sábado, 2 de enero de 2016

Vox populi, NON vox Dei

Una de las mayores falacias es la que afirma que “la voz del pueblo, es la voz de Dios”, que en su forma más universal en Latín dice Vox populi, vox Dei. Esta expresión es una de las grandes mentiras que contienen algunas frases que se repiten como verdad impepinable. Es difícil encontrar una falsedad mayor que esa. Hay quienes opinan que con mucha frecuencia la voz del pueblo es la voz del diablo, de un demonio colérico, erizado, que no sabe de razones y se guía por arrebatos súbitos. ¿Cómo puede decirse que la voz del pueblo es la voz de Dios si fue el pueblo el que pidió que Jesús fuera crucificado y se dejara libre a Barrabás? En cualquier religión se acepta como verdad absoluta que Dios es infalible, o sea que nunca falla. Pero es un hecho confirmado por las democracias del planeta que los pueblos se equivocan mucho y con terribles consecuencias a veces cuando eligen a un individuo que carece de todos los atributos que distinguen a un gran estadista.

El falso aforisma queda expuesto con el tremendo apoyo que ha encontrado el racista xenófobo y mentiroso al por mayor aspirante presidencial Donald Trump. Supuestamente el pueblo norteamericano es uno de los pueblos mejor informados del planeta. ¿Entonces cómo es posible que millones y millones de esos norteamericanos, que deberían de saber mejor lo que hacen, le están dando todo su apoyo al peor individuo que se pueda haber lanzado como aspirante al cargo de presidente del país más poderoso del globo terráqueo, un payaso irresponsable dado a la mentira y a la demagogia cuyas falsedades están siendo expuestas por los reporteros que le están escarbando su pasado? ¿Cómo es posible que pese a las preocupantes revelaciones que se están dando a conocer acerca de Donald Trump no sean tomadas en cuenta, y el payaso siga manteniendo la fidelidad incondicional de tantos admiradores que lo siguen ciegamente por donde va? Si el pueblo no se equivocara, es de suponerse que Donald Trump estaría completamente solo en sus mítines, tal vez ni siquiera sus varias ex esposas y sus hijos acudirían a perder el tiempo escuchando sus necedades. Por el contrario, parece que no hay espacio suficiente para contener a toda la gente que va a aplaudirlo a rabiar.

En la misma Italia en donde en otros tiempos el Latín era la lengua de uso cotidiano y se cocinaban refranes como el que dice que la voz del pueblo, es la voz de Dios, el pueblo italiano ejerciendo libremente su derecho de voto llevó al poder a un tipo tan corrupto e inmoral como Silvio Berlusconi. ¿Cómo es posible que tantos italianos pudieran haberse equivocado?

En México abundan los ejemplos de cómo con bastante frecuencia surgen de la nada demagogos que llegan disfrazados de caperucita roja y que son llevados al poder por el voto popular sólo porque el tipo como candidato le habla bonito a la gente cuya voz supuestamente es la voz de Dios, y ya como gobernantes de dedican a saquear el erario público sin poner límite alguno a su voracidad.

El falso refrán tal vez haya sido inventado como una forma de referirse a lo que se conoce como la sabiduría popular, sin tomar en cuenta que en numerosas ocasiones el populacho ha cometido los horrores más grandes de la humanidad.

Tal vez el falso lema sea una forma de llevar a cabo una repartición de culpas para que nadie cargue con todo el peso de la culpa, o sea que es mejor que se equivoquen muchos a que se equivoque uno solo.  Si un dictador resulta ser el más bueno, el más honrado, el más inteligente y el más justo, entonces se podría gritar :¡Viva la dictadura!, pero mientras eso no suceda la democracia del voto mal ejercido (vox populi) con el riesgo de escoger un mal gobernante le parece una opción más aceptable a muchos que siguen creyendo en la democracia como panacea que la voz aislada del buen dictador (algunos historiadores alegarían aquí como ejemplo a Julio César). Desafortunadamente, los buenos dictadores son algo que casi nunca se da, porque en su gran mayoría el poder termina corrompiéndolos hasta el tuétano.

Hay quienes han hecho mofa del falso refrán recurriendo a burlas iconoclásticas. Uno de ellos es el comentarista-humorista Raúl Prieto autor de las Perlas japonesas y mejor conocido en la prensa escrita como Nikito Nipongo (este es un juego de palabras que al ser pronunciadas se escuchan como “ni quito ni pongo”, en alusión a las barbaridades que solía encontrar y sobre las cuales sin quitarles ni agregarles nada formulaba sus críticas a las mismas), el cual en alusión a “la voz del pueblo es la voz de Dios” dijo: “Pues habrá que enviarlo a la Primaria a la menor  brevedad posible”.

Para que el falso refrán sea verdadero, hay que hacerle una ligera modificación. Es ésta:

Vox populi non vox Dei (la voz del pueblo no es la voz de Dios)

El pueblo no siempre se equivoca. No se equivocó cuando llevó a Abraham Lincoln al poder. Desafortunadamente, tales aciertos son una rareza más que una constante histórica, y parecen ser resultado de la buena suerte más que de un criterio juicioso de selección razonada y reflexionada a la hora de votar. Con Donald Trump, estamos hablando de lo que podría terminar siendo una equivocación en grado mayúsculo. No falta mucho para saber si este magnate bufón logrará consumar sus delirios de grandeza, solo hay que esperar hasta el mes de noviembre de este 2016 en caso de que logre afianzar la nominación del Partido Republicano para ser su candidato presidencial lo cual se antoja cada vez más posible a juzgar por las multitudes que está logrando juntar para respaldarlo. En este mes de noviembre de 2016 en el que está marcada la fecha fatal, veremos qué tan alejada está la voz del pueblo de la voz de Dios.

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