domingo, 15 de diciembre de 2013

Tesoro de trucos mágicos



Hará un año que se publicó en esta bitácora en diciembre de 2012 con motivo de la temporada de Navidad una entrada titulada “Iniciación a la Magia”, revelando secretos de algunos trucos de magia que no requieren una habilidad manual extraordinaria y que se pueden llevar a cabo con materiales caseros.

Un año después, dada la respuesta favorable que se obtuvo en tal entrada, al estar próximos a la celebración de una nueva temporada navideña, en esta publicación se le dará continuidad a lo que se publicó en la Navidad de 2012, y se revelarán los secretos de nuevos trucos de magia que cualquiera puede llevar a cabo para impresionar a los amigos y familiares o a los compañeros del trabajo, garantizando que será invitado a muchas fiestas para amenizarlas con su magia. Estos materiales pueden ser utilizados incluso por payasitos “magos” como los que que ofertan sus servicios para fiestas infantiles, lo cual les dará mayor popularidad y les podrá aumentar su fuente de ingresos. No hay mejor ocasión que ésta para compartir con mis lectores una nueva serie de trucos mágicos con los cuales podrán entretener a sus amigos y familiares haciéndoles sentir un poco de la magia verdadera de la Navidad. Los trucos que aquí se publican son diferentes a los que fueron publicados con anterioridad en esta bitácora, de manera que se podrá seguir sorprendiendo con nuevos efectos de ilusionismo a quienes aún aspiran a que cada Navidad siempre llege con un poco de magia..


La moneda que desaparece en la caja cilíndrica

Se echa una moneda en una caja cilíndrica. Una vez metida la moneda, la caja se sacude para hacer ver al público que la moneda está adentro de la caja; pero cuando la tapa de la caja es removida, ¡la moneda ya se ha esfumado misteriosamente!

Para realizar esta ilusión, la caja tiene que ser exactamente del mismo diámetro de la moneda y deberá ser más bien honda. En cuanto al material de que se halle confeccionada la caja, podrá ser de cartón o de metal. Las cajas de tapa ajustable son las más recomendables. La caja se pinta interiormente con color negro, de preferencia, y se pega un trozo de papel de igual color a uno de los lados de la moneda (el cual no se le mostrará al público). Se muestra al público el otro lado de la moneda; pero, al echarla dentro de la caja, se le da la vuelta en forma disimulada, de manera que la caja dará la impresión de hallarse vacía, ya que la moneda parecerá ser el fondo de la caja.


La moneda que atraviesa la manga

El mago deja caer una moneda por su manga izquierda, y la saca por el codo. No existe agujero alguno en la manga, por cuya razón parece que la moneda ha pasado a través de la tela.

Para efectuar este truco, se emplean dos monedas, una que ya está oculta en la manga, retenida entre los botones del puño. La mano deja caer la primera moneda, y enseguida, tocando la manga, sacará el duplicado (la segunda moneda) por la parte del codo.


La moneda que aparece en un pañuelo

Este es un inteligentísimo truco que se lleva a cabo con una moneda.

Se muestra al público un pañuelo enteramente vacío. Se hace una pelota con él y se entrega a cualquier persona para que lo sostenga. Inmediatamente aparece una moneda, precisamente en el centro del mismo.

Para realizar esta ilusión, se utiliza un pañuelo con un borde muy ancho. Se descoserán algunos hilvanes del borde o dobladillo y con ello vendrá a constituirse una especie de bolsillo que ocultará la moneda. Esta parte del pañuelo se mantiene abajo cuando se esté enseñando el pañuelo al público. Cuando se hace la pelota, la moneda escapa de su escondrijo y aparece en el centro de aquél.


La sortija del puro




Este es un bonito y divertido truco que no resulta difícil de realizar, para el cual se requiere de un cigarro puro (del tipo conocido como habanos). La sortija (o anillo) de papel del puro desaparece súbitamente y enseguida reaparece nuevamente.

Para realizar el truco, córtese la sortija de papel (que usualmente es colocada más o menos a la cuarta parte de la distancia entre de los extremos del puro) de un puro en dos partes iguales, de modo que únicamente quede la parte del escudo o emblema. Péguese esta media sortija al puro. Cuando se enseñe el cigarro puro al público, la sortija dará la impresión de estar completa, de ser completamente normal, porque el público no ve la parte trasera en donde no hay lo que vendría siendo la otra mitad de la sortija.

Dése vuelta al cigarro puro, haciéndolo girar entre los dedos pulgar e índice y, de tal modo, desaparece la sortija de la vista. Otra media vuelta, y la sortija surgirá de nuevo ante los ojos de los atónitos espectadores. Se puede empezar la ilusión sacando el cigarro puro ya preparado de la caja en donde usualmente vienen los cigarros puros, sacando el cigarro puro del celofán transparente en el que no se podrá percibir a distancia la hendidura que se le hizo al celofán para sacar y meter el cigarro puro preparado para la ilusión. en Con algo de práctica, este truco será de gran efectividad.


Adivinando el valor de una moneda escondida

Se coloca una moneda debajo de una taza, mientras el mago se encuentra ausente. Este regresa, toca la taza, e inmediatamente indica el valor de la moneda.

El mago tiene un cómplice entre el público y trabaja con él en la realización del truco. Como quiera que el asa de la taza puede volverse de forma que apunte en la dirección que uno quiera, lo mismo que sucede con las manecillas del reloj, ésa es la ayuda que el mago tiene en su favor. Cuando el mago está ausente, el “cómplice” observa la moneda que está debajo de la taza, y coloca el asa en la dirección conveniente, de acuerdo con un sistema como el siguiente: A lo que vendría siendo la una en punto (en tiempo de reloj medido en un reloj mecánico de manecillas), ello indicará que la moneda es una moneda de un centavo (un “penny” norteamericano); a las dos correspondería un “níquel” norteamericano (moneda de cinco centavos); a las 3, una moneda de diez centavos (un “dime”); a las 4, una moneda de un cuarto de dólar (un “quarter”, moneda de 25 centavos); a las 5, una moneda de medio dólar (50 centavos); a las 6, una moneda de un dólar; a las 7, una moneda de dos dólares (las hay, aunque no hay muchas en circulación); a las 8, una moneda de cinco dólares (también las hay, aunque más escasas); a las 9, una moneda extranjera de cierta denominación (una moneda de un peso mexicano, por ejemplo); a las 11, otra moneda extranjera de otra denominación; y en las doce no habrá monedas de ninguna clase.

De esta manera, el mago puede saber el valor de la moneda, es decir, si es o no de Estados Unidos, o bien si la taza no estuviera cubriendo ninguna moneda en realidad.




El truco de la paleta

El mago hará ver a su público una paleta ordinaria chica, de las que suelen emplearse para la mostaza o en la cocina, paleta que se halla encima de la mesa. Se “corta” (con los dedos de la mano, separando en dos partes) un mazo de cartas y se pone la paleta entre ambas partes del mazo, luego de haber dejado que los espectadores vean ambas caras de la paleta. Cuando se levanta la parte superior del mazo, se verá una carta muy pequeña sobre la superficie de la paleta, y esa carta corresponde con la de la parte inferior del montón superior. Es decir, ¡la carta que se halla directamente encima de la paleta!

La carta pequeña, que fácilmente puede hacerse con tinta azul o negra (o mejor aún, una reducción fotográfica impresa que hoy en día se puede efectuar con una escaneadora y una impresora) se fija en la pala en primer lugar. La carta que corresponde a ella se encuentra sobre la parte inferior del mazo. La paleta, en apariencia, aparece en ambos lados; pero al darle la vuelta, se hace girar el pulgar y los otros cuatro dedos:




De tal manera, un lado de la pala (el mismo lado) es mostrado dos veces haciéndole creer al público que ha visto ambos lados. Hecho esto, después del “corte” del mazo el mago recoge la parte inferior del mazo y la pone sobre la superior, intercalando la paleta entre ambas. Al hacerlo así, imprime a la paleta una media vuelta, dejando la carta pequeña hacia arriba, directamente por debajo de la que corresponde a ella.

Este truco tiene un final muy sorprendente. No es difícil realizarlo, puesto que el hacer girar la paleta es muy sencillo; se trata, simplemente, de una adaptación de un viejo truco conocido bajo el nombre de “La Paleta Saltarina”. Se pueden conseguir paletas con mango redondo para efectuar este juego, y así se hacen girar con mucha facilidad, aunque es posible que el mago prefiera un mango de paleta que en vez de ser redondo tengar forma de anchura rectangular para estar seguro del giro que le debe dar a la paleta.


La cuchara mágica

Esta ilusión es reminiscente de un efecto sorprendente por el cual se hizo famoso Uri Geller, el cual presumía tener facultades psíquicas de telequinesia que le permitían doblar cucharas. Tiempo después, hicieron su aparición magos e ilusionistas que lograron el mismo efecto pero sin reclamar para sí poderes de telequinesia.

Una cuchara es doblada aparentemente por el ejecutante, pero tan pronto es arrojada sobre la mesa, la cuchara parece estar en perfectas condiciones. Después, la cuchara desaparece misteriosamente.

Para este efecto, tómese la cuchara por su mango con ambas manos, con el mango señalando hacia el mago, y el resto de la cuchara descansando sobre la mesa como si fuese el punto de apoyo de una palanca. Al tomar la cuchara, manténgase el dorso de las manos hacia arriba, una mano sobre otra. Hágase que el dedo meñique de la mano inferior, la mano adyacente a la cuchara, quede bajo el mango:




Hágase el movimiento de doblar el mango de la cuchara hacia arriba, simulando un poco de falso esfuerzo para fingir el proceso de doblarla. Por supuesto, el mago no dobla el mango de la cuchara; el mago simplemente lleva sus manos lentamente hasta una posición vertical en relación con la cuchara haciendo creer al público que está doblando el mango de la cuchara. No se mueva la cuchara hacia arriba en lo absoluto. Para lograr el efecto, muévase la mano superior y levántese la cuchara de la mesa, como si se estuviese sosteniendo el extremo doblado con la otra mano. El dedo meñique, colocado bajo la cuchara, es el que levanta en realidad la cuchara. La parte restante de la mano oculta el extremo de la cuchara. Tras esto, déjese caer inmediatamente la cuchara sobre la mesa, mostrando que no está doblada en lo más mínimo.

Colóquese la cuchara sobre la mesa, a unos 15 centímetros del borde y paralelo a él. Entrelácense los dedos de ambas manos y colóquense sobre la cuchara, con los dorsos hacia arriba, cubriéndola completamente. Entonces, el mago levanta aparentemente la cuchara de la mesa, con el dorso de las manos hacia el público como se muestra arriba en la figura derecha, sopla sobre ellas, las vuelve lentamente y muestra que las manos están vacías. ¡La cuchara ha desaparecido! Esto se hace como sigue: Mientras el mago finge levantar la cuchara, la lleva lenta e imperceptiblemente hacia el borde, al mismo nivel de la parte superior de la mesa. Entonces, ya que la acción no puede ser vista, deja caer la cuchara desde el borde de la mesa sobre sus piernas y continuará levantando las manos. Esto debe hacerse suavemente y sin titubear para que la ilusión sea efectiva.


Control del pulso

Uno de los efectos más enigmáticos y realmente asombrosos es el de detener el pulso a voluntad. La gente se impresiona mucho, generalmente, con este acto. La prueba le hace ganar al ejecutante una gran reputación.

Al presentarse el acto, por medio del gran poder de su voluntad, el mago aminora el ritmo de su pulso, hasta detenerlo completamente. Después, lo reactiva paulatinamente, hasta hacerlo normal nuevamente. También logra detener el pulso de un espectador.

Para llevar a cabo esta ilusión, provéase de una pelota pequeña o háganse varios nudos en un pañuelo, hasta que tome la forma de una pelota. Póngase la pelota o el pañuelo bajo la axila, en contacto con la piel. Con esto, ya se está listo para realizar el experimento.

Al presentar el efecto, el mago dice al público:

-Mientras estudiaba magia y sugestión mental, he desarrollado mi fuerza de voluntad a tal grado, que puedo controlar las funciones de mi organismo, con sólo la voluntad y el pensamiento. Me gustaría demostrar esto. ¿Quiére pasar alguien a tomar mi pulso?

Cuando el espectador haya tomado al mago por el pulso y empiece a sentir las palpitaciones, el mago le indica al espectador que levante el otro brazo y lo deje de caer cuando deje de sentirlas. Mientras el espectador lo está sosteniendo por el pulso, el mago oprime lentamente su brazo contra el cuerpo. La pelotita que tiene bajo la axila hará presión sobre la arteria en la que se toma el pulso. El espectador sentirá que el pulso se va haciendo más lento, hasta detenerse. Cuando la presión en el brazo haya llegado a cierto punto, el pulso ya no será perceptible y el espectador bajará su brazo, indicando al público que el pulso del mago se ha detenido. Entonces el mago disminuye lentamente la presión sobre la pelota y con ello su pulso volverá a la normalidad. El mago levanta el brazo y deja caer la pelotita hasta su cintura, por debajo de la camisa. Ahora el mago podrá permitir que el público examine su brazo para comprobar que no hay nada oculto en él.

Después de haberse ejecutado el experimento inicial, el mago anuncia:

-Ya he demostrado en mí mismo el grado hasta el cual he desarrollado mi fuerza de voluntad. Ahora me gustaría efectuar un experimento similar en otro individuo. En este experimento, usaré poder de sugestión, para hacer que el pulso de otra persona se detenga.

El mago pide un voluntario colocándolo enfrente y a la izquierda del mago. Se toma al espectador con la mano izquierda por el brazo izquierdo, cerca de la axila, colocando el dedo pulgar hacia arriba y el resto de los dedos bajo el brazo. Sosténgase en alto el brazo del espectador, con la mano derecha bajo su codo. Pídase a otro espectador que se adelante, para sentir el pulso del individuo en su muñeca izquierda. Dígase al voluntario que relaje los músculos y se concentre, pensando en su pulso. El mago hará que su pulso se haga más lento y se detenga finalmente, aplicando presión con su mano izquierda. Al aplicar la presión lentamente, el mismo tiempo que el mago le dice que relaje los músculos, el mago podrá detener su pulso, sin que el voluntario se dé cuenta de que el mago está haciendo presión sobre su arteria. Para hacer que el pulso vuelva a la normalidad, se afloja paulatinamente la presión sobre el brazo izquierdo del voluntario. Durante ese tiempo, el mago puede enfatizar el efecto, frotando el brazo izquierdo del voluntario con la mano derecha, como para estimular la circulación.

