sábado, 3 de diciembre de 2016

¿Fin de la industria maquiladora en México?



Recuerdo como si fuera ayer los inicios del auge de la industria maquiladora en la franja fronteriza de México con los Estados Unidos. Estaba apenas en la escuela secundaria cuando en una ocasión un compañero de la escuela me platicó que en Ciudad Juárez, zona agrícola y turística en la cual no existían fábricas de ningún tipo, había ya una fábrica que estaba produciendo bobinas (yugos) de deflexión magnética para los televisores de ese entonces, en su mayoría televisores con imágenes de blanco y negro, usando la vieja tecnología de tubos de rayos catódicos. No le creí y supuse que lo estaba inventando, pero para no entrar en argumentos no le llevé la contraria. Posteriormente me enteré que, efectivamente, en una ciudad que vivía de la agricultura de los campos algodoneros y del turismo procedente de la vecina ciudad de El Paso, Texas, había una fábrica que producía bobinas de deflexión magnética para los televisores. Esa fábrica era de la empresa Advance Ross de México, una empresa cien por ciento norteamericana, la cual trabajaba bajo el concepto de usar la mano de obra barata en México solo para labores de ensamble. Toda la materia prima y los componentes esenciales eran enviados desde los Estados Unidos, y el ensamble terminado era regresado a dicho país, habiéndose contribuído en México únicamente con la mano de obra usada en el ensamblaje de los componentes, en un paradigma que terminó siendo conocido como algo propio de las industrias maquiladoras.

En rigor de verdad, la primera maquiladora que se instaló en Ciudad Juárez no fue Advance Ross, fue la empresa “Molduras de Pino”, la segunda fue “AC Nielsen” y les siguió “Advance Ross de México”.

No le volví a dar importancia al asunto, hasta que años después, cuando me faltaba tan solo un semestre para terminar mis estudios universitarios, la universidad preparó un cubículo para los representantes de una empresa norteamericana, la RCA (Radio Corporation of America) que estaba contratando ingenieros bilingües para su planta en Ciudad Juárez. En esos tiempos, hablar de la RCA era hablar en términos mayores. Originalmente RCA Víctor antes de que se inventaran los primeros televisores, era una de las empresas más importantes en la industria de la electrónica, algo así como hoy lo son las empresas IntelApple, y su logo en los Estados Unidos era The most trusted name in electronics (El nombre más confiable en electrónica), mundialmente famosa por su perro Nipper usado para promocionar los productos de audio de la empresa. Era la empresa que tenía el liderazgo absoluto en tecnología de punta y poseía casi un monopolio total en cuestión de innovaciones tecnológicas comerciales.

Cuando empecé a trabajar en la RCA, identificada simplemente como “la R” en la localidad, la empresa tenía un par de años de estar fabricando (o mejor dicho, maquilando) no solamente bobinas de deflexión magnética para los tubos de rayos catódicos CRT tanto de televisores de blanco y negro como televisores de color, también fabricaba (o mejor dicho, maquilaba) transformadores flyback usados para obtener el alto voltaje usado en los tubos de rayos catódicos. Empezó sus operaciones en 1969 en un parque industrial bautizado como el Parque Antonio J. Bermúdez, creado inicialmente para atender las necesidades de espacio de la RCA pero que terminaría expandiéndose en los terrenos aledaños para dar cabida a muchas otras empresas maquiladoras de procedencia extranjera que vendrían después.

La empresa RCA en Ciudad Juárez era una maquiladora en el pleno sentido de la palabra. Todos los componentes, ya sea cables, armazones metálicas, conectores, etcétera, hasta las cajas de empaque de cartón, eran enviadas desde Estados Unidos, y lo único que contribuía la filial en Ciudad Juárez era la mano de obra barata mexicana, lo cual no solo aumentó las ganancias y los dividendos de la empresa sino que le permitió poder competir por varios años con empresas japonesas como Sony que aprovechando la mano de obra barata en el continente asiático se estaba dando el lujo de poder competir con bajos precios y buena calidad con los productos norteamericanos similares que eran fabricados y ensamblados en su totalidad en los Estados Unidos.

No tardé mucho tiempo en descubrir que la fábrica de ensamblaje que había sido abierta por la RCA en Ciudad Juárez había estado fabricando en su totalidad los mismos componentes en su planta en Indianápolis situada en la avenida industrial Sherman Drive de dicha ciudad en el estado de Indiana. Por cada empleo que se habría en Ciudad Juárez, se perdía un empleo en los Estados Unidos en la fábrica de RCA en Indianápolis, y la pérdida de dicha planta se tradujo en una gran pérdida económica y de miles de empleos para la ciudad de Indianápolis. No solo los obreros de la RCA en Indianápolis perdían sus trabajos, también los supervisores de producción, los administradores, los contadores, los ingenieros, los jefes de personal, las secretarias, en fin, todos, algunos de dichos empleos con muy buenos sueldos en dólares en los Estados Unidos.

