martes, 20 de diciembre de 2016

Los olvidados de Trump

La noticia de cómo Donald Trump, ya como presidente electo, cumplió su promesa de campaña a los trabajadores de la empresa Carrier en Indiana de que no permitiría que sus trabajos fuesen exportados a México con la transferencia de las operaciones de manufactura a Nuevo León en caso de resultar electo presidente, es algo que le ha dado la vuelta al mundo. Inclusive como presidente electo inició su gira de agradecimiento por su triunfo empezando precisamente en la empresa Carrier presumiéndoles haberles salvado sus empleos tras unas pláticas sostenidas con los ejecutivos de la casa matriz de Carrier, la megaempresa United Technologies, ofreciendo premios y estímulos fiscales.

Sin embargo, y esto es algo que Donald Trump no quiere que se le recuerde ni que se le mencione, la empresa Carrier tiene no una sino dos plantas en el estado de Indiana. La planta que visitó y los empleos que presume haber salvado son de la planta Carrier que se encuentra en Indianápolis. Pero hay otra planta de Carrier que no visitó, y la cual no tiene intención alguna de visitar ni hoy ni nunca que se encuentra ubicada en la ciudad de Huntington, también en el estado de Indiana. Y esa planta de Carrier va a terminar cerrando con todas sus operaciones de manufactura enviadas a México.

La siguiente fotografía corresponde a un trabajador de la planta de Carrier en Huntington, llamado Mike Harmon, justo afuera de la fábrica en la que trabaja:




Su reclamo a sus quince minutos de fama está basado en que Mike Harmon, a diferencia de los trabajadores de Carrier en Indianápolis que celebraron con mucha alegría y entusiasmo esta temporada navideña, no tendrá absolutamente nada que agradecerle a Donald Trump, ni como presidente electo ni como presidente en funciones. Va a terminar con toda seguridad en la lista de desempleados el año entrante, a menos de que Trump cumpla su promesa de aplicar un 35% de impuesto a las plantas norteamericanas de manufactura que tengan planeado mover sus operaciones a México. Y puesto que la cosa debe ser pareja, el impuesto también debe ser aplicado a las plantas norteamericanas de manufactura que en el pasado ya se movieron a México, exceptuando casos especiales como la planta de manufactura de la corporación RCA que en los años setenta movió sus operaciones de Indianápolis y Bloomington a Ciudad Juárez y tras irse quedando rezagada en las nuevas tecnologías terminó cerrando sus puertas y hoy es solo un triste recuerdo del pasado al cual no se le puede aplicar esa tarifa arancelaria del 35% que Trump ha amenazado con usar como instrumento de castigo.

Una nota publicada por la Associated Press el 12 de diciembre asentó lo siguiente usando a Mike Harmon como “niño poster” en la fotografía de arriba incluída como parte de la nota: “Un estacionamiento lleno y jornadas de 50 horas a la semana ocultan la ansiedad de los trabajadores de una fábrica de United Technologies situada en las afueras de una pequeña ciudad en el noreste de Indiana, donde Mike Harmon y sus compañeros de trabajo se preguntan si es que solo están juntando partes para cuando la empresa traslade sus 700 empleos a México. Su situación ha atraído poca atención en comparación con su fábrica hermana de Carrier Corporation, situada a dos horas en Indianápolis, que se convirtió en causa emblemática en contra de los cierres de fábricas durante la campaña presidencial, cuando el presidente electo Donald Trump intervino para detener algunos, pero no todos los trabajos. “No creo que ellos nos tomen en cuenta, por ser un pueblo pequeño...”, dijo Harmon, residente de Huntington que ha trabajado en la fábrica durante siete años. “Todo el tiempo durante la campaña él habló sobre Indianápolis, Indianápolis, Indianápolis, nunca dijo una sola palabra sobre Huntington”. Es un pequeño desaire que lastima a un condado, donde el 72% votó por Trump y la manufactura representa alrededor de un quinto de todos los trabajos. Para Harmon, cuya esposa trabaja en la misma fábrica, es su tercera fábrica que cierra. Él está preocupado de no encontrar ningún empleo donde gane los 17 dólares por hora que gana en United Technologies. Los Harmon, que tienen dos hijos en preparatoria y dos en universidad, que ya han recortado todos sus gastos ‘innecesarios’. El 1 de diciembre, Trump y el vicepresidente electo Mike Pence, también gobernador de Indiana, destacaron el papel de Trump en la decisión de Carrier de ya no recortar 800 puestos en la planta de Indianápolis, algo que también canalizó siete millones de dólares en incentivos estatales a United Technologies. Ni ellos ni el director ejecutivo de la compañía Greg Hayes mencionaron a la planta de Huntington o hablaron sobre los cerca de 500 puestos de trabajo de Carrier que se eliminarán. Los empleados en la fábrica United Technologies Electronic Controls en Huntington dicen que han estado trabajando mayormente siete días a la semana desde fines de octubre, haciendo paneles de control para las industrias de hornos, aire acondicionado y refrigeración. Los líderes sindicales creen que la empresa está haciendo esto en previsión a los despedidos que presumen comenzarán en abril y seguirán en el 2018. United Technologies, con sede en Connecticut, dijo en un comunicado que sus planes no han cambiado. Rechazó un pedido de entrevista con un ejecutivo. A nivel nacional, el Departamento de Trabajo ha emitido más de mil 600 aprobaciones de despido o cierres de plantas desde el 2015 como resultado de la fuga de producción al extranjero o la competencia de importaciones, de acuerdo con la Alianza Estadounidense para la Manufactura. Indiana tiene una de las principales economías de manufactura del país, pese a que ha perdido 144 mil de estos puestos, o 22%, desde el 2000. Trump ha advertido que impondrá un arancel de 35% a bienes importados de empresas que han enviado su producción al extranjero, y hace una semana criticó por Twitter los planes de Rexnor, con sede en Milwaukee, de cerrar una planta de 300 empleados en Indianápolis, en otro ejemplo de fuga de trabajos a México. Pero no está claro si es que Trump tiene intenciones de seguir interviniendo personalmente en decisiones corporativas”.