Si el mago no está preparado para detener su pulso completamente, tal como se describe arriba, puede demostrar su habilidad para controlar su pulso en la forma siguiente. Hágase que dos personas del público se adelanten y que cada una de ellas le tomen el pulso en la muñeca. Mientras se habla, hágase más lenta la respiración, deteniéndola completamente al final. Esta acción hará el pulso más lento, hasta ser notado por los individuos que están tomando al mago por las muñecas. Cuando se sienta molesto, empiécese a respirar nuevamente, al principio con lentitud y aumentando después el ritmo de la respiración. Esto acelerará nuevamente el pulso. Es aconsejable practicar esto varias veces, para aprender a hablar sin respirar. Cuando el ejecutante sea capaz de hacer esto, el público no sospechará el procedimiento que el mago está empleando. Lógicamente, esta ilusión no puede ser llevada a cabo por un mago principiante que se ponga nervioso y agitado ante su público con lo cual aumenta el ritmo de su respiración.


La prueba de los cigarrillos

El mago entrega tres cigarrillos de marcas distintas (el mago podría usar cigarrillos sacados de cajetillas nuevas recién abiertas) a tres personas del público. Después, se hace vendar los ojos. Cada uno de los espectadores enciende su cigarrillo y exhala una bocanada de humo hacia la nariz del ejecutante. Éste adivina, por medio del humo, la marca de cada cigarrillo.

Este efecto se basa en el hecho de que, una persona con los ojos vendados por un pañuelo puede mirar hacia abajo todavía. El puente de la nariz hace que el pañuelo quede un poco levantado debajo de cada ojo, permitiendo a la persona vendada un campo de vista reducido.

Cuando se ejecute este efecto, el mago debe decir algo como lo siguiente:

-Voy a intentar un experimento que probará el grado hasta el cual he desarrollado mis sentidos. En este experimento, sujetaré mi sentido del olfato a una prueba que nunca ha sido igualada. Daré un cigarrillo de marca diferente a cada una de tres personas. De hecho, en lugar de usar mis propios cigarrillos, me gustaría pedirlos a tres personas diferentes de las que están entre el público, para evitar que alguien crea que he alterado el tabaco en cualquier forma. ¿Quieren algunas personas sacar por favor sus cigarrillos para que ustedes mismos seleccionen las tres marcas que serán usadas para esta demostración?

Después de que se haya hecho la selección, tome los tres cigarrillos observando la marca (o preguntándole a cada uno de los espectadores el nombre de la marca del cigarrillo) y entregando uno a cada una de las personas. Al hacer esto, el mago debe observar la forma y el color de los zapatos de cada persona. Relaciónese esta información con la marca del cigarrillo que se le haya dado a cada persona y así será fácil identificar las marcas de cigarrillo cuando el mago esté vendado, al ver los zapatos de cada individuo. Después de que el público esté convencido de que el mago no puede ver a través de la venda, pídase a una de las tres personas que se ponga de pie a unos treinta centímetros de distancia y que exhale el humo de su cigarrillo en dirección del mago, soplando suavemente.




El mago podrá identificar los zapatos de cada persona, descubriendo así la marca del cigarrillo que esté fumando. Dígase la marca y repítase lo anterior con cada una de las otras dos personas. Este experimento le dará al mago la reputación de tener poderes superiores a los de cualquier otra persona normal.

Nota: Se puede simplificar la prueba usando una o dos mujeres. La diferencia en el calzado femenino es mayor que la que hay normalmente en el calzado masculino y la identificación será mucho más fácil.


Las tres cáscaras de nuez

Este truco suele ser encontrado con frecuencia en las calles, llevado a cabo por individuos que se han vuelto diestros en la forma de llevarlo a cabo, graduando como verdaderos prestidigitadores con movimientos rápidos de los dedos de la mano, y ocasionalmente es usado para estafar a los incautos  retándolos mediante una apuesta previa a que apunten hacia la cáscara en donde creen que está el guisante y en realidad no hay nada a causa del engaño producido por la ilusión.

El ejecutante pone sobre la mesa un pequeño guisante, lo cubre con una de tres cáscaras de nuez y luego mueve las tres cáscaras, haciéndolas cambiar de posición varias veces. Se pide a un espectador que señale la cáscara de nuez bajo la cual crea que está escondido el guisante. No importa cuál cáscara sea la señalada, el guisante es hallado bajo una de las otras dos cáscaras. Esto puede repetirse muchas veces sin que el espectador adivine nunca correctamente.





Para llevar a cabo el truco, cómprese en una tienda o en una frutería varias nueces de las llamadas de Castilla (las cuales son de color café crema claro y pueden ser separadas en dos mitades). Sepárense las cáscaras, cuidando de no romperlas, limpiando cuidadosamente el interior de las mitades de las cáscaras. Selecciónese tres mitades de cáscaras de tamaño medio y no muy profundas. Estas medias cáscaras deben tener también la parte más ancha hacia atrás, para permitir que el guisante pueda meterse y sacarse fácilmente. Es aconsejable rellenar parcialmente el interior de las medias cáscaras con cemento de plomero o masilla de la que se utiliza para colocar vidrios (conocida en México como “mastique”). Este peso extra evita que las mitades de cáscara se deslicen demasiado fácilmente cuando el mago no lo desea. (Durante el resto de esta descripción, nos referiremos a las mitades de cáscara como cáscaras.) Después de que la masilla se haya secado, púlase la superficie de ella con un papel de lija.

El “guisante” que se usará será un pedacito de esponja de caucho, cortado de una esponja de baño o de una rodillera, que se pueden obtener fácilmente. Este pedazo de caucho deberá ser muy pequeño. Experiméntese, colocándolo debajo de las cáscaras, hasta encontrar el tamaño apropiado. No deberá ser tan grande que levante la cáscara cuando el ejecutante la deslice sobre la superficie de la mesa.

Extiéndanse varias hojas de papel de periódico o un lienzo sobre la mesa, para lograr una superficie adecuada para mover las cáscaras y el guisante.

La presentación se lleva a cabo colocando sobre las hojas de papel de periódico o sobre el lienzo las tres cáscaras, colocando el guisante frente a la cáscara del centro como lo indica la primera de las tres figuras siguientes (figura 1):




Cúbrase el guisante con esa cáscara del centro. Tómese la cáscara con el dedo índice de la mano derecha adelante y el pulgar y el dedo medio de la misma mano en la parte de atrás como se muestra arriba en la segunda figura (figura 2). Las yemas de los dedos que sostienen la cáscara deben tocar ligeramente la superficie de la mesa. Muévase la cáscara hacia adelante de quince o veinte centímetros, sosteniéndola como se ha indicado. Se notará que al empujar la cáscara hacia adelante, el guisante sale por la parte posterior y se desliza entre la yema del dedo pulgar y el dedo índice. Oprímanse estos dedos uno contra el otro y reténgase el guisante como se muestra en la tercera figura (figura 3). Ahora el guisante en vez de estar debajo de la cáscara estará en la mano, y si el mago la conserva cerca de la mesa, quedará oculto a la mirada del público.

Tómese otra de las cáscaras con la mano derecha, en la forma indicada anteriormente y muévala a su posición original. Hágase lo mismo varias veces con diferentes cáscaras, regresándolas a las posiciones originales en que estaban al principio del truco. Al llevar hacia atrás una de las cáscaras, métase debajo de ella el guisante (este es el truco del que no se dan cuenta los espectadores cuando se lleva a cabo en forma apropiada), asegurándose de no ocultarlo en la cáscara de donde se sacó furtivamente. Esto se hace fácilmente, soltanto el guisante mientras se desliza la cáscara hacia el ejecutante. En otras palabras, es el movimiento inverso al que se ejecutó para sacar el guisante de abajo de la cáscara. Para sacar el guisante sin ser visto, empújese hacia adelante la cáscara. Para ocultarlo bajo otra cáscara, muévala hacia atrás. Practíquense estos dos movimientos hasta que puedan ser ejecutados sin ser descubierto. Esta es la misma técnica empleada por los que ejecutan este truco en las ferias y en puestos callejeros.

Durante la ejecución del truco, invítese a un espectador a que mantenga la mirada en la cáscara que oculta el guisante. Sáquese el guisante de abajo de una cáscara y métase abajo de otra. Por supuesto, el espectador elegirá la cáscara que supondrá que oculta al guisante (si en vez de dejar de llevarse por la ilusión el espectador selecciona al azar una de las otras dos cáscaras, hay un cincuenta por ciento de probabilidades de que encuentre al guisante escamoteado). Otro método consiste en mantener el guisante oculto en la mano después de haberlo sacado de abajo de la cáscara, hasta que el espectador elija la cáscara en que crea que está oculto el guisante. Después de mostrar que está equivocado, muévase otra de las cáscaras hacia atrás e introdúzcase bajo ella el guisante. Muéstrese que está allí, levantando la cáscara. Si se usa este método, será posible permitir que el espectador seleccione dos cáscaras, sin descubrir el guisante debajo de ninguna de ellas. En cualquier caso, el espectador nunca adivina correctamente. Y si está apostando su dinero, lo perderá en forma segura porque en tal caso estaría siendo víctima de una estafa.

Nota: Si el ejecutante tiene dificultad para sacar el guisante de abajo de la cáscara, una ligera presión hacia abajo en la parte interior de ella, ejercida con el dedo índice, podrá serle de utilidad. Del mismo modo, una ligera presión hacia arriba en la parte posterior de la cáscara, ejercida al deslizarla hacia atrás, le ayudará al ejecutante a introducir, sin ser visto, el guisante debajo de la cáscara.

En la literatura inglesa, el juego de las tres cáscaras de nuez y el guisante es conocido como the shell game y también como three shell game, y con la ayuda de esta acepción es posible encontrar recurriendo a Internet videos que muestran en forma explícita la forma en la cual se efectúa el escamoteo del guisante. Todo es cuestión de práctica.


Líquidos mágicos

El mago presenta o pone sobre una mesa varios vasos y una jarra de cristal claro, llena de agua común y transparente. Toma cada uno de los vasos limpiándolo cuidadosamente, y luego ante el asombro del público vierte una bebida de diferente color en cada vaso, todas con el agua de la misma jarra que se supone tiene agua simple. El ejecutante bebe un poco de cada vaso, para probar que no se trata de un truco de química, comentando que quizá alguna persona del público desearía probar alguna de las bebidas. Tras esta demostración, mézclense los líquidos, sirviendo el contenido de los vasos o parte de él en tarro grande, y de allí saca un vaso auténtico de té helado o limonada, que es, aparentemente, el resultado de la mezcla de las bebidas de los vasos, sorprendiendo nuevamente a su público.

Para efectuar la primera ilusión, cómprese un paquete de colorantes vegetales líquidos (comestibles, como los que se usan para darle color al betún de los pasteles); los cuales pueden conseguirse en una tienda de ultramarinos, como los siguientes que se han usado para darle color al agua mostrada en los vasos:




Varias horas antes de ejecutar el truco, póngase unas cuantas gotas de color en el fondo de cada vaso (un color diferente en cada uno); estas gotas se secarán quedando adheridas al fondo de los vasos, de forma tal que cada vaso se puede invertir poniéndolo de cabeza y no caerá nada porque las gotas están ya secas. Será mejor utilizar pequeños vasos para jugo. Para efectuar la segunda ilusión, prepárese ahora un vaso grande (tal como el vaso de aluminio de una batidora de leche) que servirá como tarro y póngase dentro de él un vaso largo de cristal, de diámetro más reducido. Tómese ahora una toalla y fórcela en el vaso de aluminio, de manera que, cuando se incline el vaso de aluminio, no caiga el vaso de cristal. Póngase dentro del vaso un poco de limonada o de té helado; esta será la bebida que será pasada finalmente a los espectadores:




Para efectuar el truco, el mago muestra la jarra de agua al público, para que se vea que no contiene otra cosa que sea agua simple. Tómese cada uno de los vasos (uno por uno), poniendo el fondo de cada vaso sobre la mano ahuecada, limpiándolos por dentro y por fuera, asegurándose de no quitar el punto seco de color vegetal. Viértase ahora un poco de agua en cada vaso, cada uno de los cuales se llenará de un líquido de color diferente al disolverse el colorante seco. Pruébese el líquido de cada vaso para demostrar al público que no hay trucos de química. Para mezclar los líquidos, viértase un poco de cada vaso dentro del vaso de aluminio, dejando que el líquido corra por el lado interior de manera que la toalla lo absorba. Sáquese ahora la bebida preparada (el líquido contenido por el vaso que está dentro del vaso mezclador de aluminio). Se puede usar un poco de charla como la siguiente:

-La otra noche fuí a una fiesta, y vi que un mago ejecutó una experiencia que me pareció magnífica. Tomó una jarra de agua simple y después de limpiar varios vasos, sirvió agua en cada uno de ellos y obtuvo varias clases de diferentes bebidas..., tal como lo estoy haciendo ahora. Esa noche, pensé que sería un buen truco si pudiese cambiar todas esas bebidas en un buen té o limonada y me la diese a probar, ya que me hizo sentir sediento, al verlo beber todos esos líquidos de bonitos colores. Pero no lo hizo. Así que, al llegar a casa, decidí experimentar. Mezclé líquidos de diferentes colores y los serví en un vaso grande, igual que éste. Entonces, murmuré unas cuantas palabras mágicas y, créanlo o no, resultó una deliciosa bebida fría ¡como ésta! ¡Amigos míos, esta noche los dejaré paladear el resultado de mi experimento mágico!


Cascada de papel

Este es un truco precioso de origen oriental. El mago rasga una hoja de papel y echa los trozos en un vaso con agua. Vuelve a sacarlos (mojados, obviamente) y los retiene en la mano izquierda. Sacando un abanico con la mano derecha, abanica los papeles mojados. Una ráfaga de pedacitos de papel (secos) brota inmediatamente de su mano izquierda, y una nubecilla de copos de papel rodea al mago. El papel mojado ha desaparecido.

Aún cuando en este truco existe la sustitución, no se requiere una habilidad especial. Lo primero consiste en cortar algunos pedacitos de papel en trocitos menudos, que se introducen en otro trozo grande de papel. cuyo color será igual al de aquéllos. Una banda de goma, o liga, mantendrá cerrado el paquete. Déjese a éste detrás de un libro, sobre el cual se hallarán colocados el abanico y algunas hojas de papel.

Tómese una de tales hojas y junto con ella levántese el paquete, que se mantendrá en la mano izquierda, debajo de los dedos. Rásguese la hoja de papel, métase en el agua y estrújese. Pónganse juntas las manos y álcese la izquierda, abriendo ligeramente los dedos, con lo cual se dejará ver un poco del paquete, que el público tomará por los papeles mojados.

