lo que puede terminar siendo una negativa y la peor desilusión de sus vidas, sino simplemente ingresando ilegalmente, saltarse las trancas, pitorrearse de todos los trámites legales, y empezar a trabajar de inmediato ilegalmente en los Estados Unidos mientras los que quieren hacer las cosas derecho siguen esperando. El resultado es que hoy en los Estados Unidos ya tienen unos diez millones de indocumentados que están exigiendo ya que les den cuanto antes una segunda amnistía, como si fuese un derecho al que tienen derecho después de tantos años después de haber estado violando la ley. ¿Y los que después de 1986 han estado esperando y siguen esperando pacientemente en estos momentos haciendo fila en el Consulado norteamericano para poder inmigrar legalmente a los Estados Unidos? ¿Esos qué? Para ellos no habrá ningún tipo de amnistía, no hay nadie que pida por ellos ante el Congreso norteamericano, los únicos que tienen voz son los que han violado la ley y están exigiendo la legalización de su residencia. Y si el gobierno norteamericano dá una segunda amnistía, lo más seguro es que propiciará una tercera ronda de centenas de millares de indocumentados que se cruzarán la línea divisoria rompiendo la ley con la esperanza de una tercera amnistía, y después la cuarta, y la quinta, y las que sigan, que al fin y al cabo el premio no es para el que se porta bien sino para el que se porta mal.
Poco tiempo después de que el Presidente Kennedy dijera que la vida es injusta, le tocó sufrir en carne propia los alcances de su propia máxima, ya que fue asesinado justo cuando estaba en el pináculo de su carrera política, cuando estaba casado con una de las mujeres más hermosas de Estados Unidos, y cuando estaba logrando todo a lo que cualquier norteamericano pueda aspirar a lograr en dicho país. Justo cuando había logrado llegar a la cima, la vida le arrebató todo de un solo golpe.
“Cuando cursan la secundaria las preferencias de las chicas no están con el jovencito de buena conducta y estudioso sino con el patancillo en ciernes, fumador prematuro y pendenciero que tiene las peores calificaciones y mantiene asolados a los demás; desde la óptica adulta, el peor prospecto. ¿La causa? ¿En qué consiste esa extraña atracción del pendenciero para las mujeres? No lo sé. Posiblemente se descubra años después cuando esas niñas son madres y se vuelquen en cuerpo y alma sobre sus hijos más porfiados, con desdén de los bien portados.”
“¿Les gusta la parábola del hijo pródigo? La verdad su sentido conductual es confuso. Ahí se premia al vástado derrochador e irresponsable, haciéndole una fiesta, recibiéndolo con mimos y con un anillo, matando en su honor el becerro más gordo con desprecio discriminatorio del hijo honesto, trabajado y leal. ¡Y la verdad yo no le voy a enmendar la plana a Nuestro Señor Jesucristo! Pero no le entiendo.”
“Sin embargo esta conducta de premiar al maldito e ignorar al virtuoso implica un sentido de contradicción con respecto a un criterio hipócrita de premiar lo bueno y reprimir lo malo, de que los buenos se van al cielo y los malos al infierno. Porque en ese pasaje bíblico se está obrando precisamente al contrario: se premia al malo y se castiga al bueno o por lo bajo, se le ignora. ¿Y esto no será frustrante y desalentador para el individuo que obra en bien?”
“Desde los más tiernos años en el hogar se repiten estas escenas, los padres dan más atención, mimos y cuidados al hijo mal portado, al berrinchudo, al que nunca obedece; y al buen chico, al probo y obediente sencillamente se le ignora. ¿Cuál es el mensaje? ¿Deben portarse mal para ser reconocidos? Y ya, actuando en la sociedad, tenemos que se le llama bueno al bobo. ¿Bueno? ¡Bueno de tarugo!”
“Esta reacción familiar y social de premiar de muchas maneras al malvado se aprende fácilmente y después tenemos reacciones. ¿Para qué estudiar? ¿Para ganar un sueldito de 8 o 10 mil pesos mensuales? Mejor pasan una buena carga de droga y se ganan en un día lo que honestamente se llevarían años.”
“Y ahí tenemos las consecuencias: una comunidad donde muchos de sus jóvenes han caído en las garras de los vicios y la criminalidad. Conductas perniciosas que alentamos desde nuestros propios hogares cuando no supimos recompensar el buen comportamiento y reprimir el malo e hicimos todo lo contrario. La impunidad no sólo es el mejor aliento que le podemos dar al delito sino que, en el hogar es el más pésimo ejemplo que le podemos dar a nuestros hijos. Todos quieren imitar al hijo pródigo, que al fin y al cabo no hay borlote.”
Esta desilusión manifestada por el Lic. Javier Cuéllar es tan solo uno de muchísimos y muchísimos ejemplos que podríamos encontrar sobre cómo las cosas suelen estar al revés en este mundo. Otro ejemplo de las injusticias de la vida lo tenemos aquí mismo en el Consulado norteamericano en la ciudad en la que habito, presuntamente el Consulado más grande de los Estados Unidos fuera de territorio norteamericano. Con el fin de poder inmigrar legalmente a los Estados Unidos, acuden a dicho consulado miles y miles de personas para pedir informes, siendo recibidos generalmente por algún funcionario con mala cara que les hace ver que es prácticamente imposible el poder inmigrar a los Estados Unidos a menos de que se cumplan tantos requisitos que la lista misma se antoja imposible de cumplir. Y a los pocos aplicantes cuyas solicitudes de inmigración aceptan en el Consulado, entre los muchos que rechazan, los tienen esperando año tras año mientras van envejeciendo, siempre muy derechitos, queriendo hacer las cosas legalmente porque los aplicantes no quieren romper ninguna ley, porque así los educaron en sus casas. Y el premio por querer ser honestos acatando todas las leyes y reglas impuestas por el Consulado norteamericano es una espera de años tras la cual es frecuente que venga el rechazo de la aplicación. Y en contraste con todos aquellos que nunca rompen la ley, que quieren inmigrar legalmente a los Estados Unidos acatando obedientemente todas las reglas y condiciones que les ponen, corriendo el riesgo de que su aplicación sea rechazada tras muchos años de espera, están aquellos que en socarrona violación a las leyes norteamericanas de inmigración simplemente se saltaron la barda ingresando a los Estados Unidos sin ningún papel, sin ningún pago de trámites, sin cumplir con ningún requisito, sin someterse a ningún examen médico. Y tras varios años de estar trabajando en los Estados Unidos, carcajeándose de las leyes migratorias de dicho país, carcajeándose del Consulado norteamericano en Ciudad Juárez y carcajeándose de los “idiotas” que esperan pacientemente su turno hasta que les toque su cita en el Consulado después de 10 o 15 años, ¿cuál es su castigo? Pues su “castigo” por romper la ley, su “castigo” por hacer aparecer al gobierno norteamericano y a su leyes como toda una idiotez, es una amnistía que les legaliza su situación permitiéndoles que sigan viviendo y trabajando en dicho país sin problema alguno, mientras que para los que han estado esperando no hay amnistía alguna y mucho menos alguna expeditación en sus tiempos de trámite por haber querido cumplir con las leyes del gobierno norteamericano. Esta amnistía ocurrió en los tiempos en los que Ronald Reagan fue Presidente, en 1986, pese a la oposición de prominentes Congresistas como el Senador Phil Graham que no jaló parejo con la aprobación de esa amnistía argumentando que con ella se premiaba a la gente por romper la ley. Si algo logró esa primera amnistía fue convencer a muchos de que la manera de inmigrar a los Estados Unidos no es cumpliendo un millón y medio de requisitos y someterse a todo tipo de exámenes y esperando pacientemente varios años para lo que puede terminar siendo una negativa y la peor desilusión de sus vidas, sino simplemente ingresando ilegalmente, saltarse las trancas, pitorrearse de todos los trámites legales, y empezar a trabajar de inmediato ilegalmente en los Estados Unidos mientras los que quieren hacer las cosas derecho siguen esperando. El resultado es que hoy en los Estados Unidos ya tienen unos diez millones de indocumentados que están exigiendo ya que les den cuanto antes una segunda amnistía, como si fuese un derecho al que tienen derecho después de tantos años después de haber estado violando la ley. ¿Y los que después de 1986 han estado esperando y siguen esperando pacientemente en estos momentos haciendo fila en el Consulado norteamericano para poder inmigrar legalmente a los Estados Unidos? ¿Esos qué? Para ellos no habrá ningún tipo de amnistía, no hay nadie que pida por ellos ante el Congreso norteamericano, los únicos que tienen voz son los que han violado la ley y están exigiendo la legalización de su residencia. Y si el gobierno norteamericano dá una segunda amnistía, lo más seguro es que propiciará una tercera ronda de centenas de millares de indocumentados que se cruzarán la línea divisoria rompiendo la ley con la esperanza de una tercera amnistía, y después la cuarta, y la quinta, y las que sigan, que al fin y al cabo el premio no es para el que se porta bien sino para el que se porta mal.
