miércoles, 2 de noviembre de 2016

Cachorros chupacabras



La maldición de la cabra Billy fue una maldición puesta sobre la franquicia de beisbol de las Ligas Mayores Cachorros de Chicago (Chicago Cubs) en 1945 por el dueño del antgro Billy Goat Tavern, William Sianis, que tuvo una duración de 71 años  (desde 1945 hasta 2016). Debido a que el olor de su mascota, Murphy (el nombre de la cabra) estaba molestando a otros fanáticos, se le pidió a Sianis que abandonara el mítico campo Wrigley Field del norte de Chicago, el campo de beisbol de casa de los Cachorros, durante el juego 4 de la Serie Mundial de 1945. Iracundo, Sianis lanzó su maldición diciendo: “Esos Cachorros, no ganarán nunca más” (Them Cubs, they ain't gonna win no more), lo cual fue interpretado como significando que jamás volverían a ganar otro pendiente de una Liga Nacional, o que jamás ganarían una Serie Mundial.

A causa de la maldición de la Cabra Billy (en realidad, del dueño de la cabra Murhpy) hecha en 1945, ser un fanático de los Cubs era lo mismo que estar condenado a las decepciones. La última aparición del equipo en la Serie Mundial fue precisamente en ese 1945. Su último triunfo en la Serie tuvo lugar en 1908. En el 2000 los fanáticos de los Cachorros empezaron a usar camisetas que decían: “Cualquier equipo puede tener un mal siglo”. Durante un momento en 2003 pareció que el equipo regresaría a la Serie Mundial. El 14 de octubre el equipo jugaba el sexto juego de la serie de campeonato de la Liga Nacional contra los Marlins de Florida. El triunfo parecía al alcance de la mano. La serie estaba 3 juegos a 2 a favor de los Cachorros. Una sola victoria colocaría al equipo en la Serie Mundial. El encuentro era precisamente en el campo Wrigley Field. Los Cachorros llegaron a la octava entrada con una cómoda ventaja de 3 carreras a 0. Cayó el primer out, faltaban cinco para el triunfo. Luis Castillo de los Marlins bateó un foul al sector izquierdo. Moisés Alou, el jardinero, avanzó con rapidez para atrapar la pelota y conseguir el out; pero Steve Bartman, un fanático con gorra del equipo, estiró la mano y le robó el out a Alou, quien enfureció contra él como todo el estadio. El momento marcó un sorprendente cambio de rumbo de la suerte. Los Marlins anotaron ocho carreras en una entrada y dos tercios y ganaron el juego. En el decisivo séptimo juego, la noche siguiente, los Marlins vinieron de atrás para ganar el campeonato de la Nacional y el pase a la Serie Mundial.

Bartman fue objeto de una verdadera persecución por parte de los fanáticos. Años después Alou declaró: “Lo curioso es que no hubiera atrapado la bola de cualquier manera”. Sea lo que fuere, los Cachorros quedaron una vez más en la antesala de la victoria, y nuevamente muchos recordaron la maldición de la cabra.

La maldición llegó a su fin este miércoles 2 de noviembre de 2016.

Días antes del fin de la maldición, cuando cayó el último out del juego contra los Dodgers el 22 de octubre, de 2016 y los Cachorros ganaron su pase a la Serie Mundial, los fanáticos de los Cachorros no pudieron evitar saltar como locos en los lugares en donde se encontraban. Tras una larga sequía atribuíble por los fanáticos de los Cachorros a la maldición, los Cachorros pasaron a ser parte de la Serie Mundial que comenzó el martes 25 de octubre de 2016.

Ciento siete temporadas de corazones rotos para los Cachorros de Chicago llegaron a su punto final al conquistar la corona de la Serie Mundial, lográndolo con unos ribetes épicos que hacen más singular la gesta de una franquicia sinónimo de sufrimiento. Mike Montgomery retiró a Michael Martínez para el último out con un corredor en base en el décimo inning, entrada la madrugada del jueves, y los Cachorros pusieron fin a la sequía más prolongada en el béisbol de las Grandes Ligas al vencer 8-7 a los Indios de Cleveland en 10 trepidantes innings. Los Cachorros no salían campeones desde 1908, y lo lograron convirtiéndose en el primer equipo que voltea un 3-1 en contra en el Clásico de Otoño con victorias como visitante en los últimos dos partidos desde los Piratas de Pittsburgh en 1979.

