domingo, 11 de diciembre de 2016

Guerra perdida



Hoy, exactamente hace 10 años, Felipe Calderón Hinojosa, revestido de ilegitimidad tras unas elecciones presidenciales sumamente dudosas, tomó la decisión más importante que pudiera haber tomado en toda su administración y posiblemente en toda su vida: para combatir a las bandas criminales dedicadas al narcotráfico decidió sacar al Ejército mexicano de sus cuarteles y enviarlo a las calles para una misión para la cual ningún ejército está preparado, hacer las labores de las policías y combatir a todos los narcotraficantes pero eso sí, con pleno respeto a los derechos humanos de los narcos. Desde aquél 11 de diciembre de 2006, el Ejército mexicano continúa haciendo tareas propias de la policía federal, y los resultados están a la vista. La famosa guerra de Felipe Calderón le ha dejado al país más de 100 mil muertos y 30 mil desaparecidos a México, el narcotráfico sigue siendo un negocio muy redituable, y los envíos de drogas ilícitas a los Estados Unidos no han disminuído en lo absoluto, al contrario, hay una sobreoferta de droga, hay tanta heroína, cocaína y metanfetaminas disponibles a los viciosos norteamericanos que los cárteles de las drogas no saben que hacer con tanta droga. En resumen, la guerra contra el narco iniciada por Felipe Calderón se puede considerar ya como una derrota, desde el punto de vista militar.

Nadie sabe por qué Felipe Calderón decidió sacar al Ejército mexicano de los cuarteles precisamente el 11 de diciembre de 2016. Acababa de tomar posesión de su cargo y tenía urgencia de legitimarse de alguna manera, y que mejor manera que hacerlo que desplegando sus facultades como Comandante en Jefe del Ejército. También es posible que, por conmemorarse el 12 de diciembre el día de las festividades de la Virgen de Guadalupe, haya decido hacerlo un día antes para encomendarle el éxito de la misión a la Virgen de Guadalupe.

Los costos de la guerra contra el narco de Felipe Calderón se pueden resumir en el siguiente reportaje publicado en el periódico local El Diario de Juárez: “Una década después, el parte de guerra arroja más de 174 mil muertos, casi 30 mil desaparecidos, al menos 50 mil huérfanos, un número no cuantificado de lisiados y un costo al erario que supera los 1.8 billones de pesos. Iniciada el 11 de diciembre de 2006 con el Operativo Conjunto Michoacán, la "guerra" pretendía recuperar territorios en manos del crimen organizado, devolverles la paz a los mexicanos, desmantelar las bandas del narcotráfico y evitar que aumentara el consumo de drogas. Sin embargo, en la última década, la violencia se ha recrudecido, los índices delictivos no han bajado, ha aumentado el consumo de drogas y, aunque se ha detenido a más de 30 capos, los cárteles siguen disputándose las rutas del narcotráfico. De acuerdo con el Sistema Nacional de Seguridad Pública, en el sexenio de Felipe Calderón ocurrieron 104 mil 794 homicidios dolosos, a los que se suman los 69 mil 854 en los primeros cuatro años de Enrique Peña. Además, en estos 10 años, 29 mil 198 personas han desaparecido, aunque organizaciones civiles elevan la cifra a 50 mil casos. La estrategia contra el crimen ha implicado mayor gasto en seguridad nacional, que pasó de 102 mil millones de pesos en 2007 a 248 mil millones en 2016. La "guerra" no pudo contener los índices delictivos, que en 2016 tuvieron un repunte, según el Inegi, ni evitó "que la droga llegue a tus hijos", como se proclamaba en el calderonismo. La Encuesta Nacional de Consumo de Drogas en Estudiantes 2014 reveló que 1.7 millones de alumnos de secundaria y 152 mil de quinto y sexto de primaria probaron alguna droga ilegal”.

De acuerdo con las notas periodísticas, hace más de un año, al 5 de marzo de 2015, se habían detenido ya 90 de los 122 objetivos prioritarios que se había fijado el gabinete de seguridad federal. Esto representa el 74 por ciento de los objetivos prioritarios. ¿Significa ésto que la oferta de drogas ilícitas disminuyó en un 74 por ciento? Todo lo contrario, ha aumentado. Un año después, en 2016 quedaban únicamente 22 objetivos prioritarios en la lista de los 122 objetivos prioritarios, o sea un 18 por ciento de la lista original, menos de la quinta parte, y el volumen de drogas ilícitas manejado por los cárteles de la droga en México no era ni remotamente la quinta parte del volumen de drogas ilícitas manejadas por los cárteles de la droga cuando en 2011 Felipe Calderón proclamó su guerra al narco sacando para ello al Ejército mexicano de los cuarteles; todo lo contrario, mucha droga en abundancia sobre todo para los drogadictos de Estados Unidos. Joaquín Guzmán Loera el Chapo, el Capo de Capos, se encuentra detenido desde hace casi medio año en una prisión federal de Ciudad Juárez esperando su extradición a los Estados Unidos, y el Cártel de Sinaloa fundado por él se mantiene con vida abundante, dinero de sobra, y mejor armamento que el que usan las tropas del Ejército mexicano.Esto sugiere que aún si se lograra capturar al restante de todos los objetivos prioritarios, o sea cumplir con el cien por ciento de la lista original, nadie cree ya que desaparecería la oferta de la cocaína, la heroína, el crack y las metanfetaminas en México. Si el éxito de la guerra contra el narco ha de medirse de acuerdo a los objetivos primordiales fijados por el gabinete de seguridad federal, entonces la guerra se ha perdido. Esto nos lleva a otra pifia. Toda guerra tiene que tener necesariamente un objetivo claro, como tomar posesión de un territorio, establecer el control militar sobre cierta zona geográfica, en fin, algo tras lo cual se pueda izar la bandera. Pero al declararle la guerra al narcotráfico sacando al Ejército mexicano de los cuarteles, Felipe Calderón no le fijó ni al Ejército ni a la Marina ningún objetivo con el cual, una vez cumplida la misión, se pudiera proclamar la victoria y se pudieran replegar las tropas celebrando el triunfo. No hay ninguna victoria, y lo que es peor, no se avizora un fin al involucramiento desgastante del Ejército mexicano en algo que tras 10 años tiene sabor a derrota. Al menos en Colombia ya se están haciendo las paces, pero en México la cosa va para largo sin punto de reposo alguno en el horizonte; se trata de algo peor que la guerra de Vietnam que terminó desmoralizando no solo al Ejército norteamericano sino a todo el pueblo. Si se va a entrar en una guerra para no ganarla, es mejor no meterse en ella.

