jueves, 16 de mayo de 2013

“Those damn dirty mexican greasers”


En una entrada previa en esta bitácora titulada “Las pifias de Washington” y publicada el 19 de abril de 2013, se comentaron las duras repercusiones que se podían esperar en contra de los mexicanos indocumentados y en contra de las propuestas de reforma migratoria en los Estados Unidos a raíz de los atentados terroristas cometidos en el maratón de Boston a manos de un par de terroristas musulmanes fanáticos que fueron admitidos con los brazos abiertos por el mismo gobierno norteamericano.

Las represalias oficiales del gobierno norteamericano a causa de los hechos terroristas con la marca del Islam en Boston no solo están encaminadas en contra de las propuestas de reforma migratoria y en contra de los indocumentados mexicanos en los Estados Unidos. El endurecimiento del gobierno norteamericano también ha alcanzado a los mexicanos que no viven en los Estados Unidos pero que cruzan rutinariamente de México hacia los Estados Unidos con documentos legales.

En el principal periódico local de habla hispana publicado en la ciudad de El Paso, Texas, el 9 de mayo de 2013 bajo el encabezado “Por horas retienen a estudiantes en puentes” apareció la nota que dice:  “La nueva política migratoria implementada desde la semana pasada por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) con los estudiantes internacionales que estudian en los Estados Unidos, no deja de causar dolores de cabeza a la hora de cruzar la frontera. Tiempo que les lleva hasta 8 horas. ‘Hemos recibido informes de que se está tomando un promedio de 30 minutos a una hora para la inspección adicional’, explicó Gary Edens, vicepresidente de Asuntos Estudiantiles de la Universidad de Texas en El Paso. Según el representante, en la actualidad, UTEP cuenta con 430 estudiantes ‘viajeros fronterizos’, poseedores de una visa F-3 que tienen que regresar a México todos los días. También, tienen registros de 770 estudiantes de nacionalidad mexicana, con una visa F-1, que tienen permiso para residir en los Estados Unidos si así lo deciden. ‘Muchos de estos estudiantes suelen realizar viajes de ida y vuelta entre los Estados Unidos y México con cierta regularidad’, explicó Edens. Y agregó que aunque el mayor impacto está en la población estudiantil que proviene de este país y que viaja de ida y vuelta a través de la frontera diariamente, la política afecta a todos los estudiantes extranjeros, independientemente de su origen. La medida también afecta, de forma indirecta, a los maestros de estos alumnos: ‘(Todo gracias a) las nuevas regulaciones (CONTRA) inmigrantes con visas F1. Dos de mis estudiantes pasaron por eso y no llegaron a clase’, se quejo una profesora de UTEP, no sin antes pedir anonimato para evitar represalias. Bajo los nuevos procedimientos, los agentes fronterizos deben verificar que cada estudiante internacional que llega a los Estados Unidos tenga una visa vigente. Esto significa que cada vez que un estudiante cruza la frontera, él o ella tendrá que pasar por “inspección secundaria”, dentro de la estación de cruce de frontera. Desde la implementación de la política, los estudiantes han informado que los tiempos de espera adicionales pueden variar desde 30 minutos a 3 horas. A veces, más. Nada menos el día de ayer, el congresista Beto O’Rourke publicó en su cuenta de twitter que ‘algunos estudiantes mexicanos de UTEP’, habían sido detenidos en las instalaciones fronterizas de Seguridad Nacional por poco más de ocho horas, mientras esperaban a que se verificara su estatus migratorio. ‘Un estudiante que espera 8 horas sería un caso atípico y no es representativo del tiempo normal de espera. Como era de esperar, una institución como la Universidad de Texas en El Paso (UTEP), que se encuentra en la frontera de los Estados Unidos y México, está desproporcionadamente afectada en comparación con otras instituciones en todo el país’, acoto Adens. Sobre las ocho horas de espera, el congresista O’Rourke, dijo que ‘no hay que reaccionar de forma exagerada a raíz de Boston, deteniendo a los estudiantes mexicano-nacionales UTEP # para un máximo de 8 horas a la frontera (sic) inaceptable’. A propósito de esto, el funcionario aclaró que las identidades de los estudiantes mexicanos detenidos no han sido reveladas por razones de privacidad. UTEP tampoco se manifestó al respecto. Lo que si advirtió Edens es que la verificación migratoria sera permanente por lo que recomienda a los estudiantes planificar sus horarios tomando en cuenta el aumento de los tiempos de espera al cruzar la frontera”.