La Cabra Billy. El gato negro que se cruzó por delante de Ron Santo, el venerado tercera base de los Cubs, en el desaparecido Shea Stadium durante el tramo final de esta campaña regular de 1969. Steve Bartman. Todas esas maldiciones, supersticiones y fiascos llegaron a su fin cuando el equipo de Joe Maddon no capituló al hilvanar tres victorias consecutivas para voltear un 3-1 en contra e imponerse 4-3 en la Serie. Y perseveraron cuando estuvieron a punto de dilapidar una cómoda ventaja en el séptimo juego. Ben Zobrist remolcó la carrera que les dio la ventaja en el décimo, seguido por un sencillo impulsor del venezolano Miguel Montero que puso el 8-6. Los Indios descontaron en la parte baja mediante un sencillo productor de Rajai Davis con dos outs ante Carl Edwards Jr. Montgomery entró en relevo y sacó a Martínez con un rodado manso hacia el tercera base Kris Bryant. El partido tuvo de todo, incluyendo una interrupción de 17 minutos por lluvia antes de iniciar el décimo episodio. Además, en la baja del octavo, Davis bateó un jonrón de dos carreras ante el cerrador Aroldis Chapman, con el que Cleveland empató 6-6 tras ir perdiendo 5-1. En el duelo de las sequías sin campeonatos que más tiempo han perdurado en las mayores, la más prolongada terminó de una vez por todas. El último de los Cachorros se remontaba a 1908, obtenido 13 días después que se completara la entrega del primer Ford Modelo T.

En cambio, la agonía de Cleveland persiste, añadiendo otro doloroso capítulo. Los Indios, el equipo que en 1997 no supo preservar la ventaja en el noveno inning de un séptimo juego con los Marlins de Florida, no se coronan desde 1948. Tres veces dispusieron de la oportunidad para liquidar a los Cachorros y no supieron dar el golpe de gracia, algo que difícilmente olvidarán pronto.

La noche de la victoria fue otra noche de clima agradable, con temperaturas oscilando en los 22 grados centígrados (70 F). Se jugaba en Cleveland, pero la sensación en el estadio Progressive Field era de una invasión de fanáticos de Chicago, eufóricos de principio a fin. Eternos perdedores durante más de un siglo, los Cachorros estuvieron a punto de arruinar otra oportunidad, luego que el cubano desperdiciara una ventaja de tres carreras con dos outs, cuando Davis conectó su jonrón por el jardín izquierdo. Chicago volvía a torturar a sus fanáticos, pero volvieron decididos tras el atraso por lluvia. Los imparables de los veteranos Zobrist, quien el año pasado ganó el campeonato como integrantes de los Reales de Kansas City, y Montero. Zobrist fue consagrado como el Jugador Más Valioso.

Es extraordinario el hecho de que el triunfo de los Cachorros de Chicago haya sido predicho allá por 1989 por una película famosa, Volver al Futuro II, justo en un año 1989 cuando casi todos los fanáticos lo consideraban un hecho prácticamente imposible. ¡Y solo le fallaron por un año! (2015 en vez de 2016). En la misma película se hicieron otras predicciones tales como las videoconferencias (algo común y rutinario hoy en día), las gafas telefónicas (que también se ha cumplido con la aparición de las  ‘Google Glass’ cuya salida al mercado curiosamente se retrasó hasta, efectivamente, 2015), el cine en tercera dimensión (algo rutinario hoy en día), paredes y cerraduras inteligentes, los coches voladores (actualmente una compañía eslovaca trabaja en prototipos del estilo, y por ahora existen dos prototipos híbridos entre coche y aeroplano, el ‘Aeromobil’ y el ‘Terrafugia Transition’) y hasta el Hoverboard (en California el sueño se materializó con la invención de la ‘Hendo Hoverboard’ de Arx Pax, promocionada por el reconocido y premiado en el mundo del skate, Tony Hawk, que consiste en una tabla capaz de levitar sobre superficies conductoras, alzándose hasta una pulgada por encima del suelo gracias a cuatro motores magnéticos) y la aparición de las pantallas planas, con otras predicciones casi a punto de cumplirse. Pero quedaba pendiente el desafío de la predicción de la victoria de los Cachorros de Chicago en una Serie Mundial, considerado la prueba máxima de la credulidad de la ficción presentada en la película. Pero desafiando la maldición de la cabra, la profecía de la película que nadie creía que se iba a cumplir se cumplió.

Un fanático mexicano muy leal de los Cachorros de Chicago, el editorialista Sergio Sarmiento, no se la podía creer, y escribió esto bajo el título Victoria Incómoda: “Después de 108 años de espera, la victoria es un regalo inesperado, casi incómodo. La derrota es parte de lo que significa ser fanático de los Cachorros de Chicago. Mucha gente no entiende. ¿Para qué irle a un equipo que siempre pierde? Muchos fanáticos hacen trampa y escogen favoritos con dinero y probadas historias de éxito para maximizar las posibilidades de victoria. Es la solución fácil. Pero ser entusiasta de los Cachorros de Chicago es comprometerse a la derrota a lo largo de la vida. ¿O acaso lo era? Este miércoles 2 de noviembre mi vida dio un gran vuelco. Quienes piensan que sólo hay tres equipos en las grandes ligas, los Yanquis, los Medias Rojas y los Dodgers, te miran con asombro cuando les dices tu equipo: ‘¿Cuál dijiste?’, preguntan. Los que saben más son peores, porque te ven con lástima: ‘¿Los Cachorros? ¿En serio?’ Sí, los Cubs, el equipo de la maldición de la cabra; el que respetaba el carácter de deporte de verano del béisbol, porque se desvanecía tan pronto empezaba el otoño; el que protagonizaba el programa cómico de la tarde de más larga duración en la televisión estadounidense, pese a nunca haber tenido un estudio; el que lograba que el momento más emocionante de cada partido fuera la interpretación de Take Me Out to the Ball Game en la pausa de la séptima entrada; el que mantenía la filosofía optimista de que ‘Todo equipo puede tener un mal siglo’. Los fanáticos de los Cachorros hemos estado habituados al tropezón de último momento. Haber sido el mejor equipo de la temporada regular, con una sorprendente marca de 103 triunfos, no nos daba esperanzas. Cuando la Serie Mundial iba tres juegos a uno a favor de los Indios de Cleveland, nos resignábamos ante la lógica natural. Cuando en el séptimo juego el marcador llegó a estar 6-3 a favor de Chicago, pensamos que era un truco perverso para que la derrota doliera más. No nos sorprendió cuando el impasable Aroldis Chapman permitió tres carreras en la octava para mandar el juego a extra-innings. Hasta el último out, nos mantuvimos escépticos. Que el trepidante séptimo juego haya terminado 8 a 7 todavía me deja dudando. Algo debe haberse descompuesto en la maquinaria del universo. Dios olvidó que no le gusta el equipo del norte de Chicago. Ahora todos los fanáticos de los Cachorros nos enfrentamos a una crisis existencial. No estamos acostumbrados a un equipo ganador. El Wrigley Field es pequeño y siempre se llenó a pesar de 108 años de decepciones. No sé qué pasará ahora con todos los que quieran entrar. Por otra parte, ya nadie se burlará de los Cachorros. Seremos un rival importante para los demás. Pero nos sentiremos solos y despreciados. Si me ve usted en la calle nervioso, mirando a todos lados, desconfiado, con un temblor ligero en las manos, no se preocupe. Entienda que mi vida ha cambiado. El triunfo de los Cachorros ha fracturado el universo. Por supuesto que estoy contento, pero no encuentro cómo manejar la situación. Nunca pensé que los Cachorros me harían esto”.

Así pues, a la cabra de William Sianis, se la chupó el chupacabras. O mejor dicho, los Cachorros chupacabras de 2016.

¡Enhorabuena, Cachorros! ¡A celebrar el triunfo! Y a degustar de unos sabrosos taquitos de cabrito al pastor estilo norteño.



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