viernes, 10 de agosto de 2012

Windows y Linux en una sola máquina

Microsoft desearía hacer creer a todos los usuarios de computadoras alrededor del mundo que los únicos sistemas operativos que existen para los ordenadores personales de alto rendimiento son los que elabora la misma empresa Microsoft, y que los únicos sistemas operativos con interfaz gráfica para el usuario son los Windows, porque eso es bueno para sus negocios, tomando en cuenta que Microsoft obtiene una ganancia estimada entre los 100 y los 200 dólares por la instalación autorizada de cualquiera de sus sistemas operativos Windows en cada computadora (esto es lo que le ha permitido a Bill Gates el poder convertirse en el hombre más rico del mundo). Sin embargo, hay otros sistemas operativos tan buenos como Windows (un vez que el usuario se ha acostumbrado al uso de los mismos) que, por añadidura, se pueden instalar gratuitamente en una computadora. Uno de tales sistemas operativos es el sistema operativo Linux, basado en el sistema operativo Unix.

Existe la creencia de que el uso de una computadora que esta operando bajo Linux involucra un nuevo y penoso proceso de aprendizaje que desalienta el atractivo de recurrir a Linux como alternativa gratuita. Sin embargo, se trata de una creencia errónea y desafortunadamente muy generalizada. Cualquier usuario que tenga alguna familiaridad así sea superficial con Linux se dá cuenta de inmediato y podrá dar fé de que la interfaz gráfica de la mayoría de las versiones de Linux trabaja prácticamente de la misma manera que Windows, ya que en Linux también se tiene una presentación de inicio con íconos puestos en la pantalla para empezar a trabajar de inmediato tal y como se hace en Windows. En Linux también se tienen ventanas que pueden ser cambiadas de posición con la ayuda del mouse. En Linux también se tienen líneas de menú para el manejo de archivos en operaciones tales como copiado, movido o eliminado de archivos. En Linux también se tienen canastas de reciclaje que permiten recuperar de la misma archivos y carpetas que se hayan borrado pero no del todo, dejándose la decisión del borrado permanente en el manejo mismo de la canasta de reciclaje.

En lo que a aplicaciones respecta, quienes jamas han  trabajado con Linux desconocen que muchas aplicaciones trabajan de manera identica (o casi idéntica) a como se trabaja dentro de Windows. Tómese por ejemplo los procesadores de palabras. El procesador de palabras comercializado por Microsoft es Word que forma parte del paquete Microsoft Office, y los documentos de texto creados por Word tienen por extensión de archivo la extensión “.doc”. Pues bien, tambi én en Linux se tienen procesadores de palabras como OpenOffice que permiten desarrollar documentos tal y como se hace en Word, usando la misma extensión de archivo, lo cual significa que con OpenOffice se pueden abrir y editar documentos de texto creados con Word. Pero esto no es lo único que puede hacer OpenOffice, ya que con este paquete también se pueden crear hojas de trabajo como las que se pueden crear con Excel. De hecho, en OpenOffice se pueden abrir y editar hojas de trabajo que fueron creadas con Microsoft Excel. Con una pequeña diferencia. Mientras que Microsoft acostumbra cobrar más de 100 dólares por el uso de la licencia de Windows en cada máquina (lo cual pesa duro en los presupuestos de muchas organizaciones con presupuestos limitados tales como las escuelas públicas), el paquete OpenOffice viene incluído de manera gratuita en varias versiones de Linux.

En lo que al uso de Internet se refiere, en los más populares paquetes de Linux se incluye el navegador Mozilla de Firefox, el cual trabaja del mismo modo que como trabaja en Windows, sin cambio alguno, lo cual significa que un usuario que este usando el navegador Mozilla en una computadora Linux no sabrá que está surfeando la Web en una máquina Linux y no en una máquina Windows a menos de que alguien se lo aclare.

En otros tiempos, una de las principales objeciones para hacer la transición a Linux eran las enormes dificultades para poder agregar elementos adicionales a la computadora básica tales como una tarjeta de sonido (por ejemplo las tarjetas Sound Blaster de Creative) o una tarjeta de modem (como las tarjetas de USRobotics) de las que se usaban para conexiones de “dial-up” lentas, o simplemente actualizar el lector de discos duros de un lector CD a un lector de DVD. Sin embargo, en estos tiempos en los que muchas de estas funciones de hardware han sido incorporadas a la electrónica básica de las computadoras en la tarjeta madre (placa madre) y en los que muchos de los procedimientos de actualización del hardware han sido automatizados en las versiones más populares de Linux, estos problemas son cosa del pasado.

Para poder empezar a disfrutar de las ventajas del uso gratuito de Linux, hay dos alternativas. La primera consiste en construír una computadora nueva comprando las partes por separado en una tienda de accesorios para computadoras (gabinete, fuente de poder, disco duro, tarjeta madre, procesador CPU y su ventilador, memoria RAM, lector DVD, etc.), ensamblarlo todo (lo cual no lleva mucho tiempo, ya que todo se lleva a cabo mediante conectores que no pueden ser confundidos sin necesidad de tener que recurrir al uso de cautín y soldadura como en otros tiempos), e instalar directamente el sistema operativo Linux en la máquina, lo cual es un procedimiento bastante directo. La segunda consiste en comenzar con una máquina que ya tiene un Windows instalado en ella, y agregarle el sistema operativo Linux de tal forma que ambos sistemas operativos convivan juntos en una misma máquina, lo cual tiene la ventaja de que el usuario se puede ir acostumbrando a Linux sin tener que prescindir de Windows. Esto es lo que se conoce como un sistema de inicialización dual o dual boot. Sin embargo, la segunda alternativa no es tan directa, ya que aunque los sistemas operativos Windows y Linux pueden convivir juntos en una misma máquina, ello no significa que se podrán usar de manera simultánea. En el disco duro, Windows y Linux deben estar instalados en secciones completamente diferentes del disco duro llamadas particiones. En pocas palabras, están juntos, pero no revueltos. Tampoco es posible cambiar de un sistema operativo a otro después de haberse encendido la máquina. Para cambiar de un sistema operativo a otro, es necesario reiniciar la máquina apagándola y volviendo a empezar recurriendo a un menú de inicio que permita escoger entre las dos alternativas. En una máquina que tenga los dos sistemas operativos instalados, al ser encendida la máquina usualmente se presenta este menú que le dá al usuario las dos opciones disponibles (Windows y Linux) pidiéndole que selecciones una de ellas.

Asentadas las consideraciones anteriores, la pregunta obvia es: ¿Cuál será la versión de Linux que más me conviene?

Entre las buenas alternativas que hay para Linux se tiene a Linux Mint, a Fedora, a FreeBSD (no se le llama Linux sino UNIX) y a Mandriva. Otra alternativa (comercial) es el Linux Xandros. Sin embargo, una alternativa aún mejor es el Linux Ubuntu, el cual se ha ido desarrollando gradualmente con el paso del tiempo, y el cual es gratuito. El proyecto Ubuntu está apoyado por una amplia comunidad de programadores así como empresas y organizaciones importantes tales como Oracle y Mozilla. Hay varias versiones de Ubuntu conforme se ha ido actualizando para incorporar los avances en hardware, tales como Ubuntu Desktop 12.04 LTS (bautizado como Precise Pangolin) así como versiones previas tales como Ubuntu 8.10 (también conocida como Intrepid Ibex) que pueden ser usadas en caso de que se trate de llevar a cabo la instalación en una máquina “viejita” en la cual una versión más reciente de Ubuntu rehuse instalarse al dar un mensaje de error como “This kernel requires the following features not present on the cpu: pae mov, unable to boot - please use a kernel appropriate for your CPU” (lo cual ocurre en máquinas construídas con procesadores CPU algo obsoletos, significando el mensaje de error que se requiere de un CPU que dé soporte a algo que se conoce como extensiones pae, una tecnología que le permite a un CPU de 32 bits poder accesar más de 4 Gb de espacio de memoria RAM rompiendo lo que se conoce como la barrera de los 3 Gb, tecnología que está integrada en CPUs como el Intel Pentium Pro y versiones más recientes del mismo así como en procesadores AMD que usan la misma arquitectura tales como el AMD Athlon). Entre las ventajas que ofrece Ubuntu es que el proceso de instalación está automatizado a tal grado que si se va a instalar en una máquina que ya tiene instalado Windows, la instalación se encarga de ayudarle al usuario a crear dentro del disco duro un espacio en donde se instale Ubuntu de modo tal que no interfiera con Windows instalando además un programa de inicio que le permita al usuario decidir en cuál de los dos sistemas operativos desea arrancar, además de que antes de instalar cualquier cosa en el disco duro Ubuntu le permite al usuario experimentar un poco con Ubuntu en su máquina antes de decidirse a llevar a cabo la instalación (una alternativa conocida como LiveCD en la cual el lector de discos CD/DVD hace las veces de disco duro, lo cual le permite al usuario saber de antemano si Ubuntu trabajará en su computadora). Suponiendo que se haya tomado ya la decisión de instalar Ubuntu en la máquina, el paso obvio consiste en descargar de Internet alguna de las versiones o de preferencia la versión más reciente de Ubuntu (para lo cual obviamente se tendrá que recurrir a otra computadora que tenga conexión a Internet), estando disponible para su descarga como un archivo ISO (con extensión “.iso”), en lo que es conocido como un archivo de imagen (image file). El archivo de imagen ISO bajado de Internet en sí no es un archivo directamente ejecutable con el que se pueda llevar a cabo la instalación de Ubuntu en la máquina, ya que primero tiene que ser “quemado” en un disco CD (o en un disco DVD si no hay capacidad suficiente en los discos CD ordinarios para el proceso de quemado). Es importante notar que el procedimiento de quemado no es un simple proceso de copiado del archivo ISO hacia un disco CD en blanco. Se trata de un quemado especial conocido como quemado de imagen. En la popular aplicación Nero se encuentra una opción para hacer este quemado bajo algún título como “Burn image file to disc”. El sistema operativo Windows 7 también ya tiene provisiones para reconocer esto y llevar a cabo la quema de la imagen en el disco CD en blanco cuando el archivo a ser quemado tiene la extensión “.iso”. Sabemos que el proceso del quemado del archivo de imagen fue exitoso cuando bajo el sistema operativo Windows en vez del archivo ISO podemos ver varios archivos y carpetas puestos en el CD una vez quemado. Más aún, el disco quemado es un disco CD muy especial, ya que se trata de un disco de inicialización, es un disco boot, lo cual significa que si dejamos el Ubuntu Linux CD en el plato del lector de CDs y reiniciamos la máquina, entonces del disco CD puede empezar a cargar sus materiales y programas ejecutables en la memoria RAM de la computadora desde antes de que Windows pueda entrar en acción. El orden de cargado generalmente se fija en el programa BIOS con el que arranca la máquina cuando es encendida; si el sistema carga Windows primero en vez de cargar a Linux Ubuntu será necesario cambiar las prioridades en el orden del boot en el BIOS del sistema dándole prioridad al lector CD sobre el disco duro). Al encender la máquina, su BIOS muestra un mensaje indicándole al usuario la tecla que debe oprimir para entrar en la función de Setup del BIOS que en muchos casos es la tecla de borrado Supr (Suprimir) o Del (Delete), lo cual hace que aparezca el Menú de Setup del BIOS permitiéndonos navegar hacia la parte que nos permite cambiar el orden del boot y guardar los cambios al programa BIOS de arranque. Ubuntu no se instala de inmediato en el disco duro de la computadora cuando esto se lleva a cabo, se va instalando en la memoria RAM (es necesario ser muy paciente, ya que este proceso puede tomar algo de tiempo.

Al aparecer la interfaz gráfica de Ubuntu (confirmándole al usuario que todo marcha bien) al principio se le permite al usuario experimentar con Linux Ubuntu sin instalar nada en la máquina, y una vez que el usuario está convencido de que esto puede trabajar se puede proceder a la instalación dejándole al paquete hacer lo suyo. Sabemos que Ubuntu se ha cargado en la máquina cuando aparece una pantalla como la siguiente:




Para comenzar la instalación, hacemos doble clic en el ícono “Install” que aparece generalmente en la esquina superior izquierda del Escritorio. En el caso de Ubuntu, el instalador irá pidiéndole al usuario información esencial para poder continuar adelante con la instalación. Eventualmente, el instalador pedirá información sobre la reasignación del espacio en el disco duro en caso de que la máquina ya tenga instalado previamente un sistema operativo como Windows XP Home Edition:




Al configurar un sistema de inicialización dual, es mejor seleccionar la opción “Guided” del diálogo anterior. En este punto, se vuelve necesario decidir qué tanto de la partición de Windows queremos donársela a la instalación del Linux Ubuntu, lo cual se lleva a cabo recorriendo el deslizador o slider (posicionado entre las particiones de Windows y Ubuntu en el diagrama New Partitions Size) hasta que el tamaño de la partición asignada a Ubuntu sea algo que nos pueda dejar satisfechos. En las versiones más recientes de Ubuntu, la opción guiada no nos permitirá crear una partición Ubuntu menor de 2 Gb, aunque para fines prácticos este es un espacio insuficiente, y es recomendable asignar al menos 8 Gb a Ubuntu de ser ello posible. Una vez que se ha seleccionado el tamaño de la partición deseada para Ubuntu, hacemos clic en el botón Forward para continuar con la instalación. Al aparecer el mensaje de advertencia, es importante leerlo detenidamente, haciendo clic en el botón Continue cuando estemos seguros de que queremos seguir adelante:





¡Y ya está! Linux Ubuntu ya está instalado en la máquina, y el usuario tiene ya dos sistemas operativos en su máquina. En realidad, la instalación de Ubuntu en una máquina que ya tiene instalado Windows es simplificado enormemente por el procedimiento de instalación automatizado que le ahorra al usuario lo que de otro modo serían muchos dolores de cabeza. El único inconveniente será el día que el usuario tendrá que invertir en darle esta nueva potencia a su máquina, ya que todo lo que se ha descrito anteriormente no se lleva a cabo de una manera instantánea.

Hecho lo anterior, se puede apagar y reiniciar la máquina, con lo cual aparecerá una pantalla de imagen como la siguiente dándole la opción al usuario de seleccionar el sistema operativo en el cual se desea entrar (en realidad solo hay dos sistemas operativos; el que aparece en la primera línea que es el Linux Ubuntu o mejor dicho el kernel genérico de Ubuntu, y el que aparecerá en la última línea):




El procedimiento de construcción de una máquina dual boot con dos sistemas operativos puede ser llevado al extremo, construyéndola de tal forma que contenga tres o hasta cuatro sistemas operativos diferentes (por ejemplo, Windows 98, Linux Ubuntu, Windows XP Home Edition), en lo que es conocido como un sistema multi-boot. Sin embargo, esto ya requiere suma cautela, ya que es muy fácil incurrir en pifias. Por ejemplo, si leemos los materiales técnicos relacionados con el Windows XP Home Edition, en específico el documento técnico Microsoft publicado bajo el artículo con número de identificación ID 306559, se nos dice que para un sistema de boot múltiple (con sistemas operativos del mismo Microsoft, por ejemplo Windows 95 OSR2 o Windows 98 con Windows XP) está prohibido instalar primero el Windows XP, requiriéndose instalar primero el Windows 95, después el Windows 98, y hasta el último paso instalar el Windows XP, ya que de lo contrario el Windows XP que se tenía podría quedar inoperante. Esta advertencia, desde luego, es para el usuario general con pocos conocimientos técnicos, ya que sí es posible instalar Windows 95 o Windows 98 en una máquina que ya tenga instalado Windows XP, pero para ello es indispensable tener una idea de lo que ocurre durante el proceso de inicialización de la máquina. Sobre esta última posibilidad (instalar Windows 98 en una máquina que ya tenga instalado previamente a Windows XP) ya elaboré un documento publicado en estas bitácoras el 12 de octubre del 2012. Pero para tener una máquina con tres o cuatro sistemas operativos algunos de los cuales puedan ser de varios proveedores y no necesariamente todos ellos de Microsoft, es necesario entrar en los detalles técnicos que son ocultados por el procedimiento automatizado de instalación de Linux Ubuntu en la creación de una máquina dual.

En una máquina a la que sólo se le ha instalado el sistema operativo Windows XP, en el directorio raíz del disco duro (identificado usualmente como C:\) hay un archivo muy especial conocido como boot.ini (este es un archivo oculto que no se ve, para poder verlo es necesario habilitar la opción de Windows Explorer que permite verlo). Consta de dos segmentos, [boot loader] y [operating systems]. Es un archivo de texto ordinario muy pequeño, y al leerlo encontraremos algo como lo siguiente:
[boot loader]
timeout=5
default=multi(0)disk(0)rdisk(0)partition(1)\WINDOWS
[operating systems]
multi(0)disk(0)rdisk(0)partition(1)
  \WINDOWS="Microsoft Windows XP Home Edition" /noexecute=optin
   /fastdetect
C:\="Unidentified operating system on drive C."
Pero este archivo no es lo único que entra en juego al encender la computadora y al llevarse a cabo la inicialización de la máquina por el programa BIOS del hardware. Al inicio absoluto (en el sentido físico del plato magnético) del disco duro está puesto un segmento de información muy especial conocido como el MBR (Master Boot Record). Este segmento de datos ya no depende del sistema operativo (aunque el sistema operativo lo puede modificar), y de hecho ni siquiera es visible o accesible directamente desde el sistema operativo excepto mediante el uso de programas especiales tales como HDHacker del que se darán mayores detalles abajo. En la misma máquina que tenga sólo el Windows XP instalado (¡y nada más!) con la ayuda de un programa especializado como Partition Commander podemos leer algo como lo siguiente para el MBR:


Para un disco duro que tenga dos particiones o más, la línea Partition Table Entry conducirá a las entradas descriptivas de las otras particiones primarias (Entry 2, Entry 3, etc.) El MBR suele ser encontrado en el primer sector de la primera partición primaria (partición 0) del disco duro:




Obsérvese en la figura que los sectores van puestos en pistas circulares (tracks, como si fuesen las pistas de un hipódromo) empezando con la pista más externa que es la pista 0. En todos los casos, el MBR siempre tiene un tamaño fijo de 512 bytes al ser el espacio que se le dá en el primer sector, el sector 0. Puesto que los 512 bytes del primer sector no son suficientes para almacenar todo el código ejecutable de un programa especializado que se requiere para el manejo de una máquina que tenga instalados varios sistemas operativos, usualmente tal programa especializado ocupa toda la pista 0 del disco duro.

A estas alturas, vale la pena hacer un repaso sobre la manera en la cual una misma máquina pudo haber ido evolucionando de un sistema operativo de Microsoft a otro. Inicialmente, antes de que hubiera Windows, había un sistema operativo algo primitivo comparado con lo que estamos acostumbrados a usar en la actualidad, el sistema operativo MS-DOS, basado en una pantalla monocromática de línea de comandos sin interfaz gráfica alguna, con el segmento MBR del MS-DOS puesto al inicio del disco duro. En esos tiempos, todo el espacio disponible en el disco duro era asignado a un solo sistema operativo, el cual se apoderaba por completo del disco duro; Y había una sola partición primaria. Cuando vino Windows 3.1, en realidad no se trataba de un sistema operativo, era simplemente una interfaz gráfica diseñada para simplificarle al usuario su interacción con la máquina, el MBR para una máquina DOS era el mismo que el MBR para una máquina a la cual se le había cargado el Windows 3.1. Sin embargo, con Windows 95 se tiene ya un sistema operativo en toda la extensión de la palabra. Al actualizar una máquina de DOS a Windows 95, el segmento MBR usado por el DOS es reemplazado (borrado) por un segmento MBR puesto por Windows 95. Y Windows 95 se apoderaba por completo del disco duro de la máquina, instalado en una sola y única partición. Tiempo después, al ir creciendo enormemente la capacidad de los discos duros, y al llevarse a cabo una actualización posterior, se podía hacer la actualización de Windows 95 a Windows 98. Y al hacer esto, Windows 98 borraba el MBR de Windows 95 instalando un nuevo MBR perdiéndose por completo el anterior. Con el paso del tiempo, al llegar Windows XP, la máquina se podía actualizar, y al reemplazar a Windows 98 con Windows XP el anterior MBR era borrado para ser reemplazado con el MBR que corresponde a Windows XP. De este modo, en cada actualización se va perdiendo el MBR que estaba aparejado con la inicialización de la máquina para cada sistema operativo. Una consideración importante que siempre hay que tener en cuenta es que como lo podemos ver arriba en los contenidos del MBR proporcionados por Partition Commander, el MBR no sólo contiene información relacionada con el estado de inicialización de la máquina y el arranque del sistema operativo en uso en un segmento conocido como “Cargador Inicial de Programa” o Initial Program Loader (IPL), también contiene la tabla del partición del disco duro:

1) Initial Program Loader (IPL)

2) Tabla de partición

Es importante tener esto en mente, porque si en el proceso de irle agregando sistemas operativos diferentes al disco duro se van creando particiones primarias nuevas, intentar reestablecer un MBR anterior o inclusive el MBR original meterá en el segmento inicial del disco duro información pertinente a la partición anterior o inclusive la partición original del duro, creando un conflicto serio con el particionado actual nuevo del disco duro. Esta es una fuente potencial de numerosos errores para quien no sepa lo que esta haciendo. La forma más sencilla y directa de evitar problemas serios de esta naturaleza consiste en:

Antes de instalar cualquier programa especial para manejo de sistemas multi-boot (como System Commander o XOSL), particionar de antemano el disco de duro con todas las particiones primarias que se tenga planeado tener para albergar todos los sistemas operativos que se quieran instalar en la máquina en cada una de dichas particiones, y no reparticionar nada tras la instalación del programa especial para el manejo de sistemas multi-boot.

Puesto que el tamaño del MBR está limitado a un máximo de 512 bytes, la tabla de partición está limitada a un máximo de 4 entradas, lo cual a su vez es lo que limita el número de particiones primarias que se pueden crear a 4. Es posible crear dentro de cualquier partición primaria algo que se conoce como una partición lógica mediante el método conocido como Logical Block Adressing (LBA). De este modo, con el MBR puesto en el primer sector (el sector 0) de la partición primaria 0 del disco duro, se puede tener algo como lo que muestra la figura de arriba en donde el MBR está localizado con color rojo obscuro.

El que el MBR contenga la Tabla de Partición del disco duro implica que, si por alguna razón (ataque viral informático, falla parcial del disco duro, impericia del usuario, etc.) se pierde el MBR de un disco duro que ya ha sido particionado en varias particiones primarias diferentes, en tal caso se pierde irremisiblemente el “mapa” del disco duro y con ello el acceso a toda la información que contenía la máquina, porque no hay ya forma  alguna de saber en qué sector termina cierta partición o comienza la otra que le sigue. Perdido el MBR, la configuración de la máquina se puede dar por perdida y hay que resignarse a un reformateo total del disco duro con la reinstalación de todo lo que contenía empezando desde cero. Es por ello que la prioridad número uno de cualquier poseedor de una máquina con un disco duro que haya sido particionado debe ser hacer un respaldo del MBR, algo para lo cual Microsoft desafortunadamente no proporciona herramienta alguna. Es aquí cuando puede resultar muy útil la herramienta bautizada como HDHacker, elaborada por el programador Dimitrios Coutsoumbas y puesta en la Web para su descarga gratuita en su página en Altervista. (HDHacker tiene la desventaja de que necesita de Windows XP por lo menos para poder ejecutarse, aunque hay también otras alternativas como la llamada MBRFix que desafortunadamente es más difícil de utilizar para los novatos). Cuando se ejecuta HDHacker desde Windows, aparece una ventana como la siguiente:




Lo que aparece en la ventana interior es el contenido del MBR, es el MBR, el cual aunque no está diseñado para ser legible de cualquier modo puede proporcionar algo de información en texto legible que pudiera ser de utilidad en caso de problemas. La ventana principal de la utilería solo tiene cuatro botones, y para leer el sector 0 del disco duro seleccionamos las opciones “Physical drive (MBR)” en Drive to operate y “First Sector (MBR)” en Select sector, oprimiendo los botones “Read sector from Disk” en Read commands y “Save sector to File” en Write commands. Tras esto aparece la ventana típica de Windows que nos pide el nombre bajo el cual queremos guardar el archivo, algún nombre fácilmente asociable como LINUX.MBR (la extensión de tres caracteres al estilo DOS del nombre de archivo MBR es arbitraria e inclusive optativa, el usuario le puede dar a la extensión de tres caracteres cualquier otro nombre identificador, o inclusive se puede omitir por completo, aunque ello puede dificultar recordar el propósito de tal archivo; cabe agregar que el MBR puesto en el sector 0 del disco duro carece por completo en sí de nombre de archivo, no es posible encontrarlo bajo ningún nombre de archivo con ningún sistema operativo):




Para restaurar un MBR al sector 0 del disco duro con HDHacker, se usan los botones “Load sector from file” en Read commands para leer el archivo MBR que queremos restaurar, y “Write sector on Disk” en Write commands. Esta última operación se debe llevar a cabo con mucho cuidado estando absolutamente seguro de lo que se está haciendo. Pocas veces algo tan sencillo, mal hecho, puede conducir a tantos problemas.

Considérese ahora una máquina que tenga instalado Windows XP usando un sistema de archivaje FAT32 (en lugar del sistema de archivaje NTFS). Supóngase que queremos instalar Windows 98 en dicha máquina usando también un sistema de archivaje FAT32. Obviamente, tenemos que tener particionado el disco duro con un espacio lo suficientemente grande para instalar Windows 98. El problema es que al llevar a cabo la instalación de Windows 98 en la nueva partición, el proceso de instalación de Windows 98 borrará el MBR con el que estaba trabajando Windows XP poniendo su propio MBR, lo cual es posible aunque se asignen particiones primarias diferentes a cada sistema operativo porque el MBR puesto en el sector 0 del disco duro debe ser accesible desde cualquier partición (podemos considerarlo en efecto como algo externo al sistema operativo), con la consecuencia desagradable de que Windows XP ya no podrá arrancar cuando se encienda la máquina. Afortunadamente, en una situación así, siempre es posible restaurar el MBR que iba aparejado a Windows XP si tenemos el disco Microsoft original de instalación del sistema operativo Windows que nos dá acceso a la consola de recuperación. El procedimiento es el siguiente:
1) Se procede al apagado de la máquina sin recurrir a la opción de apagado de Windowss que pide reiniciarla de modo automático en la opción Reiniciar (Restart).
2) Poco antes de que inicie el intervalo de apagado, se monta el disco de instalación del sistema operativo Windows XP en el lector de CD/DVD.
3) Al encender la máquina en frío (sin hacerlo de modo automático a  través del proceso de apagado de Windows con Reiniciar), de ser necesario se configura el BIOS para que la máquina pueda arrancar desde el lector de CDs/DVDs (y no desde el disco duro) seleccionando el orden de arranque desde el programa de inicialización del mismo BIOS.

3) Con el disco CD-ROM de instalación del sistema operativo puesto en el lector de CDs/DVDs, esperamos a que cargue la pantalla de inicio de instalación.

4) De entre las opciones que se presentan, se selecciona la opción de abrir la Consola de Recuperación (Recovery Console) de una manera parecida a la siguiente:


5) Lo anterior nos lleva a una Consola de Recuperación de Windows como la siguiente:


6) Si hay varias opciones dadas en la Consola de Recuperación, se selecciona la opción de entrar al sistema de Windows, que es la opción 1.

7) Si se pide alguna clave de Administrador simplemente se oprime la tecla de entrada Enter para continuar, o se proporciona la clave de Administrador en caso de que la haya.

8) En la línea de comandos C:\WINDOWS>, se debe teclear:

fixboot
dándole clic a la tecla de entrada Enter. Esto restablece el archivo boot.ini a lo que requiere la máquina para poder correr el Windows XP.

8) A continuación se teclea en la línea de comandos C:\WINDOWS>:

    fixmbr

dándole clic a la tecla de entrada Enter. Esto restaura el MBR a lo que requiere la máquina para poder correr el Windows XP, borrando el MBR que había puesto el Windows 98.
A estas alturas, si reiniciamos la máquina, empezará nuevamente el encendido con Windows XP. Si tenemos suerte, dependiendo del tipo de máquina y del sistema operativo, no sólo se reestablecerá el MBR del Windows original que tenía la máquina, sino que en el proceso de recuperación se adicionará el otro sistema operativo al menú de opciones, lo cual ocurre de una manera automática si es que ocurre. (Las condiciones que se tienen que cumplir para que con este procedimiento una máquina con Windows XP se pueda convertir en una máquina de boot dual están indicadas en el documento publicado aquí el 12 de octubre de 2011.)

Suponiendo que el procedimiento anterior lo único que haga sea restablecer al MBR de Windows XP borrando al MBR de Windows 98 sin incorporarlo como una segunda opción de arranque boot para el otro sistema operativo, ¿cómo podemos entonces construír una máquina de inicialización dual, ya no se diga una máquina de inicialización múltiple? Esto nos lleva a la porción de código ejecutable del MBR, el cual no es legible por estar escrito en lenguaje (binario) de máquina (podemos leer el código de máquina usando un tipo de programa conocido como ensamblador, aunque no es deseable ni conveniente entrar en tanto detalle). Si podemos reemplazar el código ejecutable del MBR puesto por el sistema operativo Windows XP por un código ejecutable especial que apunte y transfiera el control de la máquina hacia el código ejecutable del otro sistema operativo que queramos meter (lo cual equivale a reemplazar el MBR original de Windows XP por el MBR de ese programa especial al cual se le  transferirá el control de la máquina), incluída una instrucción de salto incondicional hacia una interfaz gráfica que nos permita seleccionar un sistema operativo de un menú de opciones, el problema estará resuelto en un 50 por ciento, puesto que así como podemos agregar provisiones para un segundo sistema operativo podemos en principio agregar provisiones para un tercer sistema operativo y un cuarto sistema operativo. En realidad, este es el gran secreto que tratan de guardar celosamente los pocos productores comerciales que hay de programas multi-boot. A continuación se muestra una forma de empezar a hacer tal cosa con un programa multi-boot como System Commander (el cual durante su proceso de instalación en el disco duro además de agregarle al disco duro los archivos mostrados le agrega otros archivos suyos propios como BOOT.DAT, DOSBOOT.DAT, y SCDOS.SYS):




Como puede apreciarse, empezamos con una máquina que tenga instalado únicamente el sistema operativo Windows XP, el cual cuando es encendida la máquina es cargado con la información que hay en el MBR original de la máquina que, en rigor de verdad, es el MBR propio de Windows XP. Cualquier máquina que vaya a ser construída como un sistema multi-boot tiene que tener necesariamente por lo menos un sistema operativo instalado previamente en ella, ya que no es posible instalar o echar a andar de manera útil un programa multi-boot en una máquina con un disco duro recién instalado y recién formateado en la cual no haya sistema operativo alguno (sin embargo es posible que el programa multi-boot al detectar una ausencia total de sistema operativo alguno en el disco duro transfiera el control de la máquina a la bahía de diskettes floppy simbolizada como A: esperando que allí se monte un diskette con algún sistema operativo elemental). El programa multi-boot (llamado también boot manager o administrador de boot), un archivo ejecutable escrito en lenguaje de máquina y cuyo código binario ciertamente no cabe en los 512 bytes asignados al MBR, necesariamente tiene que se instalado en alguna partición primaria del disco duro que ya esté formateada (generalmente es puesto en el directorio raíz de la partición primaria 0 identificada con el símbolo C: por los sistemas Windows de Microsoft). Como ya se hizo hincapié, el MBR que tiene una máquina nueva es su primer MBR, un MBR que le es puesto por el primer sistema operativo que se haya instalado en la máquina. Cuando ya se tiene esto, se instala un programa multi-boot como System Commander, el cual reemplaza al MBR original (el MBR de Windows XP) con su propio MBR (el MBR de System Commander) instalando además sus propios archivos y carpetas en el directorio raíz del disco duro como se muestra arriba. Tras esto, se le puede reclamar a la partición primaria 0 una cantidad de espacio suficiente para crear en el disco duro hasta 3 particiones primarias adicionales, las cuales estarán a la espera de que se les cargue los sistemas operativos adicionales que se vayan a meter. Ahora bien, ¿cómo le puede hacer un programa especializado multi-boot de arranque como System Commander para que se pueda iniciar el funcionamiento de un sistema operativo en una partición primaria haciendo como si los otros sistemas operativos puestos en las demás particiones primarias no existieran? La solución a esto es mucho más fácil de lo que pudiera suponerse. Para que un sistema operativo puesto en una partición primaria pueda ser inicializable (bootable), la partición debe ser una partición activa, lo cual se lleva a cabo cambiando de 0 a 1 un “bit” de información conocido como una bandera. Suponiendo que el programa multi-boot no es System Commander sino otro que lleve por nombre XOSL, en la siguiente figura se tiene la ruta para echar a andar el sistema operativo Windows 98:




mientras que la siguiente figura nos muestra la ruta para echar a andar el sistema operativo Linux en la misma máquina (el color verde significa que la bandera de partición activa está fijado en 1, mientras que el color 0 significa que la bandera de la partición primaria correspondiente está fijado en 0):




Supóngase que se tienen en una máquina cuatro sistemas operativos que llamaremos Win95, Win98, WinXP y Linux montados en un mismo disco duro. Si activamos a la partición primaria Win95 y desactivamos todas las demás, entonces al arrancar el sistema solo hay un disco duro, el que contiene Win95, y lo demás no existe (un disco duro que ha sido particionado se comporta como si fuese varios discos duros separados). Al apagar la máquina y reiniciarla, si activamos a la partición primaria WinXP y desactivamos todas las demás entonces desde el punto de vista del inicio lo único que hay en la máquina es WinXP, ya que todas las demás particiones primarias están desactivadas y son por lo tanto non-bootable. No hay que confundir esto con el concepto de particiones primarias escondidas, ya que hay particiones que pueden estar escondidas para el sistema operativo que se esté utilizando si se están usando sistemas de archivaje diferentes (como un MS-DOS bajo FAT12, un Windows NT bajo NTFS y un Linux bajo ext2), o alternativamente también pueden estar escondidas simplemente si así se les ha asignado tal atributo desde cierto sistema operativo (bajo el atributo hidden).

En mayor detalle, el proceso de arranque “boot” se lleva a cabo de la siguiente manera:
1) La máquina es encendida, y el programa BIOS grabado en la electrónica de la máquina se ejecuta efectuando las pruebas del hardwares (conocido como Power On Self Test o POST).

2) El BIOS busca el componente de arranque, que puede ser el disco duro o el lector de CDs o el lector de diskettes floppy según el orden establecido por el usuario.

3) El BIOS carga el MBR del sector 0 del disco duro.

4) El MBR determina cuál es la partición primaria que está activa.

5) El MBR carga el sector de boot de la partición activa.

6) El sector de boot inicia la carga del sistema operativo en la memoria RAM de la computadora.
De este modo, en una máquina que tiene instalados cuatro sistemas operativos (Windows XP, Windows 95, Windows 98 y Linux), las secuencias de carga para cada caso serán para cada sistema operativo:
BIOS → MBR (System Commander) → System Commander → Windows 95

BIOS → MBR (System Commander) → System Commander → Windows 98

BIOS → MBR (System Commander) → System Commander → Windows XP

BIOS → MBR (System Commander) → System Commander → Linux
Podemos visualizar esto como una carrera de relevos, en la que el primer corredor (el BIOS de la máquina) hace lo suyo, tras lo cual le pasa la estafeta (el control de la máquina) a un segundo corredor (el MBR), el cual después de hacer lo suyo le pasa la estafeta a un tercer corredor (el programa multi-boot), el cual a su vez le pasa la estafeta al programa que carga el sistema operativo que se encuentra en la partición activa.

Es importante no perder nunca de vista el hecho de que el MBR de un disco duro tiene un tamaño fijo de 512 bytes, y la parte del MBR que contiene el código ejecutable del MBR está siempre limitada a un máximo de 446 bytes:




lo cual implica que apenas hay código ejecutable suficiente para transferirle el control de la máquina a otro programa ejecutable que se base en la información contenida en el MBR. Si el MBR de System Commander substituye al MBR original de la máquina, este MBR será también de 512 bytes. Y si se agrega un tercer sistema operativo a la máquina, su MBR será también de 512 bytes. Un programa multi-boot como System Commander va incorporando los tres MBR como opciones dentro de un archivo con un nombre commo BOOT.DAT que es invocado cada vez que se echa a andar la máquina y se pone en funcionamiento el MBR de System Commander, guardando cada MBR de cada sistema operativo que se va instalando en el archivo BOOT.DAT el cual debe contener obviamente los MBR de los sistemas operativos que se han agregado además de información accesoria que permita separar los tres MBR e identificarlos.

Un programa multi-boot comercial (ya descontinuado por sus creadores) que hace tales cosas es precisamente el programa System Commander del cual hemos estado hablando arriba (y el cual había sido diseñado para ser usado conjuntamente con otro programa llamado Partition Commander). Cuando se instala desde un diskette floppy, lo primero que hace es reemplazar al MBR del sistema operativo con su propio MBR, guardando en un archivo propio el MBR anterior tanto en el disco duro de la máquina como en el diskette floppy en caso de que sea necesario restablecer la máquina a su condición original. Posteriormente, al instalar otro sistema operativo en una partición primaria vacía que esté disponible, lo más seguro es que al llevarse a cabo la instalación del nuevo sistema operativo el MBR de System Commander será borrado, razón por la cual se vuelve necesario reinstalarlo usando para ello el archivo ejecutable (que puede tener un nombre como SCIN.EXE) desde el lugar en donde se encuentre el archivo ejecutable en el disco duro (por ejemplo, C:\SCIN.EXE) o bien desde el diskette floppy actualizado usando una opción como Reinstall/Update System Commander desde el menú principal de opciones  (un problema reciente en los sistemas modernos es que la bahía para diskettes floppy está siendo descontinuada). Se pueden encontrar en Internet (algunos de ellos gratuitos) otros programas alternos a System Commander, y se supondrá en lo que resta de este documento que el usuario tiene alguno de estos programas disponible para el manejo de computadoras multi-boot (otro de tales programas es el programa multi-boot XOSL del cual se hablará en mayor detalle más abajo). Si no se utiliza uno de estos programas especiales de “boot”, una situación usual que se puede presentar es la siguiente:
a) La máquina tiene instalado Windows 98 en una partición primaria.
b) Se instala Linux en otra partición primaria.
c) Al instalarse Linux éste instala su propio programa multi-boot como LILO (Linux Loader) junto con su propio MBR en el sector 0 del disco duro, borrando con ello el MBR de Windows 98.
d) Durante la instalación de Linux, LILO puede quedar configurado para que sea posible un arranque dual ya sea en Windows 98 o en Linux.
e) Se reinstala Windows 98, el cual escribe su propio cargador de código reemplazando con su propio MBR al MBR puesto por LILO, volviendo inaccesible a Linux.
Puesto que cada sistema operativo tiene su propia forma de arranque desde su propio MBR, resulta obvio que se necesitará un programa multi-boot que tendrá que encargarse de invocar hacia el sector 0 del disco duro el MBR del sistema operativo que se quiera echar a andar desde un menú de opciones. En la instalación de cada sistema operativo nuevo, los programas especializados para boot múltiple se encargan de ir guardando la información concerniente a cada MBR que se va actualizando, permitiendo acceso a los parámetros de cada sistema operativo en particular.