Ninguno de los estudiantes mexicanos que están siendo vejados y humillados en la zona fronteriza por agentes migratorios norteamericanos es un árabe musulmán, ninguno de ellos es un fanático radical del Islam, y ciertamente ninguno de ellos y de hecho ningún mexicano en toda la historia de los Estados Unidos ha sido culpable de ningún acto terrorista cometido en los Estados Unidos. Pero de cualquier modo también los vecinos del sur incluyendo a los estudiantes mexicanos que cruzan para estudiar en escuelas norteamericanas tienen que ser tratados como peligrosos terroristas en potencia.

Otra nota publicada al día siguiente en el periódico local de Ciudad Juárez bajo el encabezado “Me hicieron sentir como un delincuente” dice así: “Juarense que estudia en El Paso narra como agentes migratorios de EU han endurecido revisiones en puentes. ‘Me hicieron sentir como si fuera un delincuente’, narra Aarón, un juarense que estudia en El Paso y que cuenta con su visa para hacerlo desde hace casi un año. Menciona que a partir del lunes anterior los empleados del Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos, asumieron una actitud más dura para con los estudiantes mexicanos. Esta estrategia fue generada por la política implementada por autoridades del Departamento de Seguridad Nacional hacia los extranjeros que estudian en Estados Unidos, a raíz de los ataques con explosivos en Boston el mes anterior. Al igual que Aarón, tanto Alejandra como Evelyn, viven del lado mexicano de la frontera, pero de lunes a viernes cruzan a El Paso para estudiar High School (preparatoria) o inglés. Los tres han experimentado el hostigamiento por parte de los empleados del Gobierno del país del norte, lo sienten así porque han sido sometidos a casi los mismos procedimientos en más de una ocasión. Los cuestionamientos son largos, tediosos e incluso amenazantes, acusan universitarios. Aarón menciona que se sintió muy sorprendido el lunes, luego que el ‘migra’ al que le tocó revisar su documento en el puente Paso del Norte, lo barrió con la mirada en cuanto se dio cuenta que era mexicano. ‘Me preguntó a dónde iba, me quedé callado unos segundos porque era temprano (las seis de la mañana) y paso todos los días por donde mismo, traía mis cuadernos, creí que era obvio que iba a la escuela’, menciona. Esa tardanza bastó para que el agente, de origen latino, pidiera a uno de sus compañeros que se lo llevara al interior de las oficinas instaladas en el mismo puente. Más se sorprendió porque el otro ‘migra’ le dijo que pusiera ambas manos en su espalda y que caminara sin voltear para atrás. ‘Yo creí que me iban a poner las esposas, ya estaba esperando yo eso, pero solo me dijeron que no moviera las manos de esa posición y que caminara’, recuerda mientras su vista se pierde en el suelo. Añade que por aproximadamente media hora estuvo en una habitación donde fue confinado, mientras uno de los elementos estadounidenses lo interrogaba acerca de sus actividades en el territorio de su país. Las preguntas fueron repetitivas y las respuestas igual, aunque el funcionario de Gobierno pareció insatisfecho con los datos obtenidos, lo dejó pasar. Sin embargo, la situación se ha repetido durante los días subsecuentes, a veces los interrogatorios son largos, otras más cortos, pero su cruce ya no es tan expedito como antes. Alejandra, quien cruza también todos los días a El Paso para estudiar, indica que el lunes la mantuvieron cerca de media hora cuestionándola, pero a ella en las instalaciones del puente Zaragoza-Ysleta. ‘Yo me desesperaba, porque me preguntaba algo, le respondía, y me volvía a preguntar lo mismo’, dice. El oficial norteamericano estaba muy interesado en las actividades que realiza en su país, aparte de estudiar. ‘Me preguntaba que si yo estaba trabajando en El Paso, le contestaba que no, que sólo me dedico a estudiar, pero luego me preguntaba si después de ir a la escuela me iba a trabajar’, comenta. Aunque ni Aarón ni Alejandra sintieron miedo cuando fueron sometidos a los interrogatorios, porque no tienen nada que ocultar, Evelyn sí experimentó temor ya que nunca había pasado una experiencia similar. ‘Yo creía que me iban a quitar la Visa y que hasta me iban a meter a la cárcel, porque la agente que me entrevistó la primera vez parecía que me quería hacer confesar algo’, menciona con la angustia reflejada en el tono de su voz. Durante la sesión se sintió extremadamente presionada y estresada, tanto que casi se suelta llorando, pero otro oficial que estaba viendo el interrogatorio le dijo que era suficiente y que la dejara ir. ‘Creo que hasta pensé en no regresar, pero mi familia me dijo que no tenía que tenerles miedo, que así eran de sangrones y que yo no les iba a pedir nada porque estamos pagando la escuela, pero de todos modos me da miedo a veces’, comenta”.