Poco tiempo después de que el Presidente Kennedy dijera que la vida es injusta, le tocó sufrir en carne propia los alcances de su propia máxima, ya que fue asesinado justo cuando estaba en el pináculo de su carrera política, cuando estaba casado con una de las mujeres más hermosas de Estados Unidos, y cuando estaba logrando todo a lo que cualquier norteamericano pueda aspirar a lograr en dicho país. Justo cuando había logrado llegar a la cima, la vida le arrebató todo de un solo golpe.
lunes, 15 de junio de 2009
Publicación de trabajos con LaTeX y MathML
En estos tiempos ya no basta con tener conocimientos razonablemente buenos de inglés, Internet, computación y procesadores de texto como Microsoft Word para poder comunicar y poder publicar trabajos de índole técnica y científica compartiéndolos con otros estudiantes, académicos y profesionales del mundo entero. La nueva variedad de herramientas disponibles para la elaboración de trabajos en los que se hace referencia a algún tipo de fórmulas o incluso se deriva algún resultado nuevo que se quiere comunicar a los demás requiere del aprendizaje de estas herramientas nuevas so pena de quedar pasado de moda sin ellas, al igual que los dinosaurios.
La buena noticia es que muchas de las nuevas herramientas se pueden obtener gratuitamente de Internet, sin costo alguno excepto el tiempo requerido para bajar dichas herramientas de la Web. La mala noticia es que el aprendizaje de esta nueva generación de herramientas es algo que indudablemente nos va a consumir tiempo, y nosotros no estamos viviendo muchos más años de los que vivíamos hace apenas un siglo, las expectativas de vida no han incrementado considerablemente pese a los avances de la ciencia médica; de modo que para el aprendizaje de todo lo nuevo que está saliendo seguimos teniendo casi el mismo tiempo que el que teníamos hace apenas unas cuantas décadas, y de seguir así la cosa a nadie le va a alcanzar el tiempo para aprendar casi nada de lo mucho que habrá disponible en el futuro cercano. El consuelo disfrazado es que muchas de estas herramientas nos permiten economizar nuestro tiempo compensándonos a la larga por el tiempo invertido en aprenderlas, de modo tal que si el aprender algo nuevo nos llevará 50 horas esto tal vez no sea una proposición tan mala si a la larga nos terminará ahorrando unas 4 mil horas de trabajo.
Para quienes están acostumbrados a utilizar una computadora corriendo bajo el sistema operativo Windows, lo primero que se les viene a la mente tal vez sea utilizar los recursos del procesador de texto Word de Microsoft, encontrándose con el problema de que aunque Word afirme contar con un “Editor de Ecuaciones”, este editor no se instala por defecto (default) y se tiene que hacer una instalación personalizada para poder usarlo, para lo cual se necesitan los discos originales de instalación de Word. A primera vista el “Editor de Ecuaciones” de Word no parece muy difícil, ya que se pueden ir poniendo muchos símbolos matemáticos con la ayuda del ratón aunque el proceso sea algo tedioso. Sin embargo, no tardan en aflorar las limitaciones de este “Editor de Ecuaciones”, como la imposibilidad de poder numerar las ecuaciones, la imposibilidad de ponerle colores, o la dificultad de poder utilizar con facilidad macros para insertar símbolos compuestos. Si el usuario quiere funcionalidades como estas, tendrá que adquirir algún paquete comercial como MATHTYPE que le costará un ojo de la cara. Afortunadamente, existen otras alternativas, las cuales fueron desarrolladas sin fines de lucro, que nos pueden sacar del apuro.
Si queremos publicar algún trabajo científico, la herramienta dependerá del medio a través del cual estamos interesados en transmitir nuestro trabajo. Si lo que queremos es que nuestro trabajo sea publicado en un medio impreso, posiblemente para la elaboración de una tesis de Licenciatura, Maestría o de Doctorado, entonces la herramienta predilecta en estos tiempos es la que se conoce como LaTeX, la cual se está convirtiendo en la lingua franca de la comunidad científica y técnica alrededor del mundo. Y si lo que queremos es que nuestro trabajo sea publicado en Internet con las imágenes de las fórmulas y ecuaciones científicas generadas por el navegador, entonces una herramienta que está destinada a dejar huella es la que se conoce como MathML.
Hablaremos primero de LaTeX.
El creador de LaTeX es Donald E. Knuth, y su trabajo fue un encargo de la American Mathematical Society a principios de los años setenta, la cual buscaba un lenguaje adecuado para la elaboración de sus artículos pletóricos de teoremas y fórmulas matemáticas complejas, y el resultado fue algo extremadamente potente y configurable pero también difícil de aprender.
LaTeX es en realidad un lenguaje con el cual podemos describir fórmulas y ecuaciones matemáticas de todo tipo que queremos que aparezcan en nuestro documento impreso con una calidad equiparable a la que se pueda obtener en una imprenta haciendo un trabajo profesional, el cual es tan popular que para mediados de 2009 el buscador Google reportaba un total de casi 47 millones de sitios y referencias disponibles. Está basado en un lenguaje de composición de bajo nivel llamado TeX, del cual deriva su nombre, y el cual consiste fundamentalmente en una colección de macros que facilitan el uso de este lenguaje potente.