La guerra contra el narco de Felipe Calderón ha sido un fracaso tal, que el mismo Secretario de la Defensa, Salvador Cienfuegos Zepeda, ha pedido que las tropas sean regresadas a los cuarteles, agregando lo obvio, que los militares no estudian para perseguir delincuentes y que su función es otra. Y es que a ningún Ejército en ninguna parte del mundo le gusta estar metido en una guerra sin esperanzas de poder alzar jamás la bandera de la victoria.

La única manera en la cual el combate al narcotráfico en México pudiera tener una posibilidad de éxito sería hacerle como le hacen en Cuba, penalizando los delitos propios del narcotráfico con la pena de muerte e imponiendo un estilo de gobierno autoritario, de línea dura e implacable con la delincuencia organizada. Pero si México hiciera tal cosa, no hay duda alguna de que los millones de drogadictos norteamericanos que dependen de los narcos mexicanos para el suministro de sus medicinas tranquilizantes de inmediato pegarían el grito en el cielo acusando a México de haber terminado con todo garantía de respeto para los derechos humanos (de los narcos, ¿y por qué no?, también de los drogadictos) y de pretender instaurar un gobierno comunista, presionando al gobierno norteamericano para enviar tropas de invasión a México para restaurar las libertades (de los narcos) y así volver a garantizar el suministro de cientos de toneladas de droga a los Estados Unidos. La única razón por la que no respingaron en lo relacionado con la guerra contra el narco de Felipe Calderón es porque sabían de antemano que tal guerra estaba condenada al fracaso total y que el suministro de drogas hacia los drogadictos norteamericanos no se verían afectados en lo más mínimo, y en esto tuvieron toda la razón.

Lo que le preocupa a los norteamericanos y a su gobierno no es que tanto mexicano haya terminado muerto o desaparecido por culpa de la farmacodependencia de tanto norteamericano, lo que verdaderamente les preocupa es que sus viciosos estén muriendo en cantidades crecientes por sobredosis, eso es lo que verdaderamente les preocupa. Y como la vida de un norteamericano vale más que la vida de mil mexicanos, la preocupación del gobierno norteamericano está centrada en el bienestar de sus propios viciosos, no en lo que sucede en México.

La pregunta ahora es: ¿va a continuar la inútil guerra contra el narco en México otros 10 años? ¿Qué tal otros 20 años? ¿Qué tal más? No si el pueblo de México decide ponerle punto final a este abuso político de las fuerzas armadas.

Para impedir el triunfo en las urnas de Andrés Manuel López Obrador, por parte de los estrategas del PAN y del Consejo Coordinador Empresarial se estuvo promocionando mucho en anuncios en la televisión una frase repetida miles de veces advirtiendo que López Obrador era un peligro para México, esto con la obvia intención de contribuír al triunfo de Felipe Calderón. Hoy, a 10 años de distancia, viendo las trágicas consecuencias que tuvo para México la guerra iniciada por Felipe Calderón, si vuelven a esgrimir la misma advertencia usando las mismas palabras es posible que muy pocos les van a creer, ni siquiera los borrachos de cantina. Por más mal trabajo que haga López Obrador como presidente de México, no puede hacer peor de cómo lo hizo el tipo que supuestamente no era un peligro para México.

El fracaso absoluto y contundente de la guerra al narcotráfico tras haber sacado al Ejército de los cuarteles, una mala decisión que el presidente Enrique Peña Nieto se niega a dar por terminada, es quizá una de las mejores razones que tiene López Obrador para convencer a los mexicanos de ya no votar ni por el PAN ni por el PRI dentro de dos años en las elecciones presidenciales de 2018.

Mientras tanto, en lo que esperamos que otro presidente que no sea emanado del PRI ni sea emanado del PAN tome posesión de la presidencia de México, una escena que muchos mexicanos quisiéramos ver es aquella en la cual Felipe Calderón termina pagando sus culpas y enfrenta las consecuencias del crimen de lesa humanidad de haber abusado sus poderes como Comandante en Jefe del Ejército sacando a los soldados de los cuarteles para hacer labores propias de la policía sin contar para su declaración de guerra con la autorización del Congreso de la Unión:



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