Hoy me resulta claro que la RCA no hizo más que seguir el ejemplo de Advance Ross al darse cuenta de que Advance Ross estaba fabricando (maquilando) en México productos similares a los de la RCA pero a un costo mucho menor con el cual inclusive una empresa tan poderosa como la RCA no podía competir. Siguiendo el ejemplo de la RCA, otras fábricas de televisores de blanco y negro y de color terminaron trasladándose también a la franja fronteriza de México con Estados Unidos, empresas tales como la Zenith Electronics (hoy difunta) que terminó trasladándose a Tijuana cerrando las fuentes de empleo en Estados Unidos y creándolas en México, la Sylvania Electronics Products que terminó trasladando todas sus operaciones de manufactura (maquilado) a Ciudad Juárez con la esperanza de “piratearle” a la RCA algo de su plantilla de ingenieros y técnicos mexicanos, y hasta la empresa Admiral.

De nueva cuenta, cada vez que una de dichas plantas cerraba en los Estados Unidos, a la vez que se perdían en dicho país miles de empleos algunos de ellos bien pagados en México se abrían dichos empleos con sueldos y salarios no tan bien pagados.

La RCA concluyó que la estrategia de fabricar sus componentes más caros en México (exceptuando los tubos de rayos catódicos) era tan rentable, que decidió trasladar también a Ciudad Juárez su fábrica de chasises electrónicos ubicada originalmente en Bloomington, también en el estado de Indiana. De este modo, con todos los miles de empleos directos e indirectos trasladados a Ciudad Juárez, la RCA en las décadas de los años 70 y 80 llegó tener hasta 7 mil empleados en Ciudad Juárez, mismos empleos que se perdieron irremisiblemente en los Estados Unidos.

No solo las fábricas que ensamblaban casi toda la electrónica usada en los televisores se trasladaron a México en la franja fronteriza con Estados Unidos, también se trasladaron muchas otras como Hoover, Bosch, Electrolux, General Instruments, etcétera. Y si bien el programa maquilador con el cual el gobierno de México alentaba la instalación de maquiladoras norteamericanas en México en la cercanía con los Estados Unidos supuestamente había tenido como intención original darle empleos a los residentes fronterizos de Ciudad Juárez para desalentar la inmigración indocumentada tras la terminación del Programa Bracero, la demanda de mano de obra mexicana barata por parte de las maquiladoras norteamericanas llegó a tal grado que muchos residentes de los estados del interior de México terminaron cambiando su lugar de residencia a Ciudad Juárez para ocupar las vacantes que no se tenían en los estados del interior del país, inflando sobremanera las poblaciones de ciudades fronterizas como Tijuana, Mexicali y Ciudad Juárez contribuyendo a un crecimiento desordenado e  inclusive nocivo. A estas alturas estamos hablando de cientos de miles de empleos creados en México a expensas de empleos cerrados en los Estados Unidos. El crecimiento de las maquiladoras norteamericanas en Ciudad Juárez pronto llegó a tal grado que el 20 de febrero de 1974 se constituyó la Asociación de Maquiladoras A.C. en Ciudad Juárez para darle fuerza y representación a las empresas maquiladoras norteamericanas en Ciudad Juárez. En diciembre de 1987 las empresas maquiladoras norteamericanas se habían extendido hacia el interior de México a grado tal que había 120 maquiladoras en el interior de México empleando alrededor de 20 mil personas, principalmente en la ciudad de Guadalajara con empresas como Burroughs, Semiconductores Motorola y Hewlett-Packard.

La enorme pérdida de cientos de miles de empleos en los Estados Unidos por la fuga de empresas norteamericanas a México ocasionó alarma a grado tal que varios congresistas y senadores norteamericanos tales como John LaFalce propusieron que se creara un impuesto especial a las maquiladoras norteamericanas que se quisieran instalar en México, un impuesto elevado con la finalidad de desalentar la fuga de empresas y así poder retener esos empleos en Estados Unidos. Sin embargo, los esfuerzos no prosperaron dado que en esos tiempos y siempre bajo la guía del capitalismo a ultranza que siempre se ha practicado en los Estados Unidos desde su fundación (mismo capitalismo bajo el cual se justificó el esclavismo que se llegó a practicar en territorio norteamericano en contra de los africanos llevados en contra de su voluntad a Estados Unidos para laborar por el resto de sus vidas como esclavos) se le daba prioridad al bienestar de los empresarios, y la creación o desaparición de empleos era tomada simplemente como un efecto colateral de los fenómenos resultantes de operar en un sistema de libre mercado bajo el modelo laissez faire. (Una buena referencia en los detalles de esta historia es el libro Assembling for Development: The Maquiladora Industry in Mexico and the United States, de Leslie Sklair).