El endurecimiento rigorista en los cruces fronterizos se está llevando a cabo aunque se trate de estudiantes universitarios mexicanos que estén cursando inclusive estudios de Maestría o de Doctorado en universidades norteamericanas y aunque se estén sacando las calificaciones más altas de su clase, porque a la vista de los funcionarios migratorios norteamericanos todos los mexicanos son iguales (hablando en términos despectivos) y todos merecen el mismo trato (tratando a cada mexicano como un terrorista en potencia o como un narcotraficante tratando de introducir heroína o cocaína para saciar los apetitos voraces de los adictos viciosos de Estados Unidos que suman alrededor de 26.5 millones en dicho país redituándole 110 mil millones de dólares al hampa).

¿Cómo es posible que con estas cosas todavía se atrevan a seguir hablando de la buena vecindad en sus discursos oficiales de alto nivel los funcionarios públicos norteamericanos?

Las restricciones draconianas oficiales llevadas a cabo en contra de todos los mexicanos que por alguna razón se ven en la necesidad de cruzar la frontera hacia los Estados Unidos, ya sea para visitar a algún familiar enfermo o para comprar alguna medicina urgente que no se puede obtener en México, limitan severamente el ingreso a un territorio que todavía hasta el 2 de febrero de 1848 era territorio mexicano, se trata de una vasta extensión de tierras que eran mexicanas hasta que le fueron robadas a México tras una guerra de invasión injusta que le permitió a los Estados Unidos más que duplicar el territorio de que disponían los norteamericanos, y posiblemente hubieran ido por más de no ser por la Guerra Civil que se les atravesó con la cual los sureños racistas y supremacistas lucharon denodadamente por su derecho a seguir esclavizando a los negros que se traían del Africa para usarlos como bestias de carga laborando de sol a sol en condiciones infrahumanas.