Desafortunadamente, a diferencia de otros sistemas utilizados para procesar textos, no se obtiene el resultado final a medida que se va escribiendo sino que primero se crea lo que se conoce como código fuente (en LaTeX) y luego se procesa para llegar al documento, y en este sentido es similar a los lenguajes de “marcas” (tags) como el HTML utilizado para la elaboración de este documento que el lector seguramente está leyendo en la Web.
Si queremos que se genere dentro de un documento una expresión matemática como la siguiente en la que se emplean sub-índices:
entonces el código requerido en lenguaje LaTeX para generar esta expresión matemática es el siguiente:
Y si queremos que se genere dentro del documento una expresión matemática como la siguiente en la que se emplean super-índices (exponentes):
entonces el código requerido para generar esta expresión matemática es el siguiente:
Hay varios símbolos en LaTeX que pueden ser utilizados para obtener efectos especiales, desde los sencillos hasta los elaborados. Si todo lo que queremos hacer es obtener una fracción aritmética mostrando explícitamente el numerador y el denominador, utilizamos el símbolo “\frac”. El código que se muestra a continuación:
generará la siguiente imagen:
En el siguiente código tenemos un ejemplo de cómo podemos escribir una fórmula en la cual se tenga una expresión algebraica bajo una raíz cuadrada con la ayuda del símbolo “\sqrt”:
Este código nos genera la siguiente imagen:
Si lo que queremos es representar una sumación, utilizamos el símbolo “\sum” como lo muestra el siguiente ejemplo:
que nos genera la siguiente imagen:
Como puede verse en este ejemplo, en LaTeX podemos escribir a nuestro antojo sub-índices y super-índices (exponentes) e inclusive índices dentro de índices y exponentes sobre exponentes.
Por regla general, los espacios en blanco son ignorados automáticamente por LaTeX durante el proceso de conversión de código a imagen, y podemos meter dentro del código todos los espacios en blanco que queramos si ello nos ayuda a hacer más legible lo que tenemos puesto dentro del código, al igual que como ocurre con lenguajes de programación como C++ en los cuales los espacios en blanco e inclusive los “saltos de línea” son ignorados durante el proceso de parsificación del compilador C++ (todo generador LaTeX de imágenes también lleva a cabo un proceso de parsificación mediante el cual se van juntando los caracteres individuales o tokens para irles dando su significado apropiado). Sin embargo, hay situaciones en las cuales los espacios en blanco son imperativos. Si queremos escribir algo como la letra π seguida de la letra “A”, entonces en el código LaTeX tenemos que escribir “\pi A”, con un espacio intermedio entre la hilera “pi” y la letra “A”, porque si lo ponemos todo junto como “\piA” entonces LaTeX buscará inutilmente entre su tabla de símbolos un símbolo, el símbolo “\piA”, que no existe en LaTeX.
Para representar el producto de dos matrices podemos escribir un código como el siguiente:
\begin{pmatrix}
{0}&{0}&{0}&{1}\\
{0}&{0}&{1}&{0}\\
{0}&{1}&{0}&{0}\\
{1}&{0}&{0}&{0}
\end{pmatrix}\begin{pmatrix}
{\psi_1}\\
{\psi_2}\\
{\psi_3}\\
{\psi_4}
\end{pmatrix}=\begin{pmatrix}
{\psi_4}\\
{\psi_3}\\
{\psi_2}\\
{\psi_1}
\end{pmatrix}
con lo cual se nos genera la siguiente imagen:
Podemos ver aquí que se pueden generar los caracteres griegos de uso común en la simbología matemática tanto en mayúsculas (p.ej. Λ, Φ) como en minúsculas (p.ej. λ, φ) llamándolos directamente por su nombre.
El siguiente código:
nos genera esta expresión propia de los estudios del análisis vectorial:
La siguiente expresión que involucra una integral:
puede ser generada sin dificultad alguna por el código LaTeX que se muestra a continuación:
A continuación tenemos otro ejemplo de código en lenguaje LaTeX requerido para generar para su publicación en un medio impreso lo que en física relativista se conoce como una matriz de Lorentz:
\[ \left[ \begin{array}{cccc}
-1 & 0 & 0 & 0\\\
0 & 1 & 0 & 0\\\
0 & 0 & 1 & 0\\\
0 & 0 & 0 & 1 \end{array} \right]\]
Cuando, en base al código anterior, se nos genera dentro del documento una matriz de Lorentz, aparecerá en la versión final del documento previa a su impresión una imagen como la siguiente:
Si por alguna razón queremos hacer un “salto de línea” para sub-dividir una expresión larga en dos o más renglones, utilizamos la doble diagonal inversa (\\), como en el caso del siguiente código:
\bold {T}_;_k = (T^i_;_k)= (\frac{\partial T^i}{\partial x^k} + \Gamma^i _t_k T^t)
\\
= (T^i_,_k + \Gamma^i _t_k T^t)
que nos genera:
Como puede verse en este último ejemplo, el símbolo “∂” utilizado para representar las derivadas parciales se genera con la línea “\partial”.
El problema en el uso de LaTeX es que, como lenguaje, al principio puede resultar críptico y de difícil manejo para quienes no tienen el tiempo necesario para aprenderse la sintaxis del lenguaje. Pero no solo es necesario aprender los macros que requerimos para poder generar cierta fórmula. El documento en el cual será injertada la fórmula tiene que seguir ciertas convenciones.
LaTeX está incluído como parte integral en todas las distribuciones del sistema operativo LINUX, lo cual le dá a muchos buenas razones para migrar a este magnífico sistema operativo que tiene la ventaja de ser un sistema operativo de código abierto, gratuito, con el que Windows realmente no puede competir del mismo modo que Microsoft no ha podido competir con su costosa enciclopedia Encarta en contra de la Wikipedia gratuita ni su navegador Internet Explorer ha podido competir contra su principal rival Mozilla Firefox que le lleva la delantera en todos respectos. De cualquier manera, para todos aquellos que permanecen cautivos del sistema operativo Windows, también existe la posibilidad de usarlo. Desde hace varios años un puñado de programadores independientes han estado creando distribuciones de calidad de LaTeX para Windows, y su trabajo tiene el doble mérito de que no solo es bueno, sino que también es gratis.