Partiendo del éxito del modelo maquilador, el siguiente paso consistió en la negociación del Tratado de Libre Comercio que en principio debía permitir a las empresas norteamericanas aprovechar no solo la mano de obra barata en México para operaciones de ensamblaje sino también procesar materia prima en el sentido clásico de la palabra, o sea usando no solo mano de obra barata sino procesos de fabricación tales como procesamiento metalúrgico de materias primas, uso de materias primas no solo de Estados Unidos sino también de México y Canadá, en fin, la manufactura completa, con lo cual se creó lo que hoy se conoce como la Industria Maquiladora de Exportación. Y la fuga de empresas norteamericanas hacia México continuó, aunque con el dulcificante de que los fabricantes norteamericanos podrían exportar y vender libremente en México productos norteamericanos cuya entrada estaba antes vedada para proteger a la industria nacional mexicana.

Por otros factores que no vienen al caso mencionar, el uso de mano de obra mexicana sumamente barata al sur de la frontera no le ayudó a largo plazo a varias otrora poderosas empresas norteamericanas que terminaron en estado de defunción. La RCA en la que yo alguna vez trabajé, abatida principalmente por la pérdida de su liderazgo tecnológico, y el reemplazo de los viejos televisores de blanco/negro y color de tubos de rayos catódicos con televisores de pantalla plana, terminó cerrando en 2008 en Ciudad Juárez. (Anteriormente la RCA, que previamente había sido adquirida con todos sus derechos de marca por la empresa francesa Thomson en 1987, ya había cerrado la planta en Marion, Illinois el 16 de marzo de 2004, siendo dicha fábrica una planta que en sus días de gloria llegó a emplear en 1973 un total de 3,985 trabajadores norteamericanos tras haber movido Thomson en 2001 muchas de las operaciones de la planta RCA Marion a Mexicali.). Sin embargo, todavía hasta el año actual, 2016, la industria maquiladora norteamericana continúa empleando mucha gente en Ciudad Juárez.

Pero algo está empezando a cambiar, y de manera profunda, algo que puede terminar cambiando de modo definitivo y para siempre las vidas de miles y miles de trabajadores en México que trabajan para empresas norteamericanas que se han estado moviendo de Estados Unidos a México.

El 8 de noviembre del año en curso, hace menos de un mes, los electores norteamericanos escogieron para su presidente a un hombre racista, xenófobo, que detesta a los mexicanos y que está decidido a terminar con el programa maquilador. A los trabajadores de la empresa Carrier, la cual tenía planes de moverse a Monterrey llevándose consigo 1,400 empleos, les prometió que si votaban por él y ganaba no permitiría que Carrier se moviera a México (la planta de Carrier Air Conditioning está ubicada en la misma área de Indianápolis en donde se encontraba la sede de la corporación RCA que fue la primera gran empresa electrónica que suprimió miles de empleos en Estados Unidos para beneficiarse con la mano de obra barata en México, lo cual le dá un simbolismo mayor). Y de acuerdo a las noticias dadas el 30 de noviembre, este hombre que aún no asume la presidencia de los Estados Unidos ya les cumplió a los trabajadores de Carrier su promesa de no permitir que la planta de Carrier sea exportada a Nuevo León. El 2 de diciembre estuvo personalmente en la planta Carrier, ya como presidente electo, para ser recibido por los trabajadores a los cuales les presumió haberles salvado sus empleos (la fotografía puesta al principio de esta entrada muestra a Donald Trump dirigiéndose ya como presidente electo a los trabajadores de Carrier presumiéndoles haberles salvado sus empleos).

Entre las varias cosas que les dijo Donald Trump a los trabajadores de Carrier, resalta lo siguiente: “Companies are not going to leave the United States anymore without consequences. Not going to happen. It's not going to happen, I'll tell you right now. They can leave from state to state, and negotiate deals with different states, but leaving the country will be very, very difficult.” (Las compañías ya no van a dejar nunca más los Estados Unidos sin consecuencias. No sucederá. No va a suceder. Les diré ahorita mismo. Podrán salir de un estado a otro, y negociar acuerdos con diferentes estados, pero salirse del país será muy, muy difícil.)

Lo anterior es definitivamente un parteaguas. Las implicaciones de ello son enormes. La primera implicación, inmediata, es que si Trump cumple al pie de la letra lo que les dijo a los trabajadores de Carrier ya como presidente electo, una advertencia que se puede tomar casi como una amenaza, el gobierno de México no puede esperar de aquí en adelante que se vayan a estar creando más empleos a costa de plantas de manufactura cerrándose en Estados Unidos atraídas por la mano de obra barata en México. Estamos hablando de inversiones de miles de millones de dólares en México que quedarán detenidas y a las cuales México les tendrá que decir “adiós” en el mediano plazo. Estamos hablando de algo que todavía hasta hace poco estaba presumiendo el gobierno de México y que ya no podrá presumir, la llegada de empresas extranjeras dispuestas a invertir sumas multimillonarias en México creando miles de empleos en todos los niveles.