El trato humillante y despectivo (y bastante tolerado con la complacencia absoluta de los superiores) de parte de agentes migratorios norteamericanos hacia ciudadanos mexicanos no es nada nuevo. Quienes vivimos en la frontera hemos visto cómo un agente de la Patrulla Fronteriza disparando su arma de fuego desde los Estados Unidos mató a un niño mexicano de nombre Sergio Hernández el 7 de junio de 2010 argumentando que el niño lo estaba agrediendo desde México lanzándole piedras. El 27 de abril de 2012 el gobierno norteamericano le dió “carpetazo” al caso cuando la Oficina de la Fiscalía en Texas señaló que no existía suficiente evidencia para presentar cargos en contra del agente (además de que una prueba pericial de balística habría sido más que suficiente para comprobar que la bala que mató al joven fue disparada directamente de la pistola del agente norteamericano, hay videos del lugar de los hechos además del cadáver del joven al cual las autoridades mexicanas le hicieron la necropsia de ley). El agente norteamericano continúa trabajando como tal, listo para darle su merecido a cualquier otro mexicano mugriento y apestoso que trate de cruzar hacia los Estados Unidos buscando algún trabajo que ningún norteamericano quiere hacer. Si la cosa hubiera sido al revés, si un agente mexicano le hubiera pegado un balazo a un niño norteamericano matándolo, sin duda alguna el gobierno norteamericano le habría exigido al gobierno de México la deportación inmediata del responsable para aplicarle la pena de muerte en los Estados Unidos, y en caso de negarse el gobierno mexicano seguramente no habrían tenido ningún reparo en invadir a México por segunda ocasión para aprehender al agente mexicano, y quizá de paso anexarse otra porción de territorio. Pero tratándose de un niño mexicano muerto a consecuencia de los disparos de un arma de fuego realizados por un agente de la Patrulla Fronteriza norteamericana, la cosa cambia por completo, ya que “esos condenados mexicanos mugrosos cochinos y grasientos” (“those damn dirty mexican greasers”) no merecen consideración ni respeto. Lograr que se castigue a cualquier agente norteamericano que haya incurrido en uso excesivo de fuerza letal en contra de algún mexicano es tan difícil (o mejor dicho, imposible) que el mismo día en que aparecieron las notas periodísticas detallando cómo a los estudiantes mexicanos que cruzan hacia los Estados Unidos se les está tratando como terroristas en potencia o narcotraficantes en el mejor de los casos, apareció otra nota en medios nacionales detallando cómo en un primer caso que pudiera haber sido histórico, que pudiera haber sido la primera vez que se encontrara responsable de abuso y uso excesivo e indebido de la fuerza a un agente patrullero fronterizo, al final de cuentas se le exoneró por completo. La nota publicada por Notimex bajo el encabezado “Difunden video de patrullero fronterizo que deja sin sentido a indocumentado” dice así: “La Procuraduría Federal en San Diego, California, divulgó ayer un video en el que se observa cuando un patrullero fronterizo estadounidense realiza un ahorcamiento que dejó sin sentido a un indocumentado mexicano. El video, que se utilizó en un juicio contra el patrullero Luis Fonseca, quien finalmente fue exonerado en abril pasado, fue tomado en un sistema de circuito cerrado dentro de las instalaciones de la Patrulla Fronteriza en Imperial Beach, la frontera con Tijuana. El patrullero se acerca en el video por detrás al migrante Adolfo Ceja Escobar, a quien habría aplicado un ahorcamiento que hizo que el mexicano perdiera el sentido. Aunque el video carece de audio, Ceja Escobar argumentó que el patrullero le decía “este es un paro cardiaco a la mexicana”, mientras lo ahorcaba desde atrás. El patrullero fue exonerado por un jurado que determinó que no se veía ni escuchaba la agresión con claridad y con base en un médico que incluyó la defensa y quien dijo que el mexicano habría fingido. En el juicio fueron desechados testimonios de otros agentes fronterizos que presenciaron el incidente. Se trataba de un juicio que pudo ser histórico, la primera vez que se encontrara responsable de abuso y uso excesivo e indebido de la fuerza a un patrullero fronterizo. Tras la exoneración del agente, la procuradora federal para la frontera de California con México, Laura Duffy, lamentó el veredicto y se comprometió a defender los derechos de todas las personas en la región, independientemente de su condición migratoria”. El agente en cuestión ya fue reintegrado a su trabajo y se encuentra nuevamente a la caza de mexicanos apestosos dándoles el trato que sus superiores creen que merecen por el crimen de haber entrado sin documentos legales a los Estados Unidos en busca de un trabajo temporal.

Apenas recientemente el 16 de mayo de 2013 fue arrestado en Idaho el musulmán radical uzbeko Fazliddin Kurbanov, de 30 años, acusado de urdir un plan con una organización terrorista en su país de origen y de ayudar en un complot que contemplaba el uso de armas de destrucción masiva. Un jurado investigador de Idaho acusó a Kurbanov de un delito de planear la provisión de material de apoyo a una organización terrorista extranjera y de un cargo de complot para dar material de apoyo a los terroristas. El encausamiento también señala que presuntamente tenía en su poder un artefacto explosivo. Otro jurado investigador federal de Utah también encausó a Kurbanov por los delitos de distribuir información sobre explosivos, bombas y armas de destrucción masiva. En el auto de acusación se establece que entre agosto del 2012 y mayo del 2013, Kurbanov participó en un complot con otros para proporcionar apoyo y recursos, inclusive programas de computadora y dinero, al Movimiento Islámico de Uzbekistán, un grupo terrorista.