El principal propósito de cualquier programa de inicio multi-boot es presentarle al usuario una lista de opciones de sistemas operativos al encenderse la máquina, permitiéndole escoger de entre la lista de opciones el sistema operativo con el cual se quiere trabajar. Para esto, el programa multi-boot debe ser invocado desde su propio MBR que se supone está grabado en el sector 0 del disco duro desde antes de que se encienda la máquina, tras lo cual el programa multi-boot invoca el MBR del sistema operativo seleccionado. ¿Pero qué sucede en cuando se apaga la máquina? Recuérdese que al apagarse la máquina ésta lo hace desde el sistema operativo, no desde el programa multi-boot. Si el MBR que había en el disco duro (el MBR del programa multi-boot) es reemplazado en el sector 0 del disco duro por el MBR del sistema operativo seleccionado, entonces al apagarse la máquina quedaría en el sector 0 del disco duro el MBR del último sistema operativo utilizado, no el MBR del programa multi-boot, y al ser encendida la máquina nuevamente ésta arrancaría no desde el menú de opciones del programa multi-boot sino directamente desde el último sistema operativo utilizado. Habría que estar reinstalando el programa multi-boot cada vez que se enciende la máquina, lo cual lo convertiría en un programa inútil. Sin embargo, esto no ocurre, y la razón  por la que no ocurre es que cuando se enciende la máquina el programa multi-boot transfiere el control de la máquina al MBR de arranque del sistema operativo seleccionado sin grabar el MBR del sistema operativo seleccionado en el sector 0 del disco duro. En pocas palabras, el MBR del programa multi-boot permanece en el sector 0 del disco duro todo el tiempo desde que se enciende hasta que se apaga la máquina. Poco después de que se enciende la máquina, el BIOS transfiere el control de la misma al MBR que está puesto en el sector 0 del disco duro, y si es el MBR de un programa multi-boot entonces el control será transferido al MBR del sistema operativo seleccionado, pero permaneciendo el otro MBR (el del sistema operativo) en otra parte del disco duro sin ser escrito en el sector 0 del disco duro (generalmente, en una pequeña bitácora mantenida bajo control del programa multi-boot). La única situación en la cual se le permite a un sistema operativo escribir su propio MBR en el sector 0 del disco duro borrando al MBR del programa multi-boot es cuando el sistema operativo es instalado por primera vez en una máquina; después de instalado el sistema operativo el programa multi-boot es reinstalado desde el mismo disco duro guardándose el MBR del sistema operativo en algún otro para ser borrado del sector 0 del disco duro por el MBR del programa multi-boot. Resulta obvio que un sistema operativo que durante el proceso de apagado de la máquina revise el sector 0 del disco duro y reinstale su propio MBR en caso de no encontrarlo allí no permitirá jamás el funcionamiento de ningún programa multi-boot en dicha máquina.

Lo ideal es tener cada sistema operativo instalado en su propia partición primaria para evitar conflictos, lo cual requiere crear particiones nuevas en caso de que el disco duro solo tenga una partición antes de empezar la instalación. Supóngase que en una máquina con un disco duro de 160 Gb de capacidad se tiene instalado el sistema operativo Windows XP Home Edition en una partición primaria de 149 Gb formateada con el sistema de archivaje FAT32, habiendo otra partición libre pequeña no formateada de 7.8 Mb. La primera regla a observar es que no es posible crear una partición nueva dentro de un espacio que ya ha sido asignado a un sistema operativo, es necesario crearla desde el interior de una partición libre que no ha sido formateada. Puesto que 7.8 Mb es un espacio demasiado pequeño, es necesario llevar a cabo un redimensionamiento de la partición primaria de 149 Gb reduciéndola para cederle algo de su espacio a la partición libre de 7.8 Mb. Este procedimiento de redimensionamiento se puede llevar a cabo con un programa como Partition Commander. Supondremos que la partición primaria ha sido reducida a 117 Gb, dándole el resto a la partición libre que ahora resulta ser de 31.9 Gb. Dentro de la partición libre hay ya espacio suficiente para crear una nueva partición primaria para tener así tres particiones en total en el disco duro, dos particiones primarias y una libre. Este procedimiento se puede repetir para tener hasta el límite máximo de cuatro particiones primarias en el disco duro.

No mucha gente sabe que dentro de Windows XP existe una herramienta que se puede utilizar precisamente para llevar a cabo la creación de nuevas particiones primarias en el disco duro. Para echarla a andar, nos vamos al botón de Inicio (Start) y desde allí accedemos a Run (Ejecutar). Escribimos en el espacio de diálogo compmgmt.msc y oprimimos la tecla de Enter. Esto hace que aparezca una ventana titulada “Computer Management” (Administración de la computadora). Al seleccionar en el panel izquierdo la opción “Disk Management” (Administración del Disco), aparece la información esencial sobre el disco duro:
WinXP (C:) - 117.19 Gb
31.86 Gb Unallocated (no asignados)
Se puede cambiar la etiqueta del volumen con la cual le damos un nombre de fácil identificación a la partición primaria seleccionando con el mouse en la ventana superior derecha a la partición cuyo nombre queremos cambiar yendo tras esto con un clic derecho a “Properties” (Propiedades) en donde aparece desde el inicio la opción para cambiarle el nombre a la partición, cambiándolo por ejemplo de WinXP a ARMANDO o viceversa.

Para crear una partición primaria nueva desde adentro de la partición libre, con un clic derecho y con el cursor puesto dentro de la sub-área de la partición libre se escoge “New Partition” (Partición Nueva) que hace aparecer un “Wizard” para guiarnos en la creación de la partición primaria nueva. De la información dada bajo la leyenda “Maximum disk space in megabytes”, que para este caso será 32624 (32 Gb), podemos seleccionar por ejemplo 6000 (6 Gb) para crear una partición nueva para Windows 95 versión OEM (conocida como Windows 95 Operating System Release 2 o simplemente Windows 95 OSR2), seleccionando el sistema de archivaje FAT32 para hacerlo compatible con el FAT32 que ya se tiene para el Windows XP, y dándole el nombre Win95. La letra identificadora E: para la partición primaria es asignada automáticamente por el programa de Windows. Si a estas alturas repasamos el contenido del archivo boot.ini, veremos que permanece sin cambio alguno en sus contenidos. Repitiendo el mismo procedimiento, y creando una tercera partición primaria, tendremos al final el disco duro particionado de la siguiente manera:
WinXP (C:) - 117.19 Gb (FAT32)
Win95 (E:) - 5.86 Gb (FAT32)
Win98 (F:) - 11.72 Gb (FAT32)
14.28 Gb Unallocated (no asignados)
A estas alturas, las tres particiones primarias están vacías, no tienen nada adentro. Este es un buen punto para instalar un programa para manejo de computadoras multi-boot como System Commander (el cual se puede instalar desde el mismo Windows XP). Obsérvese que la tabla de partición del MBR no será alterada en lo absoluto, ya que antes de la instalación del programa especial para el manejo de sistemas multi-boot ya se particionó el disco duro a todo lo que dará.

En el ejemplo dado, hay 14.28 Gb disponibles en donde se puede meter a Linux. Sin embargo, a la hora de formatear la partición, frecuentemente surge la duda del sistema de archivaje que deba ser utilizado. Para los sistemas operativos de Microsoft, los sistemas de archivaje en orden de capacidades crecientes son DOS, FAT12, FAT16, FAT32 Y NTFS. ¿Pero qué habremos de utilizar en el caso de Linux? Para Linux, los sistemas de archivaje son ext2 y ext3. En el caso de Linux Ubuntu, el sistema de archivaje usado es ext3. Y aunque (obviamente, al odiar la competencia que es gratuita) no se puede llevar a cabo un formateo desde el entorno de Windows al sistema de archivaje usado por Linux, tal opción se puede llevar a cabo recurriendo a cualquiera de las muchas utilerías proporcionadas por la comunidad de Linux así como con programas comerciales tales como Partition Commander.

En el proceso de irle agregando manualmente sistemas operativos adicionales a una máquina, es posible que, dependiendo de la máquina y el BIOS que forma parte de la electrónica integrada a la tarjeta madre, sea necesario arrancarla con un diskette de arranque DOS (conocido como startup disk) estableciendo a la bahia de diskettes floppy (A:) como la primera prioridad. En tal caso, es importante que el diskette sea el del sistema operativo MS-DOS 6.22, o bien el “boot diskette” (conocido también como diskette de emergencia) de Windows 98 (un diskette floppy de arranque creado bajo Windows XP no nos servirá de mucho, ya que en un sistema en el que el disco duro conste de cuatro particiones primarias el boot diskette creado por Windows XP no reconocerá al lector de discos CDs). Si usamos el diskette de arranque de Windows 98, al iniciarse la máquina se presentará una pantalla de texto con lo siguiente:
Microsoft Windows 98 Startup Menu
1) Start computer with CD-ROM support.
2) Start computer without CD-ROM support.
3) View the Help File.
La opción que queremos usar siempre es la destacada en el menú de arriba en color azul, que es la opción de default. Al tomar dicha opción, en cuanto aparezca la línea de comandos con la primera línea antecedida por A:\ que representa a la bahía de diskettes floppy, podemos ir comprobando con el comando DOS de cambio de directorio cd X: (por ejemplo, cd E:) seguido del comando DOS dir para listar la información que corresponda a dicho directorio, podremos ir recopilando algo como lo siguiente acerca un disco duro particionado (obsérvese que si en el disdo duro hay una cuarta partición que no haya sido formateada, entonces aunque exista no aparecerá asignada bajo ninguna letra):
C:\ → WINXP
D:\ → WIN95 (5.31 Gb, 542 Mb usados)
E:\ → WIN98 (11.7 Gb, 64 Kb usados)
F:\ → MS-RAM drive (disco virtual en la memoria RAM)
G:\ → Lector de discos CD-ROM
Veamos ahora el procedimiento general para instalar varios sistemas operativos en una máquina que supondremos que al inicio sólo contiene a un sistema operativo Windows en una sola partición primaria, suponiendo que el programa multi-boot es System Commander en su versión 3.0.10. El procedimiento que se dará es de carácter general y variará ligeramente de acuerdo al programa multi-boot que se vaya a utilizar, aunque los principios son los mismos. Téngase presente que, al hablar de encendidos o de arranques en frío de la máquina, deben ser precisamente esto, apagando la máquina completamente sin recurrir a una opción de salida del sistema operativo como Reiniciar -Restart-, requiriéndose tras ello un encendido manual y no un encendido automático bajo control de la máquina.

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PROCEDIMIENTO DE INSTALACION DE SISTEMAS OPERATIVOS VARIOS

1) Se hace un respaldo (de preferencia externo, ya sea a una memoria flash USB o a un disco duro externo) de todos los archivos y documentos que queramos evitar que se pierdan en caso de que las cosas no salgan como se esperaba.

2) Se instala System Commander en el disco duro de la máquina ya sea (a) echándola a andar “en frío” con un diskette de inicialización DOS puesto en la bahía para drives floppy (MS-DOS 6.22 o Windows 98), el cual una vez que se tenga trabajando la línea de comandos DOS (con DOS cargado en la memoria RAM de la máquina) es reemplazado por el diskette que contenga a System Commander, echando a andar desde la línea de comandos el programa de instalación de System Commander que tiene como nombre de archivo INSTALL.BAT, o (b) alternativamente, se puede echar a andar la instalación de System Commander en el disco duro desde el sistema operativo siempre y cuando el programa antivirus que esté instalado en el sistema operativo -cuando haya un programa antivirus instalado- haya sido previamente desactivado siguiendo la ruta del botón de Start -Inicio- puesto en la esquina inferior izquierda de Windows yendo a la opción de Run... -Ejecutar- y escribiendo en la línea el nombre del archivo INSTALL.BAT con el que debe empezar la instalación (Nota: Es posible que esto solo se pueda llevar a cabo desde algunos sistemas operativos, sobre todo sistemas operativos antigüos, ya que algunos de los sistemas operativos más nuevos no permitien correr ningún programa que requiera un acceso directo al disco duro para reemplazar el MBR de la máquina que está puesto en el sector 0). Al ejecutarse la instalación de los archivos de System Commander en el disco duro, el programa de instalación hará un respaldo tanto en el diskette floppy de System Commander puesto en la bahía de diskettes floppy como en el disco duro del MBR anterior que tiene la máquina en el sector 0 del disco duro, reemplazando ese MBR de la máquina que apunta hacia el sistema operativo Windows con su propio MBR (el de System Commander) que apuntará hacia el programa multi-boot System Commander, absorbiendo e incorporando la información que había en el MBR original anterior hacia un archivo propio creado por el programa multi-boot, un archivo con un nombre como BOOT.DAT o algo similar. De este modo, la información previa de la máquina es guardada en los archivos de System Commander para tales efectos que son copiados tanto al “diskette floppy de emergencia” de System Commander como al disco duro, de forma tal que en caso de una dificultad seria se podrá desinstalar a System Commander restableciéndose en la desinstalación del mismo el MBR original que había en la máquina previo a la instalación de System Commander. El “diskette floppy de emergencia” de System Commander con los datos de la configuración original de la máquina debe ser removido y resguardado en algún lugar seguro, tras lo cual se apaga la máquina. (Es aconsejable aunque no indispensable bajar de Internet algún programa como HDHacker para almacenar el MBR de la máquina en forma recuperable antes de comenzar a experimentar con ella, lo cual proporciona una segunda posibilidad de restauración del MBR original que apunta hacia Windows XP.)

3) Se enciende la máquina para verificar que el programa multi-boot (en este caso System Commander, invocado por su propio MBR puesto en el sector 0 del disco duro) se ejecuta correctamente y que entrará en acción dando una sola opción al usuario, que es la opción de echar a andar el sistema operativo Windows que estaba instalado previamente en la máquina (es posible que, dependiendo de su antigüedad, el programa multi-boot aunque sea capaz de reconocer instalaciones previas de sistemas operativos como MS-DOS o como Windows 98, e inclusive aunque sea capaz de reconocer a un sistema operativo como Windows NT instalado en la máquina, no será capaz de reconocer un sistema operativo más reciente como Windows XP Home Edition, Vista o Windows 7; tal es el caso de System Commander 3.0.10 y sus versiones previas). Se apaga la máquina. Habiéndose llevado a cabo la instalación del programa multi-boot, puede resultar útil posteriormente el verificar (desde el mismo sistema operativo Windows) la ruta de ubicación del programa multi-boot, la cual puede ser algo como C:\SC\SCIN.EXE (en el caso de System Commander), y escribirla en algún lugar seguro en donde podamos tenerla a la mano.

4) Con el diskette de instalación del sistema operativo que se quiera adicionar (por ejemplo, Windows Millenium) puesto en la bahía para diskettes (o en su caso, el CD de instalación puesto en el lector de CDs), se echa a andar la máquina, siguiéndose el procedimiento de instalación del sistema operativo recomendado por el fabricante, teniendo mucho cuidado de instalar el sistema operativo en la partición primaria que le tenemos asignada de antemano. Si el sistema se rehusa a hacer tal cosa queriendo llevar a cabo la instalación en la misma partición en la cual se encuentra Windows XP (el cual suponemos es el sistema operativo que ya tenía instalado previamente la máquina), podemos forzar la selección de la partición primaria deseada (la cual suponemos que se encuentra vacía) activándola, y desactivando la partición primaria en la cual está instalado Windows XP, con la utilería o recurso que proporcione el programa multi-boot que en el caso de System Commander se lleva a cabo con el programa SCDISK.EXE, el cual es una utilería que corre independientemente de System Commander.

5) Al llevarse a cabo la instalación del segundo sistema operativo, si este sistema operativo es un sistema operativo Windows de Microsoft entonces el procedimiento de instalación borrará el MBR propio de System Commander que está ubicado en el sector 0 del disco duro, lo cual hará que al reiniciar la máquina ésta se eche a andar con el sistema operativo recién instalado, volviendo inaccesibles tanto al menú de inicio de System Commander como al mismo sistema operativo Windows XP. Se apaga la máquina. No debe causar preocupación alguna que el MBR de System Commander haya sido borrado, ya que la información permanece almacenada en otros archivos de System Commander como BOOT.DAT, DOSBOOTDAT y SCDOS.SYS.

6) Se enciende la máquina para comprobar que el segundo sistema operativo (en nuestro ejemplo, Windows Millenium) ha sido instalado correctamente, tras lo cual se apaga.

7) Hay que reinstalar el MBR de System Commander en el sector 0 del disco duro. Una manera de hacerlo es la siguiente: Con un diskette de MS-DOS 6.22 o un diskette de boot de Windows 98, se enciende la máquina en modo DOS con una pantalla de línea de comandos que nos permita desde la línea de comandos echar a andar al System Commander que está instalado en el disco duro a través del principal programa ejecutable del mismo que es SCIN.EXE. Otra manera de hacerlo es la siguiente: si el sistema operativo que fue instalado tras la instalación del programa multi-boot System Commander es un sistema operativo Windows de Microsoft, entonces es posible entrar al modo DOS oprimiendo -en cuanto aparezca la primera pantalla de inicio del Windows- alguna tecla como F8 que nos envía a la pantalla del Modo Seguro con una lista de opciones de la cual seleccionamos “Modo seguro con símbolo del sistema” (Safe Mode with Command Prompt):




Si no podemos accesar desde la ventana DOS la partición primaria en la cual se encuentra instalado System Commander junto con Windows XP, con el diskette floppy de System Commander puesto en la bahía de drive para los diskettes floppies recurrimos nuevamente al programa SCDISK.EXE para marcar como activa la partición primaria en la cual se encuentra instalado el programa multi-boot System Commander. Una vez teniendo acceso a SCIN.EXE, se echa a andar la opción Reinstall/Update de System Commander. Al ejecutarse System Commander, éste detectará que hubo un cambio, y procederá no sólo a reestablecer su propio MBR en el sector 0 del disco duro sino a agregarle a su base de datos en su propio archivo BOOT.DAT la información pertinente al MBR del segundo sistema operativo que fue agregado a la máquina. Este es un procedimiento acumulativo en el que la información previa que se tenía no solo no se pierde, sino que es incrementada. Suponiendo que el disco duro desde un principio fue particionado con todas las particiones primarias requeridas para todos los sistemas operativos que se vayan a instalar en la máquina, la Tabla de Particiones del MBR permanecerá igual, lo único que será diferente es la porción del código ejecutable para el MBR de cada sistema operativo.