Justo en el mismo día en el que Donald Trump pronunció sus terribles amenazas en contra de todas aquellas empresas que quieran salirse de Estados Unidos, el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, anunció que renunciaría a la posición que ocupaba, agregando que la coincidencia de su renuncia con lo anunciado por Trump no era más que una muy curiosa e increíble coincidencia, lo cual pocos le creyeron.

Es muy posible que Donald Trump haya asustado no a Carrier, sino a la megaempresa que es propietaria de Carrier, United Technologies. United Technologies es el octavo contratista más grande del gobierno federal, habiendo obtenido 6.7 billones de dólares de Washington en 2015, lo cual representa un 10 por ciento de sus ingresos totales. Mucho del dinero que obtiene del gobierno está relacionado con trabajos para la defensa, tales como la fabricación de motores para los aviones cazas F-35.

Según fuentes del diario The Indianapolis Star, la decisión fue tomada por los directivos de Carrier después de una conversación telefónica del Ejecutivo en Jefe (Chief Executive Officer) de United Technologies, Greg Hayes, con Trump, en la cual el magnate había sacado a relucir la relación de United Technologies con el gobierno estadounidense vía contratos con el gobierno federal que suman 5 mil 600 millones de dólares al año, haciéndoles Donald Trump ver que todos estos contratos de United Technologies con el gobierno federal estaban en riesgo de ir a manos de otras empresas si Carrier insistía en trasladar sus operaciones a México, con el potencial de enviar a la corporación United Technologies a la quiebra (e irónicamente, provocando la pérdida de decenas de miles de empleos bien pagados en suelo norteamericano). Como ninguna megaempresa va a querer arriesgar la pérdida de negocios valuados en miles de millones de dólares al año por ahorrarse unos cuantos millones de dólares al año enviando operaciones de ensamblaje fuera del país, un virtual chantaje de este tipo sería suficiente por sí solo para retener a Carrier en el estado de Indiana, operando inclusive la planta de Carrier en Indiana con pérdidas por el tiempo que sea necesario con tal de salvar el resto de la corporación, que al fin y al cabo argumentando incosteabilidad la empresa Carrier puede ser proclamada en quiebra algunos años después con la resultante de que de todos modos los empleos que se iban a salvar en Indiana terminarían perdiéndose pero de modo definitivo sin que ni México ni Estados Unidos terminen beneficiados.

Independientemente de la amenaza que Donald Trump pueda haberle hecho directamente a United Technologies a través de los directivos de Carrier advirtiéndoles de la cancelación de contratos multimillonarios con el gobierno federal, está también la posibilidad de que pueda haber amenazado con imponerle a Carrier un impuesto elevado, del 35 por ciento, a todo lo que tenga planeado producir en México para ser enviado a los Estados Unidos, mientras que por otro lado parece haberle ofrecido a Carrier un trato preferencial mediante una reducción substancial de impuestos, para lo cual cuenta con la ventaja de que su compañero de fórmula y próximo vicepresidente de Estados Unidos Mike Pence es todavía el gobernador del estado de Indiana y él mismo puede ofrecer incentivos fiscales adicionales a Carrier. De este modo, las negociaciones (o las imposiciones, como quiera verse) del futuro presidente de Estados Unidos a Carrier pueden involucrar una mezcla de varias cosas, esto es, ofrecerle un poco de zanahoria a la mula como incentivo para que camine, o propinarle sus garrotazos en el trasero como obligarla a avanzar.

La subsidiaria Carrier argumentó que un recorte de impuestos de 7 millones de dólares otorgado por la Indiana Economic Development Corporation, una organización semi-pública, era lo que había convencido a sus directivos sobre el asunto de mover todos sus empleos en Indianápolis a México, en un acuerdo negociado por el presidente electo Trump y el vice presidente electo Mike Pence que además de ser el gobernador de Indiana también encabeza el grupo de desarrollo. La compañía también había dicho que podía ahorrar 65 millones de dólares al año simplemente cerrando la planta que fabrica hornos y liquidando todos sus 1,400 empleos sin enviar nada a México. Pero ahora Carrier mantendrá abierta la planta en los Estados Unidos conservando mil empleos, pero de cualquier modo enviando el resto a México.

El incentivo económico dado a Carrier con un recorte de impuestos de 7 millones de dólares no es algo que se vaya hacer de “golpe y porrazo”, se trata de un recorte dado en abonos que se extenderá a lo largo de 10 años. Esto se traduce en un insignificante recorte de 700 mil dólares al año, apenas una fracción de los ahorros que Carrier podría haber obtenido transfiriendo todas sus operaciones en Indianápolis a México. Por si ello fuese poco, la compañía se comprometió a gastar 16 millones de dólares adicionales para poder retener sus operaciones en Indiana. Claramente, no fueron los beneficios obtenidos mediante un recorte de impuestos sino el temor de poner en riesgo todos los contratos de United Technologies con el gobierno federal, de acuerdo a lo que dijo el Gobernador Teniente John Mutz.

La organización liberal Citizens for Tax Justice tronó en contra de las concesiones gubernamentales dadas a una corporación que ya de por sí ha estado recibiendo grandes favores, argumentando que a lo largo de 15 años Carrier ha pagado tan solo un diez por ciento en impuestos federales, menos de la tercera parte de la tasa convencional corporativa que debería de haber pagado. La organización también calculó que United Technologies tiene 29 billones de dólares colocados fuera de Estados Unidos en donde no le crean empleos a nadie dentro de la Unión Americana.

Desde que Mike Pence obtuvo la gubernatura de Indiana en 2013, el estado ha otorgado millones de dólares en desarrollo económico a compañias que de cualquier modo se han relocalizado a otros países como México y China. Estas cambios le han costado a miles de trabajadores Hoosiers (así se llaman a sí mismos en Indiana) sus empleos durante el tiempo que Pence ha sido gobernador. El Indiana Economic Development Corporation que él preside aprobó 24 millones de dólares en incentivos, de lo cual se ha pagado una tercera parte hasta la fecha, a 10 empresas que de cualquier manera se han llevado empleos a otros países, de acuerdo a un reportaje publicado el verano pasado en el Indianápolis Star. Durante ese tiempo, las empresas han recortado más de 3,800 trabajos en el estado al mover sus operaciones a otros países en donde la mano de obra es más barata. Cuatro de las compañías regresaron 746 mil dólares en subsidios de impuestos, pero las otras seis no lo han hecho, sin consecuencia alguna para ellas hasta la fecha. En general, los empleadores en Indiana han disfrutado de una cosecha abundante de subsidios gubernamentales, unos 483 millones de dólares, la mayor parte desde 2010, de acuerdo a cifras del grupo Good Jobs First, de lo cual un 80 por ciento de subsidios de impuestos les han llegado del gobierno federal.

De cualquier modo, en el asunto de Carrier y su propietaria United Technologies hay también una buena dosis de hipocresía, porque de acuerdo a un reportaje publicado por la revista Fortune, United Technologies mantiene sin cambios sus planes para trasladar mil 300 empleos a México que incluyen 600 empleos de Carrier a Nuevo León y 700 trabajos de la planta UTEC Controls de Huntington, Indianapolis. O tal vez Donald Trump no se ha dado cuenta de esto último y será necesario que la misma prensa estadounidense se lo recuerde, o tal vez Trump ya lo sabe pero se está haciendo tarugo mientras consolida su triunfo mediático de haber salvado mil empleos de Carrier como lo había prometido durante su campaña.

Los trabajos que fueron “salvados” por Trump en Indiana representan apenas una pequeña parte de los 300 mil trabajos que en promedio abandonan cada año los Estados Unidos para ser enviados a otros países como México en donde los salarios son mucho menores. Algunos se preguntan si las medidas tomadas por Trump muy ad-hoc al caso de Carrier aprovechando circunstancias que no se dan en otras empresas (que no tienen ningún tipo de contratos con el gobierno federal norteamericano para proporcionarle bienes y servicios) podrán detener el éxodo de fábricas norteamericanas hacia otros países.

El periódico The Wall Street Journal documentó que la paga promedio en Monterrey, la ciudad a donde Carrier planeaba relocalizarse, es de unos 11 dólares, en contraste con los 30 dólares por los mismos empleos que hoy se quedarán en Indianápolis. Si lo único que se grava es el valor adicional proporcionado por la mano de obra mexicana (en el supuesto caso de que las partes a ser ensambladas en Estados Unidos sean enviadas a México para una operación de maquila, mediante simple ensamblado de las partes), el impuesto del 35 por ciento al valor agregado por la mano de obra haría subir el costo de la mano de obra mexicana en 3.85 dólares, o sea hasta unos 14.85 dólares, con lo cual a Carrier de todos modos le saldría más económico producir en México. La única manera para Trump de terminar con la ventaja de la mano de obra barata mexicana sería igualando con un impuesto especial el costo de la mano de obra mexicana al costo de la mano de obra norteamericana, para lo cual tendría que aplicar un impuesto no del 35 por ciento sino del 170 por ciento, y entonces no habría ningún incentivo económico para trasladar las operaciones a México, pero sí lo habría para trasladar las operaciones a países muy pobres del continente asiático o del continente africano a los cuales Trump les tendría que aplicar la misma receta pero en forma individual con tasaciones impositivas distintas para diferentes países. Cabe agregar aquí que cuando en México se aprobó el Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos, para convencernos a los ciudadanos de las supuestas bondades de dicho tratado, el gobierno nos dijo que “a la larga” los salarios en México irían subiendo gradualmente hasta emparejarse con los salarios en los otros dos países miembros del tratado, Canadá y Estados Unidos; y varias décadas después yo no veo que ni a corto plazo ni a mediano plazo ni “a la larga” vaya a ocurrir tal emparejamiento, al menos no gracias al TLC.