Aunque LaTeX es utilizado para la publicación de trabajos técnicos y científicos principalmente en un medio impreso, en la actualidad, también sirve para la elaboración de algo que queramos subir “en vivo” en un documento a la Web, dependiendo del lugar a donde queramos subir el documento que contenga fórmulas codificadas con LaTeX. En una cantidad creciente de páginas Web es posible “postear” ecuaciones en código LaTeX, siempre y cuando el servidor huésped en el que estén alojadas las páginas que contengan código LaTeX estén habilitadas para llevar a cabo la conversión del código LaTeX a imágenes gráficas de ecuaciones, las cuales son exhibidas en la página como imágenes de archivo fotográfico tipo “.png”. Un ejemplo de tales servidores es el que sirve de huésped al popular foro Physics Forums, el cual tiene la siguiente página explicando cómo “postear” ecuaciones científicas y fórmulas matemáticas en LaTeX dentro de dicho foro:
http://www.physicsforums.com/showthread.php?t=8997
En dicha página se explica que para meter una fórmula LaTeX dentro de un texto que aparecerá en un foro de discusiones del sitio Physics Forums, basta con incluír el código LaTeX entre las etiquetas [tex] y [/tex] o entre las etiquetas [latex] y [/latex], y explica también que es posible poder leer el código LaTeX que está detrás de cada una de dichas fórmulas, para esto último basta con hacer “clic”-izquierdo con el ratón de la computadora dentro de la imagen de la fórmula para que aparezca una ventanita titulada “LaTeX Source Code” que muestra el código LaTeX utilizado para generar la fórmula. Esta es una buena manera de ir aprendiendo a escribir fórmulas en LaTeX para meterlas dentro de mensajes y documentos que serán publicados en sitios cuyos servidores están habilitados para llevar a cabo la conversión automática de LaTeX a archivo de imagen. La ventanita conduce a un documento del tipo “.pdf” breve pero informativo que sintetiza lo fundamental de los macros utilizados en LaTeX:
http://www.physicsforums.com/misc/howtolatex.pdf
Naturalmente, antes de subir a sitios como éstos que están habilitados para interpretar código LaTeX cualquier documento, los creadores del documento quieren cerciorarse primero de si la fórmula en LaTeX que están incluyendo es la correcta. Para ello, hay varios sitios de acceso gratuito en Internet que les permiten escribir la fórmula en código LaTeX y hecho esto se les envía la fórmula regresándose en poco tiempo la imagen generada por la fórmula. Uno de tales sitios, muy popular, es el siguiente:
http://rogercortesi.com/eqn/index.php
En este sitio, uno puede especificar el tamaño de la tipografía mediante el recuadro titulado “Resolution” que por omisión tiene el valor de 150. Entre mayor sea el valor numérico, tanto mayor será el tamaño de la imagen, y entre menor sea el valor numérico, tanto menor será el tamaño de la imagen. Para adquirir un poco de práctica, tal vez el lector quiera entrar a dicho sitio y meter el siguiente código LaTeX que le debe generar las imágenes que corresponden a las fórmulas mostradas (posiblemente a muchos la simbología e inclusive la nomenclatura les parezcan texto chino, pero ello no es lo importante, lo importante es descubrir las capacidades disponibles para la generación de tipografía matemática en la Web):
Formula del simbolo de Christoffel del primer género:
\Gamma_{ijk} = \frac{1}{2}(\frac{\partial}{\partial x^i} g_{jk} + \frac{\partial}{\partial x^j} g_{ki} - \frac{\partial}{\partial x^k} g_{ij})
Fórmula abreviada del símbolo de Christoffel del primer género:
\Gamma_{ijk} = \frac{1}{2}(\partial_i g_{jk} + \partial_j g_{ki} - \partial_k g_{ij})
Matriz métrica conjugada para coordenadas polares:
G^{-1}=\[ \left[ \begin{array}{ccc}
\frac{1}{r^2} & 0 \\\
0 & \frac{1}{r^2 \sin^2\theta} \end{array} \right]\]
Las capacidades de LaTeX van mucho más allá de simplemente generar imágenes en blanco y negro de fórmulas matemáticas. Se le puede agregar COLOR a las fórmulas e inclusive resaltar algo dentro de una fórmula que se quiera explicar con detalle. Si queremos destacar ciertos símbolos con algún color, utilizamos una sintaxis como la siguiente:
con la cual se genera la siguiente expresión:
Si queremos que los caracteres en color azul aparezcan en color rojo, entonces todo lo que tenemos que hacer es cambiar arriba en el código LaTeX la palabra “blue” por la palabra “red”, habiendo otros colores para escoger. A manera de ejemplo, el macro:
f=\frac{n v}{2 L}, \underbrace{\color{red}n=1, 2, 3, \ldots}_{\text{n's permitidas}}
nos genera la siguiente imagen en el editor-en-linea de Roger Cortesi:
Y el siguiente macro LaTeX:
\newcommand{\del}{\nabla}
\underbrace{\begin{array}{|l|l|}
\hline
\color{red}\text{Ley de Coulomb} & \color{red}\del \cdot \vec{D} = 4 \pi \rho \\
\hline
\color{cyan}\text{Ley de Ampere} & \color{cyan}\del \times \vec{H} = \frac{4 \pi}{c} \vec{J} \\
\hline
\color{green}\text{Ley de Faraday} & \color{green}\del \times \vec{E} + \frac{1}{c} \frac{\partial \vec{B}}{\partial t}=0 \\
\hline
\color{blue}\text{No hay monopolos magneticos} & \color{blue}\del \cdot \vec{B} = 0 \\
\hline
\end{array}}_{\mbox{\uc{Las cuatro ecuaciones de Maxwell}}}
es capaz de generar la siguiente imagen:
Obsérvese que los paréntesis “corchetes” (“{” y “}”) conocidos en inglés como braces son los que nos definen el alcance de cierto símbolo LaTeX que afectará a la hilera de caracteres que le sigue. Son como signos de puntuación. Cuando haya duda de que cierto símbolo LaTeX pueda afectar otros caracteres que estén más allá de lo que se quiera afectar (como algo que se quiera poner dentro de una raíz cuadrada sin tocar caracteres posteriores) entonces póngase dentro de corchetes lo que va a ser cubierto por el alcance del símbolo; los corchetes se encargarán de que se afecte únicamente lo que deba ser afectado. A modo de ejemplo, con el siguiente código en el cual hemos usado liberalmente los corchetes:
se nos genera la siguiente imagen de la fórmula que queremos representar:
Al usar ampliamente los corchetes como “signos de puntuación”, con el fin de evitar equivocaciones es importante checar que en todo momento los corchetes estén “balanceados”, esto es, que haya tantos corchetes “izquierdos” como corchetes “derechos”, porque si hay más de unos que de otros entonces algo nos está faltando o nos está sobrando. En la expresión de arriba hay cuatro corchetes izquierdos y hay cuatro corchetes derechos, con lo cual la expresión está balanceada.
Además del editor-en-línea de Roger Cortesi hay otros editores-en-linea de uso gratuito capaces de generar imágenes a partir de los macros de LaTeX. Sin embargo, cuando no es posible estar conectado a Internet todo el tiempo, ya sea porque la conexión está caída o porque se está en un lugar con una computadora portátil laptop en donde no hay conexión telefónica a Internet disponible o simplemente porque no tenemos dinero para pagar un servicio como Prodigy Infinitum, existe la opción de poder descargar programas gratuitos que se pueden instalar en una computadora los cuales pueden generar imágenes a partir de macros LaTeX. Uno de ellos es el programa TexNic, el cual tiene un peso de 4.4 Mb y puede correr inclusive en sistemas operativos tan viejos como Windows 98, y el cual se puede descargar gratuitamente de Internet del siguiente domicilio:
http://texniccenter.en.softonic.com/download
Además de las opciones ya mencionadas para el aprendizaje en el uso y manejo de LaTeX en Internet, existen otras disponibles también gratuitamente en la Web. Posiblemente una de las distribuciones de LaTeX para Windows más sencillas y configurables lo sea MiKTeX, la cual puede correr en los sistemas operativos Windows 95, Windows 98, Windows NT y Windows XP, y aunque sigue siendo un programa gratuito recientemente se le ha agregado la opción de soporte técnico por correo electrónico tras el pago de una pequeña cantidad, lo cual sirve para mantener la actividad del programados y es recomendable para la continuidad del proyecto. El sitio desde donde se disemina a MiKTeX es el siguiente:
http://www.miktex.org
Para la instalación de MiKTeX hay tres opciones de instalación, una instalación pequeña de 23 Megabytes (Small), una instalación grande de 64 Megabytes (Large) y una instalación total de 143 Megabytes (Total).