8) Otra manera posible de restaurar a System Commander consiste en hacerlo desde el sistema operativo recién instalado en el disco duro, yendo al botón de Start (Inicio) para llegar a la opción de Run... (Ejecutar...), y una vez allí escribimos en la cajita la ruta de ubicación que habíamos anotado anteriormente (C:\SC\SCIN) oprimiendo la tecla de entrada Enter, y una vez que estamos en el programa multi-boot de System Commander seleccionamos la opción de reinstalación (Reinstall), tras lo cual se apaga la máquina desde el mismo Windows usando la opción Windows de Reiniciar la computadora (Restart computer). Sin embargo, se recuerda que esta opción tal vez solo sea posible desde un sistema operativo antigüo ya que algunos sistemas operativos más nuevos no permitien correr ningún programa que requiera de un acceso directo al disco duro para reemplazar el MBR de la máquina ubicado en el sector 0 del disco duro.

9) Terminado el procedimiento, al apagarse y encenderse la máquina se descubrirá que hay un menú de inicio de System Commander con dos opciones en lugar de una sola, pudiendo seleccionarse cualquiera de los dos sistemas operativos (Windows XP o Windows Millenium), lo cual confirmará que el MBR de System Commander no solo ha sido reinstalado en el sector 0 del disco duro sino que ha agregado a Windows Millenium a su lista de opciones. System Commander, en efecto, conserva una “memoria propia” de los tres MBR, el MBR (original) de Windows XP,  el MBR de Windows Millenium, y su propio MBR que es con lo que toma el control de la máquina al ser encendida sobre los otros dos MBR cuyos contenidos ha incorporado su información clave para presentar el menú de opciones a escoger de sistemas operativos. En caso de no seleccionar ninguna opción, System Commander pondrá en marcha el sistema operativo de omisión (default).

10) Suponiendo que en la máquina (que tenía al comenzar únicamente a Windows XP instalado en ella) se han instalado ya en particiones primarias diferentes los sistemas operativos Windows Millenium y Windows 98, entonces si se va a instalar en la cuarta partición primaria remanente un sistema operativo como Linux, las cosas se simplifican sobremanera porque al usar Linux los sistemas de archivaje ext2 o ext3 que no tienen absolutamente nada que ver con los sistemas de archivaje DOS, FAT y NTFS de Microsoft, un buen programa de instalación de Linux reconocerá de inmediato aquella partición que ya está formateada con ext2 o con ext3, o bien reconocerá que hay una cuarta partición libre que puede ser formateada a ext2 (o ext3, en su caso) por el programa de instalación del sistema operativo.

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Como se destaca en el punto (2) del Procedimiento de Instalación de Sistemas Operativos Varios dado arriba, es muy importante desactivar cualquier programa antivirus que pueda tener instalada la máquina junto con su sistema operativo, porque es muy posible que el programa antivirus detecte cualquier intento de modificar o borrar el MBR en el sector 0 de la máquina como un ataque viral informático, pudiendo no solo detener el proceso de remoción o substitución del MBR (así es como se instalan muchos virus informáticos en una máquina, borrando el MBR para poner un MBR infectado) sino incluso borrar por completo el programa que está tratando de borrar o cambiar el MBR, así se trate de un programa multi-boot legítimo como System Commander. Una buena parte de los problemas y dolores de cabeza que tienen muchos usuarios que están tratando de agregarle otro sistema operativo a sus máquinas provienen precisamente de la falta de precaución al no desactivar el programa antivirus antes de llevar a cabo algo como lo que se ha descrito arriba.

A estas alturas puede surgir una buena pregunta: ¿Para qué queremos tener instalados en una máquina dos sistemas operativos diferentes de la misma Microsoft tales como Windows XP y Windows 98? La respuesta es directa: por la misma razón por la cual una computadora con un procesador de 64 bits no nos sirve para correr muchos programas que corrían perfectamente bien con un procesador de 32 bits, y porque hay muchas cosas y programas que podían ejecutarse en Windows 98 que no sirven ya en Windows XP (las tarjetas ISA de sonido Sound Blaster de Creative, aunque pueden ser obligadas a funcionar bajo Windows XP con archivos genéricos escritos por los programadores de Microsoft para Windows XP, pierden su capacidad la reproducción correcta de los archivos de sonido MIDI al no haber “drivers” de la empresa Creative para que sus viejas tarjetas de sonido ISA puedan ser compatibles con Windows XP, e inclusive la vieja ventana de comandos DOS del sistema operativo DOS ya fue eliminada de Windows Vista y Windows condenando al desuso a muchos programas de juegos y aplicaciones que corrian muy bien bajo DOS tales como programas de simulación de vuelos).

En algunos casos, y dependiendo del tipo de máquina (la antigüedad de su BIOS) así como el tipo de disco duro y el programa multi-boot utilizado, es posible forzar a un programa multi-boot a que adicione a su menú de opciones de sistemas operativos algún sistema operativo nuevo que el programa multi-boot se resiste a reconocer e incluír como opción (esto problema ocurre con sistemas operativos que aparecen en una fecha posterior a la fecha en la cual fue liberada la última versión disponible del programa multi-boot). Para ello, usando una utilería como HDHacker y con el sistema operativo trabajando por cuenta propia sin haber sido invocado por el programa multi-boot, es necesario crear y guardar en el disco duro un archivo que contenga una imagen binaria del MBR del sistema operativo cuando el sistema operativo está funcionando en la máquina, dándole un nombre obvio que permita una asociación fácil, un nombre como VISTA.MBR, LINUX.MBR, WINXP.MBR o como FREEBSD.MBR, e instalándolo en el directorio raíz C: disco duro, el cual es en esencia un archivo de 512 bytes de extensión que es realmente el MBR del sistema operativo que se resiste a ser reconocido por el programa multi-boot. Hecho esto, con un apagado y un encendido manual se echa a andar el programa multi-boot dándole nuevamente el control de la máquina, y de entre su menú de opciones se le instruye cargar el MBR bajo el nombre dado al archivo binario (por ejemplo VISTA.MBR). En un programa como System Commander 3.0.10, esto último se logra con el menú secundario Order, Add and Removal yendo a la opción MBR y proporcionando la información requerida por tres cajas de diálogo tituladas MBR Filename (aquí se mete el nombre dado al archivo que contiene la imagen binaria del MBR deseado, por ejemplo FREEBSD.MBR), MBR Partition Option (seleccionando la opción Bypass si se desea dejar intacto el MBR que está en la memoria RAM) y MBR Active Partition Option con el que se especifica la partición primaria en donde está alojado el sistema operativo que se quiere agregar. Es importante distinguir este tipo de procedimiento del otro procedimiento que se ha descrito más atrás, ya que se trata de dos rutas esencialmente diferentes. En la primera ruta que es la más automática (la ruta usual), el MBR del sistema operativo nuevo que se instala en una máquina es reconocido por el programa multi-boot, el cual absorbe por completo el MBR del sistema operativo incorporándolo dentro de un archivo especial como BOOT.DAT, reemplazando de paso con su propio MBR el MBR puesto por el sistema operativo nuevo. En la segunda ruta descrita aquí, el MBR del sistema operativo NO es incorporado dentro del archivo especial del programa multi-boot, sino que es accesado por separado por el programa multi-boot con el nombre que se le haya dado a la imagen binaria (p. ej. VISTA.MBR) en caso de que se seleccione dicha opción de sistema operativo. Pero en cualquier caso, se requiere cargar en el sector 0 del disco duro el MBR con el que vaya aparejado un sistema operativo.

Una cosa que se aprende pronto al estar experimentando con la construcción de una máquina multi-boot es que los gestores de arranque de Linux permiten iniciar sistemas operativos de cualquier tipo, mientras que los gestores de arranque de Windows solo reconocen instalaciones de Windows.

En una computadora hipotética como la que se describió arriba, el usar particiones FAT32 para los tres sistemas operativos Windows instalados en una misma máquina simplifica las cosas. Sin embargo, en el caso de Windows XP, la partición primaria puede estar formateada al sistema de archivaje NTFS. La introducción de este sistema de archivaje empezó con Windows NT, que a su vez introdujo una situación nueva para los sistemas operativos de Microsoft que son capaces de operar con NT, lo cual incluye a Windows XP. Además del archivo boot.ini, hizo su aparición otro archivo, el archivo ntldr (abreviatura de NT Loader), el cual es el archivo encargado del arranque del sistema operativo en todas las versiones de Microsoft Windows NT incluyendo Windows XP y Windows Server 2003. El ntldr, el cual por cierto carece de extensión de archivo como .EXE o .COM o .BIN o .CFG, se encuentra usualmente en el disco duro principal en el directorio raíz (o sea en la partición primaria 0 usualmente identificada como C:), pero también puede encontrarse en dispositivos portátiles como CD-ROM, memorias USB o diskettes. Es ntldr el que se encarga de cargar el sistema operativo Windows XP y similares, mientras que por su parte boot.ini contiene un menú de texto con las opciones de inicio. Cabe destacar que en Windows Vista, Windows 7 y Windows Server 2008, ntldr fue reemplazado por dos componentes llamados winloads.exe y Windows Boot Manager. Obsérvese que aunque Windows XP no esté instalado en una partición primaria formateada con NTFS sino con FAT32 (al instalar Windows XP en una máquina recién construída, se le dá al usuario la opción de formatear todo el disco duro con el sistema de archivaje NTFS o con el sistema de archivaje FAT32, sin informarle que aunque es posible hacer la actualización de FAT32 a NTFS no es posible hacer el cambio inverso de NTFS a FAT32 sin la ayuda de algún programa especializado como Partition Commander), de cualquier modo los archivos boot.ini y ntldr son instalados en el directorio raíz del disco duro porque Windows XP funciona con tecnología NT y no con tecnología DOS.

Si inspeccionamos el directorio raíz (C:) de una máquina que tenga Windows XP cargado en el disco duro sin partición alguna, con las opciones habilitadas para ver archivos ocultos y archivos del sistema, encontraremos algo como lo siguiente:
AUTOEXEC.BAT (0 KB) - Vacío!
boot.ini (1 KB)
config.sys (0 KB) - Vacío!
IO.SYS (0 KB) - Vacío!
MSDOS.SYS (0 KB) - Vacío!
ntldr (245 KB)
pagefile.sys (479,232 KB)
txtsetup.sif (441 KB)
Puesto que los archivos que no contienen información alguna son los archivos que se usan en los sistemas operativos previos a Windows XP, esto significa que, pese a las advertencias de Microsoft de lo contrario, se puede cargar dentro de la máquina un sistema operativo como Windows 95 o como Windows 98 sin que se alteren en nada los archivos del directorio raíz que son usados por Windows XP. Igualmente, si queremos restablecer a la máquina a su condición original en caso de problemas, los archivos de los cuales queremos tener una copia duplicada (puesta por ejemplo en otra partición que no está siendo utilizada) son principalmente boot.ini y ntldr, así commo pagefile.sys y txtsetpu.sif. La secuencia de cargado para una máquina con Windows XP como su único sistema operativo es la siguiente:




Podemos ver aquí en mayor detalle algo que no se había mencionado arriba, el Partition Boot Record (PBR) conocido también como el Volume Boot Record. No se había mencionado previamente para no entrar en detalles innecesarios, ya que cada sistema operativo tendrá su propio PBR. Puesto que a cada sistema operativo en un sistema multi-boot le corresponde su propio MBR, en algunos textos técnicos se le considera al PBR junto con el MBR como un paquete integral, aunque en el sentido estricto de la palabra al invocarse el MBR este a su vez invoca al PBR que a su vez inicia el proceso de carga del sistema operativo en la memoria RAM. En el caso tanto de Windows Vista como de Windows 7 en donde boot.ini y ntldr fueron reemplazados por winloads.exe y el bootmanager, la secuencia de cargado para llegar a Windows Vista es:




Si a una máquina que ya tiene instalado el Windows XP le instalamos el Windows Vista sin borrar el Windows XP que tenía previamente, entonces a menos de que haya una intervención manual del usuario el bootmanager de Microsoft será configurado automáticamente para el boot dual, modificando la instalación previa para que bootmgr y ntldr puedan coexistir. La secuencia de inicio mediante el mismo bootmgr de Microsoft podrá ser ahora (suponiendo que se escoja como opción de arranque a Vista en lugar de Windows XP, observándose que en tal caso no se recurre a los archivos bios.ini y ntldr que son archivos propios de Windows XP):




Obsérvese que la instalación de Vista sobre un Windows XP previamente instalado pone al bootmanager (bootmgr) y al archivo BCD (Boot Configuration Data) en la partición de la instalación previa de Windows XP, y además el PBR de la partición de Windows XP es reemplazado con el PBR de Vista de modo tal que sabe buscar a bootmgr en lugar de ntldr. Al iniciar la máquina, será bootmgr el que tomará el control del proceso ofreciendo el menú de opciones. En este sistema dual, si se elige empezar con Windows XP en lugar de comenzar con Windows Vista, la secuencia será la siguiente:




Veamos ahora lo que ocurre con una máquina que ya tiene instalados los sistemas operativos Windows XP y Vista a la cual se le quiere agregar Linux. Cuando se instala Linux, usualmente se ofrece una opción durante la instalación del lugar en donde se ponga el bootmanager LInux LOader LILO (o en su caso, GRUB), ya sea en el MRB modificando el MBR de la máquina de boot dual, o en la misma partición en la cual será puesto Linux. Si se escoge la opción de modificar el MBR, entonces parte de LILO (o de GRUB) reemplazará el IPL de Microsoft mientras que la otra parte permanecerá en la partición primaria dedicada a LInux, configurado para actuar como bootmanager para los otros sistemas operativos en la computadora. Si ya se tiene un Windows dual usando el bootmanager de Microsoft, entonces Linux simplemente agregará la partición del sistema dual Windows a su propio menú de boot. La secuencia de cargado usando el MBR modificado será entonces:




Si en vez de modificar el MBR se escoge la opción de instalar LILO (o GRUB) en la misma partición en la que se puso a Linux, entonces es posible utilizar un bootmanager de nuestra preferencia (XOSL, System Commander, etc.) para poder echar a andar a Linux con su propio PBR del mismo modo en que echamos a andar instalaciones independientes de Windows con sus propios PBRs, siendo éste un método más limpio de hacer las cosas, simplificando los pasos que hay que seguir en caso de que se quiera reinstalar o remover a Linux, ya que una instalación independiente de Linux no cambiará por sí sola el bootmanager del MBR que pongamos a nuestro gusto.

Como ya se mencionó anteriormente, el programa System Commander fue descontinuado. Sin embargo, hay otros programas equivalentes que inclusive son gratuitos y hasta considerados superiores a System Commander, programas tales como el XOSL. Todos estos programas son frecuentemente descritos en la literatura técnica también como Boot Managers o bootmanagers. Todos los bootmanagers reemplazan la sección Initial Program Loader IPL del MBR. Interesantemente, los bootmanagers también pueden ser utilizados en conjunto con los sistemas operativos Windows Vista y Windows 7, e inclusive Microsoft ha hecho disponible su propio “Microsoft bootmanager”. Es  importante agregar aquí que programas tales como EasyBCD y VistaBootPro no son bootmanagers sino en realidad son simples interfaces gráficas que simplifican las herramientas de Microsoft usadas para configurar el MS bootmanager. En el caso de XOSL en su versión 1.1.3 (la versión más reciente era 1.1.5), en su interfaz gráfica inicial presentada al usuario al ser encendida la máquina (la interfaz gráfica conduce a otras interfaces gráficas de XOSL) se presenta de la siguiente manera:




Aunque Windows XP por sí solo puede proporcionar apoyo para un boot dual, no sirve para un sistema multi-boot. En cambio, XOSL permite construír un sistema con hasta 24 alternativas diferentes apoyando la coexistencia en una misma máquina de sistemas operativos como MS-DOS, Windows 95/98/Me, Windows NT/2000, BeOS, FreeDOS, Linux (el cual es distribuído con su propio gestor de arranque que anteriormente era LILO reemplazado a su vez por el popular GRUB que es el que se proporcionaba en Ubuntu hasta que fue reemplazado en tiempos más recientes por GRUB2), Solaris, etc. XOSL permite modificar el tiempo de “cargado de boot” antes de que la máquina arranque con el boot de “default”, permite agregar claves de acceso, y llevar a cabo el boot al sistema operativo usado más recientemente, y la interfaz gráfica permite fijar de antemano la resolución de la pantalla a lo que la tarjeta de gráficos pueda apoyar, dando apoyo tanto para el mouse como para el teclado así como otras opciones, como lo muestra la siguiente captura de imagen:




En una máquina en la cual se haya instalado como bootmanager el programa System Commander en una versión antigüa como la 3.0.10, una interfaz gráfica típica de inicio con el usuario presenta el siguiente aspecto:




Esto último puede hacer que surjan algunas dudas. Si se ha dicho arriba que en el disco duro usado en las computadoras personales caseras hay un límite máximo de cuatro particiones primarias, con cada partición primaria disponible para la instalación de un sistema operativo, ¿cómo es posible entonces que se puedan instalar en una misma máquina más de cuatro sistemas operativos como lo sugieren las interfaces gráficas anteriores de System Commander y XOSL que se muestran arriba? Una forma de lograr tal cosa es instalando un segundo disco duro en la máquina, lo cual amplía de inmediato a ocho la cantidad de sistemas operativos diferentes que se  pueden instalar en una misma máquina.  Agregarle un segundo disco duro a la máquina en una configuración maestro-esclavo de dos discos duros es lo que nos permite ampliar nuestro universo de posibilidades. Pero hay también otra manera de darle vuelta al asunto, la cual requiere que dos sistemas operativos usen el mismo sistema de archivaje. Puesto que en una partición primaria sólo se puede usar un sistema de archivaje para toda la partición (por ejemplo, FAT16), no es posible instalar en esa misma partición primaria otro sistema operativo que requiera de otro sistema de archivaje (por ejemplo, NTFS). Pero si tenemos dos sistemas operativos diferentes que puedan ser instalados en el disco duro bajo el mismo sistema de archivaje (por ejemplo, FAT32), en principio podemos instalar dos sistemas operativos diferentes en una misma partición primaria, ya que cada sistema operativo creará en el disco duro su propio MBR que será guardado por el programa multi-boot. Esto es lo que permite instalar en una misma partición primaria los sistemas operativos DOS, OS/2 y Windows 95. Sin embargo, esta segunda opción requiere de suma cautela, porque aunque se trate de dos sistemas operativos diferentes que vayan a vivir juntos en una misma partición primaria, si ambos requieren para su funcionamiento algunas carpetas, archivos y directorios con el mismo nombre (por ejemplo, C:\WINDOWS\system32) entonces la instalación del segundo sistema operativo en la misma partición primaria borrará por completo las carpetas, los archivos y directorios del sistema operativo previo que tengan la misma ruta (el mismo nombre) de localización volviéndolos irrecuperables (a menos de que la instalación del segundo sistema operativo dé la opción de darle nombres distintos a las carpetas, archivos y directorios).

