jueves, 7 de febrero de 2013

Divagaciones

He aquí un acertijo relacionado con los números. Dada una serie de guarismos es posible, mediante la aplicación de una sencilla lógica de matemáticas, decir cuál es el número siguiente. Por ejemplo, si escribimos: 2-4-6-8-10, sabremos que el número que sigue es 12. Si ponemos: 3-6-9-12-15, es fácil discernir que el siguiente número es 18. Veamos ahora esta serie, y tratemos de encontrar el número que debe seguir al que aparece al último: 2-10-12-16-17-18-19... ¿Cuál es el número siguiente? Daré en seguida la respuesta, para que nadie se fatigue el seso tratando de aplicar la lógica matemática al asunto, o de solucionarlo con el empleo de alguna complicadísima ecuación. El número que sigue al 19 en esa serie de guarismos es el 200. ¿Por qué? Porque entre todos los números que siguen al 19 el 200 es el primero cuyo nombre empieza con la letra d. Y los nombres de los números que forman aquella serie empiezan todos con esa misma letra. Ya se ve que hay aquí una pequeña trampa que se puede advertir desde el planteamiento de la cuestión. La solución de un caso, en efecto, ha de empezar a buscarse a partir de la forma misma en que el dicho caso se plantea. Obsérvese que no se dijo: “Un problema de matemáticas”, y ni siquiera: “Un acertijo de números”. Se dijo: “Un acertijo relacionado con los números”. Y es que el asunto aquí no es de números, sino de letras. Igual ocurre con la adivinanza en la cual el chiquillo le pregunta a su abuelito: “150 monos, y hay 150 sillas. ¿Cuántas sillas sobran?”. “Ninguna” –parece ser la respuesta apropiada. O, más bien, con suficiente rapidez. Respuesta equivocada. Si esa fue la respuesta, es que no se examinó bien el planteamiento: “Siento 50 monos, y hay 150 sillas”. Sobran 100 sillas, claro.

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