Los archivos que lee todo sistema LaTeX son simples archivos de texto ASCII a los que se les pone la extensión “.tex” en lugar de la extensión usual “.txt”, razón por la cual para crear un documento sólo se necesita de un editor capaz de producir estos archivos de texto.
MiKTeX es tan sólo una distribución de LaTeX para Windows pero sin interfaz gráfica. Quienquiera que crea que al echarlo a andar se va a encontrar con una interfaz gráfica como la que proporciona Excel o Word o Photoshop se va a llevar una decepción enorme. Habiendo obtenido MiKTeX, si el usuario desea una interfaz gráfica para evitar la pena de tener que elaborar el documento a mano, tiene que integrar a MikTeX con otro paquete como MathType por el cual tendrá que desembolsar una buena cantidad de dinero que posiblemente no tendría que desembolsar si desde un principio estuviese trabajando con el sistema operativo Linux en el cual hay varias opciones gratuitas para interfaz gráfica en la edición de ecuaciones y fórmulas. Windows, como puede verse, tiene varios costos adicionales ocultos de los cuales sólo los que ya han experimentado con Linux se dan cuenta.
A fin de cuentas, la mejor forma de aprender LaTeX es leyendo buenos libros y, sobre todo, practicando mucho. Es aquí en donde se invertirán las 50 horas de nuestro tiempo con la esperanza de que, a la larga, terminen ahorrándonos 4 mil horas de trabajo.
Se puede obtener más información acerca de LaTeX en el enlace de Wikipedia:
http://es.wikipedia.org/wiki/LaTeX
Para el trazado de las ecuaciones matematicas “en vivo” desde un navegador de Internet, se ha desarrollado este lenguaje bautizado como Mathematical Markup Language mejor conocido simplemente como MathML, el cual al momento de escribirse esta entrada sigue siendo un proyecto en vías de culminación. El espíritu de MathML está inspirado, al igual que como ocurrió con el lenguaje de marcado original HTML (Hyper Text Markup Language) que posibilitó a los primeros navegadores de Internet, en el uso de las “etiquetas”. Así como para que cierto texto sea generado en letras itálicas basta con ponerlo entre la etiqueta de apertura y de cierre de itálicas que le indica al navegador que el texto debe ser generado en itálicas, del mismo hay etiquetas que le indican al navegador que cierto texto debe generar el símbolo de una raíz cuadrada, que cierto texto debe ser mostrado como una fracción de polinomios, o que cierto texto debe ser interpretado como una matriz (un arreglo rectangular de números). La mala noticia es que esto requiere del aprendizaje de toda una nueva serie de etiquetas de marcado para poder generar en forma correcta la fórmula que se desea generar a través del navegador. La ventaja del MathML es que hace obsoleto el tener que incluír imágenes fotográficas de fórmulas y ecuaciones intercaladas entre un archivo de texto, ya que las fórmulas y ecuaciones son generadas automáticamente por el mismo navegador, reduciendo el tamaño del archivo que está hospedado en el servidor principal.
Aunque a partir del navegador Mozilla Firefox 1.5 se ha incluido soporte nativo a MathML, este soporte no está garantizado a todos los demás navegadores y mucho menos a navegadores antiguos. Esto es algo que debe tener en mente todo aquél que quiera que sus trabajos puedan llegar a todo el mundo, ya que en países tercermundistas como los que hay en Africa y en Sudamérica posiblemente tienen máquinas que siguen operando con navegadores antiguos porque sus capacidades limitadas tanto en el tamaño de la memoria RAM de las máquinas como la velocidad del procesador de las mismas e inclusive el sistema operativo que utilizan (aún hay muchas computadoras que siguen trabajando con Windows 95 con todo y que ya pasaron casi 15 años desde que fué introducido) no permiten la instalación de navegadores más modernos. Es por ello que, en caso de que se quiera accesar al mayor auditorio posible, es preferible utilizar imágenes en cualquiera de los formatos que pueden ser leídos por la mayoría de los navegadores (.jpg, .gif, .png, etc.), con lo cual el elaborador del documento se puede ahorrar el tener que aprenderse las etiquetas (tags) en las cuales se basará el MathML que sigue siendo un proyecto inconcluso en vías de desarrollo.
Se puede obtener más información acerca de MathML en el enlace de Wikipedia:
http://es.wikipedia.org/wiki/MathML
La buena noticia es que muchas de las nuevas herramientas se pueden obtener gratuitamente de Internet, sin costo alguno excepto el tiempo requerido para bajar dichas herramientas de la Web. La mala noticia es que el aprendizaje de esta nueva generación de herramientas es algo que indudablemente nos va a consumir tiempo, y nosotros no estamos viviendo muchos más años de los que vivíamos hace apenas un siglo, las expectativas de vida no han incrementado considerablemente pese a los avances de la ciencia médica; de modo que para el aprendizaje de todo lo nuevo que está saliendo seguimos teniendo casi el mismo tiempo que el que teníamos hace apenas unas cuantas décadas, y de seguir así la cosa a nadie le va a alcanzar el tiempo para aprendar casi nada de lo mucho que habrá disponible en el futuro cercano. El consuelo disfrazado es que muchas de estas herramientas nos permiten economizar nuestro tiempo compensándonos a la larga por el tiempo invertido en aprenderlas, de modo tal que si el aprender algo nuevo nos llevará 50 horas esto tal vez no sea una proposición tan mala si a la larga nos terminará ahorrando unas 4 mil horas de trabajo.
Para quienes están acostumbrados a utilizar una computadora corriendo bajo el sistema operativo Windows, lo primero que se les viene a la mente tal vez sea utilizar los recursos del procesador de texto Word de Microsoft, encontrándose con el problema de que aunque Word afirme contar con un “Editor de Ecuaciones”, este editor no se instala por defecto (default) y se tiene que hacer una instalación personalizada para poder usarlo, para lo cual se necesitan los discos originales de instalación de Word. A primera vista el “Editor de Ecuaciones” de Word no parece muy difícil, ya que se pueden ir poniendo muchos símbolos matemáticos con la ayuda del ratón aunque el proceso sea algo tedioso. Sin embargo, no tardan en aflorar las limitaciones de este “Editor de Ecuaciones”, como la imposibilidad de poder numerar las ecuaciones, la imposibilidad de ponerle colores, o la dificultad de poder utilizar con facilidad macros para insertar símbolos compuestos. Si el usuario quiere funcionalidades como estas, tendrá que adquirir algún paquete comercial como MATHTYPE que le costará un ojo de la cara. Afortunadamente, existen otras alternativas, las cuales fueron desarrolladas sin fines de lucro, que nos pueden sacar del apuro.