La “salvación” de cerca de mil empleos de la empresa Carrier trae inevitablemente aparejado otro costo que el mismo gobierno norteamericano presidido por Trump tendrá que pagar. Los trabajadores de otras empresas de Estados Unidos que también en estos momentos tienen planes de moverse a México (o a otros países con bajos salarios) tendrán toda la razón del mundo de exigir y esperar de Donald Trump como presidente les dé un trato igual y no diferente al trato que se les dió a los trabajadores de la empresa Carrier, haciendo todo lo que se tenga que hacer para salvarles sus empleos. De hecho esto ya está empezando a hacer barullo a tan solo una milla de la planta Carrier a la cual Trump fue a dar su discurso. Se trata de una fábrica de rodamientos industriales llamada Rexnord Corporation. El mes de octubre 2016, los directivos de la planta Rexnord anunciaron que tentativamente habían decidido eliminar sus operaciones en Indianapolis para moverlas a otra de sus plantas, en México, lo cual en caso de concretarse le costará a 350 trabajadores norteamericanos la pérdida permanente de sus empleos. La transferencia estaba anticipada para llevarse a cabo entre abril y junio de 2017, aunque ahora esto puede cambiar si Donald Trump, ya como presidente, interviene para impedir por las buenas o por las malas que dicha relocalización se lleve a cabo. Por lo pronto, esta noticia inesperada puso furioso a Donald Trump que usando su medio de comunicación convencional, Twitter, puso el siguiente “tuit”:




Este ya famoso e histórico “tuit” de Donald Trump se traduce de la siguiente manera:  “Rexnord de Indiana se está mudando a México y de manera cruel está despidiendo a sus 300 trabajadores. Esto está pasando en todo el país. ¡No más!”. Con la advertencia severa de No more!, el “tuit” de Trump deja en claro que estas fugas de empresas fuera de los Estados Unidos van a terminar siendo cosa del pasado y que ya no lo permitirá nunca más. En el caso de México, Trump ha amenazado con desmantelar el Tratado de Libre Comercio con México para impedir la fuga de empresas y empleos de Estados Unidos aunque a la postre le resulte catastrófico a la economía norteamericana, pero no puede ejercer esta presión en caso de que la fuga de capitales y empresas de Estados Unidos se dé hacia países africanos y países asiáticos en la miseria con los cuales Estados Unidos no mantiene ningún acuerdo comercial.

Antes de Carrier, en el caso de la empresa Ford, Trump dijo en Twitter que había hablado con su “amigo Bill Ford”, presidente del consejo de la empresa, poniendo: “Trabajé duro con Bill Ford para mantener la planta Lincoln en Kentucky. Se lo debo al gran estado de Kentucky por su confianza en mí”. Pero Ford nunca planeó mudar la planta de Kentucky a México, sino solo la producción del Lincoln MKC. La decisión más fundamental de mudar la producción del Focus a México, con el fin de dejar espacio en Michigan para vehículos más caros, no se modificó. Ni Rexnord, ni Carrier, ni Ford van a mantenerse competitivas en el mundo de hoy si tienen que realizar todo su trabajo de producción en Estados Unidos. Tampoco habrá suficiente dinero en las arcas gubernamentales para pagar subsidios a todas las compañías para que se queden en la Unión Americana. Mantener una fábrica en Kentucky que no se iba a mudar o preservar otra parcialmente en Indiana a un elevado costo de subsidios gubernamentales son formas en las que Trump puede decir que ha doblegado a quienes se oponían a sus órdenes sin que realmente esto haya ocurrido. De cualquier modo, siendo Trump un tipo terco y obstinado, estará dispuesto a todo para hacer cumplir con sus amenazas.

Los incentivos y estímulos fiscales que le fueron ofrecidos a la empresa Carrier para no trasladar sus operaciones a México han sentado ya un precedente a seguir por todas las demás empresas norteamericanas que tienen ya buenos argumentos y motivos de sobra para chantajear y extorsionar al gobierno norteamericano pidiéndole lo mismo que lo que le fue dado a Carrir, o sea incentivos y estímulos fiscales que vuelvan incosteable el trasladar operaciones a México o a otro país con mano de obra sumamente barata. La única manera de impedir que esto se pueda revertir como un bumerang es imponiendo castigos fiscales severos, en vez de otorgar incentivos y estímulos fiscales, a las plantas norteamericanas que quieran abrir operaciones de manufactura en México, algo que va directamente en contra del concepto de la libre empresa impulsado a lo largo de su historia por el principal país capitalista del mundo. Pero esto puede meter a Estados Unidos en serios problemas con la Organización Mundial de Comercio (OMC) que regula los términos de competitividad para el comercio mundial, y en caso extremo puede conducir a que Estados Unidos sea expulsado de la OMC convirtiéndose en un paria en el comercio global, un excluído, aislándo por completo del resto del mundo con todas sus exportaciones reducidas a cero y con cientos de miles de empleos norteamericanos yéndose al drenaje. La otra opción es que el gobierno federal norteamericano empiece a comprar bajo condiciones desventajosas a todas aquellas empresas norteamericanas que tengan planes de abandonar Estados Unidos, convirtiéndolas en empresas paraestatales. Pero esto último es precisamente la filosofía del comunismo, sistema económico que Estados Unidos estuvo combatiendo por décadas por todos los medios posibles, inclusive imponiendo y apoyando a un enorme costo económico y humano a dictaduras militares en Latinoamérica como las de Anastasio Somoza, Augusto Pinochet y Hugo Banzer, sufriendo además severas derrotas y humillaciones como la lamentable experiencia norteamericana en Vietnam. ¿Y todo para nada?

Se debe tener muy presente que Carrier no solo fabrica en México productos que son enviados a los Estados Unidos. También fabrica muchos productos en México que son puestos a la venta en el mercado mexicano, lo cual representa para Carrier en México un negocio multimillonario, y tiene su propia página web para promocionar y comercializar sus productos en México, con una amplia red de distribuidores y tiendas Carrier en México. Si Donald Trump quiere cancelar el Tratado de Libre Comercio que mantiene con Canadá y Estados Unidos con la finalidad de llevarse todas las operaciones de Carrier a los Estados Unidos, ya existe un fuerte competidor ansioso por arrebatarle a Carrier su lugar actual en México. Se llama China, en donde se pueden diseñar y fabricar productos comparables a los que fabrica Carrier, de modo tal que en lo que al consumidor mexicano respecta Carrier no es indispensable. El cierre de todas las operaciones de Carrier en México traería, irónicamente, la pérdida de muchos empleos norteamericanos al ir perdiendo la empresa su competitividad y su capacidad de exportación.

Carrier no solo tiene plantas de manufactura en México. También tiene plantas de manufactura en China, en donde emplea a 2 mil 500 trabajadores. Y también vende varios de sus productos en China, que los chinos compran. ¿Piensa Donald Trump que va a poder lograr que se cierren las plantas de Carrier en China, sin que haya represalias a los productos norteamericanos que se están vendiendo en China? Esto sin contar que si Trump planea implementar sus castigos de una manera generalizada, en el caso de China este país tiene al gobierno federal agarrado del pescuezo, y China no tiene que apretar mucho la horca para que al mismo Trump le duela el cuello.

De cualquier modo, lo que hizo el nuevo presidente de Estados Unidos con Carrier en principio lo puede hacer con cualquier otra empresa, lo cual implica que a partir del momento en que asuma la presidencia el próximo 20 de enero de 2017 de entrada la fuga de empresas norteamericanas hacia México se puede detener por completo. O sea, cero creación de empleos en México a expensas de empleos perdidos en los Estados Unidos. Si esto mismo hubiera ocurrido en 1969, la RCA no habría relocalizado sus operaciones hacia México, aunque es probable que de cualquier manera habría terminado difunta al igual que como también terminaron difuntas las empresas Zenith Electronics y Admiral, pudiéndose decir lo mismo de todas las demás empresas norteamericanas que seguramente no se habrían relocalizado a México en caso de que alguien como Donald Trump hubiera estado en la presidencia en vez de alguien como Richard Nixon, Gerald Ford, Jimmy Carter o Ronald Reagan, todos los cuales apoyaron y alentaron el modelo maquilador.

Detener la fuga de fábricas norteamericanas hacia México no es lo único que puede hacer el presidente Donald Trump como ya lo demostró que puede hacerlo usando a Carrier como ejemplo. Puede recurrir a las mismas tácticas (o amenazas) que debe de haber usado en el caso de Carrier para obligar a las empresas maquiladoras norteamericanas que ya tienen varios años instaladas en México a que regresen a Estados Unidos, para lo cual tiene el apoyo completo de un Congreso controlado en su totalidad en ambas cámaras por el Partido Republicano. Y si tal cosa ocurre, estamos en el umbral del fin de toda la industria maquiladora norteamericana en México, no solo la industria maquiladora en Ciudad Juárez, no solo la industria maquiladora en Tijuana, no solo la industria maquiladora en Guadalajara, sino en todo México. Con las inevitables consecuencias económicas que ello implica. Todavía hay quienes no creen que sea capaz de hacer tal cosa. Sin embargo, se puede y se deber suponer que es capaz de hacer eso y mucho más. Para ello lo eligieron los norteamericanos como su presidente.

A corto plazo, las implicaciones para la planta laboral en México de la pérdida de la industria maquiladora estadounidense, trayendo consecuencias tales como la desaparición de las fábricas maquiladoras en Ciudad Juárez y Mexicali, pueden ser catastróficas. Miles y miles de obreros se quedarían sin empleo. Pero también miles y miles de ingenieros, técnicos de mantenimiento, herramentistas, manejadores de materiales, oficinistas, secretarias, encargados de labores de limpieza, supervisores, ingenieros de sistemas, técnicos herramentistas y guardias de seguridad se quedarían en la calle, sin una fuente de empleo alterna. Al mismo tiempo, muchos negocios y tiendas de almacenes como las tiendas Soriana, SMart, Cotsco y otras por el estilo que surten las necesidades de esos miles de consumidores perderían su clientela, y se verían obligadas a cerrar. Ciudad Juárez podría perder más de las dos terceras partes de su población en cuestión de unos cuantos meses, con muchas zonas residenciales convirtiéndose en la viva imagen de pueblos fantasma. Pero el hundimiento económico de la zona mexicana del lado fronterizo inevitablemente impactaría también a las ciudades norteamericanas vecinas, cuyas economías también terminarían hundiéndose a niveles comparables a los de la Gran Depresión de los años veinte del siglo pasado, resultando irónicamente en la pérdida de miles de empleos en las ciudades norteamericanas fronterizas con México. Y esta posibilidad es algo que le debe de estar preocupando a muchos. México, sin embargo, no desaparecería del mapa. Antes de los años sesenta del siglo pasado, no había ni una sola fábrica maquiladora en Ciudad Juárez, ni existía ningún Tratado de Libre Comercio, y Ciudad Juárez de cualquier modo estaba saliendo adelante. Por otro lado, considerando los salarios irrisorios que pagan las maquiladoras norteamericanas que se han estado trasladando a México a lugares como Ciudad Juárez con la finalidad de ahorrar mucho dinero pagándole a los mexicanos salarios de hambre, a grado tal que dichas maquiladoras encuentran dificultades crecientes para poder retener a su personal y recientemente han estado padeciendo una enorme rotación de gente preparada y con experiencia, México es un país que indebidamente le ha estado haciendo un gran favor a la explotación laboral ejercida por empresas que ven en el mexicano casi casi el equivalente de una mano de obra esclava que ha substituído la pérdida de los esclavos de raza negra al llevar a cabo Abraham Lincoln la abolición de la esclavitud en los Estados Unidos.

México no le debe nada, absolutamente nada, a los Estados Unidos. De las empresas norteamericanas que han echado raíces temporales en México bajo el programa maquilador (se trata de empresas golondrinas que se pueden ir en cualquier momento de México en cuanto aparezca otra oportunidad de fabricar a un costo de mano de obra más barato que en México, no hay nada de permanente en ellas), ninguna de las empresas maquiladoras norteamericanas es una institución de caridad que haya abierto plantas de manufactura en México con la finalidad de beneficiar a los mexicanos con empleos bien remunerados. Su único objetivo ha sido y sigue siendo el margen de ganancia obtenido a través de la explotación laboral. Y desde esta perspectiva, el trabajador mexicano tiene tanto que criticarle a las empresas norteamericanas como los trabajadores norteamericanos que pierden sus empleos al moverse dichas plantas a México. Los únicos que han salido ganando y salen ganando a fin de cuentas son los empresarios gringos que buscan maximizar sus ganancias a costa de la explotación laboral de otros, empresarios gringos como Donald Trump que han creado empleos fuera de los Estados Unidos procurando mano de obra esclava. Ningún país puede depender para su futuro de fuentes de empleos como éstas, no sin seguir sacrificando a las generaciones futuras. Si Trump cumple al pie de la letra con sus amenazas de llevarse a las maquiladoras gringas, es posible que a todos los mexicanos nos haría un gran favor, al igual que el favor que se le hace al drogadicto al que se le corta de tajo su suministro de heroína obligándolo a abandonar su farmacodependencia y encausándolo para una vida más honesta y productiva.

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