La mano derecha recoge el abanico y, al hacerlo, deja caer los trozos de papel mojado detrás del libro. Mientras la derecha abanica a la izquierda, los dedos de esta última mano rasgan el paquete y dejan escapar la cascada de papel. Cuando el juego se ha terminado, la mano derecha cierra el abanico golpeándolo contra la izquierda; y ésta lo recoge para volver a depositarlo sobre el libro, dejando caer la envoltura que cubría los trocitos que echó a volar el mago, envolutra que quedará oculta detrás del libro.


El pañuelo mágico

El mago toma un pañuelo, y tras efectuar un pase mágico lo equilibra en las puntas de sus dedos. Tras esto, el pañuelo se levanta o se dobla a la orden del mago.

Para efectuar esta ilusión, consígase una paja de beber (de las conocidas comúnmente como “popotes”), encerada, y aplánela longitudinalmente. Cósase la paja a la bastilla, con uno de sus extremos en una esquina como lo indica la primera de las siguientes tres figuras (figura 1, esquina B):




Teniendo el pañuelo preparado, el mago saca el pañuelo de su bolsillo, tomándolo por una esquina con los dedos (figura 1, esquina A), permitiéndole que cuelgue (y disimulando con ello el popote dentro del mismo). Hágase un nudo en esa esquina. Mientras se sostiene el nudo con una mano, dóblese hacia abajo dos o tres veces, con la otra. Sosteniéndolo todavía por el nudo, bájese la otra mano y extiéndanse los dedos, como si se fuese a equilibrar el pañuelo sobre ellos. Ciérrense los dedos en torno a la parte inferior del pañuelo con las puntas de los dedos pulgar e índice en el extremo inferior de la paja como se muestra en la segunda figura (figura 2). Suéltese el pañuelo por el nudo y parecerá que el pañuelo queda equilibrado verticalmente.

Hágase que esta acción parezca deliberada y difícil, como si el mago realmente estuviera tratando de equilibrar algo. Sosténgase el pañuelo en esa posición por un momento, dando a continuación una orden mágica:

-Abajo, siervo.- Permítase que el pañuelo se doble lentamente, deslizando los dedos pulgar e índice hacia abajo. -Arriba, siervo.- Hágase que el pañuelo se yerga nuevamente, haciendo el movimiento inverso de los dedos. Después de que se haya hecho esto varias veces, arrójese al aire el pañuelo, agarráse, arrúgese, y guárdese nuevamente en el bolsillo. Esta ilusión, hecha correctamente, no es muy misteriosa, pero sí resulta ser muy chistosa.


El truco de las cuatro monedas

Se dejan caer encima de la mesa cuatro monedas, todas semejantes, de manera que formen un cuadro. Se utilizan dos cartas de una baraja de naipes, y cada carta cubre precisamente una moneda. Tomando una moneda de las que se hallan sin cubrir, el mago la pone debajo de la mesa, o del mantel o tapete, y al levantar la carta, resulta que allí hay dos monedas. Se cubren las dos monedas, y la otra, que está sin cubrir, pasa también por debajo de la carta de igual misteriosa manera. A continuación, se cubren las tres monedas. Se alza la otra carta, y la moneda ha pasado de debajo de ella, yendo a reunirse con las otras cuatro, hallándose todas debajo de una de las cartas.

Este truco debe ser ensayado con muchísima atención; pero no es difícil de realizar.

Al comenzar el juego, el mago se muestra indeciso respecto a cuáles van a ser las monedas que cubra con las cartas. Hace diversas tentativas, y con ello tiene la oportunidad de apoderarse de una moneda por debajo de la carta que lleva en la mano derecha.

Levanta la carta de la mano izquierda, que está encima de una moneda, y, precisamente cuando adelanta la mano derecha con su carta correspondiente, deja caer la carta de la mano izquierda donde estaba la derecha, de modo que nadie advierta la falta de la moneda. Enseguida pone la carta de la mano derecha sobre otra moneda, teniendo cuidado de que no tintineen las monedas. En este momento, tiene ya dos monedas debajo de una carta y ninguna debajo de la otra.

Recoge otra de las monedas que se hallan sin cubrir, y, al ponerla debajo de la mesa o del mantel, la pasa a su mano izquierda. Muestra vacía su mano derecha, y cuando levanta la carta, el público ve que allí hay dos monedas.

La carta es trasladada a la mano izquierda, que se halla por bajo el nivel de la mesa, permaneciendo la moneda en los dedos izquierdos. Acto seguido, la mano izquierda deja caer la carta sobre las dos monedas, agregando una tercera al grupo.

Del mismo modo, la otra moneda descubierta “pasa” por debajo de la carta, y se agrega al grupo cuando se vuelve a colocar la carta. Esto hace que haya cuatro monedas debajo de una sola carta, en tanto que la otra carta no cubre ninguna. De esta hábil manera, el mago hace un misterioso pase magnético, levanta las otras dos cartas y muestra todas las monedas juntas.


Rigidez hipnótica

La prueba de rigidez hipnótica, aceptada por años sin discusión como una muestra de que un individuo se encuentra bajo un trance hipnótico profundo, es tal vez el menos conocido de todos los experimentos hipnóticos. El mago puede emular este experimento y, con una presentación adecuada, hacerla aparecer como una demostración genuina de hipnotismo. En la presentación de este efecto, un espectador del sexo masculino mientras se encuentra parado es puesto en “trance hipnótico” y queda tan rígido como un tablón. Entonces, es puesto horizontalmente, con la cara hacia arriba, sobre un par de sillas, en las que se colocarán solamente su cabeza (a la altura de la parte superior de los hombros) y sus pies. El mago podrá colocarse de pie o sentado en la parte media del hombre hipnotizado, sin que su cuerpo se doble o caiga de su soporte:




Esta es una presentación digna de ser llevada a cabo en un escenario, emulando los actos llevados a cabo por el famoso hipnotizador brasileño Taurus do Brasil.

Para llevar a cabo este experimento, se necesitan dos sillas, para soportar al individuo mientras está en situación de rigidez hipnótica. Será de utilidad un lienzo grueso, de unos sesenta centímetros por lado, o un pequeño tablón de madera, para permitir que el mago se pueda poner de pie sobre el hipnotizado sin ensuciar ni dañar su ropa. Se usará una tercera silla para que el mago pueda subir y bajar del cuerpo del voluntario con facilidad.

Aunque algunas veces podrá usarse un voluntario del público en este truco (el cual deberá ser fácilmente sugestionable, en el sentido de que él mismo crea que se encuentra bajo alguna forma de trance hipnótico, lo cual no resulta nada fácil), es mejor practicar el truco con un amigo, usándolo posteriormente como confederado, que salga entre el público cuando el mago solicite un voluntario.

Al empezar el acto, el mago pide tres voluntarios del público, y mientras estos se adelantan, el mago declara que nunca usa cómplices en ninguno de los experimentos que ejecuta. Solamente el mago y su confederado saben que ésta es una ligera desviación de la verdad. El confederado estará entre los primeros que se presten a servir de voluntarios y tomará su lugar entre otros dos que se presten para el objeto.

El mago examina a los tres voluntarios por un momentoi, como para determinar cuál de los tres servirá para el experimento, pidiéndole a su confederado que se adelante. El mago se pone frente a su confederado mirándolo en los ojos; y con voz firme lo bastante fuerte para que la oiga el público, le ordena a su “voluntario” que afloje los músculos y deje caer las manos a ambos lados del cuerpo. Con unos “pases magnéticos” con las manos y algunas frases para la ocasión, el mago finge hipnotizar a su confederado, diciéndole a su confederado algo así como:

-Usted siente pesados los párpados. Tiene sueño. Sus ojos se están cerrando. Duerma. Duerma

Lo anterior se repite varias veces. Al decir estas palabras, el cómplice irá cerrando los ojos lentamente. Cuando los ojos del confederado estén completamente cerrados, el mago se pondrá detrás de él, diciendo al mismo tiempo:

-Ya está profundamente dormido. No despertará hasta que yo se lo ordene.

Tan pronto como el mago esté detrás de su confederado, pone momentáneamente las puntas de los dedos sobre sus hombros, para indicarle que ya está en posición. En seguida, el mago le hará sugestiones audibles diciéndole que su cuerpo se hace muy rígido. El cuerpo del confederado parecerá adquirir una rigidez visible y empezará a caer hacia atrás. Al caer, el mago lo agarra por debajo de los hombros y le pide a uno de los otros voluntarios que lo tome por los pies. Póngase ahora al confederado sobre dos sillas, de manera que su cabeza y sus hombros descansen sobre una silla y sus pies sobre la otra. La parte media quedará sin soporte.

Ahora, el mago podrá sentarse sobre su confederado o pararse sobre él, sin hacerlo perder su rigidez, siempre y cuando el mago no apoye su peso directamente sobre el centro del cuerpo (esto último es muy importante). Recuérdese que el cómplice podrá mantener su rigidez mientras el mago no se suba sobre su parte media. El mago podrá pararse fuera del centro del cuerpo, o poner un pie a cada lado de la parte media, sin hacerlo caer. Mientras el mago esté parado sobre el cuerpo rígido, toma la mano de uno de los otros dos voluntarios, para mantener el equilibrio. Se usa la tercera silla, como se explicó anteriormente, para subir y bajar. Al finalizar el experimento, el mago baja, y con la ayuda de los voluntarios, pone de pie a su confederado. Para sacarlo de su “trance”, el mago lo sostiene por detrás con una mano, mientras le dice que cuando haga un chasquido con los dedos, él despertará y no recordará nada de lo que ha sucedido mientras estaba en trance. Hágase chasquear los dedos con fuerza. El confederado fingirá despertar. El mago le dá las gracias a él y a los otros voluntarios permitiéndoles volver a sus asientos, a menos de que quiera mantener a uno de ellos en el escenario para ayudarlo con el truco siguiente. Por ningún motivo se debe llevar a cabo otro truco en el escenario con el mismo confederado.

De acuerdo con su preparación, esta demostración puede ser muy convicente. El uso de varios voluntarios refuerza la declaración del magode que no usa cómplices en sus suertes. Al decirle al confederado que no recordará nada de lo que ha ocurrido mientras estaba en trance, el mago le proporciona una salida perfecta, por si alguna persona del público le pregunta después lo que sintió al estar hipnotizado. Es muy importante que el confederado no exagere su actuación. Si es posible, resulta conveniente que el mago presencie varias demostraciones auténticas de hipnotismo, observando las acciones del hipnotista y los hipnotizados por él, rijiendo sus acciones por las de ellos.

Si al terminar el acto alguien entre el público declara que es capaz de mantener la rigidez del cuerpo en las mismas condiciones, aun cuando no esté hipnotizado, acéptese el reto. Bastará con que el mago se siente o se ponga de pie en el centro del cuerpo, para que éste ceda. Antes de hacerlo, es aconsejable que el mago exija que el importuno jure delante del público que no lo acusará por cualquier daño personal que sufra en caso de no poder mantener la rigidez del cuerpo, pues es muy posible que resulte lastimado al caer, con el mago encima de él.


Restauración mágica de un trozo de cuerda

El mago corta a la vista del público un trozo de cuerda en dos partes, y tras esto el trozo de cuerdas es restaurado misteriosamente. Este es un efecto muy popular entre magos que hacen presentaciones en fiestas familiares o inclusive en escenarios.

Como preparación previa, se cortan unos siete o diez centímetros del extremo de un trozo de cordón de medio metro o un metro de largo. Dóblese este pedazo pequeño y colóquese entre los dedos índice y cordial de la mano izquierda, con el doblez hacia la punta de los dedos. Júntese estos dos dedos, para que no pueda verse este pedazo de cuerda. Esto se debe llevar preparado antes de iniciar la demostración. Tómese ahora el pedazo grande de cordón y muéstrese al público o entréguese para que sea examinado. Tómese ahora por el centro en la mano izquierda, dejando que los extremos cuelguen sueltos. Servirá mucho usar un poco de charla de comedia. Simúlese tirar del centro del cordón con la otra mano, de manera que se vea la gaza del centro, pero en lugar de eso, tírese del centro del pedazo pequeño de cordón que se tiene entre los dedos y sosténgaselo como si fuese la continuación del cordón largo como se muestra en la siguiente ilustración:




La parte doblada de este pedazo de cuerda estará hacia la mano. El elástico deberá ser de un tamaño tal, que el pedazo de cuerda quede oculto cuando no se esté usando. Muéstrese un pedazo largo de cuerda, como antes, que tenga aparentemente el doblez hacia arriba y sus extremos colgando libremente. Sin embargo, lo que se tiene en la mano, es la gaza falsa y el centro de la cuerda larga, haciéndolos aparecer como una sola pieza (y en realidad en esto consiste la ilusión). Córtese la gaza falsa por el centro. Hecho esto, se abre la mano rápidamente, tomando la cuerda por un extremo con la otra mano y mostrando que está completa. La gaza cortada sube tan rápidamente por la manga, que no se ve.


La clonación del cubo de goma

Para llevar a cabo este truco, se requiere de un cubo de esponja de goma roja. El mago empieza por enseñarlo a sus espectadores; a continuación, va frotando el cubo entre sus manos, y cuando separa las manos, hay un cubo idéntico en cada mano.

El cubo tiene dos pulgadas de lado aproximadamente, y estará hecho, como ya de dijo antes, de esponja de goma. Se abre una ranura en uno de sus lados, y con una tijera pequeña (o una navaja de rasurar como las que se usan en los rastrillos), se ahueca el interior de tal cubo. Por tanto, queda convertido en una oquedad o esqueleto, aparentemente sólido por fuera; pero, por haberse hecho de esponja de goma, pasará inadvertido el detalle.

Otro cubo, ligeramente más pequeño que el primero, es introducido dentro del primero. Se comprime hasta adquirir dimensiones sumamente reducidas y, ya uno dentro del otro, podrán mostrarse al público en la certeza de que serán tomados por uno solo.


La sortija en torno al lápiz

En este truco, se hace desaparecer una sortija prestada por alguien del público. Después, se atraviesan los dos lados de un sobre de papel con un lápiz. A una orden, el anillo aparece en torno al lápiz, bajo condiciones al parecer imposibles.

Para llevar a cabo este efecto, se utiliza un pañuelo especialmente preparado. Esto puede hacerse cubriendo una sortija barata (la cual no será vista por el público) con un cuadrado del mismo material del que está hecho el pañuelo y cosiendo los bordes de éste cuadrado en una esquina del pañuelo. Téngase este pañuelo en el bolsillo cuando se quiera ejecutar el efecto en lo que tiene que ver con la desaparición de la sortija. Provéase también de un lápiz largo y fuerte y de un pequeño sobre de papel, que debe ponerse abierto sobre una mesa.

Al presentar el efecto, pídase prestada una sortija a un espectador. Se saca el pañuelo y, sosteniéndolo por los extremos, póngase el anillo debajo de él. En realidad, al mover la mano con el anillo por abajo del pañuelo, se agarra la esquina preparada entre los dedos medio y anular de la misma mano. Se agarra el anillo cosido dentro del pañuelo con la otra mano, a través de la tela, y se saca por debajo del pañuelo la mano, con la sortija oculta en ella. Entréguese el pañuelo a un espectador haciendo que sostenga el anillo desde arriba, a través de los dobleces de la tela, dejando que el resto del pañuelo quede colgando.

Tómese la bolsa de papel por su extremo abierto, con la misma mano en que está oculto el anillo proporcionado por el espectador, poniendo el dedo pulgar por fuera y el resto de los dedos por dentro. La sortija quedará oculta entre los dedos y la superficie interior de la bolsa. Tómese el lápiz con la otra mano y perfórese la bolsa con el lápiz, cerca del dedo pulgar, atravesando por el centro del anillo y perforando después el otro lado de la bolsa como se muestra en la siguiente figura (figura 1):




Hecho esto, el mago puede demostrar que la bolsa está vacía (en realidad, no lo está, la sortija está adentro atravesada en su interior por el lápiz), retrocediendo un poco y volviendo hacia el público en tal forma que el lápiz que está atravesando el sobre quede en posición vertical. Cuando el lápiz esté en esa posición vertical, el anillo (dentro del sobre, colgando del lápiz) resbalará hasta el lado inferior (interno) de la bolsa. Inclínese ligeramente el lado abierto de la bolsa hacia arriba, para ocultar la sortija de la vista del público como se muestra en la siguiente figura:




Ciérrese la bolsa. Hecho esto, hágase que un segundo espectador sostenga el lápiz por ambos extremos, frente a su cuerpo, con la bolsa colgando entre sus manos, debiendo sostener firmemente el lápiz. Aproxímese al espectador que está sosteniendo el pañuelo, tómese una esquina de la tela, dígase alguna palabra mágica y tírese del pañuelo. Sacúdase la tela y enséñese ambos lados del pañuelo, para comprobar que la sortija ha desaparecido.

Acérquese al espectador que está sosteniendo el lápiz y la bolsa. Agárrese la parte inferior de la bolsa y tírese de ella repentinamente hacia abajo, arrancando la bolsa del lápiz, como se muestra en la siguiente figura:




El anillo estará oscilando, ensartado en el lápiz, entre las manos del espectador. La sortija es regresada a su propietario para que compruebe que se trata en efecto de la sortija que le prestó al mago.


La llave escapista

Una llave es ensartada por el mago en un cordón largo. Un espectador sostiene el cordón por cada extremo. Se cubren la llave y el centro del cordón con un pañuelo. Bajo la cubierta del pañuelo, el mago misteriosamente logra removerla del cordón.

La realización de esta ilusión requiere de dos llaves idénticas que tengan un ojal por donde se pueda pasar el cordón, un cordón de medio metro o un metro de largo, y un pañuelo.

Conservando el mago la llave duplicada en el bolsillo izquierdo de su americana, pasa a los espectadores la otra llave y el cordón, para que los examinen a su gusto. Se pide a un espectador que ensarte el cordón en la llave pasando el cordón por el ojal de la misma y que sostenga ambos extremos de la cuerda. O un espectador puede sostener un extremo, y el otro el extremo restante. Tómese el pañuelo y extiéndase sobre el centro de la cuerda, ocultando de este modo la llave. Al mismo tiempo, sáquese el duplicado con la mano izquierda y póngase bajo el pañuelo. Fínjase ahora que se trata de sacar la llave original del cordón pero, en lugar de eso, empújese parte del cordón a través del agujero de la llave duplicada pasándolo por la parte superior:




En esta posición, la llave colgará y a primera vista parecerá que está ensartada en el cordón.

Tómese ahora la llave que está ensartada en el cordón cubriéndola con la mano izquierda, diciéndole a los espectadores que sostienen el cordón que para sacar la llave es necesario mecerla y se les mostrará cómo debe hacerse. Deslícese con la mano izquierda la llave (la que está ensartada) hasta el extremo del cordón reteniéndola durante el arrastre con el puño cerrado:




Regrésese el extremo del cordón al espectador pidiéndole que balancee la llave por un momento en la forma en que se le indicó (la cuerda no debe ser tensada en ningún momento por los voluntarios porque esto destruye la ilusión). Por supuesto las maniobras anteriores fueron hechas bajo el pañuelo, ocultándolas de la vista del público. En este punto, el mago ya habrá sacado la llave del cordón y la habrá metido en su bolsillo, mientras los espectadores voluntarios estarán meciendo la llave duplicada, que está asegurada por medio de una vuelta al cordón. Después de que los espectadores voluntarios hayan mecido la llave varias veces, se quita el pañuelo declarándose que se sacará la llave a la vista de todos:




Colóquese la mano izquierda encogida sobre la llave, deshágase la gaza con la que está siendo sostenida la llave, y luego fínjase  hacer un gran esfuerzo para desensartar la llave y mostrarla:




Si el mago es cuidadoso en su presentación, puede hacer este truco con una sola llave. Para esto, en lugar de poner la llave en su bolsillo, llévese dicha llave nuevamente bajo el pañuelo haciendo la gaza en el cordón. Todo es cuestión de las preferencias del mago para llevar a cabo sus “conjuros”.


La aparición de los nombres

Este es un efecto para llevarse a cabo no necesariamente en un escenario ante un auditorio grande sino más bien en alguna fiesta o reunión familiar (o inclusive en una junta de negocios en donde haya gente recién llegada cuyos nombres apenas se conocen). El mago corta una hoja de papel en ocho partes poniendo cuatro de ellas en la mano de un espectador. Se indica al espectador que cierre la mano sobre estos papeles. El ejecutante le pregunta sus nombres a cuatro espectadores y escribe ante ellos un nombre en cada uno de los cuatro pedazos de papel. Hecho esto, el ejecutante quema estos papeles (con los nombres) en un cenicero. Después de que hayan ardido, se pide al espectador que examine los cuatro pedazos de papel que tiene en la mano. Al hacerlo, encuentra escritos en los papeles los nombres de los cuatro espectadores.

Para efectuar esta ilusión, dóblese por la mitad una hoja de papel de aproximadamente 20 por 10 centímetros, formando un cuadro de unos diez centímetros por lado. Dóblese la hoja por la mitad y nuevamente por la mitad. Aplíquese presión a la hoja de papel para dejar marcados los dobleces. Ahora la hoja de papel estará doblada en ocho cuadrados de cinco centímetros por lado. Los dobleces servirán de guía para romper la hoja en cuadrados de cinco centímetros por lado, durante la ejecución del truco.

Póngase en el bolsillo la hoja doblada, para usarla posteriormente. Las otras cosas necesarias son un cenicero, una caja de cerillos y un lápiz. El truco se ejecuta mejor cuando se está sentado a la mesa. Al llevarse a cabo el truco, el mago está sentado a la mesa, junto con varias personas, asegurándose de tener a la mano el cenicero. El mago debe saber previamente los nombres de pila de cuatro de las personas que están sentadas junto a él, las cuales pueden ser amigos suyos o, en caso contrario, investigar previamente los nombres. Una vez obtenida esta información, el mago crea una oportunidad para abandonar la mesa; saca la hoja de papel de su bolsillo cuando nadie lo está viendo, desdobla la hoja y escribe un nombre de cada una de las personas en cada uno de los cuadrados de la izquierda. Supóngase que los nombres de las personas son Juan, Paty, Nelly y Alex:


Dóblese nuevamente el papel, dejando los nombres escritos hacia adentro. Póngase el papel en el bolsillo nuevamente. Al volver a la mesa, el mago pregunta si alguno de los presentes tiene una hoja de papel en blanco, pero antes de que alguno tenga oportunidad de proporcionársela, el mago mete la mano en su bolsillo y saca la hoja de papel preparada, fingiendo sorpresa al encontrar esta hoja de papel. Un poco de actuación servirá de mucho (de hecho, una buena actuación en cada truco es el sello distintivo de un buen mago, porque el buen mago no sólo es un ilusionista, también debe ser un actor).

Para hacer creer al público que la hoja no tiene nada escrito, hágase lo siguiente:

Desdóblese la hoja hacia abajo, de manera que no se vea lo escrito. Un poco de práctica ayudará a encontrar y familiarizarse con el ángulo apropiado.

Córtese el papel por la mitad, poniendo la parte escrita en el lado inferior como se indica en la figura anterior. Lo escrito quedará oculto ahora por la hoja de papel de la parte inferior. Córtense estas hojas por la mitad, siguiendo el doblez del papel:


Póngase los papeles que se tienen en la mano derecha sobre los que se tienen en la izquierda. Iguálense y córtense por el doblez del centro:


Póngase los papeles que tiene la mano derecha sobre los que tiene la mano izquierda. Ahora se tendrán ocho pedazos de papel, de aproximadamente cinco centímetros por lado cada uno.

La mitad de estos pedazos de papel tienen un nombre escrito en su lado inferior. El mago finge ignorar cuántos pedazos de papel tiene. Por lo tanto, los cuenta. La cuenta se hace en la forma siguiente: el mago pone los papeles sobre la mesa, en dos montones, dejando uno a la derecha y otro a la izquierda, y así sucesivamente, hasta terminar. Con este procedimiento, el mago ha separado el papel en dos porciones, cuatro en blanco y cuatro con un nombre escrito. Si se han seguido las instrucciones, los papeles colocados a la izquierda serán los que tengan los nombres escritos en el lado que queda hacia abajo. El mago toma estos papeles poniéndolos en la mano de un espectador (con los nombres escritos ocultos de la vista, por supuesto) indicándole que cierre la mano.

Se le pide ahora a los cuatro espectadores que digan sus nombres de pila en voz alta. Cada nombre será escrito en uno de los cuatro papeles restantes. En nuestro ejemplo, los nombres son Juan, Paty, Nelly y Alex. Póngase estos cuatro pedazos de papel en un cenicero, aplíquese a ellos la llama de un cerillo y déjense que ardan completamente (pronunciar algunas palabras mágicas mientras arden los papeles puede imprimir algo de dramatismo al truco).

Después de que los papeles hayan quedado convertidos en cenizas, se murmuran unas cuantas palabras mágicas. Hágase que el espectador abra su mano y examine los papeles. Se sorprenderá enormemente al leer los nombres escritos en los pedazos de papel. (Nota: Al escribir los nombres secretamenteen la hoja grande de papel, úsese un lápiz suave, para que no puedan verse los trazos a través del papel. Si se desea, se puede usar el mismo nombre repetido cuatro veces o la letra X, aunque esto disminuye el impacto del truco.)


La pizarra del mentalista

Con la ayuda de su pizarra mágica, el mago predice correctamente el total de la suma de cuatro números, seleccionados por cuatro espectadores diferentes.

Para llevar a cabo este acto, cómprese primero una pizarra pequeña en una juguetería o en una papelería. Provéase de gis (tiza), papel y lápiz. Antes de empezar, selecciónese y memorícese un número de cuatro cifras, cercano a 7,640.

Al efectuar su presentación, el ilusionista escribe en un pedazo de papel el número que ha memorizado. Usaremos en nuestro ejemplo el número 7,640. Dóblese el papel con el número hacia adentro y entréguese dicho papel a un espectador. Dibújese con la tiza cuatro líneas horizontales, dividiendo la pizarra en cinco espacios iguales. Entréguese la tiza y la pizarra a un espectador y pídasele que anote en el espacio superior el año de su nacimiento (el cual obviamente desconoce el mago). Después de esto, hágase que un segundo espectador escriba en el segundo espacio el año en que haya sucedido un evento importante en su vida. Pídase a un tercer espectador que escriba el año en el que contrajo matrimonio. Vuélvase a la persona que tiene en su mano el papel con la predicción y pídasele que anote el año que desee en la pizarra, el cual será una cifra no mayor de cuatro dígitos.

Tómese la pizarra de manos del cuarto espectador, vuélvase al público y declárese que se sumarán los números seleccionados por los cuatro espectadores y que se permitirá después que cualquier persona que desee hacerlo, las coteje. Fínjase estar sumando las cifras y poniendo el total en el último espacio vacío, pero en realidad se estará escribiendo el número que se ha memorizado previamente (en nuestro ejemplo, 7,640). Después de haber terminmado, el ilusionista mira fijamente la pizarra y comenta que esa noche no parece tener facilidad para sumar. Finge borrar el total con un pañuelo, borrando en lugar de eso la fecha que escribió el cuarto espectador. Ahora la pizarra tendrá tres hileras de números, un espacio vacío y un total. El truco consiste en que el mago llenará el espacio vacío con las cifras adecuadas para que, al ser sumadas a las otras tres cifras, totalizarán el resultado predicho por el mago mentalista. A continuación se muestra un ejemplo:


En otras palabras, al sumar la última columna, el mentalista obtendrá por resultado 5 (1 más 2 más 2), así que deberá poner 5 en el espacio vacío, para obtener el 0 que se predice en el espacio correspondiente en el total para la última columna. El resultado en la siguiente columna (a la izquierda) es 7 (0 más 4 más 2 más el 1 producido en las decenas por la suma de la última columna). Escríbase entonces un 7 en el espacio vacío para que el total de la columna sume el 4 que se predice en el espacio correspondiente (esto es, 7 más 7 es igual a 14 anotándose el 4). Después, en la siguiente columna a la izquierda, la suma es 28 (9 más 9 más 9 más el 1 producido en las centenas por la suma de la penúltima columna); anótese en el espacio vacío un 8 obteniendo 36, con lo cual se obtiene el 6 que se predice en el espacio correspondiente. La última columna da 6 por resultado, así que el mentalista deberá añadir para obtener el 7 que se predice (el primer dígito de 7,640). Entréguese la pizarra a un quinto espectador y pídasele que verifique la suma que hay en la pizarra (el cual difícilmente recordará el número que fue dado por el cuarto espectador y que fue borrado y cambiado por el mago). Tras esto, el mago va hacia los otros primeros tres espectadores que escribieron los números pidiéndoles que verifiquen las cifras así como la suma (las cifras sí las recordarán, mas no recordarán el número de cuatro dígitos anotado por el cuarto espectador en la pizarra). A medida que vaya siendo verificada cada cifra, se va borrando de la pizarra. El mago se acerca al cuarto espectador, como para mostrarle la pizarra, pero se detiene diciéndole:

-Antes de mostrarle la pizarra con el total, por favor desdoble el papel en el que escribí mi predicción y lea el número que hay en él.

Al decir esto, el mago borra el cuarto número, dejando en la pizarra solamente el total. Cuando el cuarto espectador lea la predicción, muéstrese al público el total que hay en la pizarra.




El cubo que cambia de color

Se muestra un cubo de colores, primero por un lado y después por el lado opuesto. Se muestra nuevamente el lado superior del cubo. Un espectador pone un dedo sobre el lado inferior. Cuando aparta su dedo de ese lado, el color ha cambiado.

La preparación de este efecto requiere comprar en una tienda de novedades o de artículos de magia un cubo que mida dos centímetros o menos por lado (un poco menos que una pulgada de cada lado) y tenga un color diferente en cada cara. Si no se puede obtener, el mismo mago puede hacerlo. Para esto, se pulen todas las caras de un cubito de madera con papel de lija, para que todas queden lisas e iguales. Se pinta cada cara con un color diferente, usando crayones o mejor aún pintura de esmalte. Por ejemplo, supongamos que una cara del cubo es negra, la cara opuesta será pintada de blanco; rojo por un lado y azul el opuesto; una cara verde y el lado opuesto amarillo. Cada cara del cubo estará pintada con un color diferente, seis colores diferentes en total. Si uno mismo hace su propio cubo y no tiene crayones o pintura de los seis colores, se puede escribir con letra de molde el nombre de cada color (o bien cada una de las seis primeras letras del alfabeto, una letra en cada cara).

Al llevarse a cabo el acto (que es esencialmente un acto de prestidigitación), sosténgase el cubo entre los dedos índice y pulgar de la mano derecha, mostrándose el lado rojo como en la siguiente figura (figura 1):




Vuélvase la mano, de manera que la palma quede hacia arriba, pero al mismo tiempo, hágase girar el cubo hacia la derecha con el dedo índice:




Esto coloca el lado blanco que estaba originalmente contra el dedo índice en la parte inferior. Hágase el movimiento inverso y muéstrese nuevamente el lado rojo. Hágase que un espectador ponga su dedo índice contra la cara inferior del cubo. Vuélvase entonces hacia arriba, lentamente, la cara inferior del cubo y, ¡oh maravilla!, el color blanco habrá cambiado a azul:




El billete dentro del limón

Frecuentemente, los padres que quieren reprender a sus hijos gastalones enseñándoles las virtudes del ahorro y la frugalidad, les repiten la vieja frase “el dinero no crece en los árboles”. Sin embargo, si uno de esos hijos resulta ser un mago, este mago le puede demostrar a su padre que posiblemente pudiera estar equivocado, al darle un limón entero pidiéndole que lo corte cuidadosamente en dos mitades con la ayuda de un cuchillo, no sin antes revisar el limón y comprobar que se trata en efecto de un limón recién comprado. Al hacer esto, el progenitor descubrirá asombrado que adentro del limón hay un billete de banco, comprobándose que si bien el dinero no crece en los árboles sí se puede dar en los frutos de los árboles.

La pregunta es: ¿cómo metió el mago el billete dentro del limón, sobre todo tratándose de un limón que no muestra ninguna cortadura por ningún lado? La respuesta es sencilla: se toma un limón y se corta por el botón que tiene en uno de sus polos. El botón no se tira. Hecho el corte, se va metiendo un lápiz delgado atravesando el limón por su centro de polo a polo (pero cuidando que el lápiz no salga por el otro polo):




Si se tiene cuidado, el hueco que se va abriendo es el que se encuentra entre los varios “gajos” del limón, obteniéndose un hueco sin jugo alguno o muy poco jugo. El espacio debe ser lo suficientemente grande para ocultar un billete enrollado. Obviamente, se requiere un limón grande (de preferencia, un limón persa, aunque si no se puede obtener se puede entonces tratar de usar una naranja en lugar de un limón). Para mayor simplicidad, el billete se puede meter dentro del limón enrollándolo primero en el lápiz:




Se enrolla bien un billete y se inserta en ese espacio hueco. A continuación se cubre la boca del espacio con el botón del limón que se había cortado previamente, pegándolo con un buen cemento transparente o una buena goma líquida como la “Kola Loka” (Crazy Glue) en cuyo caso no se requiere más que una gota pequeñísima, cuidando que no hasta el billete:




La apariencia del limón será completamente natural y hasta podrá ser examinado con bastante detenimiento. Al cortar el limón en dos mitades con la ayuda de un cuchillo y separar las mitades, se encontrará el billete de banco que sobresale en una de las dos mitades:




Con una preparación más laboriosa, se le puede dar a este truco un tinte mucho más dramático. Para esto, váyase al banco más cercano y cámbiese un billete grande por varios billetes chicos nuevos. Se encontrará con cierta frecuencia que los números de serie de estos billetes chicos están numerados consecutivamente, por lo común, cuando se trata de billetes nuevos. El ilusionista necesita solamente dos de estos billetes de banco. Ahora hay que cambiar el último dígito del número de serie de uno de los billetes de manera que coincida con el número de serie de otro billete. Por ejemplo, si se tienen dos billetes de banco cuyos números de serie terminan en 3 y en 8, no será imposible hacer un 8 de un 3 con la ayuda de tinta azul (el color en el cual se imprimen frecuentemente los números de serie). Con un poco de cuidado, usando dos billetes consecutivos se puede hacer que los dos billetes parezcan iguales, aún examinados con bastante cuidado. Después de esto, se mete uno de los billetes dentro del limón en la manera que ya se describió, poniendo este limón en una frutera junto con otros limones no preparados.

En esta versión refinada del truco, el mago pide un billete de banco a una persona del público, aceptando solamente un billete que sea bastante nuevo, ya que tendrá que parecerse en lo posible a los billetes ya preparados. El mago mira al espectador que le dió el billete diciéndole:

-¿Me puede prestar este billete por un momento? Gracias.

Se pone el billete prestado en el bolsillo en donde se tiene también el billete preparado, volviéndolo a sacar y dejando en su lugar el billete prestado. Dígase a alguien que anote el número de serie, para referencia futura. Se toma la frutera con sus limones, y se hace como que se selecciona al azar el limón preparado, usando la “elección del mago”. Esto se hace como sigue: se pide a un espectador que tome varios de los limones al azar (supondremos que hay tres limones en la frutera). Si deja el limón preparado en la frutera, el mago dice:

-Éste es el que usted quiere que use.

Se le entrega el limón a otro espectador, para que lo retenga. Si el voluntario toma el limón preparado en vez de ser el que deja en la frutera, el mago repite las palabras y la acción indicada arriba. Si retiene el limón preparado, se le dice que lo retenga, ya que es el limón que él desea que el mago use.

Ahora se enrolla el billete de banco en un pequeño paquete reteniéndolo en la mano derecha. El paso intermedio consiste en escamotear el billete en alguna de las varias maneras que los magos tienen a su disposición para efectuar este tipo de desapariciones (una forma consiste en preparar un pañuelo, cosiéndole una hoja de papel del tamaño de un billete de banco, enrollado en un pequeño paquete, en una de las bastillas, reteniendo el pañuelo preparado en una de las bastillas; tras lo cual se saca el pañuelo preparado del bolsillo para llevar a cabo la ilusión del escamoteo). Una vez que se haya hecho el escamoteo del billete, se entrega un cuchillo no muy filoso al espectador que tiene el limón pidiéndole que lo corte lenta y cuidadosamente por la mitad, cortándolo alrededor del centro y separando luego las mitades. El espectador encontrará un billete de banco que sobresale de una de las dos mitades. Se le dice que lo saque, lo desenrolle, y coteje su número de serie con el número anotado previamente para identificarlo. Por supuesto, los números de serie coincidirán. Si se desea, se puede hacer que alguien corte por la mitad los otros limones, para verificar la ausencia de billetes en su interior (un buen pretexto es hacer la pregunta inocente: “¿habrá más billetes adentro de los otros limones?”).




La mano seca

El mago hunde su mano dentro de un recipiente con agua. Cuando la saca, mostrará seca la mano, y hará que la mano sea tocada por varios espectadores para que confirmen que la mano está seca.

Este efecto es debido a una preparación que se aplicó a la mano en el momento oportuno. Los polvos de talco y de licopodio suelen ser los que se recomiendan, pero ninguno es totalmente satisfactorio. La mejor sustancia es el estearato de zinc. Si se frota este polvo cuidadosamente por toda la mano, su presencia no será advertida; pero cuando se introduce la mano en el agua y se saca inmediatamente, se hallará totalmente seca.


El truco del humo

El mago deja caer un cigarrillo dentro de un vaso, poniendo un plato encima del vaso. Esto hará que el vaso se llene inmediatamente de humo, y que cuando se quite el plato salga del vaso humo en enorme cantidad.

Para conseguir este efecto, se necesita conocer el secreto. Pónganse previamente en el vaso y sin que el público lo note unas cuantas gotas de amoniaco líquido (esto se puede obtener en una botica). Asismismo, en el plato debe de haber ya unas cuantas gotas de ácido muriático (ácido clorhídrico, fórmula química HCl, anteriormente conocido como espíritus salinos, del que se usa para destapar los caños). En ocasiones es posible obtener ambas substancias de una droguería. Obviamente, este truco requiere de precaución, considerando los efectos corrosivos del ácido tanto en la piel como en la ropa.

El dejar caer el cigarrillo, o la mitad de un cigarrillo, dentro del vaso, es solamente un truco engañoso (se le deja al mago la opción de experimentar con un cigarrillo apagado o un cigarrillo encendido, para que obtenga el efecto que le dé mejor resultado). Cuando se pone el plato sobre el vaso, el ácido clorhídrico y el amoniaco, al entrar en contacto, forman humo con gran abundancia.


Obteniendo humo sin fuego con dos pipas

Este truco es una variación del truco anterior, y consiste en usar dos pipas de barro vacías. Se ponen las tazas de las pipas (los lugares en donde usualmente se mete el tabaco) una contra otra, produciéndose humo. Aún después de que se han roto las pipas en pequeños pedazos, sigue saliendo humo de ellas.

Para la realización del truco, se satura un pedazo de algodón con amoniaco y se mete el algodón humedecido en la taza de una pipa de arcilla, asegurándose de que el líquido no corra por la caja de la pipa. Métase en la taza de la otra pipa un pedazo que esté saturado de espíritu de sal (véase el truco anterior), cuidando también que la sustancia no corra por la uña de la pipa. Se pueden obtener ambas sustancias en una droguería. Después de un tiempo, sáquense los algodones de las pipas dejándolas secar (el tiempo óptimo de secado de las pipas antes de la realización del truco deberá ser determinado previamente con otro par de pipas). Manténganse siempre separadas estas pipas, hasta el momento de hacer el truco.

Al efectuar el truco, póngase en la boca la pipa que fue empapada en amoniaco, como para fumarla, después de haber mostrado al público que la taza está vacía (no hay que permitir que se huela la pipa, porque el olor de amoniaco es inconfundible). Tómese la segunda pipa, inviértase la pipa de modo tal que la taza apunte hacia abajo, y póngase la pipa con la caña hacia adelante, en forma tal que queden taza sobre taza. Si se sopla a través de la caña de la pipa que se tiene en la boca, una sustancia parecida al humo saldrá por la caña de la segunda pipa como lo muestra la figura izquierda:




Lo que parece ser “humo” de tabaco en realidad es cloruro de amonio, un polvo blanco producido por la reacción de ambas sustancias químicas. Cuando el cloruro de amonio es producido por sublimación (esto es, en forma sólida, producida directamente por la combinación de los dos gases, sin pasar primero por la fase líquida), se forman copos muy finos de este polvo. El polvo es lo bastante ligero y se produce en volumen suficiente para tomar la apariencia de humo.

Coméntese que algunos escépticos podrán creer que alguna sustancia contenida en la caña de las pipas es lo que produce el humo. Rómpase dos terceras partes de las cañas de ambas pipas. Deséchense las cañas y repítase la producción del humo (como se muestra arriba en la figura central). Para convencer todavía más a los escépticos, tritúrense ambas pipas con los pies, mézclense los pedazos levantándolos después con las manos. Sóplese a través de las manos y se producirá una gran cantidad de humo como lo muestra la figura superior derecha.


La sesión espiritista

En las sesiones espiritistas, un evento anticipado es la levitación de la mesa sobre la cual los participantes han puesto sus manos, supuestamente levitada por los espíritus invocados. Un buen mago puede hacer que esto ocurra a voluntad. En este efecto, varias personas, incluyendo al ejecutante, se sientan en torno a una mesa, usándose una luz muy tenue para iluminar la habitación. Todos colocan sus manos sobre la mesa. Después de un momento, la mesa se levanta del piso y “flota” en el aire.




Para este efecto, provéase de un lápiz grande, al que no se le haya sacado punta, o mejor aún de una varilla plana, de unos dos y medio centímetros de largo. Póngase longitudinalmente sobre la palma de la mano, de manera que sobresalga alrededor de unos dos centímetros de la base de la mano. Enrédese el otro extremo del lápiz o la varilla plana con cinta adhesiva de unos cinco centímetros de ancho, pasando la cinta varias veces en torno al brazo, de manera que el lápiz o la varilla quede firmemente asegurado y no se caiga al suelo. Con la americana o la camisa de manga larga puesta, este arreglo no debe verse. Si es posible, prepárese un confederado de la misma manera. El mago puede obtener solo este efecto, pero el resultado será más convincente si se hace con ayuda de un cómplice. La mesa deberá ser una mesa del tipo plegable, ligera, sin mantel alguno que la cubra.

Al presentar la ilusión, el mago habla de “espiritismo” y de la creencia de que los llamados “médiums” tienen el poder de invocar la ayuda de los espíritus, para producir fenómenos contrarios a las leyes de la naturaleza. El mago les dice a los presentes que él ha desarrollado sus poderes mágicos hasta el grado de producir estos fenómenos sin ayuda de ningún “espíritu”, invitando a algunas personas a que se le unan en una sesión. Se invita a tantos espectadores como haya en el salón, a sentarse en torno de una mesita de juego o cualquiera otra mesita ligera. El mago se sienta con ellos. Si se va a usar un confederado, hágase que el confederado se siente en el lugar opuesto al mago quedando frente a él. Se le pide a todos que pongan sus manos sobre la mesa, con las palmas hacia abajo, como en una verdadera sesión. Al poner el mago sus manos en esta posición, permite que el extremo libre del lápiz o de la varilla plana se deslice por abajo del borde y quede bajo la mesa. Hágase esto con naturalidad, sin titubear. El lápiz o la varilla no debe verse, ya que estará oculto por la mano y por la manga. El confederado hará lo mismo con su lápiz o varilla. Se le pide a todos que guarden un silencio completo, para que todos puedan concentrar su atención en hacer que la mesa se levante (el mago puede decir que si todos fijan su voluntad en el mismo objetivo, la energía mental es amplificada y canalizada lográndose de esta manera obtener lo que se desea). El mago y su confederado pueden levantar la mesita del piso y hacerla flotar en el aire, ejerciendo una tracción lenta y firme hacia arriba con la mano derecha. Será obvio que el mago no podrá estar levantando la mesa con sus manos, puesto que sus manos están colocadas sobre la mesa.

Se puede llevar a cabo este efecto sin usar equipo alguno. Este método requiere pedirle a todos que pongan su mano derecha sobre la mesa, cerca del borde, con la palma hacia abajo, indicándoles que para dar firmeza a las fuerzas espirituales, agarren fuertemente la muñeca de la mano derecha con la mano izquierda. Al hacerlo, la mano izquierda debe quedar abajo de la derecha, de manera que los dedos rodeen la muñeca, quedando hacia arriba. Para hacer que la mesita se eleve, el mago y su confederado extenderán el dedo índice de la mano izquierda, oculto por la mano derecha, de modo que pase por abajo del borde de la mesita. Ahora, levántese la mesita con una ligera presión hacia arriba. La atención de todos estará puesta en la mesa y nadie notará que el dedo índice del mago y su confederado están ocultos.

Cuando no hay otras personas alrededor que puedan ver lo que ocurre en el suelo, se puede llevar a cabo otra variante que consiste en lo siguiente: los participantes se sientan alrededor de la mesa y apoyan ligeramente sus manos sobre ella. El mago empuja disimuladamente la mesa hacia adelante metiendo un pie por debajo de una de las patas de aquella. Tras esto, presiona con una mano directamente sobre la pata, formando así una especie de cuña. Cuando se haga algún movimiento con el pie, la mesa se levantará misteriosamente. Cuando el mago la separe de sí, la mesa caerá. El pie y la mano actúan a manera de una cuña que sostiene firmemente la mesa en cuestión.


Grafología mágica

El mago les da algunas tarjetas en blanco a varias personas, las cuales escriben en ellas lo que quieran. Tras esto, las cartas se revuelven y se barajan cuidadosamente. El mago puede decir, con solo mirar a los participantes, quién escribió cada cosa. En otras palabras, el ejecutante demuestra su habilidad para identificar la escritura, estudiando las características físicas de los individuos.

El secreto de este efecto consiste en que cada tarjeta está marcada del uno al diez, pero esta marca, por supuesto, es imperceptible para el espectador. Las cartas índice:




que tienen líneas paralelas por un lado y están en blanco por el otro, son excelentes para hacer este experimento. Como el ejecutante repetirá probablemente este efecto varias veces, es aconsejable tener preparados varios juegos de cartas, como se muestra abajo:



Háganse diez mazos de diez cartas cada uno, manteniendo las superficies con líneas hacia arriba. Tómese un mazo, emparéjese y póngase el lado mayor hacia usted. Trácese una línea en el borde, con una pluma de punta delgada, en el extremo izquierdo del mazo, verticalmente. Tómese otro mazo, arréglese en la misma forma, y trácese una línea vertical en el extremo derecho. Tómese un tercer mazo y hágase una línea vertical en el centro. Márquense los mazos restantes, dividiendo los bordes en forma tal que queden iguales como se muestra arriba en la figura izquierda. La marca del extremo izquierdo representará el uno. La del extremo derecho, representará el diez; la marca de la parte media, representará el cinco, etc. Ahora se tendrán suficientes tarjetas para lograr este efecto diez veces (en diez ocasiones distintas). Si se toma cualquiera de estas tarjetas y se sostiene con el lado rayado hacia arriba, se verá un punto en uno de los bordes mayores, y de acuerdo con su posición, se podrá decir qué número representa la tarjeta. Ordénense las tarjetas del uno al diez, en rotación, de arriba a abajo, debiendo quedar el número uno arriba como se muestra en la figura superior derecha. Con estos mazos, está todo listo para el experimento.

En la presentación, se distribuyen las cartas de arriba a abajo, una a cada persona, “dando” de izquierda a derecha. En otras palabras, la persona a la izquierda recibirá la tarjeta uno, la siguiente recibirá la tarjeta dos, etc. El mago le dice ahora al público que ha hecho un estudio de grafología, en referencia a las características físicas de cada persona, y que va a probar su habilidad. El mago les dice que les volverá la espalda o que saldrá del cuarto, mientras cada uno de ellos selecciona una sentencia corta de cualquier libro o periódico disponible y la escribe en la tarjeta. Uno de los participantes recoge las tarjetas y las revuelve cuidadosamente. Cuando se ha hecho esto, el mago se vuelve o regresa al cuarto y toma las tarjetas. Toma una tarjeta y finge hacer un cuidadoso estudio de la escritura que hay en ella, y de tiempo en tiempo, levanta la mirada y estudia a alguna persona de las que están en el cuarto. Al hacer esto, es fácil hallar el punto en uno de los bordes largos de las tarjetas. Esto le dice al mago fácilmente qué número es y por lo tanto identifica a la persona que escribió la sentencia. El mago da entonces la tarjeta a ese individuo, quien identificará asombrado su propia letra.

Si la audiencia es estacionaria, éste será un proceso sencillo. Si, por el contrario, el truco es realizado en una fiesta o en un lugar donde los invitados pueden moverse mucho en torno, la suerte se hace más difícil. En tal caso, será necesario relacionar algo de cada individuo con el número de la tarjeta que se le entregue, para que no se cometa un error.


La lectura del pensamiento

Hay ocasiones en las cuales una buena actuación puede resultar más que suficiente para llevar a cabo un buen efecto de magia.

En este experimento, se doblan y se meten en un sombrero hojas de papel en las que han sido escritas algunas preguntas cualesquiera. El mago va sacando una a una las hojas de papel y las contesta “telepáticamente”, después de irlas llevando hasta su frente.

Esta ilusión se logra haciendo primero que varias personas del público escriban cualesquiera preguntas que deseen que les sean contestadas, en hojas de papel. Se les indica que sus preguntas deben tener sentido y no deben ser demasiado confusas, ya que el mago las contestará telepáticamente, y para esto es importante que las preguntas sean claras. Cuando hayan terminado de escribir sus preguntas, se les pide que doblen los papeles hasta formar pequeños paquetes, dejándolos caer en un sombrero que será sostenido por un espectador. Una vez que se hayan efectuado estas instrucciones preliminares, el mago procederá como sigue:

Se mete la mano en el sombrero y se saca uno de los papeles doblados. Se lleva inmediatamente hasta la frente, tal como está (sin desdoblarlo), adoptando una actitud de profunda concentración. Se finge que se tiene dificultad y se es incapaz de contestar la pregunta. Aquí es donde el ilusionista necesitará un poco de actuación. El ilusionista se dará finalmente por vencido, desdoblará el papel y mirará lo escrito. Fingiendo estar sorprendido, el ilusionista dice:

-No es raro que no pudiese adivinar “telepáticamente” esta pregunta ya que, o bien está escrita en un idioma extranjero desconocido para mí, o es un garabato ilegible-. Dicho esto, el ilusionista arruga el papel, disgustado, poniéndolo en su bolsillo (en donde tiene otro papel arrugado que realmente tiene un garabato ilegible, por si acaso se llega a necesitar). Mientras tanto, por supuesto, el mago ha visto la pregunta escrita en el papel, ya que todo el “acto” ha sido un subterfugio para permitir hacer tal cosa. Después de haber leído la primera pregunta, será fácil ir leyendo las otras “telepáticamente”. Sáquese del sombrero un segundo papel doblado, llévese hasta la frente y contéstese la primera pregunta que ya había sido leída. Desdóblese el segundo papel, mírese lo que contiene para “verificar” que se ha contestado la pregunta “correcta”. Así, por supuesto, el ejecutante estará leyendo una segunda pregunta nueva. Se aparta el papel y se toma otro del sombrero. Si se utiliza una buena charla y se hace una buena actuación para este efecto, se logrará asombrar inmensamente al público haciéndole pensar que el mago verdaderamente tiene poderes telepáticos.


La tarjeta escapista

Al efectuarse esta ilusión, se ponen en un sombrero tres tarjetas pintadas de verde y una pintada de rojo. Se sacan del sombrero dos de las tres tarjetas pintadas de verde y la que está pintada de rojo. Después de una pausa mágica, se da vuelta al sombrero y solamente cae de él la tarjeta pintada de rojo. Entonces se muestra que el sombrero está vacío. El ilusionista mete una mano en su bolsillo y retira tres tarjetas pintadas de verde, en lugar de las dos verdes y una roja que había puesto ahí previamente, con lo cual el público constata que ha tenido lugar una misteriosa transposición.

Para la presentación de este juego, se preparan cinco tarjetas, del tamaño aproximado de cinco barajas de naipes, en la forma siguiente: se pinta con crayón o acuarela tres de las tarjetas, de color verde, por ambos lados. Se pinta de rojo otra de las tarjetas. Se coloca la quinta tarjeta sobre la mesa, con los lados pequeños paralelos al mago, esto es, en la misma posición en la que el mago pondría una baraja para jugar. Póngase un punto dos centímetros a la izquierda de la esquina superior derecha (el punto se pone en el borde lateral superior de la tarjeta, a dos centímetros de la esquina). Dos centímetros a la derecha del ángulo inferior izquierdo (la esquina inferior izquierda), póngase otro punto. Unase ambos puntos con una línea recta de forma tal que haya una línea diagonal que vaya desde el borde lateral inferior hasta el borde lateral superior de la tarjeta. Dése una vuelta a la tarjeta y hágase exactamente lo mismo en el lado opuesto. Si la tarjeta fuese transparente (no debe serlo) y se viese contra la luz, las dos líneas formarían una X:


En las ilustraciones, los lados de las tarjetas tienen una letra para ayudarnos a entender cómo deben quedar pintadas las tarjetas. La letra A está al lado izquierdo de la tarjeta y la letra B al lado derecho. Ahora píntese de verde la parte de la tarjeta que está del lado derecho de la diagonal marcada A. Píntese de rojo el otro lado de la diagonal. Hágase lo mismo con ambos lados, anverso y reverso:


De este modo, el mago tendrá tres tarjetas pintadas de color verde por ambos lados, una tarjeta pintada de rojo por ambos lados, y una tarjeta bicolor especialmente preparada como se ha indicado arriba, cinco tarjetas en total. La ilusión dependerá por completo del manejo que se le dará a la tarjeta bicolor. La siguiente ilustración nos muestra a la tarjeta bicolor puesta entre dos tarjetas verdes de modo tal que parece ser una tarjeta completamente roja (hay otros acomodos posibles para lograr el mismo efecto que el ilusionista puede encontrar con un poco de experimentación):


Colóquese una de las tarjetas verdes en el bolsillo derecho de la americana y póngase un sombrero sobre la mesa, con la copa hacia abajo. Tómese la tarjeta roja y muéstrese por ambos lados diciendo:

-Todos ustedes saben que Houdini era un gran artista de las fugas. Voy a demostrar sus proezas por medio de estas tarjetas, el sombrero y mi bolsillo. El sombrero representará el escenario en el que Houdini está actuando. Pondré dentro del sombrero (o escenario) la tarjeta roja, que representará a Houdini. Tres personas del público lo desafían. Y son invitadas a subir al escenario.

Tras decir lo anterior, el ilusionista toma ahora el conjunto de tres cartas y las extiende en abanico en forma tal que solamente se vea la parte verde de la tarjeta (bicolor) puesta en el centro. Muestra por un lado y otro el grupo de tarjetas (esto se puede hacer porque la tarjeta bicolor también está pintada en dos secciones en su lado reverso)y continúa su charla:

-Estas tres tarjetas son las que representarán a los tres retadores y las pondré también en el sombrero. Houdini y sus tres retadores están ocultos momentáneamente por una cortina y entonces, con un grito de alegría, dos de los que hicieron el desafío agarran a Houdini y lo llevan ante el público.

Con el objeto de ejemplificar lo anterior, el ilusionista saca del sombrero tres tarjetas, que muestra al público, extendiéndolas en sentido contrario, mostrando solamente la parte roja de la tarjeta (bicolor) puesta en el centro. Se presume que solamente ha quedado una tarjeta verde. Sin embargo, solamente queda en el sombrero la tarjeta roja.

Después de mostrar ambos lados de las tarjetas, el ilusionista las pone en su bolsillo derech, diciendo:

-Mi bolsillo representará al público del teatro. Mientras la conmoción aumenta, el telón del escenario se levanta repentinamente, mostrando que Houdini continúa allí.

En este momento, el ilusionista vuelve al sombrero, del que cae la tarjeta roja que representa a Houdini. La tarjeta y el sombrero pueden ser examinados libremente por el público. Tras esto, el ilusionista mete ahora la mano en su bolsillo derecho, retirando las tres tarjetas verdes y dejando la tarjeta bicolor, diciendo:

-Cuando los dos retadores, que pensaban tener entre ellos a Houdini, miraron nuevamente, descubrieron que en realidad al que tenían era a la tercera persona del público y no al gran Houdini, quien probó una vez más que era invencible.

El ilusionista puede entregar ahora las tres tarjetas verdes, para que sean examinadas por el público, dejando escondida la tarjeta bicolor usada para llevar a cabo la ilusión.


¿Está vivo?

De entre un grupo de personas, cada persona del grupo escribe sobre un pedazo de papel el nombre de una persona desconocida para el ejecutante. Se le pide a una de ellas que escriba el nombre de una persona muerta, y a las otras, que escriban el nombre de una persona viva.  El mago revela inmediatamente el nombre de la persona muerta, con sólo estudiar los nombres escritos.

La preparación de este efecto es muy sencilla, y se basa en el hecho de que es posible obtener lápices de madera de distintos grados dureza, y si se pueden obtener de un mismo fabricante, tanto mejor porque los participantes no detectarán diferencia alguna entre los lápices. Téngase a la mano varios de estos lápices, uno de los cuales tendrá la punta dura y afilada y los demás serán de punta suave y roma. Repártanse hojas de papel del mismo tamaño y luego dígase:

-Es algo peculiar, pero varias veces se ha demostrado que los muertos pueden influir sobre los vivos. Para probarlo, voy a hacer el siguiente experimento. Es importante que sigan mis instrucciones. En el centro de la hoja de papel que tienen enfrente, escribirán el nombre de una persona totalmente desconocida para mí. Sin embargo, usted, señorita, escribirá el nombre de una persona fallecida que también sea desconocida para mí. Escriban el nombre en tal forma que yo no pueda reconocer la letra de ninguno. Elegí a una mujer para que escribiese el nombre de la persona muerta porque se ha descubierto que las mujeres son mejores médiums que los hombres. (Elegir a una mujer es parte de la treta, ya que una mujer rara vez lleva un lápiz encima). Dígase entonces:

-Ya veo, señorita, que usted no tiene lápiz. Tome éste por favor- entregándole el lápiz con la punta aguda, continuando la charla-. ¿Alguien más necesita un lápiz? Aquí tengo varios que puedo prestarles.

Cuando los participantes anuncien que han terminado su parte del experimento, el mago le pide a uno de ellos que recoja las hojas de papel y las revuelva bien. Él se las entregará al mago, y el mago procederá a estudiarlas una por una. Resulta fácil descubrir el nombre de la persona muerta, por lo delgado y lo tenue de la escritura. Revélese el nombre y demuéstrese estar en lo correcto.


La pizarra telepática

Mientras el ilusionista está vuelto de espaldas, un espectador escribe un número y una palabra en una pizarra suministrada por el ilusionista que haya sido ya inspeccionada por el público. El espectador también puede hacer cualquier dibujo o diseño sencillo. La pizarra es mostrada al público y luego se borra lo escrito y lo dibujado mientras el mago sigue aún de espaldas. El mago toma ahora la pizarra y escribe sobre ella la palabra y el número y hace el dibujo que había en ella antes de que todo esto fuera borrado.


Para lograr esta ilusión, primero se limpia perfectamente bien la superficie de la pizarra con agua amoniacal y se deja secar. Esto le quitará a la superficie de la pizarra todo rastro de oleosidad (textura aceitosa). Remójese por un momento un trozo de tiza en aceite fino. Sáquese el trozo de tiza y séquese perfectamente, de modo tal que no se sienta aceitoso al tacto. Cualquier cosa escrita o dibujada con esta tiza aparecerá con trazos de aceite en la pizarra cuando la pizarra se sostenga a cierto ángulo con la luz. Aunque el mago puede ver esto, la pizarra parece completamente sin trazos al público.

Con la pizarra y la tiza ya preparadas, se le entrega a un espectador la pizarra y la tiza diciéndole que mientras el mago está en la esquina opuesta del salón, vuelto de espalda de modo que no podrá ver lo que se hace, el espectador escribirá una palabra y un número en la pizarra. Después, si lo desea, hará un dibujo sencillo en el mismo lado. Cuando haya terminado de hacerlo, volverá en silencio la pizarra hacia el público, para que puedan verificar todo lo que esté escrito o dibujado en la pizarra, usando un trapo suave de algodón que esté bien seco (suministrado por el mago). El mago se vuelve hacia el público y toma la pizarra y la tiza, pidiéndoles a todos que se concentren en la palabra. El mago titubea por un momento y luego escribe la palabra en la pizarra. Se vuelve al público, y el aplauso confirma su acierto. El mago repite esto, con el número y el dibujo. Desde luego, las lineas aceitosas de la palabra, del número y del dibujo, son visibles solamente para el mago todo el tiempo. Este efecto que parece ser de telepatía hará que el público quede muy impresionado.


La revelación de la llama

En la ejecución de esta ilusión se utiliza un ardid muy usado en el pasado para llevar a cabo lo que se conoce como la “escritura invisible”. Si se escribe cualquier cosa usando jugo de limón en vez de tinta, será imposible ver a simple vista lo que se escriba. Sin embargo, si se pasa la hoja de papel por una llama, la escritura se volverá visible.

En esta ilusión, el mago entrega a un espectador varias tarjetas en blanco, excepto por un pequeño punto de color que hay en la esquina de cada tarjeta. Después se vuelve de espalda, mientras el espectador elije una tarjeta y quema con una llama la marca de color. El mago toma entonces la tarjeta y a continuación examina la llama, anunciando casi inmediatamente el color que estaba marcado en la esquina que fue quemada.

Para llevar a cabo este juego, tómense diez tarjetas en blanco (las tarjetas comunes para índices son excelentes para este propósito), de unos 7 por 12 centímetros, haciendo una marca de color en una de las esquinas de cada tarjeta, a ambos lados de la misma esquina. Esto puede hacerse con crayones, y cada color debe ser diferente. Como a una tercera parte de la distancia hacia el extremo opuesto a esta esquina y del mismo lado, escríbase el nombre del color con jugo de limón (para esto puede resultar útil una “pluma fuente” reusable de aquellas a las cuales se les mete la tinta líquida en un depósito interno). Si se desea, escríbase en el otro lado y exactamente a la altura de lo anterior, el mismo nombre.




Al llevar a cabo el truco, el mago presenta al público las diez tarjetas marcadas en una esquina con un color diferente cada una. Dígase a una persona del público que tome la tarjeta que quiera, mientras el mago está vuelto de espalda. Póngase la mano por detrás y dígasele al espectador que ponga en ella la tarjeta, con la marca de color hacia la mano del mago. Se le pide que encienda la esquina marcada de color con una llama con la finalidad de quemar la esquina. Cuando el espectador esté seguro de que el color está completamente quemado (con la esquina quemada), la persona le deberá indicar tal cosa al mago. Esto no tomará más de un minuto. El mago pone la tarjeta frente a él y finje que está estudiando la llama. Al mismo tiempo, dirige casualmente la llama hacia la zona en donde está la escritura invisible. Se descubrirá que el calor de la llama hace visible la escritura. Después de que la tarjeta esté quemada más de la mitad, se deja caer sobre un cenicero, anunciando el color. Hay que asegurarse de que el intervalo entre el momento en el que el espectador enciende la tarjeta y el instante en el que el mago la inspecciona sea corto, de otro modo resultará quemada una parte demasiado grande de la tarjeta. Se puede escribir en ambos lados de la tarjeta para evitar que, al voltear el mago la tarjeta entre sus manos, mientras esté encendida no se pueda leer el nombre del color. El público estará distraido con la llama y no notará la escritura que aparezca en la tarjeta.


Doblando un lápiz sin quebrarlo

El ilusionista sostiene un lápiz horizontalmente, entre los dedos pulgar e índice. Cuando agita su mano hacia arriba y hacia abajo, el lápiz se hace flexible y se dobla, como si estuviese hecho de caucho.

Este efecto se basa en la misma treta usada para “doblar” cucharas por el poder de la mente, y no es más que una ilusión óptica. La forma en la cual se lleva a cabo comienza tomando el lápiz entre los dedos pulgar e índice de la mano, aproximadamente a un tercio de la distancia hasta uno de sus extremos, sosteniéndolo en posición horizontal. Se toma el lápiz muy suelto entre los dedos, y subiendo y bajando la mano en movimientos cortos, rápidos y vigorosos se permite que los extremos del lápiz basculen hacia arriba y hacia abajo. Al oscilar el lápiz en la mano, se crea la ilusión de que el lápiz se está doblando; parece como si el lápiz fuese flexible y se doblase como los extremos de una barra de caucho. Es muy engañoso y espectacular. Se puede intentar también llevar esto a cabo con movimientos rápidos de la mano efectuados hacia la izquierda y hacia la derecha, descubriendo una mitad del lápiz en un movimiento y la otra mitad del lápiz en otro movimiento, ladeándolo ya sea hacia arriba o hacia abajo al descubrir una mitad pero regresándolo a su posición horizontal al descubrir la otra mitad, creando la ilusión de que el lápiz se está doblando por la mitad de un lado.


El cerillo fantasma

Este es un truco relativamente sencillo de llevar a cabo que sirve para impresionar directamente a una sola persona en vez de un grupo de personas (podríamos describirlo como un truco muy personalizado). Se abre un librito de cerillos, y mientras el mago sostiene el librito de cerillos la persona cuenta el número de cerillos que hay en el librito (conviene tener unos cuantos cerillos para que el conteo sea rápido, digamos unos seis o siete). Terminado el conteo, el mago arranca uno de los cerillos, lo enciende, y luego lo hace desaparecer. Mientras esto ocurre, la persona tiene la mano derecha cerrada sobre el librito de cerillos. El mago le dice ahora que abra el librito de cerillos. Para su sorpresa,no solamente halla el mismo número de cerillos que había, sino que uno de ellos está quemado.

Previamente, y cuando nadie esté mirando, el mago habrá tomado un librito de cerillos que contenga dos o más de ellos, tomando uno de la primera fila y doblándolo hacia afuera del librito sin arrancarlo, cerrando la cubierta. Enciéndase la cabeza del cerillo que está fuera, ya sea en otra caja o librito de cerillos. Apáguese el cerillo encendido y guárdese en el bolsillo izquierdo de la americana. Con esto se está en condición para ejecutar el truco. La figura 1 que se muestra a continuación muestra cómo debe quedar el librito de cerillos:




Cuando llegue el momento oportuno de encender un cigarrillo, el mago mete la mano en el bolsillo izquierdo de su americana tomando el librito de cerillos preparado. Obsérvese que al sacar el librito de cerillos, el dedo pulgar de la misma mano oculta el cerillo quemado, como se muestra en la segunda figura de arriba (figura 2). Se necesita un poco de práctica para tener el librito de cerillos en esta posición sin errar. Se abre el librito con la mano derecha. Hágase que la persona cuente los cerillos que hay (exceptuando, claro está, el cerillo que el mago está ocultando con su dedo pulgar, el cual no se debe ver). Después de que se ha hecho esto, se arranca un cerillo del librito con la mano derecha como se muestra en la tercera figura de arriba (figura 3), de preferencia en un lugar cercano al lugar en donde está el cerrillo que está siendo ocultado. Mientras el mago sostiene el cerillo suelto, dobla la cubierta (la tapa) del librito hasta el nivel del cerillo doblado, de manera que éste quede nuevamente dentro del librito. Ciérrese entonces la cubierta del librito de cerillos. Enciéndase el cerillo que se tiene en la mano derecha. Entréguese el librito a la persona, indicándole que debe mantenerlo en su puño cerrado.

Se sacude ahora el cerillo encendido, para apagarlo. En una de las sacudidas, hay que deshacerse del cerillo, soltándolo y dejándolo caer hacia atrás o lejos de donde se está situado (dado el tamaño del cerillo, esto no será detectable por la persona). Inmediatamente y sin titubear, el mago pone su mano en la cual, según toda apariencia, todavía está el cerillo usado, con la palma sobre el dorso del puño cerrado del espectador, frotando vigorosamente. El mago vuelve la palma de su mano hacia arriba (en donde ya no hay nada) y muestra que el cerillo ha desaparecido. Se le pide al espectador que abra el librito y cuente los cerillos. Si había originalmente doce cerillos, la persona contará once cerillos útiles y uno usado, demostrando que el cerillo que había desaparecido ha regresado misteriosamente al librito cerrado.


La adivinación de los centavos

Mientras el mago está vuelto de espaldas, le pide a un espectador que sostenga una moneda de cinco centavos en una mano y una de un centavo en la otra. El mago adivina, por medio de sencillas operaciones matemáticas, en qué mano tiene el espectador la moneda de un centavo y en qué mano tiene la de cinco centavos.

La forma de llevar a cabo el truco es la siguiente:

Se le pide a un espectador que saque de su bolsillo una moneda de cinco centavos y otra de un centavo (en caso de que no las tenga, el mago se las proporcionará), diciéndole que, mientras el mago está vuelto de espaldas, ponga la moneda de cinco centavos en una mano y la de un centavo en la otra. Dígase al espectador que multiplique por 13 el valor de la moneda que tiene en la mano izquierda y luego que multiplique también por trece el de la que tiene en la mano derecha. Se le pide después que diga el resultado de la suma de las dos cantidades (esto no tiene nada que ver con la trampa). Lo único que tiene que hacer el mago es observar cuidadosamente cuando le pida al espectador que haga las multiplicaciones. Si el espectador titubea para multiplicar el valor de la moneda que tiene en la mano izquierda, el mago descubrirá que ésa es la mano en la que tiene la moneda de cinco centavos, ya que toma más tiempo multiplicar 5×13 que multiplicar 1×13. El espectador pensará que el truco está basado en una fórmula matemática. Permítase que trate de descubrirlo por medio de las matemáticas; el total siempre será 78, no importa en qué mano esté cada una de las monedas. Si se desea ejecutar nuevamente este truco frente al mismo público, es recomendable usar otro número en lugar de 13, por ejemplo, cualquiera de los números siguientes: 9, 12, 14, 15, etc. Si se desea, se puede usar algo de charla para amenizar la ilusión, como la siguiente:

-Albert Einstein es famoso por sus numerosas teorías y por probar lo que se puede hacer con las matemáticas. Aquí está un efecto inventado por él que realmente nunca tuvo una explicación. Está relacionado con objetos que todos nosotros conocemos y es tan sencillo, que uno se pregunta por qué ha asombrado a las personas durante tantos años. Me complace decir que yo soy uno de los primeros a quienes fue explicado por otro viejo mago, que efectuó una exhibición para Einstein hace ya varios años. En pago por ese favor, Einstein le enseñó esto. Aquí tenemos una moneda de cinco centavos y una de un centavo. Tómelas usted, señor, y mientras estoy de espaldas, ponga la moneda de un centavo en una mano y la moneda de cinco centavos en la otra, en forma tal que yo no pueda saber qué moneda está en cada mano. ¿Está listo? Muy bien. Multiplique el valor de la moneda que tiene usted en la mano izquierda por trece. ¿Ya? Ahora multiplique por tres el valor de la moneda que tiene en la mano derecha. ¿Listo? Bueno, ahora dígame el total de las dos respuestas. Eso, mi amigo, me indica que usted tiene el centavo en su mano izquierda, y la moneda de cinco centavos en la derecha. ¿Correcto? ¿Me piden que lo haga otra vez? Seguro, lo haré cuantas veces quieran. Como pueden ver, la respuesta es siempre la misma, así que, ¿cómo puedo decir en qué mano está cada una de las monedas? Esa es la pregunta de los sesenta y cuatro mil dólares.


Encendiendo el mismo cerillo dos veces

El mago toma un cerillo de una caja, y lo enciende frotando la cabeza contra el lado esmerilado de la caja. Después de apagar la llama, el mago frota el cerillo quemado nuevamente contra el otro lado de la caja, y el mismo cerillo quemado se vuelve a encender nuevamente.

Para poder realizar este efecto, tómese un cerillo y tíñase la cabeza del mismo, hundiéndolo en una botella de tinta negra ennegreciendo de este modo la cabeza y parte de la madera, de modo tal que parezca un cerillo usado. Péguese este cerillo longitudinalmente al lado inferior de la caja con un pedacito de cera (parafina) y póngase la caja de cerillos en el bolsillo.

El mago puede efectuar la ilusión amenizándola con una charla como la siguiente:

-Tal vez varios de ustedes no sepan aún que algunos cerillos y algunas cajas de cerillos tienen algo en particular. Por ejemplo, si tomo un cerillo de esta caja y lo enciendo en un lado de ella, se producirá una llama.

Dicho y hecho, el mago saca de su bolsillo la caja preparada, saca un cerillo cualquiera de la misma, y procede a demostrar lo dicho. Sosteniendo un momento el cerillo encendido, se procede a apagarlo y sostenerlo en la palma de la mano. Póngase después la caja sobre la palma de la mano, ocultando el cerillo. Con el mismo movimiento, tómese el cerillo preparado que está abajo de la caja. Esto parecerá simplemente como un cambio de objetos de una mano a otra, y en ello radica el truco. Dígase ahora:

-Sin embargo, si frotamos el mismo cerillo contra el lado opuesto de la caja, también encenderá.

El mago procede a hacer esto, probando de este modo a su público las peculiaridades que poseen algunos cerillos y algunas cajas de cerillos.


El cerillo mágico

Este truco es una variación del truco anterior. En esta ilusión, el mago saca de su bolsillo una caja de cerillos de madera mostrándola al público por todos los lados. Sosteniendo la caja en la mano derecha, un poco más arriba de los ojos del público, empuja lentamente con el dedo índice la caja interior hacia adelante. Al hacer esto, un cerillo de madera se levanta misteriosamente desde el interior de la caja. El mago toma el cerillo, lo enciende, y lo apaga. El cerillo usado se envuelve en un pañuelo y se hace desaparecer. Tras esto, el cerillo quemado reaparece en el bolsillo del ejecutante. El mago toma el cerillo usado y lo logra encender nuevamente, frotándolo contra un lado de la caja.

Para llevar a cabo este efecto, tómese una caja de cerillos de madera (o bien cerillos con bastoncito de papel parafinado en caso de que no se puedan encontrar cerillos de madera) y hágase un agujero en la cubierta, cerca de uno de sus extremos, como se muestra en la primera (figura 1) de las siguientes tres figuras (un perforador de papel es lo ideal para hacer el agujero de una manera limpia, fácil y rápida):




Póngase unos cuantos cerillos en la caja y métase otro cerillo a través del agujero de la cubierta, de modo tal que solamente quede la cabeza del cerillo fuera de la caja como se muestra en la segunda figura (figura 2) de las tres figuras anteriores. Hecho esto, póngase la caja de cerillos en uno de los bolsillos. Tras esto, tómense por separado varios cerillos y tíñase sus cabezas con tinta negra. Después de que la tinta se haya secado, pónganse estos cerillos en otro de los bolsillos. Tómese finalmente otro cerillo, enciéndase y apáguese rápidamente la llama, metiendo este cerillo en la costura de un pañuelo (esto puede hacerse cortando una pequeña ranura en una esquina de la costura), forzando el cerillo en la costura. Póngase el pañuelo en el bolsillo, y con esto está todo listo para llevar a cabo el truco.

Al presentar el efecto, se saca del bolsillo la caja de cerillos mostrándola por todos los lados, cubriendo con el dedo pulgar la cabeza del cerillo que sobresale de la tapa de la caja. Sosténgase la caja en la mano derecha, un poco más arriba del nivel de los ojos del público (esto con la finalidad de que no alcancen a ver la cabeza del cerillo que sobresale de la tapa). Sosténgase la caja con el dedo pulgar y el dedo medio a uno y otro lado, mientras se empuja lentamente con el dedo índice la caja interior hacia adelante. Esto hará que el cerillo se levante, saliendo del agujero, pero el público verá como si el cerillo estuviese saliendo del interior de la caja coo se muestra en la segunda figura (figura 3). Sáquese el cerillo de la caja (el mago lo sacará por el agujero, pero el público creerá que el cerillo es sacado de la caja), enciéndase el cerillo, apáguese la llama soplándole, y una vez asegurado de que el cerillo está bien apagado, vuélvase a poner la caja de cerillos en el bolsillo. Después, se saca del bolsillo el pañuelo preparado, fingiendo envolver el cerillo usado en el centro del pañuelo. En realidad, el mago retendrá el cerillo en su mano, y llevará la esquina del pañuelo en que está oculto el otro cerillo hacia el centro del lienzo. Ahora, el mago podrá permitir que cualquiera sostenga el cerillo por encima de los dobleces del pañuelo. Tómese una de las esquinas del pañuelo y, a la cuenta de tres, sacúdase el pañuelo, haciendo que el cerillo “desaparezca”. Hecho esto, métase la mano en que se tiene el cerillo usado en el bolsillo en donde están los cerillos con las cabezas pintadas de negro. Cámbiese el cerillo usado por uno de los otros y muéstrese al público el cerillo con la cabeza pintada de negro. Este cerillo parecerá ser el cerillo que fue encendido por el mago. Muéstrese el cerillo y sáquese la caja de cerillos del bolsillo. Frótese el cerillo contra la caja, encendiéndolo. Aunque aparentemente un cerillo usado ha sido vuelto a encender, puesto que el fósforo en el cerillo que tiene la cabeza pintada de negro no ha sido “quemado” este fósforo puede encender al ser tallado contra el borde lateral esmerilado de la caja de cerillos.

Tal vez el mago quiera amenizar su acto con una charla de entretenimiento como esta:

-Desearía mostrarles a todos ustedes mi último invento, un invento que seguramente revolucionará la industria cerillera. Con mi invento, solo basta con abrir la caja y el cerillo se levanta al encuentro de la mano. Seguramente ustedes dirán que esto no es muy útil, aunque sea extraordinario, así que intentaré hacer algo aún mejor, encendiendo al pobre cerillo y envolviéndolo en mi pañuelo después de apagarlo. ¿Quiere alguien del público tomar el cerillo por favor? ¿Está usted seguro de que tiene allí al cerillo? Muy bien. A la cuenta de tres, suelte el pañuelo. Uno, dos, tres. El cerillo desapareció. Como pueden ver, este es un truco mejor. Pero puesto que somos amigos, les diré en donde está el cerillo, sacándolo de mi bolsillo. Y ahora, para añadir un poco de luz al misterio, lo iluminaré con la llama del cerillo usado que vuelve a dar nuevamente luz.


La calculadora mental

El mago le pide a una persona del público que escoja cualquier número cuyos dígitos tengan una progresión aritmética ascendente del 1 al 9, por ejemplo 12, 123, 12345, etc., agregando que una vez que la persona haya escogido su número el mago le indicará dos operaciones aritméticas con las cuales la persona podrá obtener el número “opuesto” en el sentido de que, por ejemplo, si el número escogido es el número de cuatro dígitos 1234, se obtendrá con las operaciones aritméticas indicadas por el mago el número de cuatro dígitos 9876. Una vez que el número le es proporcionado al mago por el espectador, después de llevarse su mano a la frente en acción de pensamiento profundo el mago dirá casi de inmediato sin usar calculadora ni papel y lápiz cuáles son las dos operaciones aritméticas que hay que llevar a cabo.

Las únicas operaciones aritméticas requeridas son una multiplicación por 8 y una suma de un número del 1 al 9 dependiendo de la cantidad de dígitos del número seleccionado, para hacer las operaciones requeridas de acuerdo al siguiente patrón de operaciones:




Los dados magnéticos

Sobre la mesa se coloca un par de dados, y uno de ellos se pone encima del otro. Cuando se quita el dado de arriba, el dado de abajos se le adhiere, lo mismo que si estuviera magnetizado.

Para esto, previamente se habrá mojado el mago la punta del dedo índice, y, al colocar el dado de encima, mojará el de abajo. Cuando ambos dados son presionados, se adherirán mutuamente por un efecto conocido en física con el nombre de tensión superficial, y se levantarán como si fueran uno solo.


La regla flotante

En este truco, el mago sostiene en posición vertical entre los dedos pulgar e índice de su mano izquierda una regla de madera, con la palma de su mano en dirección del público; la mayor parte de la regla está debajo de la mano. A una orden del mago, la regla empieza a elevarse lentamente o salta repentinamente, sin medios visibles que puedan suponerse que motivan estos movimientos ascendentes de la regla.

Para lograr esta ilusión, se necesita una regla de madera previamente preparada. Tómese una regla gruesa, de unos 30 centímetros de largo, y prepárese de la siguiente manera: Consíganse dos pequeñas armellas (entre más pequeñas, tanto mejor) de las que se usan para colgar cuadros. Atorníllese una de estas armellas en la parte posterior de la regla, a unos dos centímetros y medio del extremo, teniendo cuidado de que la armella no atraviese la madera, ya que no debe verse desde el otro lado. Póngase la otra armella en el otro extremo de la regla, también a unos dos centímetros y medio del extremo del mismo lado. Consígase un elástico (liga) de unos 25 centímetros de longitud, pero que pueda estirarse casi al doble de esa longitud. Adhiérase un botón transparente un poco más grande que el agujero de las armellas, a uno de los extremos del elástico. Pásese el extremo libre del elástico a través de la armella superior y átese a la otra armella, de modo tal que tengamos una regla de madera preparada como se muestra en la primera figura (figura 1) de las siguientes tres figuras:




Una vez que se tiene todo listo, para presentar la ilusión tómese la regla, de modo tal que su parte posterior quede oculta al público (para que el público no pueda ver las armellas y el elástico), y póngase la regla en la palma de la mano izquierda, con el botón hacia el extremo inferior de la regla. Agárrese el botón entre los dedos índice y pulgar de la mano izquierda, y sosténgase firmemente. Agárrese el extremo de la regla (el extremo del botón de la regla) con la mano derecha y tírese de él, haciendo que el botón corra hasta el extremo opuesto de la regla, alargando el elástico que está oculto de la vista del público y poniéndolo en tensión, como se muestra en la segunda figura de arriba (figura 2). Ahora, la mano izquierda está cerca de la parte superior de la regla, teniendo todavía el botón firmemente agarrado entre los dedos y sosteniendo la regla firmemente. Al ordenarle el mago a la regla que se eleve, se afloja ligeramente la presión de los dedos sobre la regla, y la tensión del elástico la hará elevarse nuevamente como se muestra en la tercera figura de arriba (figura 3). Puesto que los dedos de la mano que sostienen a la regla no cambian de posición y puesto que la forma en la cual el mago controla la tensión del elástico con una ligera presión de los dedos es indetectable, el público quedará realmente convencido de que la regla parece levitar por sí sola. El mago puede ordenarle a la regla en cualquier momento que se detenga en su ascenso, deteniéndola a voluntad, para lo cual basta con oprimir los dedos nuevamente. Una vez llevada a cabo esta demostración, empújese nuevamente la regla hacia abajo y ordénesele saltar. Aflójese por completo la presión de los dedos y la regla saltará. Desde luego, la regla no podrá ser examinada por el público.


¿Once o doce?

Las fichas que se utilizan en los juegos de damas u otros semejantes son las que mejor pueden emplearse en la mayoría de los trucos improvisados. En todas las casas suele haber algún tablero para el juego de las damas, y con sus fichas se pueden lograr algunos minutos de distracción como en el siguiente juego.

Pónganse tres fichas sobre la mesa. Levántense las fichas contando “uno, dos, tres” y déjense caer, una cada vez, contando “cuatro, cinco, seis”. Recójanse contando “siete, ocho, nueve”, y déjense caer contando “diez, once, doce”.

Esto parece muy sencillo; pero cuando se repite la cuenta, siempre termina en once en lugar de doce, y nadie sabe explicar el porqué.

Para lograr esto, al recoger las fichas cuéntese “una, dos, tres”, y al dejarlas caer, se contará “cuatro, cinco, seis”. Al recogerlas de nuevo, la cuenta proseguirá “siete, ocho...”, pero como se ha recogido ya la última ficha, inmediatamente que se deja caer se dice “nueve”. Acto seguido, se sigue la cuenta con las dos fichas que aún quedan en la mano, diciendo “diez, once”.

Esto causa una gran decepción, y confunde enormemente a la gente. Cuando deseen intentarlo, el mago les da las fichas, y comenzarán a contar dejando caer las fichas sobre la mesa una cada vez. Esto significa el fracaso, pues las fichas deben hallarse en la mesa cuando se principia.

Claro está que todos querrán que el truco se repita, pero hacerlo así equivaldría a que descubran el secreto, por ello es recomendable pasar de inmediato al siguiente juego.


¿Nueve o diez?

Se echan tres fichas encima de la mesa. Se le dice a una persona que las recoja, contando “una, dos, tres”, y las deje caer contando “cuatro, cinco, seis”, y que las recoja nuevamente contando “siete, ocho, nueve”.

¡Pero cuando el mago es quien cuenta las fichas, el total es de diez!

La trampa es similar a la que se usa en el juego anterior. El mago comienza con las fichas en la mano y las suelta contando “uno, dos, tres”. Señala una de esas fichas y dice “cuatro”, enseguida recoge las otras dos y cuenta “cinco, seis”. Enseguida recoge la que está sobre la mesa, exclamando “siete”, y deja caer las que tiene en la mano, una a una, contando “ocho, nueve, diez”.


Adivinación del número de cerillos ocultos

El mago le entrega un paquete lleno de cerillos a un espectador, diciéndole que remueva de él algunos cerillos, poniendo algunos de los cerillos en su bolsillo (el bolsillo del voluntario) y reteniendo los restantes en su mano (la mano del voluntario). En cada caso, el número de cerillos es desconocido para el mago quien, sin embargo, anuncia el número de cerillos que tiene el voluntario en la mano.

Para efectuar esta ilusión, el mago le entrega a un espectador una caja con veinte cerillos. Se le pide al voluntario que se dé vuelta, para que el mago no pueda ver lo que está haciendo el voluntario. El mago le dice que tome varios cerillos de la caja y los meta en su bolsillo. El voluntario contará después los cerillos restantes y sumará los dígitos del resultado. Por ejemplo, si quedan catorce (14) cerillos en la caja, la suma de los dígitos será 1.+.4.=.5. El voluntario tomará de la caja un número de cerillos igual al resultado de la suma (en este caso, tomará 5 cerillos) y los pondrá también en su bolsillo. El mago no sabe hasta ahora el número total de cerillos que han sido tomados de la caja. Ahora, le dirá al voluntario que tome cualquier número de cerillos que desee, y los retenga en su mano cerrada. Después de haberle entregado la caja de cerillos al mago, se le pide al voluntario que se vuelva.

En este momento, mientras el mago hace los cerillos a un lado, contará rápidamente los cerillos restantes que hay en la caja. A continuación, únicamente resta ese número de nueve, y esto le dará el número de cerillos que el espectador está reteniendo en su mano. Cuando el espectador sigue al pie de la letra las dos primeras acciones, de acuerdo con las instrucciones, siempre quedarán nueve cerillos, y en esto radica el truco. Así, para decir cuántos cerillos tiene el espectador en la mano, todo lo que el mago tiene que hacer es restar de nueve el número de cerillos restantes que hay en la caja. Bien llevado a cabo, esto parecerá un acto asombroso.