La curiosa independencia entre los archivos de inicialización utilizados por Windowx XP (así como por Windows NT, el precursor de sistemas operativos como Windows 2000 y Windows 7) tales como boot.ini, ntldr y ntdetect.com, y los archivos de inicialización utilizados por el ya primitivo DOS tales como IO.SYS y MSDOS.SYS, es lo que permite vencer la barrera de un máximo de cuatro sistemas operativos en una máquina al ser posible instalar a DOS en la misma partición primaria en la que se encuentra Windows XP sin que interfieran el uno con el otro. De cualquier modo, cada uno debe tener su propio MBR de arranque, y será el programa multi-boot el que se encarge de darle al usuario la opción de escoger ya sea el MBR de DOS o el MBR de Windows XP para echar a andar su máquina. Otro ejemplo de dos sistemas operativos diferentes operando dentro de una misma partición primaria lo dá el Corel Linux (desafortunadamente, ya descontinuado). Una vez instalado en la máquina, para echar a andar al Corel Linux ni siquiera es necesario tener instalado un programa multi-boot como System Commander o XOSL. Basta con encender la máquina, y suponiendo que el Corel Linux está instalado junto con Windows 95 (o con Windows 98), entonces al aparecer la pantalla de inicialización de Windows 95 se entra en el Modo Seguro en la línea de comandos DOS, y desde la misma se se cambia del directorio raíz C: al sub-directorio (carpeta) C:\CDL con el comando DOS cd CDL, y una vez allí se escribe STARTCDL.BAT y se oprime la tecla de entrada, con lo cual se echa a andar al Corel Linux. Curiosamente, el Corel Linux permite la instalación de su versión de Linux a una partición primaria que está inicialmente formateada para un sistema de archivaje de Microsoft como FAT32 en lugar de ext2, aunque de cualquier modo puede ser instalado en otra partición primaria formateada bajo ext2. Esto es lo que permite también instalar un sistema operativo como Ubuntu 7.04 (conocido como Feisty Fawn) en la misma partición primaria que esté ocupada previamente por Windows XP. Cabe recalcar que un Linux como Ubuntu utiliza como cargador básico del sistema operativo al bootmanager GRUB (sucesor de LILO), el cual por cierto en su quintaesencia sólo da opción para un boot dual (partiendo del suspuesto de que la máquina solo tendrá a Windows y Linux conviviendo juntos, y nada más), y un problema común es que Windows borre a GRUB volviendo a Ubuntu inaccesible, lo cual de cualquier modo se puede reparar siguiendo al pie de la letra procedimientos disponibles en la red, o con herramientas gratuitas tales como Super Grub Disk para GRUB o Super Grub2 Disk para la versión más reciente de GRUB que está reemplazando a GRUB en versiones de Linux como Ubuntu, GRUB2. El gestor de arranque GRUB2 es un programa multi-boot, como podemos apreciarlo en la siguiente captura de imagen que muestra para cierta máquina varias opciones de selección de sistema operativo, pudiendo observarse que Windows XP es una de las opciones, y que la opción de default es KUbuntu 8.04 a menos de que el usuario escoja otra de las opciones disponibles en los 7 segundos que le quedan para ello (obviamente, en una máquina que tenga instalado un bootmanager como System Commander, GRUB2 lo sacará fuera para instalarse a sí mismo tomando control absoluto sobre el arranque de la máquina así como del menú de opciones de arranque):




Sin embargo, puede suceder que el tipo de Linux que se instale en la máquina produzca en el disco duro  algo conocido como partición extendida dentro de la partición primaria en la que se encuentre ya instalado un Windows XP, formateándola con ext2 o ext3, la cual pesará igual que una partición primaria manteniendo el límite de 4 sistemas operativos por disco duro.

¿Qué podría suceder si en una máquina que tenga instalados previamente tres sistemas operativos bajo control de inicialización de un bootmanager como System Commander, se instala un Linux que borre el MBR de System Commander (el programa multi-boot previo que que había en la máquina y que en nuestro ejemplo es System Commander nunca es borrado del disco duro, solo se borra su MBR), poniendo su propio MBR que invoque al programa multi-boot GRUB2, y tras ello se reinstalara al MBR de System Commander en el sector 0 del disco duro permitiéndole a System Commander incorporar a GRUB2 en su lista de opciones? Pues sucedería que al encender la máquina se echaría a andar primero a System Commander (invocado por el MBR de System Commander restaurado en el sector 0 del disco duro) presentando el menú para seleccionar el arranque de alguno de los sistemas operativos que hay en la máquina, y si la opción seleccionada es el Linux cuyo propio MBR invoca al bootmanager GRUB2 cuya información de acceso fue incorporada a la lista de la información de los otros MBRs de System Commander almacenados cumulativamente en su archivo BOOT.DAT, entonces en vez de echarse a andar el sistema operativo Linux de inmediato se echaría a andar el menú de opciones de sistemas operativos presentado por el GRUB2. En pocas palabras, habría que recorrer dos menús de opciones para llegar a Linux en lugar de uno solo (primero el de System Commander, seguido de GRUB2), a menos de que se fije a Linux en la segunda opción como la opción de default reduciendo lo más posible el tiempo de espera para el arranque del sistema operativo Linux.

A estas alturas, cabe hacer una observación. Muchos usuarios de Windows XP al ver aparecer el siguiente mensaje de inicialización:
Please select the operating system to start:
Unidentified operating system on drive C
posiblemente se habrán quedado con la impresión de que, por default, la máquina nueva que venía con Windows XP instalado en ella posiblemente ya trae también algún otro sistema operativo no identificado, o bien se dá la opción de instalar otro sistema operativo que se pueda echar a andar desde Windows XP. Sin embargo, en una máquina que solo tiene a Windows XP instalado en ella, este mensaje es completamente superfluo e inútil, ya que si el usuario selecciona la opción de la segunda línea, obtendrá un mensaje como “Non-system disk or disk error. Insert DOS diskette and press any key”. Y como las máquinas vendidas con Windows XP ni traían incluído ningún diskette DOS ni le daban pista alguna al usuario sobre cómo instalar un segundo sistema operativo en la máquina, al instalar varios sistemas operativos en la máquina junto con un boot manager como XOSL o como System Commander que administre el proceso de inicialización, se puede eliminar este mensaje superfluo de Windows XP reduciendo el tiempo de duración del mismo desde Windows XP. Y por si el lector no se había dado cuenta de ello, el tiempo de duración del mensaje del menú de inicio de Windows XP que no conduce a nada se controla desde la línea de texto del archivo boot.ini que está puesta debajo de [boot loader], que para un tiempo de duración de 5 segundos es:

timeout=5

Habiendo visto lo que ocurre cuando se instalan varios sistemas operativos en una misma máquina con la ayuda de un programa multi-boot, estamos en mejores condiciones para entender lo que ocurre de manera casi automática durante la instalación de un sistema operativo como Linux Ubuntu en una máquina que ya tenía instalado previamente un sistema operativo de Microsoft como Vista o Windows 7 al recurrir al proceso de instalación simplificada con el que Ubuntu es distribuído. Lo que hace el programa de instalación de Ubuntu que vimos al inicio de esta entrada es esencialmente lo mismo que lo que haríamos manualmente mediante nuestro propio bootmanager, excepto que con la instalación automatizada de Linux Ubuntu le estamos dejando a la máquina el peso de muchas operaciones y decisiones que de otra manera tendríamos que hacer por nuestra propia cuenta.

Aunque los sistemas operativos pueden ser reinstalados en una máquina cuantas veces se quiera al estar experimentando con alternativas como los sistemas multi-boot, los documentos y datos (archivos fotográficos, piezas musicales mp3, documentos de texto, hojas de trabajo, etc.) que no forman parte integral del sistema operativo y que son irremplazables se pueden perder para siempre en caso de que no se haga un respaldo de los mismos en discos CD o en un disco duro externo. Del mismo modo, y puesto que algunas de las operaciones a ser llevadas a cabo son operaciones de tiempo prolongado, se recomienda tener la computadora conectada a una fuente de poder de respaldo en caso de que haya apagones así sea momentáneos en el suministro de la energía eléctrica.

No muchos usuarios de Windows saben que es posible correr muchos programas diseñados originalmente para Windows (como WinRAR) dentro de Linux Ubuntu usando como capa intermedia a un programa como WINE (WINdows Emulator), lo cual es otra ventaja (es posible, por ejemplo, lograr instalar satisfactoriamente Microsoft Office 2010 en Linux Ubuntu 11.10 usando Wine 1.3.34). Sin embargo, dentro del mismo Linux, hay alternativas de programas equivalentes a los programas que corren en Windows, algunas de las cuales son incluso superiores.

El que haya otros sistemas operativos que se pueden descargar gratuitamente de la Web y con los cuales se puede construír una máquina que tenga las mismas capacidades que una máquina cargada con algún Windows de Microsoft es la razón principal por la cual Microsoft no puede vender sus sistemas operativos Windows al triple o al cuádruple de su precio actual, ya que a ese precio nadie se los compraría, aunque de cualquier modo Microsoft condena a sus usuarios a gastos adicionales al estar condenando cada versión de sus sistemas operativos a una obsolescencia rápida obligándolos a comprar actualizaciones que posiblemente no den más utilidad que la versión descontinuada.

Este trabajo contiene resumidos los hechos más relevantes que se pueden encontrar en un libro más detallado como The Multi-Boot Configuration Handbook de Roderick W. Smith cuyas secciones pueden ser consultadas en Internet.

Es posible que, después de estar trabajando con un sistema operativo Linux como Ubuntu, el usuario decida borrar a Windows por completo de su máquina. En tal caso, todo lo que hay que hacer es ir borrando de una en una las particiones primarias que contienen programas de Windows. El trabajar exclusivamente con Linux tiene otras ventajas importantes que no se han mencionado arriba. Una de ellas es que en virtud de que los ataques virales informáticos en su gran mayoría están dirigidos en contra de los sistemas operativos de Microsoft, una máquina operando con Linux es mucho menos propensa a caer bajo este tipo de amenaza, e inclusive es posible correr una máquina Linux sin tener instalado programa antiviral alguno, lo cual se traduce en un aumento apreciable en la velocidad de ejecución de la mayoría de los programas que corren bajo Linux, lo cual elimina la molesta necesidad de tener que estar actualizando el programa antiviral. Otra razón importante para  migrar por completo a Linux es que cada nueva actualización de Linux (Ubuntu) es gratuita, mientras que cada actualización de Microsoft tiene un costo que anda en los 100 dólares, de modo tal que una máquina con Windows 98 que haya sido actualizada a Windows XP habrá requerido una erogación de 100 dólares, sumados a los otros 100 dólares que se requieren para actualizar la misma máquina a Windows Vista, sumados a los otros 100 dólares que se requieren para actualizar la misma máquina a Windows 7, sumados a otros 100 dólares que se requieren para actualizar la misma máquina a Windows 8, y así sucesivamente. Y en cada actualización del sistema operativo, las nuevas versiones de Windows van requiriendo que se compren nuevas versiones actualizadas de los mismos programas que ya no podrán correr en sus versiones anteriores a causa de los cambios involucrados. Quizá la razón más importante para migrar por completo a Linux es que al descargar Linux en alguna de sus versiones se cuenta con un disco CD que en caso de falla total del disco duro permite volver a reinstalar Linux en la misma máquina sobre un disco duro nuevo, algo que ya no es posible hacer con los más recientes sistemas operativos de Microsoft ya que cada vez más fabricantes de computadoras de escritorio y laptops están dejando de incluír el disco CD del sistema operativo Windows (y con mayor frecuencia, inclusive hasta están dejando de incluír por completo manuales de operación), con la problemática de que si la máquina sufre un ataque viral informático serio o se daña el disco duro, la inversión total que se hizo en la máquina se debe tomar como una pérdida absoluta, lo cual es injusto para el usuario al cual se le cobró bastante por tener una licencia de Microsoft para usar libremente a Windows en dicha computadora. Quizá esto sea el mejor acicate de todos para empezar a experimentar con Linux.

viernes, 6 de julio de 2012

Hacia una conciencia planetaria



Desde antes de los albores del tercer milenio, el fenómeno empezó con muy poca gente dándose cuenta de lo que estaba en ciernes, de lo que estaba empezando a suceder, y todavía hay muchos que no perciben la magnitud de lo que está sucediendo. Se trata de una revolución sin precedentes que no puede ser considerada menos que portentosa, de alcances inimaginables para la especie humana y para el planeta Tierra. Se trata de la conversión gradual de nuestro planeta en el símil de un gigantesco cerebro que está empezando a tomar forma y conciencia propias, y que muy posiblemente terminará tomando una personalidad propia como cualquiera de nosotros si es que no la tiene ya y aún no nos hemos dado cuenta de ello.

Hay antecedentes para lo que estamos viendo en formación y de lo cual muchos aún no se han dado cuenta plena de sus implicaciones para el futuro cercano. Ya desde el siglo XIX, Herbert Spencer escribió el libro titulado “Los principios de la sociología”, en el cual propuso la idea de que la sociedad se asemeja en diversas maneras a un organismo viviente. Actuando como un visionario bastante adelantado a su época, Herbert George Wells escribió entre 1936 y 1938 una serie de ensayos titulados World Brain. Por su parte, el biólogo Vladimir Ivanovich Vernadsky creó la palabra noosfera para referirse a la red de pensamientos, información y comunicación que engloba el planeta, y posteriormente en 1995 el teólogo Pierre Teilhard de Chardin popularizó dicha palabra en su libro “El fenómeno humano”. Por otro lado, desde antes del advenimiento de Internet, en 1969 el químico James Lovelock estaba hablando ya de la Tierra no como un pedazo inerte de materia albergando diversas formas de vida sino como un organismo viviente. Pero ahora parece que estamos en los albores de un organismo planetario viviente que está empezando a desarrollar su propio cerebro, su propia capacidad de percepción, e incluso su propia conciencia y personalidad. Esto es una consecuencia directa del hecho supuesto de que la inteligencia colectiva donde muchas inteligencias conectadas o interactuando entre si, ya sean neuronas, personas, empresas o cualquier otro organismo, pueden alcanzar conjuntamente una superinteligencia que puede ser incluso superior a la suma de las inteligencias individuales. A la transformación gradual (y casi imperceptible para la mayoría de nosotros) del planeta Tierra en un gigantesco cerebro con memoria propia del pasado y con su propia capacidad para el procesamiento de información se le ha dado ya un nombre con el que se le describe a la perfección: el cerebro global (global brain). Aunque este concepto ya existía en varias corrientes de pensamiento, el término fue acuñado por vez primera en 1982 por Peter Russell en su libro del mismo nombre, The Global Brain.

El concepto del cerebro global es una metáfora del cerebro humano, incorporando también la noción de una inteligencia colectiva, la cual según Pierre Levy es una forma de inteligencia universalmente distribuida, constantemente realzada y coordinada en tiempo real capaz de poder llevar a cabo la movilización efectiva de habilidades individuales que actuando cooperativamente pueden conformar una inteligencia de un orden superior. Bajo este enfoque, la idea empieza a tomar forma viendo a la sociedad como un super-organismo basado en la inteligencia colectiva de todos sus miembros, los cuales al estar conectados a través de una red global de comunicaciones como Internet dan lugar a un nuevo organismo que va tomando características y personalidad propias.

Desde un principio, en sus orígenes, la red mundial Internet fue concebida por Tim Berners-Lee inspirado por la forma en la cual trabaja el cerebro humano, el cual puede enlazar libremente distintos datos y piezas de información que aparentemente no parecen tener conexión alguna entre sí, asociando los datos y la información para obtener conclusiones y resultados que no serían posibles de obtener de otra manera. Berners-Lee pensó que con la ayuda colaborativa de muchos humanos repartidos alrededor del mundo y comunicándose entre sí a través de sus propias computadoras, las computadoras digitales podían hacerse más poderosas al imitar este tipo de comportamiento del cerebro humano, esto es, si fueran capaces de poder establecer enlaces entre cualquier pieza arbitraria de información. Como un medio de consulta enciclopédica de carácter universal, la intención original de Berners-Lee ha encontrado su realización plena en Wikipedia, la cual integra las capacidades asociativas de la red mundial con la inteligencia colectiva de sus millones de contribuyentes, produciendo el equivalente de una verdadera “memoria global” que está almacenando todos los conocimientos acumulados por el hombre a lo largo de su historia en todas las épocas en todos los continentes. Sin embargo, esto está empezando a ir mucho más allá de lo que pudiera haberse imaginado el mismo Berners-Lee, si empezamos a establecer comparaciones entre lo que está sucediendo dentro de nuestros propios cerebros (lo que nos dá conciencia y personalidad propias) y lo que está sucediendo a una escala planetaria:




De acuerdo a la empresa IMS Research, se estimaba que después de que en el mes de agosto de 2010 el número de aparatos conectados a la red mundial había llegado a la marca de los cinco mil millones, se anticipaba que el número de aparatos conectados a la red mundial llegaría en el 2012 a los 22 mil millones. Esto último representa ya casi la cuarta parte de las neuronas del cerebro humano de un adulto, y dada la enorme sofisticación de cada “ eurona Internet” en comparación con la humilde neurona cerebral humana, al menos en lo que a simples números se refiere estamos quizá ya a unos cuantos pasos de la aparición de una gigantesca autoconciencia global, si es que no está ya entre nosotros y somos parte de ella sin darnos cuenta.

Existen muchos paralelos entre la gran red de redes Internet y el cerebro humano que sugieren que la red mundial tiene todo el potencial para dar origen (o mejor dicho, para haber dado origen ya) a una nueva forma de vida de alcances espectaculares. La primera similitud es que, al igual que  como ocurre con las neuronas del cerebro, no hay una sola “neurona de Internet” (en informática se le designa a veces como nodo) que tenga el control y el dominio absoluto sobre todas las demás. Aunque en el cerebro humano se supone que hay algunas neuronas más importantes que otras (a las cuales se les ha dado el mote de neuronas abuelas o células abuelas, un concepto popularizado en el libro ganador del premio Pulitzer Gödel, Escher, Bach: un Eterno y Grácil Bucle escrito por Douglas Hofstadter) en virtud de que  el peso de sus “decisiones” parece tener un impacto mayor que el de otras “neuronas Internet” (o inclusive mayor que el de una combinación de “neuronas  Internet”), no hay un dominio absoluto de una sola neurona sobre todas las demás, todas las neuronas trabajan en colaboración estrecha y cada una de ellas contribuye en algo en algún momento a las decisiones finales acerca del gran panorama. El hecho de que por la forma en la cual está organizada la red no hay un predominio absoluto de una célula sobre todas las demás implica que la supervivencia del organismo como un todo no depende de la supervivencia de una sola célula o inclusive de un número grande de células, lo cual garantiza la supervivencia a largo plazo, ya que la única manera en la que el órgano pensante pudiera morir sería con la muerte de todas las células. Es bien sabido que, en el caso del cerebro  humano, aún si el cerebro de una persona sufre un daño considerable por una lesión traumática (por ejemplo, un balazo o un cráneo atravesado con una varilla metálica) o una lesión de carácter orgánico (una tromboembolia o un derrame cerebral) la persona de cualquier modo puede sobrevivir al suceso conservando su propia personalidad, y no son inusuales aquellos casos en los que las personas que convalecen de la pérdida de una buena parte de sus cerebros logran recuperar la mayor parte de sus funciones motoras al ir reentrenando a las neuronas que sobrevivieron para hacerse cargo de las tareas que previamente estaban siendo llevadas a cabo por las otras neuronas que murieron. Es así como personas que han estado en estado de coma por varios años de repente despiertan al restablecerse en sus cerebros una cantidad suficiente de conexiones para echar a andar a la persona de nuevo.

Hay, sin embargo, una diferencia importante entre la capacidad de procesamiento de una neurona cerebral, y la capacidad de procesamiento de una “neurona  Internet”. En el cerebro humano, el funcionamiento de cualquier neurona es relativamente elemental, podría decirse incluso que es ridículamente sencillo, se trata del epítome de la sencillez. Una neurona cerebral humana consta de un cierto número de “entradas” y un cierto número de “salidas”. Las neuronas se comunican entre sí mediante una serie de impulsos eléctricos (de naturaleza físico-química) enviados de una neurona a otra conocidos como sinapsis a través de los “cables” que conectan a las neuronas (conocidos como axones). Un “impulso de salida” de cualquier neurona es a su vez la “señal de entrada” de otra neurona. La siguiente imagen nos muestra a una neurona que en base a los impulsos de entrada que recibe el núcleo de una neurona envía sus respectivos impulsos de salida hacia las siguientes neuronas con las cuales está conectada:




Esta es la forma mediante la cual todas las neuronas se comunican entre sí a través de un extenso “cableado” tridimensional. ¿Y cómo se lleva a cabo el procesamiento de información? Este ocurre de una manera muy elemental. Si no hay ningún “impulso de entrada” a una neurona, obviamente tal neurona no producirá ningún “impulso de salida”. Pero inclusive aunque haya una o dos entradas “activadas”, esto no implica que la neurona activará su “salida”. Para que cualquier neurona pueda producir una salida, se requiere que haya una cantidad lo suficientemente grande de entradas “activadas” (encendidas); no es necesario que todos los canales de entrada estén activados simultáneamente, basta con que una cantidad lo suficientemente grande de canales de entrada se encuentren activados para que se pueda producir un “disparo” de salida. La siguiente imagen nos muestra a una neurona y nos muestra los “disparos” que ocurren en las activaciones de los canales de entradas y salidas.




La siguiente imagen nos muestra a una neurona cuyo canal de salida o “cable conductor” (saliendo hacia afuera del monitor de la computadora en la esquina inferior derecha):




El primer modelo matemático de este tipo de funcionamiento lo proporcionó el perceptrón con varios canales de entrada y un solo canal de salida:




Y el procesamiento sucesivo de este tipo de “neurona” (artificial) con tres neuronas enviando sus impulsos de entrada a otras dos neuronas las cuales a su vez envían dos impulsos a una neurona solitaria cuya salida a su vez dependerá de la cantidad y la “fuerza” de los impulsos (las fuerzas relativas están dadas por los factores de peso w que pueden variar de 0 a 1) de las tres neuronas de entrada se puede simbolizar de la siguiente manera:




En los hechos, se ha estimado que el cerebro humano de un adulto contiene de 50 a 100 mil millones de neuronas, y que estas células transmiten sus señales a través de hasta 1000 billones de conexiones sinápticas.

La gran diferencia entre un cerebro humano construído sobre células neuronales cuyo modo de funcionamiento se ha descrito arriba y un gigantesco “cerebro” construído sobre la base de la red mundial Internet es que en el caso de Internet cada “célula” no es una simple célula sino un individuo pensante cuya cabeza representa y contiene por cuenta propia la actividad combinada de miles de millones de células neuronales humanas, el cual a su vez  está trabajando en una relación simbiótica con la computadora con la cual no sólo se conecta a Internet sino que también le puede servir para ejecutar programas matemáticos extremadamente complejos que le pueden proporcionar soluciones a problemas que aún hasta hace poco tiempo se consideraban prácticamente imposibles de resolver. En pocas palabras, y ya de por sí, cada “neurona  Internet” es astronómicamente mucho más compleja que la neurona cerebral humana típica. Y la información que puede enviar una “neurona  Internet” a otra “neurona  Internet” es muchísimo más compleja que los impulsos elementales que puede enviar o recibir una neurona cerebral humana, ya que entre dos “neuronas Internet” una le puede enviar a la otra archivos (¡información!) de prácticamente cualquier tamaño, en el orden de los megabytes o incluso en el orden de los gigabytes. Y por si esto fuese poco, a diferencia del modo de comunicación unidireccional que hay entre dos neuronas cerebrales humanas (un axón o “cable cerebral” solo puede transportar su información en una dirección y no en la dirección inversa), una “neurona  Internet” A no solo le puede enviar información a una “neurona  Internet” B sino que la “neurona  Internet” B le puede enviar información en la dirección contraria a la “neurona  Internet” B. Sin discusión alguna, y por muchos órdenes de magnitud, el gigantesco “cerebro planetario” que es Internet es superior en muchos aspectos a cualquier cerebro humano, y en lo que respecta a su capacidad para procesamiento de información esta capacidad es incomparablemente superior a la de cualquier computadora digital que haya sido creada por el hombre. Ni siquiera en sus sueños más osados se pudo haber imaginado científico alguno en la posibilidad de que algo tan poderoso pudiera llegar a darse.

En los primeros años del campo de la inteligencia artificial, se llegó a creer ilusamente y hasta con cierta ingenuidad que construyendo una computadora digital con una cantidad suficientemente grande de memoria RAM y una unidad central de procesamiento CPU lo suficientemente veloz y poderosa, sería posible crearla para que terminase siendo poseedora del equivalente de una vida propia con conciencia propia, dándose algunos primeros pasos tales como el diseño del lenguaje de programación LISP y el lenguaje PROLOG para el diseño de lo que se conoce como “sistemas expertos”. Hoy ya se sabe, tras numerosos fracasos, que tales expectativas depositando sus esperanzas en una computadora electrónica digital cada vez más potente y rápida eran demasiado optimistas y exageradas, a grado tal que críticos como Hubert Dreyfus llegaron a  acusar a los teóricos del campo de autoengañarse a sí mismos llegando a creer que con los avances tecnológicos registrados hasta los años ochenta se había dado el primer paso hacia la construcción de una máquina pensante del mismo modo en que un chango meciéndose en las ramas de los árboles creyera que con el simple hecho de haberse subido hasta la copa de un árbol había dado el primer paso para llegar hasta la Luna. Aún si fuese posible construír una computadora digital del tamaño del planeta Tierra, tal computadora basada en lo que se conoce como la arquitectura de Von Neumann adolecería de varios defectos colosales, siendo el primero de ellos el que una computadora de tal tamaño requeriría de un super-programador de software, o mejor dicho legiones enteras de millones de programadores de software, para elaborar un programa computacional lo suficientemente grande y poderoso para hacer uso pleno de las capacidades de procesamiento de tal máquina, requiriendo una inversión extraordinaria de dinero en el software que seguramente igualaría o superaría ampliamente con creces el costo para construír tal máquina, y no se hable ya de los requerimientos de energía de tal máquina para poder funcionar. Ningún ser humano al nacer requiere de tal inversión astronómica de recursos para poder crecer y aprender por sí mismo de su entorno adaptándose hasta llegar a convertirse en una computadora “andante y pensante” hecha no con silicón sino de carne y hueso. Por otro lado, bastaría con un solo “bit” de información equivocado entre sus millones de trillones de bits (un “0” binario en lugar de un “1”, o un “1” en lugar de un “0”) ya sea en el hardware o en el software para dar al traste con todo el funcionamiento de una máquina así. Esto contrasta severamente con el hecho de que hasta un pequeño mosquito con el equivalente orgánico de un cerebro que no cuenta con más de un centenar de neuronas parece estar mucho más consciente de su existencia y de lo que necesita para poder sobrevivir y multiplicarse moviéndose en su entorno que la computadora campeona de ajedrez Deep Blue de IBM. En estas cuestiones, el tamaño no lo es todo, y basta con echar un vistazo al mundo de los insectos para darnos cuenta de ello. Los insectos, pese a poseer cerebros muy pequeños, son capaces de llevar a cabo algunas proezas impresionantes de gimnasia mental. De acuerdo con una cantidad creciente de estudios, algunos insectos son capaces de poder contar, categorizar objetos, y hasta reconocer rostros humanos, todo ello con cerebros del tamaño de cabezas de alfiler. En varios estudios se ha calculado que unos cuantos cientos de neuronas es todo lo que se requiere para poseer la capacidad de contar, y más impresionante aún, la capacidad de percepción y conciencia podría darse con apenas unas cuantas miles de neuronas.

¿Por qué razón las máquinas (cerebros humanos) hechas a base de neuronas parecen ser muchísimo más versátiles y muchísimo más poderosas que las más costosísimas super-computadoras electrónicas digitales creadas por el hombre? La respuesta parece estar en el hecho de que todo el alambrado de los bloques fundamentales de procesamiento de una computadora digital (AND, OR, NOT, véase más sobre esto en mi obra Fundamentos de Lógica Digital) está confinado esencialmente a una arquitectura planar, en dos dimensiones, como lo muestra la siguiente fotografía del primer microprocesador Intel 4004 (a la izquierda) nacido en 1971 y su sucesor distante el Intel Pentium IV (a la derecha) disponible desde el año 2000 y el cual contiene 42 millones de transistores:




En contraste, una “computadora neuronal” permite la conexión de sus células en un enjambre tri-dimensional, lo cual dá lugar a una cantidad increíblemente grande de conexiones posibles aún con sólo unas cuantas neuronas, algo cuya construcción está fuera del alcance de nuestras posibilidades tecnológicas actuales (no hay “chips” de silicón que tengan varias capas ubicadas una sobre otra como los pisos de un edificio con conexiones posibles de cualquier capa a cualquier otra capa). Este salto de dos dimensiones hacia tres dimensiones parece ser el equivalente de darle visión, oídos y habla a un ciego sordo-mudo. Y si esta arquitectura tri-dimensional, incuestionablemente superior a la arquitectura bi-dimensional de los circuitos planares de silicón, es lo que le da al hombre (inclusive al latoso mosquito) facultades superiores a las de cualquier computadora digital electrónica, la misma arquitectura tri-dimensional implementada en la red de redes Internet promete ser algo “fuera de este mundo”. Ni siquiera Charles Darwin podría haber imaginado jamás que la evolución de la vida en el planeta Tierra pudiera haber tomado este camino. La pregunta crucial es ahora: ¿estamos preparados como especie para enfrentar la responsabilidad, las promesas y los riesgos que implica este gigantesco paso evolutivo? ¿No será que tenemos ya en nuestras manos algo que va mucho más allá de lo que estamos preparados para manejar? ¿O será que nuestro destino, aquello para lo cual fuimos puestos todos en este planeta, finalmente nos está alcanzando justo al empezar a correr el tercer milenio? Esto nos recuerda el refrán del viejo vaquero que dijo: “aún no has visto nada” (you ain't seen nothin yet).

Se sospecha (nadie ha podido demostrarlo) que con un cierto número N de células neuronales (el cual se desconoce) interconectadas tri-dimensionalmente de cierta manera (no tenemos ni siquiera la más remota pista sobre cuál pueda ser la arquitectura óptima tridimensional), empezarán a “saltar las chispas” que dan origen a la percepción y a la autoconciencia, siendo esto el equivalente de la masa crítica mínima requerida para poder echar a andar en un reactor nuclear una reacción en cadena autosustentable. Se sabe que una solución a este problema de las matemáticas de la informática debe de existir, cada uno de nosotros es una prueba viviente de ello (esto lo trato en mayor detalle en el capítulo “Order Zeta” de mi libro Initial Conditions), pero tal solución tal vez esté tan cerca de nuestras manos como las estrellas en los confines más remotos del Universo. Nuestra ignorancia abismal sobre tales cuestiones es precisamente lo que nos impide darnos cuenta si nuestro planeta ha traspasado ya gracias a la red de redes Internet esa barrera casi mágica que le daría autoconciencia propia y facultades de percepción.

Se sospecha también que no es posible entender en su totalidad el funcionamiento del procesamiento neuronal de un cerebro simplemente subdividiendo una red neural en partes más elementales (esta es la filosofía del reduccionismo, base de la metodología científica que consiste en reducir lo más complejo a sus partes más elementales) como podríamos hacerlo con los componentes de un aparato de televisión o un automóvil, en cuyo caso se tendría que aplicar una interpretación holística de acuerdo a la cual (y esto viene desde los mismos tiempos de Aristóteles) el todo es mayor que la suma de sus partes. Naturalmente, el tratar de entender algo muy complejo que no puede ser subdividido en partes más elementales es algo contrario al método científico de simplificación que hizo posible a ciencias como la química y la medicina. ¿Entonces el cerebro humano está impedido de poder comprender los procesos de pensamiento del mismo cerebro humano, incluyendo aquellos que dan origen a eso que llamamos conciencia?

Douglas Hofstadter popularizó una tesis anti-reduccionista de la conciencia humana estableciendo un paralelo con los Teoremas de Gödel, teoremas de la lógica-matemática demostrados con formalismo riguroso e impecable que concluyen que hay ciertos enunciados matemáticos complejos que no pueden ser derivados a partir de las combinaciones sucesivas de enunciados y postulados matemáticos más sencillos cuya propia veracidad no esté en duda, y que por lo tanto ni siquiera es posible demostrar formalmente que tales enunciados matemáticos complejos puedan ser ciertos o falsos; podemos aceptar uno de ellos como falso obteniendo del mismo un sistema de matemáticas X, o podemos aceptarlo como cierto obteniendo otro sistema de matemáticas Y, y ambos sistemas matemáticos serán igualmente válidos. ¿Pero no es esto un absurdo habido el hecho de que tradicionalmente se ha supuesto que cualquier “verdad” matemática no puede ser cierta y falsa al mismo tiempo? Bueno, esto último sigue en pie, el problema es que la falsedad o la veracidad no puede ser demostrada con los elementos propios de las matemáticas, y si no es posible hacer esto, tampoco es posible demostrar que las matemáticas, la reina de las ciencias, sea consistente, esto es, que dos enunciados igualmente válidos puedan conducir a resultados contradictorios (se ha dicho que “Dios existe porque las matemáticas son consistentes, el Diablo existe porque no podemos demostrarlo”). En principio, la conciencia neuronal vendría siendo como uno de estos enunciados matemáticos complejos que no puede ser desmenuzado sin perder la esencia de lo que se estaba buscando desde un principio, sólo podemos aceptar su realidad o negarla, más no demostrarla; podemos aceptar su existencia o ignorarla siendo al fin y al cabo algo intangible aunque resulte difícil ignorar sus efectos, los cuales pueden ser muy reales en base a lo que nos muestra nuestra experiencia cotidiana.

Aún hay una cantidad respetable de académicos y científicos expertos de reconocido prestigio que se aferran a la idea de que simplemente poniendo más y más transistores en los circuitos integrados planares de silicón aumentando la densidad de integración en los mismos de acuerdo a la ley de Moore eventualmente se llegará al punto en el cual empezarán a “saltar las chispas” y se podrá tener máquinas pensantes como las que son popularizadas en películas de ciencia-ficción como Yo, Robot. Inclusive al punto exacto en el cual se supone que una máquina por sí sola (sin conexión a Internet e inclusive sin conexión a ningún humano) pueda por fin “despertar” adquiriendo una conciencia propia se le ha dado ya un nombre: singularidad. Sin embargo, por las razones expuestas arriba, a menos de que haya un cambio substancial en la tecnología para hacer posible la fabricación de Circuitos Integrados Neurales Tridimensionales (CINT), algo con lo que no contamos en estos momentos, y para lo cual los modelos teóricos aún son extremadamente crudos y primitivos, tal posibilidad se antoja remota. En cambio, mediante la compleja comunión entre los hombres, las máquinas, y la red de redes, es muy posible que se le esté dando vuelta al asunto con la construcción de algo casi infinitamente superior a una máquina aislada basada en circuitos integrados planares.

Al igual que como ocurre con un cerebro humano, el cerebro global tiene muchas “áreas de especialización” tales como una parte dedicada a lo que tiene que ver con la música, otra parte dedicada a lo que tiene que ver con la geología, otra parte dedicada a lo que tiene que ver con la historia del Imperio Romano, etcétera, sin que necesariamente las “células neuronales” que comparten conocimientos comunes estén en proximidad espacial cercana la una a la otra (esto es, dentro de ciertas zonas geográficas claramente identificables); por el contrario, la “sabiduría” del cerebro global en temas especializados se encuentra distribuída por todas partes, y con frecuencia en partes diametralmente opuestas del globo terráqueo. Aunque los primeros intentos del reduccionismo por tratar de encontrar ciertas “zonas” del cerebro humano en donde supuestamente descansan ciertos atributos del conocimiento o de la personalidad nos llevan hasta los tiempos de la frenología, nuestros conceptos modernos acerca de lo que es la inteligencia distribuída prácticamente han sepultado todo lo que tenga que ver con la frenología como pseudociencia (de cualquier modo, sigue habiendo reduccionistas empeñados en ubicar mediante la elaboración de “mapas” del cerebro zonas identificables con ciertos atributos del funcionamiento del cerebro, para lo cual han recibido un renovado ímpetu con la ayuda de los “mapas” producidos con la ayuda de la tomografía computarizada).

Pese a lo caótico del crecimiento de la red de redes, mapas Internet tales como el mapa Internet desarrollado por el ruso Ruslan Ekinev, y entre los cuales se encuentra el Internet Mapping Project que dió inicio bajo la guía de William Cheswick y Hal Burch en los laboratorios Bell en el verano de 1998, revelan cómo la red mundial en su crecimiento se va asemejando más y más a un gigantesco cerebro en formación con las conexiones que se están llevando a cabo pareciéndose más y más a las actividades sinápticas que ocurren en nuestros propios cerebros humanos:




No son pocos los expertos en informática que, viendo estos mapas, sospechan y suponen que con algo de esta magnitud en complejidad están empezando a ocurrir cosas de importancia trascendental que apenas alcanzamos a percibir.

A diferencia de la computadora electrónica convencional que requiere ser programada por alguien, la computadora neural es autoprogramable, puede ir evolucionando por cuenta propia sin ayuda externa (en el hombre, esta autoprogramación posiblemente comienza a las pocas semanas de darse la concepción aunque no haya órganos sensoriales desarrollados). Por otro lado, mientras que es muy difícil aunque no imposible que una computadora electrónica pueda reproducirse a sí misma sin ayuda externa (John von Neumann fue el primero en explorar esta posibilidad desde una perspectiva matemática rigurosa en su libro póstumo Theory of Self-Reproducing Automata concluyendo que tal cosa era factible siempre y cuando se cuente de antemano con una cantidad considerable de recursos), un organismo biológico orgánico bajo la dirección de un cerebro neural se puede multiplicar en forma tan desmesurada que el problema puede ser un exceso de población. Curiosamente, el cerebro global podría encontrar la manera de reproducirse a sí mismo recurriendo a la colonización de otros planetas cercanos del sistema solar que empezaría con unas cuantas “neuronas Internet” efectuando viajes interplanetarios y llevando consigo el modelo estructural para “sembrar” las semillas de otros cerebros globales usando incluso los mismos protocolos de comunicación que los que se usan en el planeta Tierra, resolviendo para esto de antemano el cerebro global con su enorme potencia todos los problemas técnicos involucrados en el transplante y aclimatación de las células. Así, aunque el cerebro global carece de un cuerpo como el nuestro que le dé movilidad física (su “cuerpo físico” viene siendo el planeta Tierra), posee la interesante ventaja sobre el cerebro humano de que sus “células neuronales Internet” pueden migrar fuera del planeta para servir como semillas reproductoras en otras partes. Y aunque el enorme caudal de conocimientos del cerebro global es ya algo extraordinario, bastarían unas cuantas células neuronales (humanos) llevando consigo unos centenares de discos duros de alta capacidad para transportar fuera del planeta toda la información necesaria para dar nacimiento a un hermano gemelo del cerebro global en otro lado. De hecho, basta con una sola “célula neuronal” (un humano) actuando como “Embajador” del cerebro global para llevar tal caudal de conocimientos hacia otra parte. Ni siquiera el propio cerebro humano tiene tal capacidad para enviar a otra parte todo lo que tiene almacenado usando una sola de sus células con la finalidad de transportar un respaldo (backup) de la sabiduría que ha estado almacenando. Cuando un hombre muere, se lleva toda su información y sus experiencias personales consigo, exceptuando aquello que le ha transmitido a otros a través de libros y bibliotecas. En contraste, el cerebro global es inherentemente resistente a fallos, y cualquier cosa que sea subida a Internet por alguien esencialmente vivirá en Internet por siempre.

En relación a la vieja pregunta filosófica: ¿puede una máquina artificial ser capaz de pensar?, de antemano tenemos que resignarnos al hecho de que no es posible describir en términos mecanísticos o simbólicos (mediante fórmulas y algoritmos de informática) el “modo de pensar” de una máquina y mucho menos poder decidir si una máquina o un conglomerado de máquinas actuando en forma coordinada ya tomó conocimiento de su propia existencia (el paso indispensable para adquirir una conciencia) ya sea que se trate de un sistema formado por neuronas humanas o por “neuronas Internet”. Los argumentos sobre este asunto van mucho más atrás de nuestros tiempos actuales, y anteceden incluso a la revolución industrial. Una de las primeras observaciones al respecto fue hecha en 1714 por Gottfried Leibniz, el cual al hablar de una “máquina pensante” dijo lo siguiente:

Más aún, se debe reconocer que la percepción y lo que depende de ella no puede ser explicada con argumentos mecánicos, esto es, mediante figura y movimiento. Supóngase que haya una máquina, cuya estructura produzca pensamiento, sensación y percepción; imaginemos esta máquina amplificada pero conservando las mismas proporciones. Esto, siendo supuesto, podrá permitirle a usted entrar a su interior; ¿pero qué observaría usted adentro? Nada excepto partes que se empujan y se mueven la una a la otra, y nada que pueda explicar la percepción.

En su libro Labyrinths of Reason, William Poundstone habla acerca de una ampliación del argumento central de Leibniz, propuesta por el filósofo Lawrence H. Davis en su “paradoja del funcionalismo”. El funcionalismo sostiene que un programa computacional puede hacer lo mismo que lo que pueda hacer un cerebro humano, incluyendo el poseer una conciencia propia. Para rebatir la tesis del funcionalismo, Davis propuso su paradoja en un papel dado a conocer en una conferencia celebrada en 1974, en el cual el argumento principal es el siguiente: “Supóngase que pudiéramos aprender todo lo que se pueda aprender acerca de la sensación del dolor en todos sus detalles relevantes. Entonces (si los funcionalistas están en lo correcto) podríamos construír un robot gigantesco capaz de sentir el dolor. Al igual que la máquina pensante de Leibniz, se trata simplemente de un robot gigantesco dentro del cual podemos entrar caminando. El interior de la cabeza del robot se asemeja a un edificio grande de oficinas. En lugar de encontrar circuitos integrados, hay gente bien vestida sentada detrás de escritorios. Cada escritorio tiene un teléfono con varias líneas, y la red telefónica lleva a cabo la simulación de las conexiones de las neuronas en un cerebro capaces de producir la sensación del dolor. Cada persona ha sido entrenada para comportarse como una neurona duplicando dicha función. Es un trabajo monótono y aburrido, pero la paga es buena y las prestaciones ofrecidas también lo son. Supóngase que ahora mismo el conjunto de llamadas telefónicas entre los burócratas es de una naturaleza tal que ha sido identificada con la sensación del dolor. El robot se encuentra en una agonía, de acuerdo con los funcionalistas. ¿Pero en dónde está el dolor? No lo encontrará en un recorrido por las oficinas. Todo lo que encontraremos será individuos plácidos y desinteresados, bebiendo café a sorbos y conversando en sus teléfonos. Y la siguiente ocasión que el robot esté padeciendo un dolor excruciante e intolerable, si hacemos una visita a las oficinas encontraremos que la gente está festejando alegremente y sin la menor preocupación la fiesta de Navidad de la compañía. Todo mundo se encuentra en un gran fiestón”.

A diferencia de lo que ocurre con un cerebro humano que no puede obrar directamente en beneficio de algunas de sus propias células (ni siquiera las puede “ver”, mucho menos “conversar” con ellas), el cerebro planetario tiene la capacidad para mejorar dramáticamente la calidad de vida de cada uno de sus componentes individuales. Una forma en la que ha logrado esto es mediante la introducción de los correos electrónicos. No hace mucho, enviar una carta por correo requería ir a una tienda a comprar un sobre y hojas de papel en blanco además de lápiz o cartucho de tinta así como timbres postales, todo ello para enviar una carta que tenía que ser depositada en un buzón de alguna oficina de correos y la cual podía tardar varios días (o semanas) en llegar a su destinatario, con el mismo proceso complejo requerido para obtener una respuesta. Hoy ese ritual tardado y costoso ya está obsoleto, y la celeridad en el envío instantáneo y la respuesta rápida a los correos electrónicos ha redundado en beneficio directo de los usuarios de Internet, lo cual a su vez ha revitalizado enormemente al mismo cerebro planetario que se beneficia de los beneficios que le da a sus propias células. Se trata de una espiral virtuosa que contribuye al propio proceso de aprendizaje que está llevando a cabo a pasos acelerados el cerebro global.

Otra diferencia substancial del cerebro planetario es que no duerme ni descansa, a diferencia del cerebro humano que requiere ocho horas diarias de descanso (¡la tercera parte de la vida de cada ser humano!). Al mismo tiempo que miles de personas se pueden desconectar de la red otras miles se van conectando, de modo tal que el cerebro planetario no tiene punto de reposo, y el libre flujo de contribuciones e ideas creativas entre las “neuronas de Internet” continúa adelante sin detenerse. En la red de redes, aunque la contribución individual de cada usuario es deseable y puede ser importante, nadie es indispensable. A la vez que muchos se van desconectando permanentemente (principalmente a causa de enfermedades, accidentes o decesos), muchos otros se van conectando, de modo tal que la evolución del cerebro planetario no se detiene, es algo que está en marcha sin freno en su camino.

El enorme poder del nuevo cerebro planetario que está siendo construído por todos nosotros no es una fantasía, lo podemos ver directamente en acción de muchas maneras. El mejor ejemplo que pueda darse de ello es la enciclopedia Wikipedia, una de las principales memorias del cerebro global, la cual irónicamente nació justo al inicio del tercer milenio bajo el nombre de Nupedia. El impacto planetario que Wikipedia está teniendo ha sido tan extraordinario que la en otros tiempos venerable e insuperable Encyclopaedia Britannica que data desde entre 1768 y 1771 terminó siendo avasallada por Wikipedia a grado tal que el 13 de marzo de 2012 los editores de la Enciclopedia Británica anunciaron que dejaría de imprimirse en papel y que se centrarían en la edición web de dicha enciclopedia (la revista científica Nature declaró en diciembre de 2005 que la Wikipedia en inglés era casi tan exacta en artículos científicos como la Encyclopaedia Britannica). A diferencia de la Encyclopaedia Britannica que es una empresa privada que por muchos años fue elaborada por grupos selectos y reducidos de editorialistas y autores, Wikipedia ha sido construída con la colaboración mundial de millones de colaboradores del mundo entero trabajando en forma concertada, y un esfuerzo de naturaleza privada por bien financiado que esté jamás podrá competir con el esfuerzo combinado de millones de colaboradores trabajando sobre un proyecto común. Otro ejemplo del enorme poderío del cerebro planetario lo es en la construcción del sistema operativo Linux, el cual en sus versiones más recientes tales como Ubuntu representa el resultado del esfuerzo de miles de programadores de alrededor del mundo entero contribuyendo cada uno con su propio esfuerzo individual. Pero si sistemas operativos como Linux Ubuntu son tan buenos como los sistemas operativos desarrollados por Microsoft, ¿entonces cómo es posible que Microsoft pueda mantener su predominio sobre el mercado siendo que Linux Ubuntu es gratuito y los sistemas operativos Windows le agregan por lo menos un costo de 100 dólares a cada computadora? En realidad, la amenaza de que sistemas operativos desarrollados por las comunidades de programadores unidas mediante Internet puedan terminar arrebatándole una buena parte del mercado a Microsoft es algo que les ha estado quitando y les sigue quitando el sueño.

En el panorama socio-político, el cerebro planetario está teniendo ya efectos de profunda envergadura histórica. Los sucesos que conmocionaron al Medio Oriente de 2010 a 2012 conocidos como la primavera árabe y que llevaron a varios países hacia su democratización fueron detonados y precipitados bruscamente a través del uso de las redes sociales de Internet. De no haber sido por Internet, dictadores que llevaban varias décadas o que procedían de dinastías dictatoriales todavía estarían en estos momentos gobernando con mano de hierro. El colosal impulso democratizador del cerebro global es en cierta forma una reflexión del modo de operar del cerebro global y del mismo cerebro humano en donde no se permite la centralización absoluta del poder en ninguna célula porque ello a la larga va en contra de la supervivencia a largo plazo del organismo. El hecho de que las comunicaciones que se llevan a cabo a través de los “cables” del cerebro planetario estén absolutamente libres de censura implica que es cada vez más difícil o inclusive imposible tratar de ocultar a través del control de los medios tradicionales de comunicación (prensa, radio, televisión) cosas de las cuales no querían los censores que se enterase la gente, y la información “prohibida” no tarda mucho tiempo en darse a conocer alrededor del mundo, de hecho, cualquier cosa que ocurra se conoce casi instantáneamente. Nunca en la historia de la humanidad ha habido una civilización tan bien conectada y tan bien informada como la que hay ahora.

No deja de ser paradójico que después de haber sido destronado el hombre ignominiosamente del envidiable pedestal que ocupaba como centro de la Creación y centro del Universo por causa de las teorías heliocéntricas de Copérnico y Galileo y posteriormente como consecuencia de los avances en la astronomía, nuevamente esté volviendo a ocupar un sitio predilecto dentro del Universo gracias a la relativa rareza del planeta Tierra y a la transformación paulatina del planeta en un gigantesco cerebro planetario con conciencia propia y capacidades de percepción.

La pregunta más importante que se pueda hacer sobre este tema, desde luego, es: ¿puede llegar a tener el cerebro planetario conciencia y personalidad propias? Esto implicaría que el cerebro planetario no sólo tenga conocimiento de sí mismo, sino que pueda ser capaz de formular la duda metódica asentada por René Descartes, el famoso pienso, luego existo. El problema para dar una respuesta a esto lo podemos ver echando un vistazo a nuestros propios cerebros. Si nosotros somos capaces de dudar, y por lo tanto si nosotros somos seres pensantes, estando conscientes de nuestra propia existencia, podemos estar seguros en cambio de que ninguna de las neuronas de nuestros cerebros tiene conciencia de su propia existencia. Ni siquiera los teóricos más positivistas y mecanistas creen que una sola célula neuronal sea capaz de “pensar”. En pocas palabras, la célula neuronal que es la base fundamental del cerebro en el cual está asentada la mente que tiene conciencia de su propia existencia, esto es, ¡ni siquiera sabe que existe! A lo largo de la vida de un adulto cada día van muriendo millones de neuronas en su cerebro (se ha estimado que al llegar a los 75 años casi la décima parte de las neuronas con las cuales nacimos han muerto), y sin embargo no por ello un adulto de 100 años de edad está menos consciente de su propia existencia que lo que estaba cuando tenía diez años. Del mismo modo, si el cerebro global tiene ya una “conciencia y personalidad” propias, es difícil que cualquiera de nosotros trabajando como los simples átomos de una gigantesca molécula compleja y maleable nos podamos dar cuenta de ello. Ni nos damos cuenta de ello, y lo que tal vez sea peor, el cerebro global quizá no se da cuenta de que nosotros no nos damos cuenta de ello. La siguiente imagen representa a la perfección un cerebro global que ha empezado a tomar ya su propia identidad independiente de las identidades individuales de sus células de base:




Admitiendo que el cerebro global pueda desarrollar la capacidad para “pensar” por cuenta propia, esto nos llevaría inevitablemente a otra pregunta de enorme trascendencia filosófica: ¿puede el cerebro global, ya como organismo pensante, desarrollar algo como ese concepto intangible en el hombre que se conoce como alma? Desde un punto de vista estrictamente teológico y religioso, tal cosa no sería posible, y los expertos en las ciencias informáticas seguramente terminarían enfrascados en un agrio debate con los teólogos que sostienen que la creación del alma es algo que está muy por encima de las capacidades y posibilidades creativas del hombre, algo que está más allá de sus manos. Sin embargo, y al menos en lo que respecta al cerebro global, esta confrontación de argumentos sería inútil e infructuosa, porque en este caso se podría hablar de un alma colectiva formada por la comunión de millones de almas conectadas en tiempo real. En el caso extremo de que murieran todos los internautas menos uno, el alma del cerebro global sería el alma de ése solo individuo, y si se le niega la posesión de un alma al individuo pues también se le tiene que negar lo mismo a su alter ego el cerebro global.

En forma parecida a lo que ocurre con el cerebro humano en el interior de cada persona, el cerebro planetario tiene su “lado bueno” y su “lado malo”. En el “lado malo” encontramos todo lo que pueda ser clasificado como pornografía, terrorismo cibernético, propagación de virus informáticos y programas maliciosos, así como la comisión de crímenes usando para ello desinformación y engaños. En este sentido, el comportamiento casi esquizofrénico del cerebro planetario no es más que un reflejo del “yo bueno” y del “yo malo” de cada una de sus “células” individuales, las proclividades ambivalentes hacia el bien y hacia el mal en todo individuo que Robert Louis Stevenson retrató tan bien en su novela El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde. La lucha interna de la que tanto han hablado las religiones ha sido trasladada hacia una arena de alcance mundial, y las consecuencias pueden ser tan beneficiosas como funestas, inclusive en grado extraordinario.

Como fuente suprema de información para el hombre, el cerebro global es quizá algo comparable al oráculo délfico, e inclusive el oráculo délfico queda como un vulgar enano en comparación. Proporcionándole sus síntomas, mucha gente ha recurrido al cerebro global y ha obtenido del cerebro global el diagnóstico correcto para la enfermedad que los médicos habían sido incapaces de diagnosticarle en forma correcta. La solución para muchos problemas se encuentra disponible en varios lugares de Internet, o mejor dicho en varias “zonas” del cerebro global. Lo podemos consultar a cualquier hora del día en cualquier día y bajo cualquier circunstancia. Y de hecho, el cerebro global nos proporciona no uno sino varios oráculos délficos: son los motores de búsqueda tales como Google y Yahoo, sin que se requieran de los servicios de una sibila-pitonisa o de una sacerdotisa que requiera sacrificios.

¿Hay razones para temer que el cerebro global pueda terminar controlándonos a todos nosotros de alguna manera imponiéndonos un gobierno mundial controlado por él, obligándonos a hacer cosas que no queramos hacer? Esto se antoja difícil, porque a diferencia de las células neuronales cerebrales que siempre están confinadas a una misma posición dentro del cerebro humano, las “neuronas de Internet” no se la pasan todo el tiempo conectadas a una computadora. Cada uno de los humanos que le sirven de “células base” al cerebro global tienen vida propia, salen fuera de casa, interactúan con otras personas, hablan con amigos y familiares, interactúan con compañeros en la escuela o en el trabajo. Es muy difícil que el cerebro global pueda empezar a hacer algo que no sea de nuestro común acuerdo y consentimiento sin que nos demos cuenta de ello tarde o temprano y sin que tomemos las medidas correctivas apropiadas. En otras palabras, para su “buen comportamiento”, el cerebro global depende tanto de nosotros para su existencia como nosotros dependemos ya de él.

En el cerebro global no hay espacio para reyes ni emperadores. La importancia de cualquier célula individual dentro de la red está en función del beneficio que sus ideas y contribuciones puedan aportar a la colectividad y no en función de los títulos nobiliarios o hereditarios que posea. La colaboración mundial compartida emulando el modo de trabajar de las hormigas tal vez sea la más exitosa implementación de un comunismo que ni siquiera el mismo Marx hubiera sido capaz de imaginar. Al cerebro planetario no le importa en lo absoluto el aspecto físico o la edad o el sexo de cada una de sus células, aunque documente dentro de su memoria estas características como datos de información, y en este sentido es tan igualitario como el funcionamiento del cerebro humano. Aunque en la relación personal (y sobre todo afectiva) de una “célula Internet” con otras hay cosas triviales que pudieran ser importantes como la apariencia, las preferencias sexuales, las discapacidades físicas, etcétera, lo único que tiene peso dentro de la realidad virtual del cerebro global no es el físico de una persona sino su mente, lo que tiene en la cabeza. Por vez primera en la historia de la humanidad, cada quien tiene la oportunidad de poder ser valorado plenamente no por su aspecto físico sino por sus contribuciones, por sus ideales, y el cerebro planetario le da a cada quien por igual la oportunidad de destacar, lo cual a su vez redunda en beneficio del mismo cerebro planetario.

El cerebro global representa indudablemente el siguiente paso evolutivo hacia algo que podríamos llamar una conciencia planetaria. Estamos hablando de una evolución fenomenal sin precedentes que a estas alturas no alcanzamos a comprender en toda su extensión. Estamos hablando de todo un planeta que empieza a actuar como un enorme cerebro:




Se trataría de un ser pensante que viendo por el bien común de cada uno de los nodos que le dan sustento nos podría dar soluciones inesperadas para miles de problemas que se antojan casi imposibles de resolver. Podría darnos la cura para todas las enfermedades habidas y por haber. Podría darnos nuevas soluciones para darle marcha atrás al calentamiento global. Podría darnos la solución matemática para viajar a velocidades superiores a la velocidad de la luz, sobreponiendo las barreras impuestas por la Teoría de la Relatividad Einsteniana. En su libro Consciousness: Confessions of a Romantic Reductionist, el reduccionista Christof Koch al referirse al cerebro global como una Übermind planetaria cuyos alcances podrían extenderse más allá del planeta Tierra sostiene que: “La siempre creciente complejidad de los organismos, evidenciable en los registros fósiles, es una consecuencia de la competencia imparable por la supervivencia que propulsa a la evolución. Fue acompañada por la aparición de sistemas nerviosos y los primeros vislumbres de percepción. La continuada complejificación de cerebros, para usar el término de Teilhard de Chardin, mejoró la conciencia hasta que hizo su aparición la auto-conciencia: la conciencia reflejándose sobre sí misma. Este proceso recursivo empezó hace millones de años en algunos de los mamíferos más desarrollados. En el Homo Sapiens ha encontrado su pináculo temporal. Pero la complejificación no se detiene con la auto-conciencia individual. Sigue adelante, y en verdad, acelerándose. En las sociedades tecnológicamente sofisticadas y entrelazadas de hoy, la complejificación está tomando un carácter supra-individual abarcando continentes, con la comunicación mundial, instantánea, accesible con los teléfonos celulares, los correos electrónicos y las redes sociales. Veo un tiempo cuando miles de millones de humanos y sus computadoras estarán interconectados en una matriz vasta -un Übermind planetario. Siempre y cuando la humanidad esquive la Caída de la Noche - un Armageddon termonuclear o un acabóse ambiental completo - no hay razón alguna para suponer que esta telaraña de conciencia hipertrofiada no pueda extenderse hacia los planetas y, ultimadamente, más allá de la noche estrellada de la galaxia”.

Y si hay vida más allá del planeta Tierra, la inteligencia del cerebro global podría ayudarnos a conectarnos con inteligencias superiores o con una inteligencia superior. A estas alturas, todo son meras especulaciones, pero estamos siendo ya los testigos de los primeros efectos a gran escala de una metainteligencia global en vías de formación. Y si hay otros planetas en este universo en los cuales también se haya dado la vida, y si en algunos de estos planetas ya se ha llegado al paso evolutivo en el cual tales planetas se están convirtiendo también en cerebros planetarios al igual que nosotros, entonces siempre y cuando pudiera vencerse el límite de la velocidad de la luz como portadora de información podríamos vislumbrar algo tan increíble como cerebros planetarios comunicándose libremente entre sí, llevando a regiones enteras del universo a formar conglomerados de cerebros planetarios que a su vez darían auge a super-cerebros que escaparían ya de nuestra inteligencia y de nuestra comprensión. Aunque esto último suena ya como fantasías en grado extremo, al menos nosotros, en el planeta Tierra, estamos ya en vías de la formación de nuestro propio cerebro planetario. Si el concepto de un cerebro global se antoja ya de por sí difícil de digerir, la posibilidad de una comunidad interplanetaria de cerebros globales conversando el uno con el otro quizá sea una extrapolación demasiado aventurada de nuestros conocimientos contemporáneos. Sin embargo, aunque estas cosas se puedan concebir como imposibles ahora, debemos preguntarnos seriamente qué impresión le podría haber causado a los Caballeros de la Mesa Redonda en los tiempos del Rey Arturo el tener en sus manos un televisor de colores funcionando, un horno de microondas o una computadora laptop (posiblemente hasta al mismo Mago Merlín se le habría caído la quijada del asombro, reconociendo la realidad de una magia muy superior a la suya).

Los mayas habían predicho de que para el mes de diciembre de 2012 se empezarían a materializar cambios profundos que marcarían el advenimiento de una nueva era para el planeta. Es curioso, pero precisamente en el año 2012 un grupo de prominentes académicos de primera línea encabezados por Francis Heylighen fundaron el Global Brain Institute para darle seguimiento al extraordinario fenómeno del emergente cerebro global al ver que esta transición evolutiva de profundas consecuencias para el futuro de la humanidad es algo que no se puede detener pero tal vez sea algo a lo cual se le pueda dar una ayuda para encaminarlo en la dirección correcta. ¿Tendrá la conciencia planetaria emergente que estamos viendo ante nuestros ojos algo que ver con la materialización de las profecías hechas por los sabios mayas mucho antes de que Cristóbal Colón y los Conquistadores pusieran pie en el continente americano?


REFERENCIAS:

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Chorost, Michael, World Wide Mind: The Coming Integration of Humanity, Machines and the Internet, Free Press, 2011.

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Goertzel, Ben, Creating Intelligence: Wild Computing, Distributed Digital Consciousness, and the Emerging Global Brain, Springer, 2001.

Heylighen, Francis Paul, “The Global Superorganism: an evolutionary-cybernetic model of the emerging network society”, Social Evolution and History, volumen 6 número 1, p. 58-119, 2007.

Hofstadter, Douglas R., Gödel, Escher, Bach: An Eternal Golden Braid (edición del 20avo aniversario), Basic Books, 1999.

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jueves, 10 de mayo de 2012

El hombre que quiso vivir 200 años

Érase que se era...

Había una vez un hombre el cual al cumplir los 30 años de edad, teniendo frente a sí una expectativa estadística de vida promedio de 70 años, lo usual para su generación en ese entonces, se empezó a quejar amargamente de lo poco que duraba la vida. Diariamente se quejaba despotricando en contra del plan universal diseñado para los humanos por una voluntad infinitamente superior, y creía que lo poco que duraba la vida era algo absolutamente injusto ante lo cual había que rebelarse.

Como si respondiendo a sus lamentos y sus quejas, al hombre de pronto se le apareció una figura con aspecto de ángel en un intenso destello luminoso tan brillante que lo dejó enceguecido por varios minutos, tras lo cual preguntó intrigado:

-¿Y tú quién eres?

-¿No lo has apreciado aún? Soy un ángel.

-En verdad, tienes el aspecto de un ángel, por lo que veo. ¿Pero para qué has venido a mí?

-¿Cómo puedes hacer tal pregunta? Tus quejas y lamentos han sido escuchados. Tu vociferante rebeldía en contra del orden de cosas que dicta lo que para tí es una vida que no merece ser vivida por lo que tú llamas una corta duración ha llegado a los oídos de quien puede hacer algo para paliar tu descontento, dándote en parte algo de lo que reclamas así sea violando el orden temporal de las cosas humanas.

-¿Y cuál es tu plan? ¿Cuál es tu misión para la que fuíste enviado que supongo está relacionada con mis protestas?

-Empecemos por lo más importante. ¿Así que te parece poco una esperanza de vida de alrededor de unos 70 años?

-Es demasiado poco, es injusto. Cualquier hombre debería de vivir más que eso.

-¿Desearías sobrepasar una expectativa de vida de 70 años? Algunos viven lo que consideran una larga vida y mueren a los 80 años de edad, mientras que otros en menor cuantía viven hasta los 90 años, y al morir no se están quejando como tú lo haces.

-Sí me agradaría llegar hasta los 90 años, pero para mí sigue siendo demasiado poco. ¿Acaso tú me puedes ofrecer la inmortalidad en mi forma humana?

-La muerte es un acto inevitable, y todos los humanos tienen que pasar por esa experiencia. No, no te puedo ofrecer la inmortalidad en tu forma humana, la inmortalidad podría venir después con una resurrección que yo no te puedo dar, ello está fuera de mi potestad.

-¿Entonces qué es lo que ofreces?

-Sabiendo que la muerte es algo inevitable, que solo se puede retrasar, ¿cuánto más te parecería justo? ¿Qué tal una esperanza de vida garantizada en 120 años?

-Es muy poco, demasiado poco. Debería ser más.

-Mmmmhhh, ¿qué tal entonces una esperanza de vida garantizada de 140 años, como la que se le atribuye al viejito cuyo nombre sirve de marca a un famoso whisky?

-Eso ya es algo bueno, pero es insuficiente.

-¿Qué tal entonces una esperanza de vida garantizada de 150 años? Eso ya es siglo y medio de vida.

-No, no, eso me sigue dejando insatisfecho.

-¿Y 180 años de edad? ¿Te parecen pocos?

-Bueno, eso se acerca un poco más a algo que pudiera llamarse ideal.

-Pero no te basta, ¿verdad?

-Pues no, tú lo has dicho.

-Mmmmhhh, ¿y qué tal entonces 200 años de vida? Eso ya son dos siglos, es un quinto de milenio.

-Bueno, algo así ya podría considerarse aceptable.

-¿Qué estarías dispuesto a hacer con tal de llegar a los 200 años?

-Estaría dispuesto a cualquier cosa.

-¿A cualquier cosa?

-Lo que sea.

-¿Estás absolutamente seguro?

-No tengo la menor duda.

-¿Estarías dispuesto a pagar un precio, aún no estipulado, con tal de que se te conceda tu deseo?

-¡Desde luego que sí!

-Bueno, tal vez pueda hacer algo para responder a tu petición. Para formalizar nuestro acuerdo, lo único que tienes que hacer es sellar un pacto conmigo, y yo te daré lo que deseas.

-Me parece fabuloso. ¿Y cuál es el precio a pagar?

-El precio a pagar viene después. No te puedo dar detalles sobre la forma de pago, esa es una de las condiciones del pacto. Pero de que vivirás hasta llegar a los 200 años de edad, de eso no te debe quedar duda alguna.

El ángel sacó de entre una de sus alas un pergamino en el cual en un lenguaje extraño y desconocido para el hombre se estipulaba la naturaleza del pacto. Debía firmar el pacto pinchándose ligeramente un dedo y depositando una gota de su sangre en la parte inferior del pergamino. Sin pensarlo más, el hombre se pinchó su dedo índice con el fin de tomar de él una pequeñísima gota de su sangre, el paso indispensable para terminar de sellar el acuerdo mediante el cual se le otorgaría lo que pedía.

Al estar a punto de firmar el pacto, se le apareció otro ángel, el cual se le presentó como el ángel Azrael, el cual lo interrumpió diciéndole:

-No lo hagas, no firmes ese pacto. Yo sé lo que te digo. Hazme caso.

-¿Y tú que me ofreces a cambio si no firmo el pacto? ¿Me ofreces los mismos 200 años de vida?

-Yo no te puedo ofrecer eso.

-¿Entonces qué me ofreces?

-Yo no te puedo ofrecer más de lo que el destino le tiene deparado a cada hombre dentro de las leyes naturales que rijen el funcionamiento del Universo.

-Entonces hazte a un lado, porque yo viviré una larga vida, dos siglos, un quinto de década, lo quieras o no.

-Te lo repito, no lo firmes, hazme caso. Si no me escuchas, terminarás arrepentido de no haberme hecho caso.

-¿Quieres que me niege a mí mismo la posibilidad de poder Vivir hasta los 200 años, algo que tú no me puedes ofrecer, solo porque tú me lo pides? Hazte a un lado, que ya escuché de tí más de lo que puedo tolerar. Tú no ofreces nada más que una muerte que quizá sea temprana, tú no eres mi amigo, eres mi enemigo, y me lo estás demostrando al querer negarme la bendición de poder disfrutar una larga vida.

-Bueno, si crees que te estoy molestando, no te molestaré más. Me retiro, pero algún día, dentro de muchos años, te acordarás de mí y la advertencia que te hice.

El ángel Azrael se esfumó dejando solo al hombre que empezaba a meditar sobre si no sería prudente hacerle caso a quien le había advertido en contra del paso que estaba por tomar. Adivinando sus intenciones, el ángel sin nombre lo reprendió diciéndole:

-Mira, si no quieres firmar el pergamino, si no quieres que sellemos nuestro pacto, si no quieres vivir hasta los 200 años, entonces yo también me voy y te dejo como estás. Pero si al llegar a los 45 años te encuentras a tí mismo muriendo a causa de un accidente automovilístico, un asalto o un incendio, entonces recordarás la oportunidad que se te ofreció aquí, y te lamentarás tal y como lo has estado haciendo toda tu vida, quejándote de que fue demasiado corta.

-No, espera, tienes razón. No quiero lamentarme de haber dejado escapar esta oportunidad que no creo que se le presenta a cualquiera. Acepto tu ofrecimiento, y acepto tus condiciones.

Dicho y hecho, el hombre dejó caer una pequeña gota de su sangre en la parte inferior del pergamino, tras lo cual el ángel sin nombre lo felicitó y le dijo:

-Lo que has pedido se te cumplirá. No morirás antes de haber cumplido los 200 años de vida. Nadie a tus alrededores vivirá tanto como tú vas a vivir. Muchos te envidiarán cuando lleges a los 100 años de edad, y al pasar más allá del centenario serás considerado cada vez más como un milagro viviente.

-Sí, seré un milagro viviente. Ahora estoy convencido más que nunca de que he hecho lo correcto.

Y el tiempo pasó. El hombre cumplió los 70 años, y seguía vivo. Cumplió los ochenta, rebasando las expectativas de vida para aquellos de su generación, y seguía vivo. Cumplió los noventa, y cumplió los cien, manteniéndose en pie.

Sin embargo...

Al cumplir los 130 años de edad, el hombre se lamentaba amargamente como nunca pensaba que lo haría en toda su vida. Estaba confinado a una cama de hospital, conectado la mayor parte del tiempo a tubos para alimentarlo por vía intravenosa y a un enjambre de aparatos para ayudarlo a respirar. Sus gastos médicos cada vez mayores, que al principio corrían por cuenta de la compañía de aseguranzas hasta que la compañía quebró, fueron absorbidos no solo por los servicios médicos gubernamentales sino por varias instituciones de educación superior que se dedicaron a utilizarlo para fines de investigación en el campo de la geriatría, investigándolo como una cosa sumamente rara de aquellas que sólo se dan una vez cada milenio, algo digno de preservar con vida al precio que fuera.

El anciano de 130 años de edad sufría. Ya no quería seguir vivo, no a ese costo, no confinado permanentemente a una camilla de hospital conectado a tubos que ya formaban parte permanente de su cuerpo y aparatos que pedía le fueran desconectados, petición que siempre le era negada por ser el suicidio algo prohibido por las leyes en vigor.

Justo cuando el anciano estaba totalmente decaído en su ánimo, lamentándose y quejándose amargamente por estar aún con vida, se le apareció el ángel sin nombre al cual no había visto desde que firmó con él un pacto cien años atrás. El ángel sin nombre le dijo:

-¿De qué te quejas? Ya cumpliste los 130, y sigues con vida. ¿No era eso lo que querías?

-Sí, pero mi proceso de envejecimiento no se ha detenido. Me veo y me siento tan viejo como la ciencia médica espera que se vea y se sienta un anciano de 130 años de edad. He perdido toda mi dentadura, no tengo una sola hebra de pelo en mi cabeza, tengo un centenar de achaques y molestias propias de una edad así, a duras penas puedo caminar y a duras penas me puedo levantar de la cama, estoy casi ciego, mis huesos son más frágiles que los de un pollo recién nacido, me estoy deformando y he estado perdiendo estatura con una joroba cada vez más pronunciada a grado tal que parezco un engendro, engarruñandome hasta quedar acartonado como una momia y enroscado como un guiñapo, se han ido muriendo todos mis amigos y conocidos y no queda ya nadie de mi generación que me pueda visitar para que no me sienta solo. ¿Te parece poco?

-Pero no has muerto. Sigues vivo, ¿y no era eso lo que querías?

-Nunca pensé que vivir por tanto tiempo pudiera dejar de ser una bendición para convertirse en una maldición.

-No te quejes. Si crees que estás mal ahora que tienes 130 años de edad, espérate a que tengas los 150 años de edad. Recordarás estos días como si fueran un paraíso, porque vas a seguir envejeciendo y te vas a seguir deteriorando, pero no te vas a morir. Y ni siquiera intentes suicidarte, porque yo no te lo voy a permitir y los médicos que te atienden no te lo van a permitir. Y de cualquier modo, tú no vas a estar en condiciones de poder quitarte la vida, porque ni siquiera podrás levantar un solo dedo de la mano para quitártela. Voy a cumplir con mi parte del pacto, lo quieras o no. Y cuando cumplas los 150 años, te vas a sentir mil veces peor que como te sientes ahora, y entonces añorarás estos días que hoy maldices.

-Si voy a estar tan malo y tan deteriorado como dices, entonces de seguro no pasaré de los 150 años de edad.

-Te equivocas. Vas a sobrepasar los 150 años de edad, porque voy a cumplir con mi parte del pacto, pero vas a vivir en tales condiciones que serás algo mil veces peor que un muerto, serás un muerto en vida. Estarás confinado de por vida como un prisionero en esa camilla dentro de este hospital en donde los médicos te mantendrán postrado en una cama como una curiosidad científica digna de ser mantenida con vida al precio que sea, como un experimento para ver hasta qué edad puede llegar un ser humano. Te vas a seguir deteriorando, te vas a seguir deformando, y la gente te verá como un fenómeno, como un guiñapo demasiado horripilante para contemplar por más de unos cuantos segundos. Pero seguirás allí. Serás la comidilla del día en los noticieros, envejeciendo y decayendo, pero sin morir.

-¿O sea que voy a llegar a los 160 años?

-Vas a llegar a esa edad y la vas a sobrepasar, porque aún te quedarán 40 años más por delante después de que hayas cumplido los 160. De eso me encargo yo.

-¿En qué condiciones?

-Realmente, ¿lo quieres saber?

-Dame una idea.

-Mira: cuando cumplas los 160 años, te vas a ver y te vas a sentir diez veces peor que como te verás y te sentirás cuando cumplas los 150 años. Y cuando cumplas los 170 años, te vas a ver y te vas a sentir cien veces peor que como te sentías cuando hayas cumplido los 160 años. Y cuando cumplas los 180 años, te vas a ver y te vas a sentir mil veces peor que como te sentías cuando hayas cumplido los 170 años. Y así irás progresando, si es que a eso se le puede llamar progreso.

-Eso no es vida, es el mismo infierno.

-¡Vaya! ¿Acaso no te habías dado cuenta de ello? Pero tú querías vivir hasta los 200. Y se te cumplió tu deseo. Quizá la lección que muchos humanos tardan toda una vida en aprender y muchos nunca aprenden es que hay que tener mucho, pero mucho cuidado con lo que se desea, porque siempre hay una posibilidad de que se le conceda a uno su deseo, de que se le cumpla su capricho, y entonces descubrirá demasiado tarde el por qué lo que tanto pedía se le estaba negando, algo que no pudo o no quiso comprender hasta que recibió su lección, una lección de la cual no hay marcha atrás.

Con una carcajada estruendosa, indudablemente burlona, el ángel desapareció dejando al anciano en su lamentable condición, sin hacer nada por ayudarlo y mucho menos para sacarlo de aquél predicamento para el cual el único alivio posible era la bendición de una muerte natural que se le estaba negando.

Unos cuantos minutos después, hizo su aparición Azrael, diciéndole al pobre anciano:

-Te dije que no firmaras ese pacto. Te lo advertí, pero no me hiciste caso. Ahora vas a tener que atenerte a las consecuencias.

-¿No hay forma alguna en la cual se pueda deshacer el pacto?

-No la hay. Estuviste de acuerdo y diste tu palabra, y ahora te toca pagar el precio.

-¿No se supone que el pago por estar de acuerdo con el pacto que firmé se haría efectivo después de mi muerte al cumplir los 200 años de edad?

-En realidad, ya estás pagando tu parte del pacto, y aún te falta lo peor.

-No lo entiendo. Cuando se me presentó aquél ser por vez primera, me dijo que era un ángel, y ciertamente tenía el aspecto de un ángel.

-Y no te mintió, en efecto, era un ángel. Excepto que era un ángel caído.

El anciano se puso lívido al comprender lo que había sucedido, al entender por fin la naturaleza del pacto que había sellado con su propia alma pagando de antemano con la condenación física de su propio cuerpo.

Azrael, preparándose para despedirse, agregó:

-Cometiste un error, el error que cometen todos los humanos que se quieren aferrar a la vida al precio que sea. Existe un orden superior, existe un por qué para todas las cosas. Y cuando se quiere desafiar ese orden, cuando se quiere ser la excepción sin importar el costo, el castigo llegará por sí solo.

Y el hombre que quería vivir hasta los 200 años quedó solo al desaparecer Azrael, subsistiendo confinado en una cama de hospital de la cual sabía ya que no saldría jamás en los próximos 70 largos y dolorosos años que le quedaban de vida, marcando con ello su condena.

Los esfuerzos de la ciencia médica por prolongar la vida del hombre lo más que se pueda, si bien son loables y dignos de encomio, también pueden resultar contraproducentes e inclusive bastante desagradables cuando se quiere estirar la cuerda más allá del punto en el cual se tiene que reventar, cuando se quiere desafiar incluso a la misma muerte contraviniendo y desafiando las leyes de la Naturaleza para continuar viviendo indefinidamente al costo que sea.

¿Habrá algún lector por aquí que todavía quiera vivir hasta los 200 años, al precio que sea?