Si queremos publicar algún trabajo científico, la herramienta dependerá del medio a través del cual estamos interesados en transmitir nuestro trabajo. Si lo que queremos es que nuestro trabajo sea publicado en un medio impreso, posiblemente para la elaboración de una tesis de Licenciatura, Maestría o de Doctorado, entonces la herramienta predilecta en estos tiempos es la que se conoce como LaTeX, la cual se está convirtiendo en la lingua franca de la comunidad científica y técnica alrededor del mundo. Y si lo que queremos es que nuestro trabajo sea publicado en Internet con las imágenes de las fórmulas y ecuaciones científicas generadas por el navegador, entonces una herramienta que está destinada a dejar huella es la que se conoce como MathML.
Hablaremos primero de LaTeX.
El creador de LaTeX es Donald E. Knuth, y su trabajo fue un encargo de la American Mathematical Society a principios de los años setenta, la cual buscaba un lenguaje adecuado para la elaboración de sus artículos pletóricos de teoremas y fórmulas matemáticas complejas, y el resultado fue algo extremadamente potente y configurable pero también difícil de aprender.
LaTeX es en realidad un lenguaje con el cual podemos describir fórmulas y ecuaciones matemáticas de todo tipo que queremos que aparezcan en nuestro documento impreso con una calidad equiparable a la que se pueda obtener en una imprenta haciendo un trabajo profesional, el cual es tan popular que para mediados de 2009 el buscador Google reportaba un total de casi 47 millones de sitios y referencias disponibles. Está basado en un lenguaje de composición de bajo nivel llamado TeX, del cual deriva su nombre, y el cual consiste fundamentalmente en una colección de macros que facilitan el uso de este lenguaje potente.
Desafortunadamente, a diferencia de otros sistemas utilizados para procesar textos, no se obtiene el resultado final a medida que se va escribiendo sino que primero se crea lo que se conoce como código fuente (en LaTeX) y luego se procesa para llegar al documento, y en este sentido es similar a los lenguajes de “marcas” (tags) como el HTML utilizado para la elaboración de este documento que el lector seguramente está leyendo en la Web.
Si queremos que se genere dentro de un documento una expresión matemática como la siguiente en la que se emplean sub-índices:
a11 + a22 + a33 + a44 = 0
entonces el código requerido en lenguaje LaTeX para generar esta expresión matemática es el siguiente:
0=a_{11} + a_{22}+a_{33} + a_{44}=0
Y si queremos que se genere dentro del documento una expresión matemática como la siguiente en la que se emplean super-índices (exponentes):
Hipotenusa = a² + b²
entonces el código requerido para generar esta expresión matemática es el siguiente:
Hipotenusa=a^2b^2
Hay varios símbolos en LaTeX que pueden ser utilizados para obtener efectos especiales, desde los sencillos hasta los elaborados. Si todo lo que queremos hacer es obtener una fracción aritmética mostrando explícitamente el numerador y el denominador, utilizamos el símbolo “\frac”. El código que se muestra a continuación:
\frac{a+2ab+c+7}{3b+4bc-5}
generará la siguiente imagen:
En el siguiente código tenemos un ejemplo de cómo podemos escribir una fórmula en la cual se tenga una expresión algebraica bajo una raíz cuadrada con la ayuda del símbolo “\sqrt”:
\frac{\partial x}{\partial x'}=\frac{1}{\sqrt{1-V^2/c^2}}
Este código nos genera la siguiente imagen:
Si lo que queremos es representar una sumación, utilizamos el símbolo “\sum” como lo muestra el siguiente ejemplo:
\sum_{i=0}^3 \alpha_i^6
que nos genera la siguiente imagen:
Como puede verse en este ejemplo, en LaTeX podemos escribir a nuestro antojo sub-índices y super-índices (exponentes) e inclusive índices dentro de índices y exponentes sobre exponentes.
Por regla general, los espacios en blanco son ignorados automáticamente por LaTeX durante el proceso de conversión de código a imagen, y podemos meter dentro del código todos los espacios en blanco que queramos si ello nos ayuda a hacer más legible lo que tenemos puesto dentro del código, al igual que como ocurre con lenguajes de programación como C++ en los cuales los espacios en blanco e inclusive los “saltos de línea” son ignorados durante el proceso de parsificación del compilador C++ (todo generador LaTeX de imágenes también lleva a cabo un proceso de parsificación mediante el cual se van juntando los caracteres individuales o tokens para irles dando su significado apropiado). Sin embargo, hay situaciones en las cuales los espacios en blanco son imperativos. Si queremos escribir algo como la letra π seguida de la letra “A”, entonces en el código LaTeX tenemos que escribir “\pi A”, con un espacio intermedio entre la hilera “pi” y la letra “A”, porque si lo ponemos todo junto como “\piA” entonces LaTeX buscará inutilmente entre su tabla de símbolos un símbolo, el símbolo “\piA”, que no existe en LaTeX.
Para representar el producto de dos matrices podemos escribir un código como el siguiente:
\begin{pmatrix}
{0}&{0}&{0}&{1}\\
{0}&{0}&{1}&{0}\\
{0}&{1}&{0}&{0}\\
{1}&{0}&{0}&{0}
\end{pmatrix}\begin{pmatrix}
{\psi_1}\\
{\psi_2}\\
{\psi_3}\\
{\psi_4}
\end{pmatrix}=\begin{pmatrix}
{\psi_4}\\
{\psi_3}\\
{\psi_2}\\
{\psi_1}
\end{pmatrix}
con lo cual se nos genera la siguiente imagen:
Podemos ver aquí que se pueden generar los caracteres griegos de uso común en la simbología matemática tanto en mayúsculas (p.ej. Λ, Φ) como en minúsculas (p.ej. λ, φ) llamándolos directamente por su nombre.
El siguiente código:
\vec V = a\vec i + b\vec j + c\vec k + d\vec l
nos genera esta expresión propia de los estudios del análisis vectorial:
La siguiente expresión que involucra una integral:
puede ser generada sin dificultad alguna por el código LaTeX que se muestra a continuación:
\delta \int_{t_1} ^ {t_2} L(q_i, \dot {q_i},t ) dt = 0
A continuación tenemos otro ejemplo de código en lenguaje LaTeX requerido para generar para su publicación en un medio impreso lo que en física relativista se conoce como una matriz de Lorentz:
\[ \left[ \begin{array}{cccc}
-1 & 0 & 0 & 0\\\
0 & 1 & 0 & 0\\\
0 & 0 & 1 & 0\\\
0 & 0 & 0 & 1 \end{array} \right]\]
Cuando, en base al código anterior, se nos genera dentro del documento una matriz de Lorentz, aparecerá en la versión final del documento previa a su impresión una imagen como la siguiente:
Si por alguna razón queremos hacer un “salto de línea” para sub-dividir una expresión larga en dos o más renglones, utilizamos la doble diagonal inversa (\\), como en el caso del siguiente código:
\bold {T}_;_k = (T^i_;_k)= (\frac{\partial T^i}{\partial x^k} + \Gamma^i _t_k T^t)
\\
= (T^i_,_k + \Gamma^i _t_k T^t)
que nos genera:
Como puede verse en este último ejemplo, el símbolo “∂” utilizado para representar las derivadas parciales se genera con la línea “\partial”.
El problema en el uso de LaTeX es que, como lenguaje, al principio puede resultar críptico y de difícil manejo para quienes no tienen el tiempo necesario para aprenderse la sintaxis del lenguaje. Pero no solo es necesario aprender los macros que requerimos para poder generar cierta fórmula. El documento en el cual será injertada la fórmula tiene que seguir ciertas convenciones.
LaTeX está incluído como parte integral en todas las distribuciones del sistema operativo LINUX, lo cual le dá a muchos buenas razones para migrar a este magnífico sistema operativo que tiene la ventaja de ser un sistema operativo de código abierto, gratuito, con el que Windows realmente no puede competir del mismo modo que Microsoft no ha podido competir con su costosa enciclopedia Encarta en contra de la Wikipedia gratuita ni su navegador Internet Explorer ha podido competir contra su principal rival Mozilla Firefox que le lleva la delantera en todos respectos. De cualquier manera, para todos aquellos que permanecen cautivos del sistema operativo Windows, también existe la posibilidad de usarlo. Desde hace varios años un puñado de programadores independientes han estado creando distribuciones de calidad de LaTeX para Windows, y su trabajo tiene el doble mérito de que no solo es bueno, sino que también es gratis.
Aunque LaTeX es utilizado para la publicación de trabajos técnicos y científicos principalmente en un medio impreso, en la actualidad, también sirve para la elaboración de algo que queramos subir “en vivo” en un documento a la Web, dependiendo del lugar a donde queramos subir el documento que contenga fórmulas codificadas con LaTeX. En una cantidad creciente de páginas Web es posible “postear” ecuaciones en código LaTeX, siempre y cuando el servidor huésped en el que estén alojadas las páginas que contengan código LaTeX estén habilitadas para llevar a cabo la conversión del código LaTeX a imágenes gráficas de ecuaciones, las cuales son exhibidas en la página como imágenes de archivo fotográfico tipo “.png”. Un ejemplo de tales servidores es el que sirve de huésped al popular foro Physics Forums, el cual tiene la siguiente página explicando cómo “postear” ecuaciones científicas y fórmulas matemáticas en LaTeX dentro de dicho foro:
http://www.physicsforums.com/showthread.php?t=8997
En dicha página se explica que para meter una fórmula LaTeX dentro de un texto que aparecerá en un foro de discusiones del sitio Physics Forums, basta con incluír el código LaTeX entre las etiquetas [tex] y [/tex] o entre las etiquetas [latex] y [/latex], y explica también que es posible poder leer el código LaTeX que está detrás de cada una de dichas fórmulas, para esto último basta con hacer “clic”-izquierdo con el ratón de la computadora dentro de la imagen de la fórmula para que aparezca una ventanita titulada “LaTeX Source Code” que muestra el código LaTeX utilizado para generar la fórmula. Esta es una buena manera de ir aprendiendo a escribir fórmulas en LaTeX para meterlas dentro de mensajes y documentos que serán publicados en sitios cuyos servidores están habilitados para llevar a cabo la conversión automática de LaTeX a archivo de imagen. La ventanita conduce a un documento del tipo “.pdf” breve pero informativo que sintetiza lo fundamental de los macros utilizados en LaTeX:
http://www.physicsforums.com/misc/howtolatex.pdf
Naturalmente, antes de subir a sitios como éstos que están habilitados para interpretar código LaTeX cualquier documento, los creadores del documento quieren cerciorarse primero de si la fórmula en LaTeX que están incluyendo es la correcta. Para ello, hay varios sitios de acceso gratuito en Internet que les permiten escribir la fórmula en código LaTeX y hecho esto se les envía la fórmula regresándose en poco tiempo la imagen generada por la fórmula. Uno de tales sitios, muy popular, es el siguiente:
http://rogercortesi.com/eqn/index.php
En este sitio, uno puede especificar el tamaño de la tipografía mediante el recuadro titulado “Resolution” que por omisión tiene el valor de 150. Entre mayor sea el valor numérico, tanto mayor será el tamaño de la imagen, y entre menor sea el valor numérico, tanto menor será el tamaño de la imagen. Para adquirir un poco de práctica, tal vez el lector quiera entrar a dicho sitio y meter el siguiente código LaTeX que le debe generar las imágenes que corresponden a las fórmulas mostradas (posiblemente a muchos la simbología e inclusive la nomenclatura les parezcan texto chino, pero ello no es lo importante, lo importante es descubrir las capacidades disponibles para la generación de tipografía matemática en la Web):
Formula del simbolo de Christoffel del primer género:
\Gamma_{ijk} = \frac{1}{2}(\frac{\partial}{\partial x^i} g_{jk} + \frac{\partial}{\partial x^j} g_{ki} - \frac{\partial}{\partial x^k} g_{ij})
Fórmula abreviada del símbolo de Christoffel del primer género:
\Gamma_{ijk} = \frac{1}{2}(\partial_i g_{jk} + \partial_j g_{ki} - \partial_k g_{ij})
Matriz métrica conjugada para coordenadas polares:
G^{-1}=\[ \left[ \begin{array}{ccc}
\frac{1}{r^2} & 0 \\\
0 & \frac{1}{r^2 \sin^2\theta} \end{array} \right]\]
Las capacidades de LaTeX van mucho más allá de simplemente generar imágenes en blanco y negro de fórmulas matemáticas. Se le puede agregar COLOR a las fórmulas e inclusive resaltar algo dentro de una fórmula que se quiera explicar con detalle. Si queremos destacar ciertos símbolos con algún color, utilizamos una sintaxis como la siguiente:
x = e^{\color {blue} 2 + 3i}
con la cual se genera la siguiente expresión:
Si queremos que los caracteres en color azul aparezcan en color rojo, entonces todo lo que tenemos que hacer es cambiar arriba en el código LaTeX la palabra “blue” por la palabra “red”, habiendo otros colores para escoger. A manera de ejemplo, el macro:
f=\frac{n v}{2 L}, \underbrace{\color{red}n=1, 2, 3, \ldots}_{\text{n's permitidas}}
nos genera la siguiente imagen en el editor-en-linea de Roger Cortesi:
Y el siguiente macro LaTeX:
\newcommand{\del}{\nabla}
\underbrace{\begin{array}{|l|l|}
\hline
\color{red}\text{Ley de Coulomb} & \color{red}\del \cdot \vec{D} = 4 \pi \rho \\
\hline
\color{cyan}\text{Ley de Ampere} & \color{cyan}\del \times \vec{H} = \frac{4 \pi}{c} \vec{J} \\
\hline
\color{green}\text{Ley de Faraday} & \color{green}\del \times \vec{E} + \frac{1}{c} \frac{\partial \vec{B}}{\partial t}=0 \\
\hline
\color{blue}\text{No hay monopolos magneticos} & \color{blue}\del \cdot \vec{B} = 0 \\
\hline
\end{array}}_{\mbox{\uc{Las cuatro ecuaciones de Maxwell}}}
es capaz de generar la siguiente imagen:
Obsérvese que los paréntesis “corchetes” (“{” y “}”) conocidos en inglés como braces son los que nos definen el alcance de cierto símbolo LaTeX que afectará a la hilera de caracteres que le sigue. Son como signos de puntuación. Cuando haya duda de que cierto símbolo LaTeX pueda afectar otros caracteres que estén más allá de lo que se quiera afectar (como algo que se quiera poner dentro de una raíz cuadrada sin tocar caracteres posteriores) entonces póngase dentro de corchetes lo que va a ser cubierto por el alcance del símbolo; los corchetes se encargarán de que se afecte únicamente lo que deba ser afectado. A modo de ejemplo, con el siguiente código en el cual hemos usado liberalmente los corchetes:
{\sqrt { {\sqrt {a + b + c} } + d + e + f } } + g + h
se nos genera la siguiente imagen de la fórmula que queremos representar:
Al usar ampliamente los corchetes como “signos de puntuación”, con el fin de evitar equivocaciones es importante checar que en todo momento los corchetes estén “balanceados”, esto es, que haya tantos corchetes “izquierdos” como corchetes “derechos”, porque si hay más de unos que de otros entonces algo nos está faltando o nos está sobrando. En la expresión de arriba hay cuatro corchetes izquierdos y hay cuatro corchetes derechos, con lo cual la expresión está balanceada.
Además del editor-en-línea de Roger Cortesi hay otros editores-en-linea de uso gratuito capaces de generar imágenes a partir de los macros de LaTeX. Sin embargo, cuando no es posible estar conectado a Internet todo el tiempo, ya sea porque la conexión está caída o porque se está en un lugar con una computadora portátil laptop en donde no hay conexión telefónica a Internet disponible o simplemente porque no tenemos dinero para pagar un servicio como Prodigy Infinitum, existe la opción de poder descargar programas gratuitos que se pueden instalar en una computadora los cuales pueden generar imágenes a partir de macros LaTeX. Uno de ellos es el programa TexNic, el cual tiene un peso de 4.4 Mb y puede correr inclusive en sistemas operativos tan viejos como Windows 98, y el cual se puede descargar gratuitamente de Internet del siguiente domicilio:
http://texniccenter.en.softonic.com/download
Además de las opciones ya mencionadas para el aprendizaje en el uso y manejo de LaTeX en Internet, existen otras disponibles también gratuitamente en la Web. Posiblemente una de las distribuciones de LaTeX para Windows más sencillas y configurables lo sea MiKTeX, la cual puede correr en los sistemas operativos Windows 95, Windows 98, Windows NT y Windows XP, y aunque sigue siendo un programa gratuito recientemente se le ha agregado la opción de soporte técnico por correo electrónico tras el pago de una pequeña cantidad, lo cual sirve para mantener la actividad del programados y es recomendable para la continuidad del proyecto. El sitio desde donde se disemina a MiKTeX es el siguiente:
http://www.miktex.org
Para la instalación de MiKTeX hay tres opciones de instalación, una instalación pequeña de 23 Megabytes (Small), una instalación grande de 64 Megabytes (Large) y una instalación total de 143 Megabytes (Total).
Los archivos que lee todo sistema LaTeX son simples archivos de texto ASCII a los que se les pone la extensión “.tex” en lugar de la extensión usual “.txt”, razón por la cual para crear un documento sólo se necesita de un editor capaz de producir estos archivos de texto.
MiKTeX es tan sólo una distribución de LaTeX para Windows pero sin interfaz gráfica. Quienquiera que crea que al echarlo a andar se va a encontrar con una interfaz gráfica como la que proporciona Excel o Word o Photoshop se va a llevar una decepción enorme. Habiendo obtenido MiKTeX, si el usuario desea una interfaz gráfica para evitar la pena de tener que elaborar el documento a mano, tiene que integrar a MikTeX con otro paquete como MathType por el cual tendrá que desembolsar una buena cantidad de dinero que posiblemente no tendría que desembolsar si desde un principio estuviese trabajando con el sistema operativo Linux en el cual hay varias opciones gratuitas para interfaz gráfica en la edición de ecuaciones y fórmulas. Windows, como puede verse, tiene varios costos adicionales ocultos de los cuales sólo los que ya han experimentado con Linux se dan cuenta.
A fin de cuentas, la mejor forma de aprender LaTeX es leyendo buenos libros y, sobre todo, practicando mucho. Es aquí en donde se invertirán las 50 horas de nuestro tiempo con la esperanza de que, a la larga, terminen ahorrándonos 4 mil horas de trabajo.
Se puede obtener más información acerca de LaTeX en el enlace de Wikipedia:
http://es.wikipedia.org/wiki/LaTeX
Para el trazado de las ecuaciones matematicas “en vivo” desde un navegador de Internet, se ha desarrollado este lenguaje bautizado como Mathematical Markup Language mejor conocido simplemente como MathML, el cual al momento de escribirse esta entrada sigue siendo un proyecto en vías de culminación. El espíritu de MathML está inspirado, al igual que como ocurrió con el lenguaje de marcado original HTML (Hyper Text Markup Language) que posibilitó a los primeros navegadores de Internet, en el uso de las “etiquetas”. Así como para que cierto texto sea generado en letras itálicas basta con ponerlo entre la etiqueta de apertura y de cierre de itálicas que le indica al navegador que el texto debe ser generado en itálicas, del mismo hay etiquetas que le indican al navegador que cierto texto debe generar el símbolo de una raíz cuadrada, que cierto texto debe ser mostrado como una fracción de polinomios, o que cierto texto debe ser interpretado como una matriz (un arreglo rectangular de números). La mala noticia es que esto requiere del aprendizaje de toda una nueva serie de etiquetas de marcado para poder generar en forma correcta la fórmula que se desea generar a través del navegador. La ventaja del MathML es que hace obsoleto el tener que incluír imágenes fotográficas de fórmulas y ecuaciones intercaladas entre un archivo de texto, ya que las fórmulas y ecuaciones son generadas automáticamente por el mismo navegador, reduciendo el tamaño del archivo que está hospedado en el servidor principal.
Aunque a partir del navegador Mozilla Firefox 1.5 se ha incluido soporte nativo a MathML, este soporte no está garantizado a todos los demás navegadores y mucho menos a navegadores antiguos. Esto es algo que debe tener en mente todo aquél que quiera que sus trabajos puedan llegar a todo el mundo, ya que en países tercermundistas como los que hay en Africa y en Sudamérica posiblemente tienen máquinas que siguen operando con navegadores antiguos porque sus capacidades limitadas tanto en el tamaño de la memoria RAM de las máquinas como la velocidad del procesador de las mismas e inclusive el sistema operativo que utilizan (aún hay muchas computadoras que siguen trabajando con Windows 95 con todo y que ya pasaron casi 15 años desde que fué introducido) no permiten la instalación de navegadores más modernos. Es por ello que, en caso de que se quiera accesar al mayor auditorio posible, es preferible utilizar imágenes en cualquiera de los formatos que pueden ser leídos por la mayoría de los navegadores (.jpg, .gif, .png, etc.), con lo cual el elaborador del documento se puede ahorrar el tener que aprenderse las etiquetas (tags) en las cuales se basará el MathML que sigue siendo un proyecto inconcluso en vías de desarrollo.
Se puede obtener más información acerca de MathML en el enlace de Wikipedia:
http://es.wikipedia.org/wiki/MathML
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