Los trabajadores de la empresa Carrier de Huntington son parte de los olvidados de Trump, esos a los que no quiere ver ni en pintura y a los cuales quiere tener tan lejos de sí como sea posible, como si fueran unos apestados.

De cualquier modo, Mike Harmon y sus demás colegas en Huntington no tienen mucho que envidiarle a sus colegas de la planta Carrier en Indianápolis, porque de cualquier modo los empleos de muchos de estos trabajadores que fueron salvados por Trump van a terminar perdiéndose de todos modos porque en la planta en Indianápolis se va a recurrir a otro recurso del que Donald Trump tampoco quiere hablar, la automatización y robotización de los procesos de manufactura. Y como esa planta Carrier seguirá en Indianápolis, no existe modo alguno en el que Donald Trump como presidente de Estados Unidos la pueda castigar con una tarifa arancelaria del 35% por haber despedido a la mayoría de sus empleados sindicalizados. En todo caso, tendría que aplicarle también un impuesto equivalente a todas las demás plantas de manufactura que sin salirse de los Estados Unidos eliminen empleos por haber recurrido a la automatización y robotización. Pero si lo hace, aplicando la misma medida a todas las demás empresas de manufactura en Estados Unidos para obligarlas a que contraten operadores de carne y hueso (sindicalizados, desde luego), terminaría enviando a la quiebra a toda la industria norteamericana y arrojando a Estados Unidos a una depresión económica profunda mil veces peor que la de 1929. Nada de esto va a ocurrir, porque lo más seguro es que a los olvidados de Trump en el estado de Indiana se les sumarán los olvidados de Trump en el estado de Illinois, los olvidados de Trump en el estado de Colorado, los olvidados de Trump en el estado de Nueva York, y así sucesivamente hasta abarcar a toda la Unión Americana; para que la cosa sea pareja, desde luego. Que al fin y al cabo Trump tiene dos lugares en donde esconderse de los trabajadores que le dieron su voto creyendo en su retórica populista: la Casa Blanca en Washington, y la Torre Trump en Nueva York. Aunque si bien Trump se puede olvidar de todos ellos de 2017 a 2021 despachando como presidente y exhibiéndose con celebridades, lo más seguro es que esos trabajadores que le dieron su voto se acordarán de él en las urnas en el 2020 cuando sea tiempo de reelección presidencial. Así como Trump entró, de forma meteórica y sorpresiva, también puede salir y puede terminar sepultado con un voto de castigo. Y es que los trabajadores que han estado desempleados por bastante tiempo tienen una memoria persistente, sobre todo aquellos trabajadores que sienten que fueron timados y que les han tomaron el pelo diciéndoles las cosas que querían escuchar pero sin intención o capacidad de cumplir las promesas.

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