¿Ingresó el musulmán radical de Uzbekistán a los Estados Unidos cruzando la frontera con México? No. Ingresó legalmente con visa de entrada expedida por el gobierno norteamericano que lo recibió con los brazos abiertos y tiempo después se dió cuenta del error (y la injusticia) de haberle dado una visa legal de entrada a un terrorista musulmán en lugar de dársela a un mexicano indocumentado que solo busca una oportunidad para llevar comida a sus familiares en México.

El gobierno norteamericano podría, y estaría en todo su derecho, de negar todo tipo de visas de entrada, inclusive como turistas, a cualquier persona que profese la fe musulmana; Estados Unidos está en todo su derecho de cerrarle las puertas de una vez por todas y para siempre a los musulmanes para impedirles que ingresen a territorio norteamericano a ocasionar actos de destrucción masiva matando a tantos norteamericanos como puedan. Esto ayudaría a resolver de tajo esta amenaza de una vez por todas. Y para ello podrían enviar a los consulados y embajadas norteamericanas en Europa Oriental y los países del Medio Oriente a las mismas empleadas que en las salas de información y recepción de documentos en los consulados y embajadas de Estados Unidos en los países latinoamericanos se han especializado en poner mala cara (una cara muy dura, por cierto) a los latinoamericanos que acuden a tratar de tramitar una visa de residencia permanente en los Estados Unidos y que lo único que logran es salir llorando de esos consulados y embajadas norteamericanas que se han especializado en decir NO; esto sería más que suficiente para desalentar a cualquier musulmán a tratar de obtener una visa de ingreso a los Estados Unidos. Pero no lo hacen ni lo harán, porque ello sería discriminar a musulmanes que pueden ser terroristas en potencia una vez que han ingresado a territorio norteamericano. Los seguirán recibiendo con los brazos abiertos. Es mejor discriminar a esos mexicanos cochinos y apestosos echándoles encima a los agentes de la Patrulla Fronteriza para que los persigan como perros sarnosos y los echen con un puntapié en el trasero de regreso a México.

Recuerdo y no se me olvida que cuando era pequeño apareció una noticia en el periódico EL FRONTERIZO (el cual ya no se publica) que detalló cómo un agente migratorio norteamericano, después de desprenderle el cuero cabelludo a un indocumentado mexicano a causa de la golpiza que le propinó, le “suturó” la herida al pobre indocumentado usando una grapadora metálica (de esas que se usan para grapar varias hojas de documentos) para “graparle” los extremos de la piel desprendida. No creo que ese agente norteamericano, al igual que como ocurre hoy, haya sido objeto de una sanción severa de parte de un gobierno complaciente que siempre les ha tolerados todo tipo de excesos y arbitrariedades a sus agentes a los cuales los ha convertido en pequeños déspotas y emperadores dándoles facultades sin límite.

Considerando el mal trato que históricamente se le ha dado al mexicano de parte de los agentes encargados de vigilar la frontera México-Estados unidos, y considerando que los más crueles y los más duros han sido tradicionalmente los agentes de ascendencia mexicana que parecen repudiar y detestar sus raíces hispanas a grado tal que evitan hablar en español y tratan de hablar todo el tiempo en inglés aunque lo hablen mal, es entendible el sentimiento que priva en algunos lugares de México en quienes ven como apátridas a los mexicanos que pese a las humillaciones y vejaciones de todo tipo como las que se han descrito arriba de cualquier manera insisten en irse a vivir por el resto de sus vidas a los Estados Unidos (ya sea legalmente o sin documentos) para convertirse en norteamericanos prietos hablando inglés. Pero eso sí, sintiéndose muy mexicanos a la hora de comer guacamole y a la hora de celebrar cada año con mariachis el Cinco de Mayo. Será tal vez porque sienten que al adoptar la codiciada ciudadanía norteamericana jurándole lealtad a la bandera de los Estados Unidos dejan de ser (o creen dejar de ser) unos “damn dirty mexican greasers” para convertirse en todos unos majestuosos “American citizens”, quizá hasta con el poder para poder darle un mal trato ya como agentes migratorios norteamericanos a esos pestilentes compatriotas suyos que dejaron atrás en México.

No hay comentarios.: